La lealtad de Rucci

Ante un nuevo aniversario de su asesinato, acontecido el 25 de septiembre de 1973, el ejemplo del líder de la CGT y brazo derecho de Perón, quizás nos dé un poco de luz en estos días de desánimo por derrotas electorales y peleas internas en el oficialismo.

Militante peronista y trabajador metalúrgico, que se brindó entero por una misión y abrazó la causa nacional hasta la muerte. José Ignacio Rucci, a él me refiero, fue un ejemplo cabal de militancia obrera, compromiso social y lealtad a la Patria, al Movimiento y al General Perón.

Porque si hay una palabra que lo define y es su nota distintiva es el concepto de Lealtad.

Lealtad como responsable hombre de familia y forjador de su destino a fuerza de trabajo y sacrificio.

Lealtad en toda su actividad gremial en la UOM, con su estilo directo y frontal para defender los legítimos derechos de los trabajadores en una época marcada por la resistencia peronista y su lucha ante los militares y civiles que usurparon el poder desde 1955.

Lealtad como hombre del Movimiento Sindical que con su acción aborta divisiones y desviaciones e impone una férrea unidad ideológica en torno al Peronismo.

Lealtad al encolumnar a la CGT como integrante del Pacto Social junto a la CGE y al Estado para sostener la gobernabilidad en Argentina.

Lealtad a quien reconocía como su jefe, el General Juan Perón, para lo cual encuadra a la CGT en su proyecto de recuperación y liberación nacional y donde el compañero se comportaba como el más fiel “soldado de Perón”.

Lealtad a una causa, que es la causa del Pueblo, que es la causa nacional, donde la Patria sería la unidad de destino para todos dentro de una Comunidad Organizada.

Y esa lealtad lo llevó a enfrentarse a quienes buscaban la destrucción del Proyecto Nacional encarnado por Perón y la CGT, aquellos que deseaban ver postrada a la Argentina en la anarquía.

Como dijo Rucci: “No nos preocupan los ataques, porque así como es importante vencer al enemigo, también es importante conocer al enemigo, y felizmente la CGT conoce a sus enemigos”.

Rucci los enfrentó y eso siempre se paga caro… se paga con la difamación, las calumnias y el abandono. Él lo pagó con su vida a sólo dos días del triunfo arrollador de Perón en las elecciones del 23 de septiembre de 1973, quien era elegido Presidente por tercera vez. Triunfo debido a la lucha de la Resistencia y al apoyo decidido de la CGT y de su Secretario General quien no sólo sostuvo el paraguas de Perón en su primer retorno sino que fue el sostén ideológico y moral de todo su accionar en Argentina, al punto de ser considerado por él como el relevo de conducción natural luego de la desaparición del Líder.

Por eso no fue casual su asesinato, que aún hoy, a cuarenta y ocho años existan voces que sostengan en reuniones partidarias o por las redes que reivindicar a Rucci es reaccionario y retrógrado. Quizás sean las mismas voces que alentaron su ejecución y que se alegraron con su martirio, quebrando la obra de Perón en Argentina, donde la derecha y la izquierda ejecutaron su plan de destrucción que actualmente padecemos.

Frente a sus detractores que buscan enlodar su memoria, los trabajadores y trabajadoras debemos reivindicarlo como ejemplo de lealtad y antorcha doctrinaria, que ilumina nuestro camino en la senda que Perón y Evita nos marcaron a fuego en nuestros corazones.

Hay que aprender las lecciones de la historia. El primer paso es recuperar en nuestra memoria a nuestros héroes y mártires, ya que de allí se cimentan los valores del peronismo, para así poder desarrollar acciones concretas que nos diferencien de libertarios y progresistas.

José Ignacio Rucci fue, es y será un ejemplo de conducta, de militancia, y de lealtad. Ejemplo de quien ofrendó su vida en defensa de los trabajadores y de su Movimiento por algo superior.

*Pablo A. Vázquez. Lic. En Ciencia Política. Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas