La identidad de los cordobeses y las elecciones

PRIMERA PARTE EL ESPIRITU CONSERVADOR

Un amigo porteño, simpatizante del Frente de Todos, decepcionado por el resultado de las elecciones presidenciales de octubre de 2019, en Córdoba, me envió un mensaje en el que afirmaba: “que lejos quedaron las epopeyas cordobesas de los ’70”.Desde el regreso de la democracia en 1983, los analistas políticos han expuesto diversas interpretaciones sobre el comportamiento electoral de los cordobeses. Esas interpretaciones por lo general abordan las coyunturas electorales y sus resultados, vinculando a estos últimos a aspectos circunstanciales propios de cada contienda electoral, como son las alianzas partidarias y las candidaturas, pero sin analizar causas más profundas como, por ejemplo, indagar sobre aquellos elementos estructurales que le dan forma a la idiosincrasia del cordobés.El político e historiador cordobés Esteban Domina en el libro de su autoría titulado Historia Mínima de Córdoba describe el origen y el rol desempeñado por la Iglesia Católica en la ciudad, con sus numerosas órdenes religiosas que le daban un aire monacal inconfundible. Domina refiere una cita del gobernador Ángel de Peredo en 1671 en la que expresa: “La ciudad de Córdoba es la más populosa y de más lustre de todas estas Provincias, por adornarlas las cabezas de las Religiones de Santo Domingo, San Francisco y La Merced y un suntuosísimo Colegio de la Compañía de Jesús, con Universidad de Gramática, Artes y Teología y dos conventos de religiosas”.Es así, que a casi cien años de fundada Córdoba, la ascendencia de la Iglesia Católica en la vida de los cordobeses es manifiesta, lo cual se prolongará en el tiempo.Ciento cincuenta años después será Sarmiento, en el Facundo, quién describa la influencia de la Iglesia Católica en la formación del espíritu conservador de Córdoba, que terminará forjando la singularidad que caracteriza al cordobés de nuestros días, al punto de darle una identidad que lo distingue de los otros argentinos.“El espíritu de Córdoba –afirma Sarmiento- hasta 1829 es monacal y escolástico; la conversación de los estrados rueda siempre sobre las procesiones, las fiestas de los santos… Enseguida Sarmiento señala: “hasta dónde puede esto influir en el espíritu de un pueblo ocupado de estas ideas durante dos siglos no puede decirse, pero algo debe influir porque, ya lo veis, el habitante de Córdoba tiende los ojos en torno suyo y no ve el espacio: el horizonte está a cuatro cuadras de la plaza…”“Córdoba no sabe que existe en la tierra otra cosa que Córdoba”.

ALGUNOS INTERROGANTES SOBRE LA CÓRDOBA CONTEMPORÁNEA

Transcurridos poco menos de dos siglos de aquella descripción que hiciera Sarmiento sobre Córdoba, uno podría preguntarse cuánto de ese espíritu conservador se proyecta a la sociedad cordobesa en la que vivimos.

La consigna de la UCR a mediados de los ochenta, “Córdoba es una isla”, acompañada de un gran lápiz rojo, utilizado por Eduardo Angeloz para diferenciarse del gobierno progresista de Raúl Alfonsín, o el “cordobesismo”, acuñado por José Manuel De la Sota, para oponerse a las transformaciones sociales e inclusivas establecidas por el Kirchnerismo, ¿tienen que ver con la interpretación de un estado de ánimo de la sociedad cordobesa, proclive a mirar con recelo los cambios que en su momento propusieron al país, Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Cristina Fernández? ¿Cuánto de ese estado de ánimo está determinado por los procesos políticos acontecidos en Córdoba desde mediados de los años cincuenta en adelante.

La Revolución Libertadora

¿Cuando el general Eduardo Lonardi eligió a Córdoba para levantarse contra el presidente Juan Domingo Perón, utilizando la consigna “Dios es justo”, lo hizo porque sabía sobre la fuerte influencia que la Iglesia ejercía sobre el pensamiento de los cordobeses, que en su inmensa mayoría profesaban la fe Católica?

