Lois Blue

  1. La gestación

¿Quién es Lois Blue? ¿Dónde, cómo se gesta esta increíble cantante de jazz? Su nombre real era Lucía Claudia Augusta Bolognini Míguez y nació en Buenos Aires el 23 de agosto de 1912 en un hogar de clase media alta. Su mamá se llamaba Doelia Míguez, una gran poetisa que escribía a escondidas porque una niña de familia bien no podía escribir versos en aquella época: eso estaba muy mal visto. Su papá se llamaba Augusto Bolognini y era un pintor italiano que fundó la primera Academia de Bellas Artes privada de la Argentina, incorporada a la Manuel Belgrano que daba títulos oficiales.

Doelia era muy buena poetisa, tan buena como para ganar el primer premio por sobre Alfonsina Storni en los Juegos Florales de Tucumán pero provenía de una familia ultra conservadora con prejuicios hacia el arte como actividad pública de la mujer. Uno de sus hermanos era Vicegobernador de la Provincia de Bs. As. por el Partido Conservador y otro, del Partido Radical, era miembro de la Corte Suprema de la Nación. A pesar de los obstáculos, cuando publicó sus poemas tuvo reconocimientos memorables como el de Vicente Blasco Ibáñez. Sin embargo, no pudo o no se animó a salir nunca del lugar de poeta velada.

En el año 1938 Lucía Claudia Augusta se casa con Rodrigo Montero, entonces estudiante de ingeniería, luego fundador de la Antigua Jazz Band. Rodrigo era menor de edad, de forma tal que se casaron con venia judicial. Pese a que Doelia se oponía y no veía de buen grado el matrimonio, eran dos bohemios y ya se veía venir una debacle económica en la pareja, reciben apoyo familiar y se casan por Iglesia, como Dios manda. Rodrigo Montero fue documentalista, sonidista y compositor. Tuvieron dos hijos: Lucía y Alejandro. La mayor parte de este este relato me lo cuenta Lucía Montero, su hija.

2. Los amigos, F.I.J.O.S

Lucía Claudia Augusta tuvo muchos amigos pero los amigos de toda la vida  fueron Adolfo Ávalos y Enrique Villegas. A su vez, Adolfo y Enrique junto a Leda Vadallares, Cuchi Leguizamón, Manolo López Carrillo, Rolando Vadalleres habían fundado un movimiento musical antes que Lucía Claudia Augusta se casara, que se llamaba los F.I.J.O.S: FOLCLORISTAS- IRREVERENTES- JAZZISTAS- ORIGINALES- SURREALISTAS. Este movimiento nucleaba a la gente del norte –folclorista- y a la gente de Buenos Aires como Lucía Claudia Augusta y Rodrigo. Enrique Villegas viajaba mucho a Salta y era muy amigo del Cuchi Leguizamon. De hecho, Leda Vadallares comienza tocando el clarinete y tocaba jazz y cantaba en inglés por fonética. Luego vino lo del folclore. Los únicos que se mantuvieron, desde el inicio, fieles al folclore fueron Cuchi Leguizamon y Rolando Valladares. F.I.J.O.S  es parte del entorno que la gesta.

En los inicios del under argentino Lois entabla una estrecha amistad con el increíble poeta, escritor, actor y performer Fernando Noy que mantiene hasta su muerte. Noy dice de ella: “Descubrí el maravilloso tesoro de Lois Blue en los lejanos años de la bohema ochentista por San Telmo. Ella cantaba fulgurante acompañándose al piano en el bar Jazz y Pop. Después de la gran conmoción volví varias veces. Descubrí en ella la pasión y el fervor de cantar con el máximo placer. Lois Blues además era tenida muy en cuenta por nada menos que Enrique Mono Villegas quien me comentara su personal admiración compartida conmigo. Con el tiempo también supe que la brillante Blackie o sea Paloma Efrom, luego de escucharla claudicó con su carrera de cantante ya que, según sus propias palabras, había alguien que finalmente cantaba mejor que ella… Siempre vuelvo a escucharla, por suerte al fin perpetuada gracias a la fuerza indomable de su hija Lucía Montero quien finalmente logró que el reconocido sello Melopea la imprimiera. Conmueve, fascina e incluso divierte con sus arreglos vocales de crooner e intérprete precursora, alucinante y nada menos que argentina.”

