“La madre de todas las crisis”

Mientras el mundo se sumerge en una crisis de proporciones bíblicas, en la Argentina nos encontramos entretenidos con los temas de siempre: elecciones, inflación, crisis política y temas banales. Sin embargo, en el mundo pasan cosas que nos afectan, aunque miremos para otro lado.

Poca importancia están dando los medios de comunicación a la crisis mundial en marcha, que, parafraseando a Sadam Husein, podemos considerar como “la madre de todas las crisis”.

Si bien los elementos de una burbuja financiera especulativa se vienen advirtiendo desde hace años, nada hacía pensar que podrían alinearse no ya a un Cisne Negro sino varios simultáneamente.

Tal vez deberíamos haber tomado nota de lo que dijo Klaus Schwab, director del Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos, quien advirtió sobre la necesidad de un gran reinicio.

Los medios oficiales, globales, prácticamente pasaron por alto esta advertencia, que sólo fue tomada en cuenta en las redes sociales por actores que muchas veces son considerados como “conspiranoicos».

¿Qué significaba entonces el Gran Reset? Probablemente deberíamos comprender que las leyes que regulan la actividad económica y social suelen ser inflexibles y tarde o temprano se hacen presentes en nuestra vida y eso es el Gran Reset.

Pero antes de considerar cuáles son las razones por las cuales se necesitan nuevas medidas radicales para una reconfiguración del sistema, vamos a analizar si realmente es exagerado hablar de una Tormenta Perfecta sobre la humanidad.

El fin del neoliberalismo significa posiblemente algo que nos cuesta imaginar mientras estamos viendo una propaganda política muy influyente que nos habla de la construcción de un mundo verde ecológico, bondadoso, tolerante y lleno de virtudes añoradas desde siempre. Podemos pensar si es posible que esa construcción no sea más que un espejismo realizado por las mismas élites globales que nos han llevado a la actual situación.

¿Por qué habrían de sentir compasión por una humanidad a la cual históricamente oprimieron y utilizaron su servicio? Solamente esta situación ya abriría las puertas a una duda profunda y justificada, ¿es posible confiar en que quienes se sirvieron de las masas oprimiéndolas, hoy sean los actores de un proceso de liberación a escala planetaria? Una visión indudablemente muy naif.

La situación actual muestra claramente que la crisis sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19 se ha visto traducida en una situación de acelerado empobrecimiento de las masas mientras que la riqueza se concentra cada vez con mayor brutalidad precisamente en las manos de esta minoría que nos presenta un mundo venturoso.

Lo primero que estamos viendo, y a nivel global, es que las clases medias están sufriendo la crisis con mayor rigurosidad. En definitiva, no debería extrañarnos porque los pobres ya se han despojados de todo, si queda alguna riqueza es la que está en manos de las clases medias, por lo tanto, resulta natural que las oligarquías financieras se enfoquen hacia estos sectores mediante distintos mecanismos de extracción de riquezas.

El primer hecho de profunda conmoción fue la aparición de una pandemia que cambió la forma de estructuración de las sociedades, en función de adaptarlas a un virus que podía matar no a decenas sino a ciento de millones.

A casi 2 años de ese momento inicial, nos encontramos con poco más de 4 millones y medio de muertos, que si bien es una cifra importante representa apenas el 0.06% del total de la humanidad mientras los contagiados totalizan un 3,31%.

Teniendo en cuenta estos valores es razonable pensar que medidas tan draconianas como el bloqueo de ciudades enteras, de países, fueron al menos exageradas. Ahora comenzamos a ver las consecuencias que están trayendo, no solo en el ámbito de los derechos de libertad de circulación y de expresión sino también en algunos aspectos mucho más tangibles como es la falta de productos esenciales, algo que comienza a verse en los países curiosamente del Primer Mundo.

Quienes intentan ir un poco más allá de lo que muestran las cadenas periodísticas occidentales, internándose en otras visiones disidentes o que responden a países no occidentales, pueden ver que están divulgando cómo productos básicos empiezan a desaparecer de los supermercados.