Es posible aventurar que Lonardi tuvo en cuenta esa influencia eclesiástica cuando eligió a Córdoba para iniciar la rebelión, además de valorar el poder de fuego que reunía el Tercer Cuerpo de Ejército en aquellos años. Posiblemente esa visión se viera reforzada por la posición de la Iglesia argentina, rotundamente opositora al peronismo, cuya máxima expresión pública de rebeldía había tenido lugar apenas tres meses antes durante la procesión de Corpus Christi, que convocó a más de cien mil personas, las cuales recorrieron las principales calles de Buenos Aires, en abierto desafío al gobierno de Perón.

Los gobiernos posteriores a los de la Revolución Libertadora no hicieron más que continuar con la exclusión del peronismo de la vida política cordobesa. Más aún, durante los años que imperó el terrorismo de estado se consolidó la alianza de la élite política, económica y eclesiástica con el poder militar, conducido por el general Menéndez, dueño absoluto, sin límite, de la vida y la libertad de los cordobeses.

La trama de complicidades de la clase dirigente, y su silencio ante los crímenes que se cometían en tiempos de la dictadura se conserva intacta en la memoria de los cordobeses.

El Regreso de la Democracia

El regreso de la democracia en 1983 no alteró en esencia la hegemonía de la alianza antes mencionada, que continuaron con su dominio, a través  de una cultura de matriz conservadora, concitando el respaldo de buena parte de los cordobeses a proyectos políticos que se anuncian como una expresión de la identidad cordobesa pero que en el fondo defienden una visión retardataria ante los planteos progresistas. Ocurrió con la Línea Córdoba de la UCR, liderada por Angeloz, en tiempos de Alfonsín, ocurrió en el PJ, presidido por De la Sota en tiempos del kirchnerismo, posición compartida por Juan Schiaretti quien siempre estuvo bajo su conducción.

La desaparición de De la Sota despejó el camino para que Scharietti, que carece de los atributos políticos de su antecesor, se abrazara abiertamente con Macri jugando todas sus fichas en favor de Cambiemos, y ya, cuando el escenario electoral nacional preanunciaba el triunfo de Alberto Fernández, le negó su apoyo al Frente de Todos al proclamar la libertad de acción del PJ cordobés en la elección presidencial. Y ahora sí Córdoba fue una isla rodeada por un inmenso mar de peronistas, al que se sumaron a las apuradas los provenientes de la amplia avenida del centro pues, conforme avanzaba el proceso electoral, ésta se había convertido en una calle pueblerina, que conducía inexorablemente a la derrota electoral del proyecto político que estos últimos habían alentado durante años con la complacencia del establishment, que siempre lo consideró un mal menor en tanto no desafiaba las bases de su poder.

