La vida en progrelandia. A propósito del nuevo libro de Adriano Erriguel

El legado del 68 y el origen del progresismo a partir de una lectura crítica del libro de Adriano Erriguel Pensar lo que más les duele

Por Carlos Quiroga*

 Los peronistas tenemos la costumbre de caracterizar como de “social demócrata” a todos aquellos que dentro del movimiento se visten de compañeros y están repletos de prejuicios pequeño burgueses que los alejan cada vez más de su relación con el pueblo. Hace tiempo que esa costumbre me incomoda porque consideré siempre que “socialdemócrata” es una caracterización demasiado digna para señalar el desvío del que se trata. La Social Democracia es una posición política perteneciente a la época del capitalismo productivista, que fue siendo esmerilado por las generaciones de los “niños post guerra” en favor del capitalismo de consumo. Toda época ha producido una figura emblemática, las revoluciones francesa y americana crearon “patriota”, la revolución industrial el “capitán de la industria” y la revuelta del mayo francés de 1968 el «progre». El progresismo no es un proyecto político con un cuerpo teórico, no es un proyecto de nada ya que no tiene en su horizonte ningún proyecto colectivo. Funciona más bien como una moralina individualista que se agota como la revuelta que le dio nacimiento, en sí misma. Una especie de falsa religión, aunque muy poderosa por su alta capacidad de mimetizarse con cada coyuntura. El «progre» es como un organismo extraplano que aunque carece de toda “moral” tiene un efecto de sugestión muy poderoso a punto de convertirse en el discurso hegemónico. Se creó contra el movimiento obrero organizado, contra el Estado Burgués, pero sin ofrecer a cambio nada de nada.

A continuación, les dejo la primera entrega de mi lectura de un libro de Adriano Erriguel llamado Pensar lo que más les duele, y algunas de mis precarias y provisorias reflexiones.

1)      Vivimos en una civilización reciente que comienza a nacer a partir de la post segunda guerra mundial y que encuentra en el famoso mayo francés de 1968 su punto de inflexión y desarrollo

2)      Un joven 2021 tiene menos que ver con un joven 1950 que este joven 1950 con un joven 1800. De tratarse de “una joven” la diferencia puede abismarse

3)      Se suele creer que el fin de la modernidad está fechado con la caída del muro de Berlín, puede ser, pero ese proceso comenzó mucho antes: la revuelta de mayo de 1968 marcó un ideario que constituyó una contrarrevolución liberal lograda, como supo afirmar Regis Debray.

4)      Es ley que cada “revolución” cree un semblante, ícono de esa conmoción de los imaginarios, así como la revolución industrial creó el “capitán de la industria”, el “mayo del 68″ creó el «progresista». Llamado “proge”. Este “evento” es el más importante a nivel del ajuste “cultural” luego de las revoluciones francesas y americana. Al punto que ya nadie puede llamarse “hijo de la revolución burguesa” sino que debería encontrar su filiación en un movimiento constituido “contra” la moral burguesa.

5)      El asesinato del padre es una operación estructural que Freud ha podido establecer como el paso necesario de que una generación se dedique a sus asuntos. Por ejemplo, toda generación ha tenido que traducir a los clásicos, eso quiere decir, como lo estableció el gran Steiner, que no hay “nueva generación” sin una operación de traducción de su antecedencia. Pues bien, la generación del sententayochismo, su ideario fue ir más allá de todo tanto que se encontró que no tenía padre a quien matar. Esta generación está absolutamente en contra de todo Padre, sobre todo si algo de esa función y responsabilidad la tiene que ejercer él mismo. Con el Padre desconocieron la función de cualquier institución fundamentalmente del Estado y se libraron al goce de un Bien que conduce a la autodestrucción.

6)      Mucho se habla del “malestar en la cultura” como si fuera una fórmula escrita en el cielo. El malestar será de toda cultura, lo que no quiere decir que no debamos establecer las coordenadas de esa cultura en particular para poder cernir de qué malestar se trata.

7)      Philippe Muray habla de una “rebelocracia” fagocitada por la globalización, una rebeldía que pretendió una revolución que terminara con todas las revoluciones. Una generación de niños aburridos que se creyeron que “todo lo tenían merecido”, que dejó un tendal de juguetes rotos, un líder “re heavy re jodido” sentado en una banca del parlamento francés hace décadas y generaciones venideras de deprimidos.