La crisis comienza a tener efectos inesperados en Nueva York, donde se produce una serie de saqueos contra las tiendas minoristas que son muy pocos difundidos por los medios, sin embargo, el hecho alcanza picos de extrema gravedad obligando a que las mismas sean cuidadas por la policía, pero aún así es insuficiente.

Los comercios minoristas ya golpeados luego de la ola de disturbios tras la muerte de George Floyd, ahora comienzan a enfrentar un segundo proceso de bloqueos de entrega de mercaderías que, combinados con los saqueos recurrentes, los pone al borde de la bancarrota.

Uno de los agravantes de esta situación ha sido las políticas de Defund The Police impulsadas por las protestas. La policía no está respondiendo adecuadamente y los asaltantes, según informa la cadena rusa de noticias RT versión en inglés, luego de ser detenidos, son inmediatamente liberados, la mayoría de las veces sin siquiera presentar cargos en su contra, lo cual estimula el propio saqueo, a juicio del autor de la nota.

Esta situación se agrava como consecuencia de la exigencia de pasaportes sanitarios, testeos y cuarentenas obligatorias, que están generando una extraña parálisis en el comercio internacional.

Hay efectos combinados inesperados que han traído consecuencias como el cierre de plantas fertilizantes en el Reino Unido como CF Industries, una compañía de fertilizantes de EE.UU. con fábricas en las localidades de Ince y Billingham.

El resultado directo de estos cierres sumados a un probable bloqueo de las exportaciones por parte de China de los fertilizantes básicos para el sembrado y la cosecha de los alimentos debido a la escasez de fosfato de diamonio, urea y nitrógeno, cuyos precios se han disparado según ha informado la agencia Bloomberg, con el temor de que esto se reproduzca con otros productos europeos.

Ya comienzan a escucharse las voces que auguran serios problemas en la producción de alimentos para el año 2022, el presidente brasileño Jair Bolsonaro y su ministra de Agricultura Tereza Cristina están advirtiendo la necesidad de producir fertilizantes naturales en Brasil ante la escasez de oferta. 

Sin embargo, poner en funcionamiento este sistema de fertilización es mucho más caro y lento que la producción industrial, por lo que demandará mucho tiempo que se traducirá en una escasez y consecuente encarecimiento en la oferta de alimentos.

Ranjit Singh Boparan, dueño de la empresa 2 Sisters Group, el mayor productor de pollo del Reino Unido, ha dicho que los 20 años de comida barata se han terminado.

La producción de alimentos también se ve agravada por el cambio de matriz energética que se está dando a nivel global y que se monta sobre una crisis de oferta energética previa como una consecuencia directa de las medidas que la UE ha impuesto para reducir el polémico efecto invernadero y que han afectado la producción de gas, petróleo y carbón.

En este punto debemos tomar una real comprensión de lo que esto significa ya que lejos de alegrarnos porque salimos de una matriz productora de dióxido de carbono y entramos en una de energías limpias, debemos preocuparnos sobre las severísimas consecuencias que está trayendo.

La capacidad de producir energías limpias, considerando como tal la eólica y la solar, es absolutamente insuficiente para la demanda mundial. No es solo el lujo de encender el aire acondicionado o dar un paseo en automóvil, sino la producción, traslado y comercialización de los productos más básicos para la vida humana.

La consecuencia directa de esta situación será y ya lo estamos viendo, un aumento de precios que se extiende a todos los sectores. Los valores de los alimentos, por ejemplo, han crecido el 32, 8% interanual según la FAO, generando un violento empobrecimiento de las clases medias y condenando a la inanición especialmente de los pobres en los países más relegados.

El alcance de los bloqueos es alto y abarca todo tipo de productos entre los que se encuentran los microchips, algo que se ha agravado con el incendio de uno de los pocos productores en Japón, y que en un mundo tecnológico como el actual traerá muchos inconvenientes.

