La compra del JF 17 posterga una vez más a Rusia, ¿por qué?

El presupuesto militar propuesto para el ejercicio del año 2022 trajo una sorpresa con los 664 millones de dólares destinados a la adquisición de los cazas multirol sino-Pakistaní JF-17 Thunder Block III. 

Nadie en medio de la brutal crisis política, económica, financiera y social por la que atraviesa la Argentina imaginaba que iba a haber una decisión de avanzar con el postergado proceso de dotar a la Fuerza Aérea de capacidad como las que brindan estos aparatos.

Presupuesto girado al Congreso con la partida para la compra de los JF 17

En primer lugar, debemos tener presente que las decisiones sobre la compra de armamento no es una cuestión menor de técnicos especializados o de negocios, sino también tiene profundas implicaciones políticas. Las resoluciones deben contemplar no sólo la ecuación costo beneficio sino tener en cuenta otros aspectos decisivos de consideraciones diplomáticas y políticas.

Decidir quién será el proveedor de los principales sistemas es una decisión geopolítica que determina cuál es el marco real de alianzas, pocos países tienen sistemas combinados y en esos casos, como sucede con la India, responden a una política generada con el propósito de no ser dependiente de un solo país proveedor.

La primera pregunta a hacernos es cuál es la razón de que el aparato elegido sea el mencionado JF 17 y no el ruso MIG 35M, también ofrecido en condiciones ventajosas.

Técnicamente, y sin pretender dar explicaciones demasiado técnicas, las principales prestaciones del avión ruso son superiores al JF-17 Thunder.

En primer lugar, debemos considerar la trayectoria y la experiencia de la Russian Aircraft Corporation MiG, conocida en la época soviética como Oficina de Diseño Mikoyán y Gurévich, cuyas siglas en ruso, Микоян и Гуревич, acrónimo en ruso de la más conocida MIR o МиГ en cirílico.  MIG tiene una trayectoria incomparablemente más comprobada, y en definitiva confiable, que los antecedentes de las firmas Chengdu Aircraft Industries Corporation (CAC) de la República Popular China y el Pakistan Aeronautical Complex (PAC) de Pakistán.

Una vez descartado por presiones británicas los KAI FA 50 surcoreanos por sus componentes británicos, lo que permitió a Londres vetar la adquisición por parte de la Argentina, algo que nos lleva a pensar cuáles son las razones por las cuales funcionarios de este gobierno han realizado convenios con la embajada de ese país para desarrollar temas como los derechos de género, sin comprender que para la Corona británica seguimos siendo enemigos. En esas circunstancias no nos queda ninguna alternativa occidental en esa franja de costos y los más parecido es el MIG 35M.

Veamos entonces una rápida comparación de prestaciones entre ambas aeronaves:

   

Velocidad máxima: Mig 35M 2.700 Km/h – JF 17 Thunder 1960 Km/h

Régimen de Ascenso   Mig 35M 330 m/s   – JF 17 Thunder 300 m/s

Maniobrabilidad Mig 35M + 10G -3G -JF 17 Thunder + 8G – 3G

Carga de combate     Mig 35M 6.500 kg/ 9 anclajes    – JF 17 Thunder  3.600 kg/ 7 anclajes

Radar Mig 35M AESA rastrea 30 blancos a 200 km, ataca 10 simultáneos – JF 17 Thunder AESA rastrea 10 blancos a 125 km ataca 2 simultáneos  

Aviónica Mig 35M IA limitada -JF 17 Thunder no posee

Defensa Mig 35M Guerra electrónica y láser   -JF 17 Thunder Contramedidas electrónicas

Costo           Mig 35M 50 millones de U$S (venta a India) – JF 17 Thunder 45 millones de U$S (venta a Nigeria)

Hora de vuelo Mig 35M 10 mil U$S – JF 17 Thunder s/d- estimada 5 mil U$S

Los aparatos JF17 ofrecidos a la Argentina cotizan a razón de 53,6 millones con armamento sin especificar, más 20 millones presupuestados para infraestructura. Una cifra que asombró porque se esperaba que sea la mitad, no sé los motivos de la oscilación de precios.

Los MIG armados cotizan entre 50 y 60 millones, dependiendo del armamento escogido y cuentan con capacidad para portar misiles hipersónicos que está desarrollando Rusia. 

Otros datos de interés tienen que ver con que el JF 17 Block III aún no ha entrado en servicio y está en etapa de desarrollo atrasado por la pandemia, lo que sí están funcionales son los Block II. Los Block III contarán con un desarrollo más avanzado como es el de los motores rusos Klimov RD-93MA, versión mejorada que los anteriores RD-93 de los Block I y II.