8)      “Un nuevo malestar en la civilización se extiende con una virulencia nunca vista. A medida que avanza el siglo XXI, desde el caos de identidades deconstruídas, desde el reguero de juguetes rotos, aumenta el número de aquellos que, solitarios, atomizados, desarraigados, no habiendo conocido otro mundo que el conformado a partir de mayo 1968, tienen una serie de cuentas que ajustar con la gloriosa efemérides” (Adriano Erriguel)

9)      Mayo del 68 es la primera revolución de la historia en la que lo virtual prima sobre la realidad efectiva. Se impone la idea del performativo, cuando decir es hacer. Como un producto publicitario, todo mayo del 68 es un evento publicitario con la eficacia de Hollywood. Un evento publicitario que se agota en su autopromoción (Vicent Coussediëre). El primer asesinato de la realidad dicen algunos o la constatación de que la realidad puede ser manipulada por la razón de que ella no es más que la proyección del aparato psíquico. Una cosa es la gran intuición de Freud y otra es la puesta en acto de esta operación. Los nazis, por ejemplo, podían ocultar, ensalzar, mentir y mentir, pero nunca, ni ellos habían podido generar una escenografía que torciera el rumbo de los afectos cristalizados en determinados imaginarios. Sin duda, con aquel mayo francés nace una estética fundada en una ética que hasta allí no había salido a la luz.

10)    El ideario de ese evento es la critalización de los imaginarios y los utopismos que hoy, medio siglo después, se siguen presentando. Mayo del 68 tiene el valor de un símbolo del comienzo de una nueva era. Estos idearios le dieron la “encarnadura” al capitalismo de consumo en ascenso sobre el capitalismo productivista de mayor distribución.

11)    El contexto en los 60 está marcado por el destape de los crímenes de Stalin, atroces por cierto pero que servían para “tapar” el hecho de que la URSS había sacrificado 20 millones de personas y enormes esfuerzos de producción en la derrota de Hitler. Estas atrocidades, ya denunciadas por Trotsky, sirvieron también para el avance del capitalismo de consumo a través del plan Marshall. Además, los estudiantes franceses de extracción pequeño burguesa se enfrentaban a los obreros ligados a sindicatos dominados por el Partido Comunista Francés. Sobre todo luego del acuerdo de Grenelle, en el que los sindicatos consiguieron sustanciosas mejoras para el movimiento obrero y la construcción de una seguridad social que duró hasta hace poco años. Terminada la revuelta, los estudiantes se van de vacaciones mascullando un odio desde allí visceral contra “los anquilosados partido comunista y contra el movimiento obrero en general. Surge entonces, una nueva metáfora del ya conocido por Lenin como el izquierdismo, el gauchismo.  

12)    Lo primero que proclama el gauchismo en su despecho es que el proletario ha dejado de ser el sujeto histórico revolucionario y con esto comenzar una andanada feroz contra el marxismo clásico. Pero, así como aquel que tira el bebé con las aguas del primer baño, los gauchistas tiraron a todo el marxismo por la ventana.

13)    Para el marxismo clásico, el gauchismo, era sinónimo de activismo anarquizante. Lenin popularizó el término en su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo (1920), pocos meses después de los sucesos de mayo del 68, Daniel Cahn-Bendit, “Daniel el rojo”, gran agitador de la revuelta y hace ya muchos años calienta banca del parlamento francés, escribió un libro que tituló El gauchismo, remedio a la enfermedad senil del comunismo. El gauchismo formado por fracciones trotskistas, maoístas e “independientes”, pretendían un retorno a las utopías marxistas. Un retorno al joven Marx, etc. Pero seguramente sin saberlo, la “terapia de izquierda” fue funcional a otros fines muy contrarios a los ideales marxistas.

14)    Mayo del 68 fue un producto americano. La impronta americana se estaba imponiendo brutalmente sobre el francés, el marxismo clásico no era muy apto para “leer el cambio que se sucedía”. Anquilosados en ejercicios contables, los marxistas burocratizados no tenían herramientas para advertir como aquellos jóvenes iban a construir una extraordinaria cabecera de playa de “los productos americanos”.

