La fuerza militar, el último recurso de los Estados

Una situación recurrente es la ausencia de temas militares en los análisis en nuestra región, contrastando con los medios rusos que dedican siempre una sección a ellos , y nunca nos preguntamos  por qué razón deberían incluirse los análisis de orden militar cuando uno se enfoca en temas geopolíticos.

Existe una idea extraña qué dice que estos temas son exclusivamente abordados por aquellas personas con pensamientos fascistas y cualquiera qué se considere progresista o de cualquiera otra ideología “democrática” no necesita ni debe ocuparse de los mismos, los cuales solo son de interés casi exclusivo de círculos militares o altamente especializados.

No debe confundirse los deseos de militarizar la vida cotidiana o desear una guerra con sopesar la injerencia de los temas militares en la política internacional. No es ni bueno ni malo valorar e incluir en el análisis temas relativos al militarismo, sino simplemente es una necesidad para mejorar la comprensión.

Las acciones militares requieren algunas consideraciones particulares, y esto significa que deberán superar los mandatos de una fuerza política en el gobierno circunstancialmente y deben constituirse en una razón de Estado que requiere un consenso de las fuerzas políticas actuantes en el país.

La guerra moderna significa la movilización de muchos recursos y planificaciones a largo plazo y no medidas de corte coyuntural propias de una política aislada. Por ello cualquier planificación no puede dejar de eludir estos compromisos profundos y representa en definitiva el pensamiento estratégico de una nación, haciendo en consecuencia más previsible las intenciones reales.

Las política militar  requiere para su correcto desempeño una planificación integral y no golpes de efecto, esa planificación está determinada por el tipo de estrategia y los requerimientos en equipamiento necesarios,  por ejemplo, lo que determina que las decisiones tomadas sean por una razón estable ya que pueden generar un vínculo de dependencia con el proveedor y atarán al país a una política de alianzas a largo plazo,  porque la compra no se agota en la venta propia sino en las relaciones entre el proveedor y el país receptor debido a que requieren una serie de actualizaciones y mantenimientos que significan que habrá una relación constante y estable a lo largo de un periodo de tiempo considerablemente prolongado.

La política de las grandes naciones está reflejada por sus estrategias militares, las cuales indican con mucha mayor precisión que los discursos de los políticos, o inclusive de los diplomáticos en los ámbitos internacionales, cuál es el curso que realmente seguirá la nación.

La planificación de esas políticas va desde lo cultural y psicológico hasta la tecnología, industria, economía, finanzas y un sinnúmero de áreas que hacen a una correcta preparación militar.

En definitiva, son inseparables la visión estratégica de una nación de sus proyectos de existencia como tal y sus modelos de desarrollo.

Podemos ver entonces un ejemplo claro que ha sido un tema de debate y controversia en el ámbito internacional y que nos puede servir de ejemplo para comprender cómo existe una íntima relación entre los factores militares y las verdaderas estrategias que tienen las naciones poderosas, independientemente de su ideología y de lo que puedan expresar discursivamente a través de sus representantes e inclusive de lo que la propia prensa  diga, pues la misma está condicionada por todos los factores y no es más que una herramienta al servicio de los poderes.

El reciente acuerdo establecido por los Estados Unidos, el Reino Unido y Australia significa una radiografía que desnuda la verdadera realidad de las políticas internacionales de esos países.

Más allá de las apelaciones a la convivencia, a los trabajos en conjunto por la paz, prosperidad y concordia, en el AUKUS encontramos una cruda muestra de la realidad. 

En primer lugar, podemos observar que existe una anglosfera cohesionada que cuando la situación se hace crítica muestra su verdadero rostro.  Las necesidades del mundo anglosajón, sus relaciones internas y su confianza gira en torno a sí misma.

Por ello vemos claramente cómo Estados Unidos responde al compromiso británico para llevar una propuesta a Australia a fin de dotarla de submarinos de propulsión nuclear, algo que no tienen ninguno de los otros socios estadounidenses, que no sean de su mismo origen anglosajón, por voluntad de este país.

Es así entonces qué vemos cómo quedan fuera de este pacto países que son estrechos aliados de EEUU, como puede ser el caso de Japón, Corea del Sur, Alemania o Francia.

En primer lugar, el Reino Unido ha aprovechado la tensión con China que tiene Washington para reactivar su oxidada industria naval.  La producción de buques británicos se ha reactivado en los últimos años y esta iniciativa seguramente generará más actividades para su industria.

Australia demuestra la subordinación de sus intereses económicos (China es su principal socio comercial) a las razones estratégicas de Londres y Washington, quiénes están en una disputa con China y sus intereses son diametralmente opuestos a los de Canberra.  Sin embargo, la actitud australiana termina por ser contraria a sus propios intereses y favorables a los Estados Unidos y el Reino Unido.