LA IDENTIDAD DE LOS CORDOBESES Y LAS ELECCIONES SEGUNDA PARTE EL ESPIRITU RENOVADORA

A lo largo del siglo XX, se produjeron en Córdoba, acontecimientos históricos que desafiaron aquel espíritu conservador que describió Sarmiento en el siglo XIX. Ocurre que, a veces, cuando las elites gobernantes abusan de su poder en detrimento de la libertad y dignidad de sus ciudadanos, surge del suelo profundo de nuestra Córdoba un espíritu renovador que conmueve sus raíces conservadoras. Así, ocurren hechos históricos, fundantes de una nueva época, que llevan su voz transformadora por América Latina, como sucedió con La Reforma Universitaria del ’18.Como bien afirma el filósofo, Diego Tatían: “La Reforma Universitaria fue una revolución ideológica e institucional y también una revolución libertaria”.Recordemos ahora a Deodoro Roca: “Los jóvenes se levantaron contra la Universidad, contra la Iglesia, contra la familia, contra la propiedad y contra el Estado”.En el dieciocho, los pilares que aseguraban la continuidad del orden conservador fueron desafiados por los jóvenes universitarios, gesta que fue apoyada por los trabajadores mediante huelgas generales. Resistencias y epopeyas de los cordobeses Desde el primer día del golpe antiperonista, el movimiento obrero argentino se embarcó en una resistencia conmovedora en tanto lo hace en el marco de un régimen impiadoso que apeló a fusilamientos, cárceles y exilios para sostenerse en el gobierno.Corría el año 1957. La CGT de Córdoba conducida por el joven secretario general Atilio López, que en ese entonces tenía 27 años, convocó al histórico plenario de trabajadores peronistas en la localidad de La Falda. De allí saldrá el primer documento programático del movimiento obrero que tomó el nombre de la ciudad en que sesionó, La Falda, y que será ratificado por un nuevo plenario en 1962 llevado a cabo en la ciudad de Huerta Grande. Entre los dirigentes que participaron en él se encontraban Atilio López y Elpidio Torres quienes pocos años después serán, junto a Agustín Tosco, líderes del Cordobazo.El Cordobazo expresó con fuerza arrolladora el espíritu rebelde de una Córdoba que rechazó firmemente la pérdida de la libertad impuesta por La Revolución Argentina. El 29 de mayo de 1969 el pueblo cordobés recorrió las calles de la ciudad exigiendo el regreso a la democracia, mientras desafiaba la represión desatada por el régimen militar que se había propuesto gobernar treinta años.El país se conmovió con las imágenes de aquella Córdoba que erigía barricadas, prendía fuego a distintos edificios emblemáticos de la ciudad, Xerox, Citroën entre otros, mientras los manifestantes coreaban “obreros y estudiantes unidos y adelante”.El país tomó nota que en Córdoba había resurgido el espíritu revolucionario del ´18, pero ahora encabezado por los trabajadores en alianza con la juventud universitaria, a los que se sumaba la clase media.La rebeldía cordobesa abrió las puertas para el regreso a una Argentina democrática y dejó sentada las bases de un escenario que hizo posible la derrota, mediante elecciones libres, de quienes representaban la continuidad de una Córdoba conservadora que los golpistas del ’55 imaginaron eterna.La última etapa de la Revolución Argentina estuvo dominada por la maniobra estratégica de Perón tendiente a poner fin a su largo exilio y a los 18 años de proscripción del peronismo. La politización creciente de los jóvenes universitarios y su opción por el peronismo, así como la progresiva peronización de los sectores medios de la sociedad, facilitaron la decisión política de Perón consistente en construir un gran frente popular, el FREJULI. Este se plantó como una herramienta electoral que desafiaba rotundamente, sin concesiones, al gobierno militar. No había opciones electorales alternativas. Se votaba por el FREJULI, expresión de la oposición al régimen, o se votaba otras propuestas electorales que expresaban la continuidad de los proyectos políticos diseñados por la oligarquía y el imperialismo desde el ’55.En las elecciones de 1973, Córdoba no fue una isla, por el contrario, fue parte del triunfo electoral nacional obtenido por el FREJULI, representado en la provincia por la formula progresista encabezada por Ricardo Obregón Cano y Atilio López. Así, el peronismo cordobés recuperaba el gobierno provincial del cual había sido desalojado por el golpe del ’55. Se iniciaba una nueva época de transformaciones sociales que el quiebre institucional de febrero de 1974, provocado por la derecha peronista, impidió que se consolidara. La escena nacional y los cordobesesHasta aquí, hemos expuesto en una apretada síntesis, algunos de los principales acontecimientos históricos que dominaron la vida política cordobesa en los siglos XX y XXI. Intentaremos, con estos elementos, abordar la conformación de la identidad cordobesa.Cuando traemos a nuestra memoria la Córdoba de todos los tiempos, podemos percibir que la identidad de los cordobeses está construida a partir de la tensión existente entre el espíritu conservador que lo anima, forjado al calor de iglesias y conventos, retemplado durante siglos por el incesante repicar de la campanas de sus templos coloniales, testigos de la historia de Córdoba y el espíritu renovador, que cada tanto emerge para alentarlo a remover los muros que ahogan los cambios políticos y sociales, consagrados por los tiempos nuevos de la modernidad.Nace así, una identidad, por la cual el cordobés adquiere una singularidad que lo caracteriza y lo convierte, a su vez, en un actor destacado de la escena nacional, capaz de generar acontecimientos históricos, que trascienden sus fronteras y se proyectan en el tiempo.

*Francisco Felipe Yofre. Militante político. Dirigente del partido justicialista de Córdoba.