15)    Lacan lo advirtió y cuando el tridente Marcuse, Deleuze y Foucault armaban la exclusión del marxismo, comienza su 16 año del Seminario con una fuerte referencia a Marx. Su “plus de gozar” resultaría homólogo a lo que Marx aísla como “la plusvalía”. Esta operación le permite dar cuenta de la lógica del excedente en esos objetos con los que el capitalismo estaba dispuesto a invadir “nuevos mercados”

16)    La plusvalía para todos. ¿Qué es la plusvalía? Cuando C. Marx escribió sobre el fetichismo de la plusvalía lo hizo para desmitificar una pregunta aparentemente inocente: ¿Qué es lo que fija el valor de una mercancía? C. Marx afirmo que el valor de una mercancía se basa en el tiempo socialmente necesario para producirla. Es decir, le enseñó al burgués que su ganancia no provenía de la materia prima ni de sus máquinas sino más bien del trabajo no pago a los trabajadores. Ese tiempo utilizado y no pago es entonces la plusvalía. El burgués enterado de esto desarrolló todo en esa dirección. Al contrario del Cristo en la cruz que dijo “no saben lo que hacen”, el burgués afirma “lo sé y lo seguiré haciendo”. Al mismo tiempo C. Marx informa al proletario que se le está sustrayendo algo. Su trabajo es una mercancía por la que no se paga lo que se debe pagar. Es decir que por primera vez en la historia de la humanidad Amo y esclavo tienen el mismo objeto de deseo. Ese objeto, la plusvalía, será la piedra de toque de lo que se ha llamado la lucha de clases. El Discurso Capitalista le debe a C. Marx el sostén de su coherencia teórica para su perfeccionamiento. Para el capitalista y para el proletario la misma causa del deseo (la plusvalía). Entonces la plusvalía es la causa de toda una economía basada en el consumo y la producción. Se podrá distinguir con cierto tino la diferencia para los países no centrales los efectos de esta lógica centrada en la construcción de un mercado interno y la redistribución de la plusvalía a diferencia de la orientación exportadora que precisa de alta tasa de desocupación. Pero a los efectos de lo que aquí queremos desarrollar el efecto de la economía basada en consumir para producir y producir para consumir en la que se sustenta el plus-de-gozar que engendra la falta-de-goce, genera un nuevo prototipo de sujeto en una relación pervertida en lo que supone su partenaire. Lo adelantamos, el partenaire hoy del sujeto en la sociedad de consumo es un objeto y no otro sujeto. “Sed de la falta de gozar” decía Lacan que había entendido muy bien el “ajuste” que se venía en el sistema.

17)    Lacan, que ya por Freud sabía de la tendencia del hombre a alucinar, no confundía lo que a todas luces parecía una crisis en el sistema con una crisis del sistema. Es por eso que un año después de aquella mítica “revolución imaginaria” le pudo contestar a los estudiantes que iban a increparlo en su seminario que el mundo iba a la derecha a más velocidad de lo que ellos, pequeñas criaturas en búsqueda de un Amo, podían sospechar. El Amo lo tuvieron a muy poco tiempo de aquellos acontecimientos, pero ese no fue De Gaulle sino el nacimiento del neoliberalismo

18)    Del racionalismo marxista se pasa al sentimentalismo progresista, los intereses de clase se abandonan por la “autenticidad”, la “emancipación” y la “creatividad” del individuo. Armando una comunidad de la ausencia de comunidad. El gauchismo sententayochista es decir el progresismo, fue una rebeldía de adaptación a las condiciones materiales del capitalismo de consumo