En función de las necesidades estratégicas de Australia la compra de submarinos diésel eléctricos  era la opción más adecuada para las necesidades de la defensa de sus aguas circundantes,  sin embargo la apuesta por submarinos de propulsión nuclear infinitamente más caros y más complejos de operar, es innecesaria excepto si su interés es el de proyectar fuerzas más allá de sus aguas territoriales y su plataforma continental.

Australia de esta manera se integra además al club de naciones nucleares y con ello seguramente precipita una respuesta de otros países de la zona. Innecesaria para sus intereses comerciales.

Un punto más a considerar es que la producción de submarinos nucleares no se hace de un día para el otro y todo hace pensar qué demorarán más de una década en entrar en servicio, un período en el cual Australia deberá seguir contando con sus viejos y  únicos seis submarinos operativos, excepto que los Estados Unidos le entregue alguno de sus submarinos de propulsión nuclear, cómo los Clase Los Ángeles, que están en reserva, de forma de ir acortando los tiempos para preparar las dotaciones de hombres que trabajarán en los mismos y posibilitando una mayor capacidad ya no defensiva sino ofensiva.

Sí Australia cuenta con este tipo de equipamiento militar Japón se verá tentado a hacer lo mismo cuándo su presupuesto, su PIB y su capacidad tecnológica que lo ubican muy por encima del país de Oceanía.

Corea Del Sur se encuentra en una situación similar y no podemos descartar casos como el de Indonesia, un país llamado a ser la cuarta economía del mundo a mediados de siglo, que también pretenda ser considerado de una categoría superior.

¿Cuál es el beneficio entonces de Australia de militarizar la zona y generar malestar en socios comerciales como los mencionados e inclusive provocar una respuesta de un país mucho más poderoso como China?

Hemos visto en los últimos años qué Australia ha interferido en los asuntos internos de Beijing, denunciando violación a los Derechos Humanos, represión a las minorías y falta de democracia interna, obteniendo como respuesta el cese de la compra por parte de China de productos de importación de origen australiano, lo cual ha generado dificultades económicas.

Indudablemente la respuesta militar de Australia tiene que ver con una estrategia de inserción dentro de un mundo anglosajón liderado por Londres y Washington, el cual genera presión para que Canberra adecúe sus políticas a las necesidades de estos.

No quedan dudas entonces que comprender que las necesidades defensivas de Australia no coinciden con lo enunciado. Confrontando las medidas efectivamente tomadas con los discursos demuestra que lo que Australia está haciendo es enfocarse en una política de agresión contra China, quedando entonces de lado todos aquellos discursos y palabras cubiertas de buenas intenciones.

Esto lo revela un análisis de las políticas militares, porque otros abordajes no lo hacen con la misma contundencia.

Seguramente veremos qué Canadá se sume probablemente a esta iniciativa porque responde a un mismo patrón, tal vez la decepción sea Nueva Zelanda, quién muestra un rechazo de su población a estas políticas confrontativas.

Al momento del anuncio, Ottawa se encontraba en medio de un proceso eleccionario qué podría afectar el caudal de votos de Justin Trudeau, su actual Primer Ministro, por lo cual su participación ha quedado suspendida momentáneamente.

No olvidemos que el proyecto de espionaje de comunicaciones conocido como los Cinco Ojos es únicamente anglosajón.

No solo se ha producido como consecuencia directa del pacto un conflicto en la región del Pacífico, sino podemos ver que también que el eje anglosajón ha dejado de lado a Francia, mostrando su desprecio por un país de un cuño diferente y a Alemania,  cuya función es meramente económica y tecnológica, pero al que no se le permite ingresar en ninguna área que sea considerada sensible como es la militar o la que tiene que ver con las informaciones, lo cual se ha visto con los Cinco Ojos que tampoco integró.

Entonces el análisis de los hechos militares comienza a descubrir lo que los discursos políticos y diplomáticos no dicen, Estados Unidos está enfrentado con China y apela a los países anglosajones para esa contienda, el Reino Unido proyecta fuerza hacia esa región aspirando a reverdecer laureles ya añejos mientras que Australia se subordina a esos poderes. Las otras potencias quedan excluidas. 

Tal vez como una mueca burlona de la historia, Francia, que había desplazado las preferencias australianas por submarinos japonés, demostrando su estatus internacional de potencia mayor en temas sensibles, y dejando en claro que Japón es apenas una potencia subordinada que no puede aspirar a inmiscuirse en temas de grandes potencias, termina siendo a su vez desplazada por el Reino Unido, que con el apoyo de Estados Unidos reafirma que en la escala de prioridades primero está el mundo anglosajón, luego países como Francia y por último Japón.

