La tapa de los diarios

En una entrevista del pasado domingo, ante la pregunta del periodista Iván Schargrodsky al presidente Alberto Fernández sobre si podía anticipar qué herramientas y medidas adoptaría el gobierno para frenar los crecientes niveles de inflación, fundamentalmente su impacto en el sector de alimentos, la respuesta fue breve y contundente: “No anticipo porque sino mañana me imagino por dónde pasan las tapas de los diarios”.

La respuesta procuró evitar adelantar que, entre esas medidas, 48 horas más tarde anunciaría el cierre de la exportación de carne por 30 días. Se puede coincidir que un anuncio de ese tipo, en el contexto de una entrevista generalista, no era el espacio apropiado para la comunicación de medidas de semejante complejidad.

Lo sorpresivo de la respuesta escogida, entre tantas otras opciones, es haberse excusado utilizando el argumento de “las tapas de los diarios”, y en consecuencia legitimar y ubicar a los diarios/medios de comunicación en el centro del debate político. Si la discusión política es con los medios de comunicación, como parte y representantes de los sectores dominantes, la acción política se debilita y se confunde con quién se discute y se debate el rumbo del país. A la vez, elegir como actor principal de la política a los medios de comunicación significaría un retroceso a la lógica de poder de la cantidad de tapas de Clarín para someter a un gobierno democrático. En el caso que se reconozca ese poder de extorsión, lo que debería entonces esperarse es confrontar con esos medios para que su poder de fuego sea al menos reducido. Pero tampoco es este el camino escogido por la actual gestión de gobierno en lo que va de su mandato. Si evitar la confrontación es una estrategia para reducir el nivel de beligerancia de los medios concentrados y, además, como muestra de paz se bajan todo tipo de programas y espacios periodísticos que cuenten con apoyo oficial, a la par de despolitizar los medios públicos, Televisión Pública y Radio Nacional, la estrategia no estaría dando resultado.

Sin hoja de ruta

Ante la magnitud de la crisis heredada del macrismo, y una pandemia que se extiende en una segunda ola anticipada, y ante una tercera que podría llegar durante el invierno, la recuperación económica seguirá demorándose mientras se agravan los niveles de deterioro social. Los meses venideros no son para esperar mejoras. La inflación avanza y los precios de los alimentos, salvo acuerdos puntuales y de corto plazo, no auguran descender. Si el traslado de los precios internacionales de los productos primarios a los alimentos no se corrigen vía modificar la estructura de comercio exterior, aumentos de derechos de exportación, o redefinir cupos de exportación, lo que resta es aumentar la demanda y promover un fuerte shock distributivo. No hay muchas opciones, y por ahora es la única que han adoptado todos los países golpeados en sus economías por la pandemia.

A partir de transitar esta segunda ola de pandemia no prevista en la confección del presupuesto 2021, éste ya no es más una hoja de ruta; habrá que reconstruirlo y adaptarlo a las variaciones e impacto que la pandemia vaya generando. Los aumentos de combustibles (60% interanual) y de tarifas recientemente definidos fueron previstos para un escenario que no existe y, como era de esperar, trasladados a precios.

Por otro lado, la inmediatez tantas veces anunciada de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es inatendible en medio de una crisis que no amaina. Qué urgencia tiene la Argentina en comprometerse a pagar una deuda que todos saben que aun con un plazo de gracia como el pretendido por el gobierno nacional continúa siendo impagable. ¿No sería prudente parar la pelota y ver en que situación queda el país al salir de la pandemia como para establecer un acuerdo con el FMI? Lo mismo ocurre con los objetivos fiscalistas de ordenar la macroeconomía en medio de una pandemia que resulta peor que la transitada durante el 2020. O es acaso sostenible que en medio de la crisis haya que reducir el déficit vía gasto para salir adelante. La administración de la economía deberá apuntar a la mejora de ingresos, a establecer un tasa de interés destinada financiar capital de trabajo y el déficit de más de un año de caída de la actividad.

Los estragos causados por el gobierno neoliberal del macrismo obliga a discutir firmemente sus consecuencias económicas y sociales, así como explicitar el tiempo de reparación que demandará restablecer mínimas condiciones de dignidad a quienes se encuentran en las márgenes de la exclusión social.

No se puede evitar la confrontación con quienes atentaron, y volverían a hacerlo, contra la mayoría del pueblo argentino. No se puede gobernar con la estrategia de no confrontar por temor a cómo respondan la tapa de los diarios.