La economía, entre tensiones y urgencias

Mientras en las últimas semanas continúa el masivo arribo de vacunas, a las que se sumarán las de producción local, la posibilidad de llegar a septiembre con un elevado porcentaje de la población vacunada alienta a que la circulación de contagios se encuentre en niveles muy reducidos permitiendo un regreso a una casi plena actividad en la mayoría de los rubros de la economía, producción y de servicios.

Algunas de estas señales comienzan a observarse, levemente, aun transitando el peor momento de la crisis sanitaria. Según datos del Indec, la capacidad instalada del sector de la industria manufacturera, registró en el mes de abril el punto más alto de los últimos dos años (63.5%) es decir más de 2  puntos arriba que en abril 2019 (61.2%). Entre las mayores subas que evalúan el comportamiento del bloque de doce sectores, el de metalmecánica es uno de los tres de mayor recuperación. El dato no es menor sobre todo por la capacidad del rubro en la generación de puestos de trabajo formal. En medio de la peor etapa de la crisis sanitaria, la capacidad instalada es superior al anterior periodo pandémico del CoronaMacri, y con estos datos, los analistas de rebotes económicos (que se entusiasman con poco) aseguran que seguirá en aumento con el transcurrir de los meses.

El otro dato de esta semana fue el anuncio de la inflación del mes de mayo en 3.3%, el más bajo de los últimos cinco meses acumulando en el año un 21.5%, es decir  apenas a 7.5 puntos del 29% previsto por el gobierno nacional en el presupuesto nacional 2021, y aun faltando siete meses para concluir el año. En el desagregado, los rubros alimentos y bebidas, e indumentaria, tuvieron una fuerte reducción respecto a los meses previos; sin duda una buena noticia. Como contrapartida, y como era previsible, los de mayor aumento fueron por precios regulados por el gobierno, tal los casos de transporte (6%) vía aumento de combustibles, y medicamentos y medicinas prepagas (4.8). Sobre este último sector se avecinan discusiones postergadas por años, fundamentales para el rediseño de un sector en el que el Estado fue perdiendo terreno en las últimas décadas. Bienvenidos sean los debates por venir.

Mientras tanto, y por ahora ante la falta de anuncios, la hoja de ruta del gobierno nacional para la recuperación de la economía pareciera apoyarse en la mera recuperación que por si sola generará la gradual normalización de la actividad económica, en una suerte de rebotismo económico 2.0. Sin líneas de promoción de acceso al crédito para el sector de la producción y del comercio, sin medidas  e incentivos a través de la expansión de la demanda vía aumento de ingresos y de asistencia social, no habrá rebote posible que alcance mejore los actuales niveles de pobreza y exclusión. Al finalizar el año, posiblemente la inflación termine en 40 puntos; si eso se suma los dos años últimos de Macri, y el 2020 de pandemia y recesión, concluirá en un ciclo de cuatro años rondando el 200% de inflación. Esto es aniquilar el poder adquisitivo. Ante una inflación que en el mejor de los casos podrá acercarse al 2% mensual al finalizar el año, la única manera de lograr al menos empardar o ganar “algunos puntos” como se propuso el gobierno será vía inversión social.

¿Gasto o inversión publica?

El equipo económico de Martín Guzmán asegura que el aumento de las reservas que se ha logrado vía compras del Banco Central junto al proceso de liquidación de exportaciones es indispensable para promover de manera sostenible un gradual y controlado aumento de la demanda. El fantasma de la restricción externa (falta de dólares) en un proceso expansivo de la economía acecha, y es una piedra contra la que el gobierno no puede chocar. Sencillamente dicho, promover el crecimiento de la demanda y consecuentemente de las importaciones, es un equilibrio muy fino, más atendiendo que en poco tiempo la liquidación de dólares por exportaciones se acaba. Sólo quedaría sumar el ingreso a reservas de unos USD 4.300 millones en derechos especiales de giro, a través del FMI,  si es que llega el por ahora tan anunciado como demorado acuerdo.

Días atrás, en un encuentro con empresarios organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), Guzmán afirmó que están las condiciones dadas para que la inflación vaya reduciéndose, consignando que la inflación es multicausal y que de nada sirve atacarla sólo con políticas monetarias. Ante lo expresado, la expansión del gasto vía emisión monetaria no debiera ser un freno para poner en marcha un aumento en inversión social sostenida, y a la par del proceso inflacionario.

El gran debate, que a esta altura comienza a generar impaciencia y tensiones internas, es sobre qué camino tomar para que el proceso de recuperación no sea sólo parcial, por rebote, sino que llegue acompañado y reforzado a partir de políticas activas. Esto quiere decir poner plata en la calle. La tensión entre lograr reducir el déficit y disponer de una macroeconomía equilibrada, o volcar recursos en la mayor cantidad de circuitos productivos que alcancen a la mayor parte de la población postergada.

La economía argentina, desde 1976, es un laboratorio de experimentos con consecuencias inevitablemente calamitosas como las que arrojaron los sucesivos gobiernos neoliberales. Sin la recuperación de los resortes indispensables de la economía no hay posibilidad de salir del atolladero de decadencia y empobrecimiento, exceptuando los avances alcanzados durante el único periodo que gobernó el campo nacional en los tres gobiernos kirchneristas. Logró, sin duda, revertir un proceso de empobrecimiento y despojo del patrimonio nacional inaugurado en 1976. Esta ultima experiencia, virtuosa en muchos terrenos, no llegó a avanzar en la modificación de una matriz que terminó limitado su capacidad de acción y lo que no pudo evitar, finalmente, fue chocar con la piedra de la restricción externa a la que no supo adelantarse ni sortear de manera efectiva, sencillamente por no disponer de la famosa botonera que determina el rumbo de la economía. Es botonera quedó hace treinta años en manos privadas, monopólicas, oligopólicas y extranjerizadas. Tres sectores marcan la dinámica de la economía, la apropiación del excedente y su concentración: Comercio exterior, comercializadoras, puertos y ríos, administrados por un pequeño grupo de empresas extranjeras; producción y distribución de alimentos; servicios públicos, empresas generadores, distribuidores y comercializadoras de electricidad y gas; por último las concesionarias de energía y combustibles. Es necesario reiterar que no será posible comenzar a transitar un proceso de crecimiento e inclusión sin modificar la actual estructura sobre la cual se acrecentaron privilegios y posiciones dominantes a costa de empobrecer a las grandes mayorías.

El campo nacional y popular, representado en el Frente de Todos por el entramado de diversas corrientes internas que lo compone, no ofrece señales de por dónde orientar la actividad económica, determinar con claridad los actores mas dinámicos de la producción capaces de generar más mercado interno, así como señalar de qué manera y con que instrumentos definirá la matriz redistributiva que acompañe un ciclo virtuoso y sostenido de crecimiento. De lo contrario, el triunfo de las políticas neoliberales se deberá también inscribirse no sólo en la capacidad de fuego que disponen el bloque dominante, sino también en la falta de certezas de los gobiernos populares para llevar adelante las transformaciones que se esperan de un gobierno peronista, nacional, popular. De otra forma, sólo resta esperar una variación de excusas eternas para justificar y describir los desastres que sobrevendrán por parte de los sectores que conducen a la Argentina al destino de un país colonial.