Está lectura parece simple, pero se desprende de las acciones en concreto que han tomado los países en el área militar.

Por lo expuesto podemos ver cómo queda en claro que es necesario contar con información sobre los temas militares que son realmente determinantes a nivel global, muy lejos de lo que en algún momento se planteó creyendo que las fuerzas armadas habían quedado obsoletas y los países dentro de un esquema de globalización iban a cooperar entre todos y daba lo mismo ser un país productor de servicios que desarrollar tecnologías de punta o tener FFAA confiables y aptas para la defensa.

Más allá de lo expresado, la realidad termina siendo visible. Pero para poder comprender con mayor precisión es necesario asimismo que tengamos unos conocimientos mínimos de lo que significa la cuestión militar y una base de los principales factores a tener en cuenta en las guerras hoy.

Esto es lo que en definitiva nos va a dar la capacidad de entender, por ejemplo, quién tiene razón y que es lo que busca, sí es verdad que Australia solamente está haciendo uso de sus   atributos defensivos o esconde una política militar de agresión hacia China.

Esta situación termina siendo definitoria para tener una idea entonces de cuáles son las verdades que se manejan en geopolítica, cuáles son los intereses en juego y a qué se apuntan. En definitiva, no es lo mismo tener un submarino para defenderse dentro de un área confinada que en otra que requiere proyectar fuerza a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, esto no lo podremos saber si no tenemos una idea básica de cuáles son los propósitos y fundamentos de cada uno de los tipos de submarinos.

No hace falta ser un experto militar para comprender estas nociones básicas de estrategia, sólo hace falta voluntad de aceptar la importancia que tienen estos factores.

La historia de países como la Argentina que han tenido dificultades con las estructuras militares propias, que han intervenido en sus procesos democráticos, tiene mucho que ver con las razones de ese rechazo visceral de muchos analistas, sin embargo los mismos deben dejar de lado sus preconceptos porque si no jamás van a poder comprender realmente qué es lo que está sucediendo en el mundo, y a partir de allí sus conclusiones no serán las mejores.

Lamentablemente es apenas una minoría en los países hispanoparlantes quiénes aún valoran estás cuestiones, la mayoría prefiere actuar dentro de lo que indica los marcos de corrección política y eludir los temas militares, para resumirlos a un cálculo sobre las capacidades de los países en función del presupuesto que tienen, dejando de lado factores tan claves como los costos de producción, la corrupción imperante en los sistemas de defensa y muchos otros factores que inciden en forma determinante.

Es absolutamente necesario para poder comprender cuáles son las políticas de las naciones, conocer cuáles son sus capacidades militares reales, porque las acciones diplomáticas  se ven condicionadas por la posibilidad de imponer mediante la fuerza sus decisiones.

El Reino Unido ha hecho caso omiso a todos los llamados que ha hecho la Organización de las Naciones Unidas para sentarse a negociar con la Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, obviamente la razón principal es que la fuerza militar de Londres le permite actuar con indiferencia ante las presiones diplomáticas de la Argentina, diferente sería el caso si la Argentina tuviera el poder económico y militar qué tiene China, seguramente en esas condiciones un arreglo sería lo más factible.

Solo considerar el poder económico y desconocer el militar, es ignorar una parte sustancial de cualquier política exterior de cualquier nación y sólo un cierto infantilismo político puede hacer que esto sea tomado como una realidad donde ideas abstractas o de pretendidos movimientos espontáneos de la sociedad civil, sean los factores predominantes en el mundo moderno.

Nada ha cambiado entonces desde la antigüedad hasta hoy, más allá de todos los aspectos que tienen que ver con la economía, la diplomacia o el soft power, en definitiva lo que decide es la fuerza militar.

La capacidad diplomática del soft power de las naciones que imaginemos, no es más que una herramienta que las grandes potencias que utilizan a fin de ablandar a sus enemigos y condicionar su capacidad de resistencia, pero en caso de que no lo consigan, la fuerza militar como siempre ha sido, termina siendo el condicionante final que determina cuál será el rumbo real que seguirá la contienda. 

El enfrentamiento entre China/ Rusia y sus aliados con el mundo anglosajón es un hecho, nosotros debemos comprender esta realidad y readecuar nuestras políticas a ella, la cual cada día más amenaza ser resuelta en una guerra, pero aún si no lo fuera, el ganador lo sería porque sus capacidades militares han sido lo suficientemente poderosas para desalentar que sus enemigos la ataquen.

Es hora de comprender cómo juegan las naciones y no como dicen que juegan, si queremos tener una política exterior, y por qué no interior, consistente.

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