Esta situación se repite en infinidad de problemas inesperados como es la caída de 300 puestos laborales en Suecia según informa Stefan Tilk, director ejecutivo de la National Electric Vehicle Sweden AB, productora de automóviles eléctricos, afectada por la situación.

Hablando de automóviles eléctricos, no podemos pasar por alto que la crisis energética se ha traducido el aumento del 300% las facturas de electricidad en España o en avisos a la población por parte del gobierno alemán, instruyendo a la ciudadanía a armar equipos de calentamiento energético con velas y macetas de cerámicas para paliar el frío del próximo invierno como supervivencia. En Alemania sucede esto, mientras en nuestro país un diputado lleva al Congreso argentino un proyecto de ley para prohibir vehículos con motores de combustión interna a partir del 2040.

Los cálculos más conservadores estiman que la demanda de energía eléctrica se multiplicará por 10 en caso de que todo el parque automotor sea impulsado por electricidad. ¿Acaso ha estimado este buen hombre que la Argentina debería multiplicar por 10 su capacidad energética en 20 años para no caer en un colapso energético que paralice la actividad económica?

En estas circunstancias, podemos preguntarnos si es lógico acaso invertir en un cambio de matriz energética forzado con tecnologías inmaduras y tal vez equivocada si la idea es suplantar las fuentes fósiles. Hace pocos meses en Texas se produjo un gigantesco apagón que duró semanas en algunos puntos y la causa fue que su matriz energética respondía a generadores eólicos, los cuales se congelaron con el frío y dejaron de producir electricidad, haciendo un efecto dominó que hizo caer la red eléctrica en su conjunto.

Si en condiciones normales el reemplazo energético era muy complejo, en esta situación de emergencia claramente es imposible, se necesitan medidas proactivas que ayuden a tener energía abundante y barata y dejando para más adelante, al menos, el cambio propuesto en la Agenda 2030. 

Sin embargo, la incoherencia y otros intereses oscuros, han hecho que se hayan tomado medidas extremadamente absurdas como ha hecho el gobierno de España cerrando 7 centrales de carbón, algunas de última generación con filtros especiales que reducen la emisión de gases a la atmósfera.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha coronado está política de ceguera dinamitando, no en forma metafórica sino con explosivos, dos de las centrales para que no puedan ser puestas nuevamente en funcionamiento aún ante un caso de fuerza mayor. 

No hay que ser un especialista en energía para saber que en una circunstancia cómo está, sería aconsejable al menos mantener en reserva otras plantas de energía que puedan ser puestas en funcionamiento si la situación así lo exige.

El aumento del precio del gas tampoco ayuda, sí bien es cierto que la apertura de la economía ha aumentado la demanda energética, resulta difícil de entender que esa demanda haya multiplicado por 6 o 7 veces el precio del gas, acompañado de un 70% del costo del carbón y con un barril de petróleo en ascenso que algunos especialistas predicen que puede alcanzar los 250 dólares. 

En este marco la Unión Europea ha decidido ir por el camino fácil y echarle la culpa a Vladimir Putin por utilizar el gas como una herramienta geopolítica, sin embargo Rusia  aumentó del 8% las entregas de gas a través del gasoducto que pasa por territorio ucraniano, mientras ha finalizado el proyecto Nord Stream 2 y se prepara para enviar gas por estas cañerías, situación que está detenida a la espera de una autorización de las autoridades de la Unión Europea.

Cómo se puede entender entonces qué Bruselas decide sabotear la posibilidad de tener gas barato, optando por uno más caro en un mercado de gas licuado, además insuficiente hoy, agravando la situación.

La locura general de aplicar medidas restrictivas sanitarias ha llegado hasta tal punto que se encuentran miles de barcos detenidos en los puertos o en los alrededores de los puertos, sin poder descargar sus mercancías simplemente porque esas restricciones como la exigencia de pasaportes sanitarios, han paralizado virtualmente las actividades. Escasean los trabajadores que rechazan ser vacunados y son despedidos o suspendidos.