19)    Hay quienes no citan nunca a sus contemporáneos. Citan sólo y muy de vez en vez a quien está lejos, ya sea porque se murió o porque vive en otro país. ¡Cuanto más lejos este mejor! Ya sea que se haya muerto hace muchos, muchos años o que viva muy pero muy lejos. El es de aquí y está vivo, a ese ni en pedo lo citamos, ¡mirá si se nos nota! Este es un rasgo del progre, sobre todo del progre varón al que se le hace frío en la cola de citar a un contemporáneo que esté vivo y que habite el mismo terruño. En este síntoma se combinan varios significantes que son odiados por el progre, a saber: pueblo, patria, identidad comunidad, múltiple. Cuanto más extranjero, para el progre, mejor, ya que sufre de “Pasión por lo Otro”. Son personas que aman Lo Otro a condición de no serlo. Su tarea en esta vida que transitan como sonámbulos es: atomizar, romper los lazos sociales, desestimar cualquier proyecto colectivo. Todo poder es malo, toda represión es mala y su identidad jamás será colectiva. Ellas y ellos son muy especiales, pertenecen a una clase media acomodada, no pretenden otra cosa que colmar el narcisismo de sus padres perdido tiempo atrás. El problema es que esos padres, también son progresistas y así se continúa la religión de «la comunidad de la ausencia». La pregunta Qué hacer… bien, gracias. ¿Cómo podría preguntarse alguien qué hacer por fuera de un proyecto colectivo? ¿Y cómo preguntarse qué hacer sino se pregunta ese alguien quién soy, en el sentido de de dónde vengo y a dónde voy? Creen que con sus lindos rostros, pitos y culitos, más algunas novelas y poesías, y porque no también, algunas «articulaciones teóricas» basta para ir tirando. Erriguel cita a Pier Paolo Pasolini cuando el genio afirmaba que la revuelta de mayo del 68 había creado un horroroso muro entre las generaciones. El progresisimo naciente había entregado a la juventud el «moloch» (demonio hebreo, al que se le entregaba los niños por el fuego) de un consumismo conformista.

Quizás sean nuestros nietos los que se puedan liberar del «Moloch» ya que nosotros hemos engendrado hijos tan o más progres que nosotros. Quizás ellos y ellas pueden «religar» con otros antepasados que creían en aquellas pequeñas cosas que nosotros dinamitamos sin más. Si los psicoanalistas en general y los argentinos en lo particular no reconocemos que formamos parte del proyecto progresista (de izquierda que hoy se volvió de derecha) es imposible y hasta ridículo que pensemos algo de «una política del psicoanálisis». No seremos más que una comparsa de viejitos y viejitas decadentes haciendo gestos adustos como monitos de una de esas maquinitas antiguas de las peluquerías de niños y niñas. Hemos sido cómplices de esta decadencia, más allá de la ayuda real que seguramente le dimos a las personas que tratamos para que se sientan mejor. Pero llegó la hora de advertir hasta donde podamos de las consecuencias de que la religión del progresismo avance. Volver a Freud, a Marx, a Lacan a Perón, a Lisandro de la Torre y a algunos otros para volver a «traducirlos» es una tarea urgente

20)    ¿Qué es ser un «progre”? ¿Cómo reconocerlo en la vida diaria? Esta pregunta es esencial para todos y todas y en especial para el analista, si quiere ser un hombre o una mujer de su época. Ya que el «progresista” es el semblante que impera; ya que es producido por progresismo como discurso hegemónico.

21)    El «progre» es muy anguila, se resbala entre las manos. Se ha convertido en una superficie extraplana que tiene la facilidad, como la vacuola, de fagocitarse a sí mismo y mimetizarse con el medio, sea éste de la hechura que sea. El «progre», digamos, que no cree en nada, no tiene referencia alguna que no sea relativa y temporal. No tiene “corpus teórico”, no tiene cuerpo alguno. Por lo tanto no construye una filosofía política, si siquiera constituye, como alguna vez lo pensara Gerard Pommier, una “ideología científica” concreta. Una ameba sería un “organismo superior” comparando comportamientos, ya que el «progre» ni siquiera hace prevalecer su “autoconservación”.

22)    Ser «progre» es, más vale, una actitud reivindicativa producto de una “promesa” incumplida que se volvió “ofensa”. No es de izquierda, si por izquierda entendemos someterse al largo proceso del camino que los trabajadores recorren en la construcción de una distribución igualitaria. En la construcción de una economía planificada por un Estado fuerte dirigido por representantes del pueblo y defensores de los intereses nacionales, populares etc.

23)    El «progre» como todo izquierdista es un libertario anti Estado, como ahora lo son los libertarios que apoyan el mismo neoliberalismo naciente en los sesentayocho. El progresista es el resto del hombre de izquierda. Decepcionado por sus padres sólo quiere huir para adelante y enterrar el pasado. Así, entonces, se deshace de toda «deuda simbólica» y se hunde en el estercolero de la historia. En su afán por «lo nuevo» puede regresar a posiciones primitivas de la espiritualidad. ¿No es lo que atestiguan hoy «los libertarios» que resultan una farsa de aquella juventud de la «alianza patriótica»? Los jóvenes libertarios de hoy son los hijos o nietos de los izquierdistas de ayer.