Los aparatos tienen aproximadamente un 42% de piezas chinas, mientras que el resto es manufactura pakistaní, entre los elementos de origen se incluyen las alas, estabilizadores y timones verticales. El ensamblado se realiza en ese país también. 

Las prestaciones técnicas del bimotor ruso hacen que se lo considere como un caza generación 4++, casi un quinta generación, y sus prestaciones de servicio son ampliamente superiores al JF 17 que en la versión Block III, que sus diseñadores lo consideran como un 4+.

Con precio similar y con una Rusia que ha ofrecido importantes paquetes de sistemas en su momento, a pagar con recursos naturales argentinos y sin necesidad de dólares, se cae el principal argumento esgrimido ya desde la primera gestión del exministro Agustín Rossi para rechazar los aviones rusos, debido a que consideraba que la limitación de su adquisición radicaba en la financiación que no era competitiva con la que ofrecía China. Una situación que por distintos factores geopolíticos ha cambiado.

Las consideraciones de optar en principio por un equipamiento que escape a la esfera occidental son llamativas cuando Laura Richardson, la nueva General de 4 estrellas de los EE.UU. y recientemente confirmada para ser jefa del Comando Sur, que estúpidamente es festejada por sectores gubernamentales por ser mujer y alcanzar tan alta jerarquía, marca que el juego de la compra de aviones es complicado. 

Richardson ha expresado su interés para que la Argentina adquiera cazas occidentales en lugar de rusos o chinos, en su momento se habló de la posibilidad de F 16 con décadas de uso y hasta F 18 embarcados que esperan en tierra en reserva, pero había que tener en consideración no solamente la antigüedad sino que se desempeñaron   en portaaviones,  lo que los somete a un proceso de desgaste que sumado a los años y la falta  modernizaciones, hace que no nos equivoquemos si los consideramos como chatarra obsoleta similar a los Super Etendard SEM que adquirió Macri.

Si Argentina decide obviar las presiones de EE.UU., no tanto para que compren sus productos dados de baja porque los nuevos aún si se autoriza su venta estarían largamente fuera de presupuesto, representaría un problema en la relación con ese país. A EE.UU. le interesa evitar que Rusia o China aumenten su influencia en áreas sensibles como la militar, no el negocio económico casi irrelevante desde el punto de vista del dinero en juego.

La producción en serie de los cazas MiG-35 comenzó en 2019 y es una apuesta rusa porque es una opción de primer nivel a costo accesible para países sin grandes presupuestos militares que puede obtener un caza ligero que además se adapta a futuras modernizaciones, pero que aún no ha obtenido contratos cerrados pese al interés de países como Indonesia, Egipto, Argelia y otros. Las presiones de EE.UU. para que fracase son intensas, y que Argentina opte por los JF 17 puede dañar la reputación ante otros compradores.

Como sucedió con Sputnik V cuando el gobierno argentino insistía en su programa de vacunación a mayores, la desmentida rusa fue titular en todo el mundo de una prensa occidental que aprovechó para sembrar dudas sobre la efectividad y seguridad de la vacuna rusa. Una vez más la historia se repite y el gobierno “amigo” de Rusia, desgasta el prestigio ruso de forma inesperada y sorpresiva. Bien vale entonces preguntarnos quién está detrás de estas acciones.

La pregunta se impone, ¿por qué razón si decidimos desafiar a Washington, se optaría por un producto sino-pakistaní en lugar de uno ruso, si el costo es similar y las aptitudes técnicas no son superiores sino inferiores?

No es que el JF 17 sea un mal producto, de hecho, es un avión barato y de prestaciones interesantes, pero claramente por debajo de las del Mig 35M, ¿por qué optar por este aparato a un costo cercano?

Los motivos pueden rastrearse en las cuestiones políticas que se orientan a otras razones. Las relaciones con Rusia, pese a las expresiones públicas de amistad, han perdido impulso por decisión argentina. Como muestra de la actual situación, podemos recordar lo que hizo Cecilia Nicolini, una funcionaria de tercera línea que filtró a la prensa correos electrónicos con reclamos destemplados y amenazas contra Rusia por la entrega de la vacuna Sputnik V.

Nicolini es una asesora presidencial sin antecedentes ni peso político propio, ligada su trayectoria privada a los EE.UU.. Su acción entonces, lejos de poder considerarse algo casual, deja en claro que es fruto de una decisión política que se reafirma luego cuando la misma filtración fue apoyada por el presidente quien avaló sus dichos, cuando en realidad debería haberla relevado, porque es una práctica al menos cuestionable la de filtrar comunicaciones de esa sensibilidad que ningún gobierno que quiere mantener una relación estratégica puede tolerar.