Comenzamos entonces a estar en presencia de la Tormenta Perfecta con la paralización de las actividades en función de la incapacidad de transitar libremente, aumento del costo de energía, escasez de alimentos por falta de entrega, proyecciones a futuro de mayor escasez por la interrupción en la fabricación y suministro de fertilizantes y parálisis de la industria de transporte marítimo mueve el 80% del comercio internacional.

En esas circunstancias entonces no debería asombrarnos demasiado ver lo que está pasando en Estados Unidos como informa la propia CNN por el desabastecimiento en supermercados o en el Reino Unido donde el ejército ha tenido que garantizar un mínimo de suministro de naftas a las estaciones de servicio en medio de las peleas a golpes de puños entre los usuarios por unos litros de combustible.

Escenas apocalípticas con la extraña paradoja de muchísima gente desocupada mientras sobran puestos laborales como en el Reino Unido, que estima que necesita urgentemente 25.000 camioneros para poder mantener el flujo comercial interno, mientras algunos expertos llevan está cifra a más de 100.000. Los camioneros habitualmente provienen de Europa Oriental pero ante las presiones y exigencias han decidido simplemente no trabajar más en el Reino Unido.

¿Qué propone la OMS y los gobiernos de las principales naciones occidentales como solución para enfrentar esta crisis? Mas vacunación masiva de acuerdo a lo que exige el máximo experto, por lo menos así se percibe en función del peso de sus ideas, Bill Gates. Que el Sr. Gates sea el mayor aportante a la OMS y que tenga sus empresas y sus inversiones involucradas en relación con las vacunas con tecnologías experimentales como la de ARN mensajero, es solo un tema menor porque nadie parece advertir la contradicción de intereses.

Si bien hay un consenso generalizado sobre la necesidad de vacunar, también se pueden escuchar voces que objetan esta política sanitaria como una única solución al problema y citan como ejemplo que países con altas tasas de vacunación como Israel siguen lidiando con la pandemia y que el propio Estados Unidos también tiene un ascenso vertiginoso de los contagios.

El argumento de decir que la persistencia de la pandemia es culpa de aquellos que no se han vacunado se ve contrastado con los resultados objetivos. En EE.UU. los Estados como Vermont o Maine, que son de los más vacunados, encabezan las estadísticas de contagios.

Podemos sin temor a equivocarnos, admitir que la solución es bastante más compleja que implementar un programa de vacunación como quiere Bill Gates para que en 100 días se pueda generar una nueva vacuna y en otros 100 días poder aplicarla a cada habitante de la Tierra.

Esta idea es absolutamente fantasiosa y no hablamos ya de la seguridad y eficacia de las vacunas sino simplemente es impracticable para las actuales capacidades productivas que tiene el ser humano y su desarrollo tecnológico, lo que nos lleva también a repetir la pregunta del principio, ¿justifica la dureza de las medidas sanitarias un virus con una tasa de letalidad muy baja, y que representa para los más jóvenes y sanos prácticamente un riesgo absolutamente mínimo?

Parece claro que las soluciones propuestas están produciendo mucho más daño que la propia enfermedad, porque esta parálisis económica que estamos viendo se va a traducir seguramente y en breve en una mortandad enorme dada la imposibilidad de contar con insumos básicos como alimentos, medicamentos y tratamientos para la salud necesarios.

Entonces la pregunta es por qué razón se están tomando medidas que contribuyen a agravar una crisis tan profunda como la que estamos viviendo. El interrogante no es fácil, pero es necesario afrontarlo porque las razones las podemos encontrar en las respuestas y así llegamos al punto en que debemos unir acontecimientos que son aparentemente inconexos o que revelan una serie de casualidades fortuitas, que sabemos son bastante improbables en la política global.

