Las trampas detrás del modelo exportador

Una de las corrientes de pensamiento que se impone diariamente de manera transversal en el campo económico y el empresariado, incluso en algunos sectores del Frente de Todos, afirma que el problema de la economía argentina es la falta de dólares porque no exporta el volumen suficiente para promover el crecimiento y desarrollo de nuestra economía. El promedio de las exportaciones de los últimos cinco años, básicamente a partir del gobierno de Cambiemos, a través de los beneficios impositivos brindados al sector agroexportador vía reducción de retenciones y recurrentes devaluaciones, permanece estancado en 65.000 millones de dólares anuales. Contra la cantinela neoliberal las exportaciones no registraron aumento alguno de volumen, sino sólo de rentabilidad para el sector. Cabe destacar que, además, en términos de intercambio, el aumento de los precios internacionales de los productos primarios “commodities” viene en continuo aumento sin impactar tampoco en un incremento de las exportaciones. En consiguiente, todo se reduce a ampliar la frontera de las mismas de manera de poder satisfacer la amplia y variada demanda de dólares tanto para las importaciones que requieren los ciclos de crecimiento virtuosos de la actividad económica; para el ahorro en dólares, o dicho en lenguaje exquisito “atesoramiento”; para el envío de remesas al exterior por parte de las empresas extranjeras o locales transnacionalizadas, dentro de las que se encuentran las concesionarias de energía, electricidad y gas; para el pago de intereses de deuda tomada en dólares en mercados de capitales y organismos multilaterales de crédito (FMI). Faltaría agregar dólares para el turismo y, cómo excluirlo de esta noble lista, para la formación de activos en pesos a dólares para su posterior fuga. A partir de esta breve enumeración de sectores que fueron institucionalizando la demanda de dólares, la afirmación acerca de si el nivel de exportaciones es insuficiente debería responderse por sí sola. Vale recordar que hay cerca de 400.000 millones de dólares de argentinos en el exterior. Cuesta creer que el problema sea un insuficiente nivel de exportaciones. El primer elemento a considerar es la incapacidad disponer de una clara política de desarrollo a fin de reducir el altísimo porcentaje de dólares en importaciones que requieren diferentes sectores de la producción nacional, comenzando con el deficitario sector automotriz. Como afirma el economista e investigador del Conicet, Francisco Cantamutto “la mayor parte de la industria es altamente importadora de bienes finales, intermedios y maquinarias, contando con un puñado de ramas que se reducen centralmente al complejo oleaginoso cerealero, al sector de alimentos y, por algunos momentos, el cuero textil o industria química petroquímica que logran obtener excedentes dependiendo de la coyuntura”. En el actual contexto, tal vez sea necesario explorar algunos de los ejes que deberían reemplazar el debate sobre el proceso de acumulación del modelo exportador: establecer herramientas de ahorro y preservación de valor que reemplace la demanda de dólares para atesoramiento. Intervenir en el comercio exterior a fin de que las liquidaciones del pago de retenciones no queden atadas a la voluntad especuladora del complejo agroexportador. Reestructurar el entramado de empresas concesionarias de servicios públicos que gravita en el elevadísimo nivel de extranjerización y de concentración de la economía argentina e impide establecer una política destinada a la promoción del desarrollo desde una perspectiva que no puede ser la lógica del negocio privado. Establecer mecanismos de control en el envío de remesas al exterior así como establecer porcentajes de reinversión local de acuerdo al nivel de utilidades. Una reforma del sistema financiero, y de nuevas y claras regulaciones para limitar al menos la formación de activos en pesos en dólares y su posterior fuga. Esta rápida enumeración propone discutir que el problema de la economía argentina no se resuelve mágicamente aumentando su capacidad exportadora sino que es necesario advertir que de no modificar la estructura existente, un hipotético aumento de las exportaciones conllevaría sostener una misma proporción de demanda dólares que la de la actual matriz. Una de las consignas tramposas que sostienen los defensores del modelo exportador es que si no aumentan las exportaciones no hay de dónde obtener los dólares necesarios para invertir en desarrollo y producción. Esto no es más que una estrategia destinada a sostener el actual esquema de dolarización de la economía a través de la entelequia del desarrollismo neoliberal y la llegada de inversiones extranjeras directas reemplazando el papel del desarrollo de la industria nacional que permita sustituir gradualmente importaciones. Con tal tramposo objetivo se lleva adelante el manual de ajuste y transferencia de ingresos argumentando que son las medidas esenciales para brindar condiciones de confianza al capital extranjero, cuando en realidad sólo contribuye al proceso de consolidar el esquema actual de concentración y extranjerización. El modelo exportador persigue un objetivo central y largamente anhelado por sus defensores: un esquema de salarios bajos en dólares. En tal dirección, una vez más, como ocurre desde el mes de septiembre, los grupos económicos con sus activos dolarizados encuentran en la excusa de obtener un tipo de cambio competitivo las maniobras de presión para ejercer una devaluación que actuaría, como lo ha sido en otros procesos de nuestra historia reciente, como un reordenador de ingresos que determine que el costo de la crisis económica post macrismo y post pandemia caiga sobre los sectores medios y bajos. La falta de dólares debe dejar de ser analizada como un problema de restricción sino de una resolución a partir de una racional administración puesta al servicio del interés nacional. Las medidas políticas para comenzar a salir del actual atolladero no va a contar con el apoyo de los sectores que hoy presionan y apuntan a una devaluación que sostenga el actual modelo de acumulación que viene generando sistemáticamente mayor desigualdad y pobreza. El modelo exportador es una variante más de las tantas que proponen los mismos sectores que consolidaron a lo largo de 45 años la actual matriz económica. El llamado a lograr acuerdos con esos sectores, de peso inocultable, es un objetivo necesario que nunca hay que dejar de perseguir, aunque la historia nos demuestre que no siempre es posible de alcanzar con Todos.