24)    «El liberalismo es liberación de todo aquello y lucha contra todo aquello que no es liberal…contra las determinaciones que, en el hombre escapan a la elección y al libre albedrío, incluidas las del propio cuerpo» (Adriano Erreiguel).  ¿Lucha el psicoanálisis contra las «determinaciones» o más bien las descubre como límites de una estructura para que el sujeto, efecto de ellas, no se vea obligado al imposible? ¿Es lo mismo, por otro lado, la «determinación» que la «sobredeterminación? ¿El objeto, o fin de un psicoanálisis es “liberar” al sujeto de la “cárcel de sus mandatos familiares, o de su cuerpo, etc.”? En caso de ser así y de que se pueda liberar al «pobre diablo» de esas «cárceles» ¿Que paraíso emancipatorio tiene el psicoanalista para ofrecerle a su paciente? ¿No será que la «castración» a la que conduce la práctica del análisis es el reconocimiento de esas determinaciones y sobre determinaciones, aceptarlas en muchos casos y honrarlas para poder hacer «otra cosa» con ellas? ¡Todo el esfuerzo de Lacan en seguir retornando a Freud con su topología ha sido una muestra cabal de que el sujeto puede adquirir en la experiencia del análisis ciertos grados de libertad, porque la Libertad, sabemos, se paga con la locura o la muerte!

25)    Un buen ejemplo de “vivir sin Estado” es el sistema universitario que produce miles y miles de egresados que, ya al comienzo de sus carreras, no tienen lugar en el mercado. Es decir que el sistema produce un excedente que se acumula sin control alguno. Lacan en su retorno a Marx los llamo plus de gozar, que se acumulan en maestrías y doctorados. Ellos y ellas son grandes productores y mucho más, grandes consumidores de ideología progresista. Esa ideología está construida en el resentimiento estudiantil universitario al movimiento obrero. Un resentimiento multiplicado exponencialmente por líderes teóricos como Foucault y el segundo Deleuze.

26)    El «progre» no tiene entonces un proyecto político en el cual inscribir su nombre. Se anota como un misionero, un predicador de “manos limpias”. Ser «progre» es realmente lo que se puede definir como lo que con Hegel podemos afirmar como “las figuras de la locura”, un infatuado y/o un alma bella. El «progre» es un loco y la seducción que ejerce radica en la épica que asume. Una épica de “las grandes causas morales”; él no es de izquierda ni de derecha, él es por ejemplo “un periodista independiente”. Le encanta ser “el fiscal de la nación”, abraza las grandes causas sin estar dispuesto a los sacrificios que las grandes causas exigen. “El «progre» sustituye la experiencia real por un relato edificante en el cual él es a la vez autor y protagonista absoluto. Así el «progre» se imagina paladín de un “Otro” idealizado, mezclando la aventura light, el turismo y la buena conciencia. Pero si algo caracteriza al “»progre», es su mirada turística sobre el mundo o-en palabras de Alain Finklielkraut- “la celebración de su deambular sibarita en el gran bazar consumista como una victoria del nomadismo sobre los prejuicios patrioteros”. “El «progre» vive en la ilusión del compromiso con la mejora moral de la humanidad mientras exige todas las ventajas de esta sociedad execrable está obligada a ofrecerle.”(A. Erriguel)

27)    El «progre» se lo merece todo porque sí, porque simplemente es él o ella. Su decepción lo vuelve feroz y arroja su mirada indignada sobre la fealdad del mundo, sobre la corrupción sobre todo que mata gente, para purgarlo, porque él y su generación han sido elegidos por la Historia para realizarse a sí misma. En esta redención no se cansan de denunciar a los que no son tan buenos como él o ella. El cristianismo alguna vez les encajó en Latinoamérica y en el nombre del cristianismo y la revolución avanzaron contra el movimiento obrero que obviamente había que purgar. Así dinamitaron en la Argentina el Plan Gelbard al asesinar al dirigente obrero José Ignacio Rucci.

28) Para el progre hay palabras prohibidas que no tolera escuchar, a saber: pueblo, patria, nacionalismo, igualdad, distribución, lucha de clases, etc. Nada que lo lleve a pensar ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Nada que implique el ser, sólo el tener. ¿Cómo se puede pensar qué hacer sin esas otras preguntas?

(Continuará)