Más aún, la vicepresidenta tampoco actuó y dejó hacer; entre los funcionarios que pueden dejar sus cargos por sus presiones, Nicolini sigue en funciones, lo cual solo puede obedecer al interés en lastimar la relación con Rusia y a que seguramente la funcionaria haya recibido instrucciones de actuar como lo hizo, caso contrario su autonomía la ubica por encima del propio presidente y vice, en esa situación deberíamos preguntarnos a quién responde entonces.

Rusia se molestó y ratificó su voluntad de disculparse por las demoras y se comprometió a que se solucionen en agosto, sin embargo, no hubo más noticias desde el gobierno argentino que siguió recibiendo las dosis, pero nunca comunicó que se regularizaba la entrega ni hizo gesto alguno de acercamiento dando por finalizado el conflicto.

MIG 35M

Rusia viene haciendo esfuerzos para ofrecer armamentos y tecnología a Argentina porque estratégicamente le interesa la amistad con nuestro país, pero Bs. As. rechaza con una u otra excusa las iniciativas. Lo que en definitiva vemos es una muestra de que a pesar de la retórica no hay ningún interés argentino real en avanzar en un acercamiento mayor hacia Moscú. Esta puede ser una explicación por la que más allá de las apariencias cubiertas con un pedido de cotización, Argentina haya decidido por una opción inferior como la del JF17.

Pero tal vez podemos despejar más dudas si recordamos que Argentina debe renegociar la deuda con el FMI, organismo que como todos sabemos es controlado por los EE.UU.

Nadie a esta altura puede desconocer cómo se ha tensado la relación entre este país y la virtual alianza entre Rusia y China, quienes continuamente son hostigadas por las fuerzas de la OTAN y de EEUU, hasta un punto en que una guerra entre las potencias cada vez toma más cuerpo.

En estas circunstancias de debilidad, donde desde el primer momento el gobierno de Alberto Fernández ha hecho eje en la necesidad de renegociar las deudas con los acreedores privados primero y ahora con los organismos internacionales, resulta al menos incomprensible que se opte por comprar armamento sensible a Rusia o a China, una situación agravada por la precaria economía local.

Claramente EE.UU. no aceptaría esa decisión argentina, bloquearía un acuerdo precipitando el impago y con ellos la caída del gobierno ya debilitado al máximo por las elecciones.

Algunos, muchos en realidad, analistas creen que el acuerdo con el FMI ya está cerrado y se anunciaría después de las elecciones con la idea de que de esa manera no se perdiera más caudal de votos.

¿Por qué entonces presentar una partida en el presupuesto para comprar estos aviones? La respuesta bien puede ser que como ya ha sucedido en otras oportunidades, el anuncio carece de importancia, no piensa ser concretado y solo responde a una maniobra de contención interna del Frente del gobierno que persigue un doble propósito, por un lado hacer un guiño a los sectores antiimperialistas “por izquierda” que aún siguen creyendo en este gobierno y por otro lado hacer lo mismo hacia los sectores nacionalistas “por derecha”, que esperan un gesto que revierta aunque sea en parte la caída indetenible de las FF.AA., cuyo presupuesto es el más bajo de la historia y su obsolescencia en equipamiento es cada vez más acuciante. 

JF 17 Thunder Block III

Luego de la tensión con Rusia por las vacunas, que tuvo varias etapas como los anuncios presidenciales de entregas que Rusia no había acordado o su uso en ancianos antes de que el propio Instituto Gamaleya lo hubiera determinado, se llegó al affaire de Nicolini.

El alineamiento entusiasta del gobierno argentino con las políticas de Biden sobre género y agenda verde, demuestran la predisposición de acercarse a las políticas de Washington con entusiasmo aun cuando las mismas son rechazadas por el conjunto de la población como se ha visto en las últimas elecciones. No menos notable es que los organismos internacionales, así como el propio Biden condicionan sus apoyos a que se cumplan estas políticas, y quienes no se avienen a aceptarlas son marginados y destrozados por la prensa global.

En definitiva, un hecho que no será la comidilla de la gran prensa, pero que para quienes observan con detenimiento los temas sensibles no deja lugar a dudas y demuestra el alineamiento irrestricto del gobierno argentino a los EE.UU. con Biden, algo que no sucedía con el mismo énfasis con Donald Trump, aún durante el gobierno de Macri y que demuestra cómo en la propia argentina se reflejan las disputas internas del poder en EE.UU. Nuestras clases políticas, independientemente de su discurso aparente de progresismo o liberalismo, son fieles servidores del globalismo que representa el Partido Demócrata y los Reino (Republican In Name Only – Republicanos en su propio nombre) de EE.UU.

Y en definitiva, ¿se comprará algo o son simples maniobras distractivas que esconden otros intereses? Mucho debemos  temer que debamos esperar un nuevo fracaso, uno más que nos ha dejado en esta situación de indefensión peligrosa.