De la mano de la crisis económica, social, sanitaria, productiva, energética y demás, nos encontramos con que los verdaderos Dueños del Mundo, que son los Fondos de Inversión como Vanguard o Blackrock tienen capacidades financieras casi ilimitadas, que pueden multiplicar por 20 el PIB de un país como la Argentina, han tomado una serie de medidas llamativas.

A los negocios habituales que tienen y que ya les permiten el control básicamente de la producción de alimentos, el transporte marítimo y de la energía, hoy agregan la compra de inmuebles y de tierras, ya sea para la producción o para la vivienda.

Esto puede ser un indicador de que prevén una desvalorización del dólar a nivel global y por ello buscan tener otro tipo de activos. No olvidemos que al ser dueños de las viviendas de la gente es el último eslabón para completar la cadena que ata a todo ser humano que pisa la Tierra, a sus intereses.

Los Fondos de inversión cuando realizan las compras están básicamente cambiando además las reglas de juego, y ya no dudan en aumentar y expulsar de sus viviendas a quienes no puedan pagar.

Nosotros partimos siempre de la idea que vivimos en un mundo capitalista donde se necesita producir más para obtener mayores ganancias, por lo tanto, incentivar la compra de bienes o servicios en forma exacerbada sirve para, precisamente, aumentar esas ganancias. Este proceso ha comenzado a agotarse a partir de los años setenta y se ha agudizado el cambio a partir de los 90, cuando en realidad el capitalismo dejó de ser productivo y se transformó en simplemente especulativo.

El verdadero poder entonces es el Capital Financiero, y eso fue parte de la lucha que vimos en Estados Unidos entre el gobierno de Donald Trump, que respondía a los intereses locales financieros y productivos, acompañado por la clase media norteamericana que pierde día a día desde hace tres décadas, sus condiciones de vida, y otro sector global transnacional que encarnaba el Partido Demócrata y buena parte del Partido Republicano, sector que hoy ha llegado al poder de la mano de Joseph Biden.

Hoy asistimos a una nueva transformación, dónde los cambios de orden productivo de la mano de la extrema automatización y de la Inteligencia Artificial pueden eliminar casi por completo la necesidad del trabajo humano en las próximas décadas. 

Simplemente lo que nos está advirtiendo Klaus Schwab desde el Foro de Davos es que la economía se tiene que adaptar a esta nueva tecnología. El aspecto inquietante es que la gran mayoría de los seres humanos no tendrán trabajo en ese esquema.

Por eso se busca instalar la idea como un paliativo de una Asignación Universal que permita subsistir aquellos que van a ir quedando fuera del sistema, sin embargo, esta posibilidad puede ser apenas una forma de anestesia para evitar un proceso más doloroso que simplemente es la necesidad de eliminar el capital humano sobrante.

Esto puede parecer muy distópico, sin embargo, a lo largo de la historia se ha dado más de una vez la idea de erradicar simplemente a otro pueblo por parte de los vencedores, ¿porque entonces debería asombrarnos que esta idea fuera nuevamente planteada, pero esta vez a una escala mayor?

Sabemos que las coincidencias en política suelen no ser coincidencias sino expresar en realidad un plan en marcha. El proceso productivo qué está llegando, y que por primera vez en la historia no funciona como un complemento que facilita o potencia la actividad humana, sino simplemente reemplaza dicha actividad. La clave entonces está en la disminución demográfica.

Ya en los 70 Henry Kissinger avisaba que para Estados Unidos el mayor peligro era la demografía creciente de muchos países pobres que disputarán los recursos que son necesarios para el gran país del Norte.

Hoy las cosas han cambiado un poco y vemos que el capital que se ha desarrollado no tiene patria. Sin fronteras, solo tiene intereses y por eso no deberíamos pasar por alto el extraño impulso a una serie de nuevas ideologías que tenían muy poca presencia en las sociedades, ideologías marginales, que ahora son profusamente impulsadas por las corporaciones globales a través de sus medios, tanto sean las publicidades como los institutos de enseñanza o una extraordinaria red de ONGs generosamente financiadas.

