La figura de Manuel Belgrano durante el primer peronismo

Este 2020, como año belgraniano, al conmemorarse el 250° aniversario del nacimiento y el bicentenario del paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano, permitió reflexionar sobre la vida, obra y proyección del legado del prócer.

Poco se supo o se estudió sobre el abordaje que se le realizó en el marco del surgimiento del peronismo en los años ’40 y ’50, así como si existió alguna referencia hecha por Juan Perón, por Evita o por miembros destacados del elenco gobernante.

En los gobiernos de facto de la Revolución del 4 de junio de 1943 se resaltó asiduamente la figura de San Martín, siendo el coronel Juan Domingo Perón quien le daría una valoración especial. Desde su formación castrense destacó la visión estratégica de la campaña del Libertador con su dimensión militar y política a nivel continental. Como política de Estado dispuso, en el marco de la conmemoración del 100º aniversario del fallecimiento del General José de San Martín, realzar en 1950 la figura del Gran Capitán en sus aspectos políticos, militares y morales como arquetipo de la argentinidad.

Poco o nada se sabía sobre referencias concretas sobre el general Manuel Belgrano en el contexto del primer peronismo y en las palabras del tres veces presidente constitucional.

Sería el Dr. Oscar Ivanissevich quien más abordaría al creador de la enseña patria, sea en su rol como interventor de la Universidad de Buenos Aires y también como ministro de Educación de la Nación. En el primer caso publicó, el 20 de junio de 1946, el cuadernillo Homenaje a la Bandera y al General Manuel Belgrano, donde sentenció: Con motivo de celebrarse el Día de la Bandera y en acto de adhesión al mismo, la Universidad de Buenos Aires ha estimado conveniente compilar y difundir un conjunto de páginas magistrales que exaltan la significación de nuestra enseña patria y rinden culto a la memoria de su creador ilustre. Con la presente publicación la Universidad entiende poner en manos de los argentinos algo así como un brevario patriótico, destinado a leerse con devoción cada vez que, en este día solemne, la república tribute homenaje al símbolo que encarna al mismo tiempo las glorias de su pasado, sus ideales de hoy y la grandeza que le reserva el porvenir”. En cuanto a su tarea como ministro, sea en los discursos del inicio del ciclo lectivo como en los textos oficiales de Educación, así como en la revista Argentina, editada por el propio ministerio, las referencias de Belgrano existen, aunque  – es cierto – en menor medida que la de San Martín.

Tras la partida de Ivanissevich de la cartera educativa y su reemplazo por el Dr. Armando Méndez San Martín, la figura de Belgrano siguió teniendo su lugar, pero como complemento de la del Libertador o simplemente como “creador de la Bandera”.

En el segundo gobierno de Perón se editan los textos escolares con profusión de imágenes y textos que exaltan la figura de Perón y Evita, y donde se trazan paralelos de hechos del pasado con la obra del justicialismo, sea nuestra independencia o la gesta sanmartiniana. Obreritos, Privilegiados, Ronda Infantil, Ya sé leer, Senda Fragosa y El Hada Buena, entre otros, donde la figura de Belgrano se rescata como creador de la enseña patria y prócer abnegado, y no se realiza paralelos en su obra con la gestión de Perón y la impronta justicialista. El único caso se registró en El Hada Buena, de Clelia Gómez Reynoso, para segundo grado de primaria, en el poema La Bandera de Ruth Africa F. de Dupuy.

En las publicaciones oficiales no faltará su mención y acción patriótica, como en la voluminosa La Nación Argentina Justa, Libre y Soberana (1950) y, tras la nacionalización de los ferrocarriles en 1948, tendrá la denominación el F. C. General Belgrano para aquel tren que cruza parte de nuestro Norte.

En el caso de Eva Perón, las menciones belgranianas vinculadas con el ideario justicialista fueron en sus clases de la Escuela Superior Peronistas de 1951, compiladas en Historia del Peronismo, donde sostuvo:

En esta edad peronista de la Patria, todos los argentinos tenemos la dignidad que soñaron para nosotros Belgrano, San Martín y todos nuestros próceres ilustres y esforzados, y la Patria mira de frente el presente y el porvenir, tal como ellos lo desearon en esos tiempos de lucha, sacrificándolo todo, su vida y sus esfuerzos, tal como ellos lo soñaron, y tal vez no creyeron que se podía realizar esa felicidad y esa dignidad hasta que llegara un argentino que retomara los hilos de la Patria que había dejado San Martín y que había dejado Belgrano.

Se le suma los reconocimientos que realizó en actos escolares de apertura del ciclo lectivo y en la donación de banderas que efectuó a escuelas, colegios y universidades del país.

Con respecto al propio Perón, las referencias sobre Belgrano fueron muy medidas y de tono protocolar. En su exilio latinoamericano, posterior al golpe de 1955, explicitó en Los Vendepatrias (1957) una visión historiográfica cercana al revisionismo, pero sin mención explícita de Belgrano. Recién en un texto publicado por Eugenio Rom, en base a conversaciones de 1967, refirió:

Los ejércitos revolucionarios marchaban sobre el interior, tratando de lograr pronunciamientos favorables y apoyo para la causa de Mayo. No siempre fueron bien recibidos… Lo que pasaba era que esas tropas llevaban escondidas en la mochila, la supremacía política y comercial del puerto. Y eso, recibía muy pocas simpatías, por parte de los habitantes de las provincias.

En una de esas marchas hacia el “norte”, el general Belgrano oficia al triunvirato pidiendo bandera. Ya había logrado tiempo antes, que se le autorizara el uso de una escarapela azul y blanca, para la tropa. Al cabo de algunos “tironeos”, consigue el fin su bandera con los mismos colores.

Con ella enarbolada, marcha rumbo al Alto Perú. Es una campaña dura y con muchos altibajos. Pero, con un final glorioso. En Salta y Tucumán, lleva su estandarte a la victoria, y con ello asegura la supervivencia de la revolución. El peligro de una invasión desde el Perú se aleja por un tiempo.

Luego de ponderar a San Martín, Artigas y Bouchard, señaló las tensiones entre las provincias y los porteños:

“… el Directorio de Buenos Aires, no escatimaba torpeza o sucia tramoya por cometer, para usurpar el poder. Quizás la más infame, sea la orden dada a Belgrano de retirar el Ejército del Norte, que está custodiando la frontera, para utilizarlo, contra los caudillos del litoral que no acatan la supremacía del puerto”. La definición peroniana fue lapidaria: “Una inmundicia!”. Y finaliza su referencia sosteniendo: “Bueno, el ejército se subleva, retirar del mando a Belgrano y da por tierra con el Directorio, cuyos partidarios se llamarán a sí mismos “unitarios”. Mientras el movimiento de los caudillos, se llamará “federal”.

Rareza historiográfica, o justa reivindicación, lo cierto es que en su exposición sobre nuestro pasado no podía estar ausente en la voz de Perón el accionar de Manuel Belgrano.

Finalmente, el 20 de junio de 1973 será el retorno definitivo de Perón a su Patria, luego de casi dos décadas de exilio, en una jornada que quizás pretendió honrar la memoria del creador de la bandera, pero que los sucesos trágicos que la envolvieron empañaron dicha fecha.

Ilustre tribuno, docente, economista, periodista y pensador nacional, hoy figura destacada en este 2020, es nuestro deber recuperarlo del mármol para descubrirlo en toda su dimensión.

* Pablo Adrián Vázquez es politólogo; Docente de la UCES; Secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.