Las grandes fortunas no han temblado en los últimos años en dejar a millones de personas sin poder cubrir sus necesidades más básicas, simplemente para maximizar sus ganancias aplicando por ejemplo tasas leoninas de intereses financieros como recurrentemente hemos visto en la Argentina, ¿por qué entonces ahora se transformarían en corporaciones sensibles a los valores qué plantean ideologías, como las que vienen de la mano de las ideas queer y otras generalmente asociadas cómo puede ser el eco ambientalismo o el veganismo.

Podemos entonces comprender por qué se ha instalado un pánico desmesurado en función de una enfermedad qué difícilmente puede justificar la exageración en las medidas preventivas, que literalmente han destrozado las economías y que ha sumergido en la pobreza a cientos de millones de personas, pero que además amenaza con seguir avanzando y agigantado la masa de ciudadanos  empobrecidos.

En medio de la crisis, la idea de forzar el cambio hacia una matriz insuficiente y cara como la energía renovable, imponiendo tasas ambientales a la ciudadanía empobrecida, solo profundiza y agrava la crisis, una crisis que se ve acompañada por un sonido de fondo de tambores de guerra, que cada vez suena más fuerte y claro.

La idea de que estamos asistiendo al fin del capitalismo probablemente sea cierta, lo que mucha gente confunde es que asistir a este proceso no significa que estemos alumbrando un mundo que sea mejor, acá no estamos hablando de un capitalismo que fenece porque se instala un socialismo vencedor que va a repartir las riquezas en forma mucho más bondadosa en la sociedad, lo que estamos viendo es la llegada de un nuevo sistema donde una pequeña minoría va a ser cada vez más rica y las mayorías serán cada vez más pobres, algo que sumado a las nuevas tecnologías, hace que veamos en realidad que este es un proceso de preparación para un mundo con mucha menos gente y que se está dando aceleradamente. Este proceso de mutación se está dando bajo control de esas mismas élites globales que hoy ostentan el Poder.

Por ese motivo es necesario rápidamente poner en agenda esta situación a efectos de poder comprender realmente el proceso y actuar sobre el mismo escapando de esta suerte preanunciada.

Todas las ideologías que se están promoviendo desde los sectores que están bajo el predominio de las élites globales, apuntan a un mismo hecho que es el de bajar la carga demográfica, a veces más explícitamente como cuando nos hablan de la huella de carbono que trae cada niño consigo al mundo, como en otras en forma un poco más solapada hablándonos de derechos individuales y voluntarios.

En esta etapa debemos darnos cuenta que ya no es un tema de dinero, estos grupos son tan pero tan inmensamente ricos que ya no necesitan dinero, ya son dueños prácticamente de todo lo que uno puede pensar en poseer. Solo se trata de un proceso de control y esto significa también la capacidad del rediseño de un mundo en el cual se puedan establecer otras prioridades en función de sus intereses y de su propia voluntad.

Esta cuestión es la que tenemos que comenzar a discutir mientras aún estamos a tiempo y comprender que, por ejemplo, alegremente establecer que el futuro será verde no será simplemente significa que el futuro para nosotros los argentinos, para la mayoría de los argentinos al menos, el futuro no será.

Debería al menos llamarnos la atención cómo abruptamente se pone como eje de la agenda el primero de marzo de este año, en medio de una crisis terminal, la Argentina de la agenda verde. El propio presidente, y luego sus suministros impulsan la idea en medio del desinterés de la sociedad, e inclusive hemos visto la convergencia de sectores oficialistas y opositores en una marcha en contra del calentamiento global.

No puede escapar a nuestro entendimiento que la deuda es una herramienta de estos grupos poderosos que usan para condicionar a los países, y sería realmente muy extraño que una agenda no reclamada por el conjunto de la sociedad y que además va a dar como resultado el encarecimiento de la vida de los argentinos, no haya sido impulsada precisamente desde el exterior teniendo en cuenta, sobre todo, la necesidad de negociar la deuda externa Argentina. 

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.