En Córdoba sus amigos son Tito Acevedo y el Lagarto Guizzardi en tiempos de Tonos y Toneles. La recordaron en la presentación de Córdoba como “una más” entre ellos, con sentido del humor y talento.

3. Lois Blue

Lucía Claudia Augusta comienza cantando  y tocando el piano en reuniones familiares y de amigos. Lucía Montero cuenta que la música estuvo en ella desde siempre, aunque comienza con los clásicos. En la casa materna había piano y armonio. En algún momento de la vida de su madre, cuenta Lucía, ingresa el jazz y cuando lo descubre alucina. Comienza imitando, escucha y descubre el sonido del negro y sus notas imprescindibles, lo que llamaba las blue notes. Trata de rescatar e imitar el sonido de la voz negra. Después de mucho esfuerzo logra sacar su propia voz, hacer sus propios sonidos, su propio estilo y se larga a cantar desde ella misma.

Abrirse camino en una familia conservadora, para la cual era intolerable que una mujer mostrara sus cualidades artísticas fuera del ámbito familiar, y hacer jazz, “música de negros”, fue muy difícil.

Lucía Claudia Augusta se convierte en Lois Blue en el verano de 1935 en Mar del Plata cuando es descubierta por Rudy Ayala, famoso músico y director uruguayo de orquesta de jazz argentina, en la confitería del Torreón, convirtiéndose en una cantante de culto.

Sergio Pujol, historiador, conoce personalmente a Lois Blue y la llama “the first lady of jazz” de la Argentina, y probablemente de toda América Latina y lo escribe en inglés por que presume que es así como le hubiera gustado que la recordaran. También cuenta que su última voluntad fue que se esparcieran sus cenizas sobre Harlem.

Pujol observa que ella grabó muy poco aún para la época pese a haber cantado en varias emisoras de radio en los años 30 y 40 y haber tenido mucha presencia en salones de baile y clubes. Sin embargo, no tuvo la repercusión discográfica que merecía. En su libro sobre las lady crooners argentinas, el investigador y periodista Edgardo Carrizo incluyó las fichas técnicas de 18 temas con la voz de Lois; el primero, “Rockingchair”, de 1937, con la orquesta de Sánchez Reynoso, y el último, “Luna rosa”, de 1953, con Roger Santander. En el medio, las grabaciones con la orquesta de Héctor Lomuto, su trabajo más estable, sin duda, con algunas perlas como la versión del bolero “Eclipse” o “Paducah”.

Fue una Lady Crooner  y canto con todas las orquestas de jazz del país.

En su época de solista, a fines de los 50 Louis Armstrong  la invitó a cantar en el Luna Park en su despedida de la Argentina. En 1968 cautivó a Duke Ellington, que la acompañó al piano en “Solitude”;  actuó con la orquesta de Cab Calloway en Montevideo.

4. El Patio de Margarita

Lucía Montero tiene el vinilo del único disco que grabó su mamá y un cassette con unas grabaciones hechas en Tonos y Toneles, un espacio de resistencia en Córdoba de la cultura argentina. Desde hace tiempo quiere convertir el vinilo en una grabación más moderna para que no se pierda.

Un domingo al mediodía Juan Martín Leguizamón la invita al Patio de Margarita, una peña under en Villa Urquiza, para escuchar cantar a un cubano. La peña queda en un lugar complicado pero Lucía lo encuentra. Al llegar parecía no haber nadie, pero alguien aparece y la atiende.

–Este es el Patio de Margarita?, pregunta Lucía.

-Si… le responden, pero no hay espectáculo.

– Uhhh Juan Martín Leguizamón me invito…

-Ahhh pero Juan Martín está en el fondo.

Lucía ingresa a la casa, saluda a su amigo y encuentra una gran mesa donde se guitarreaba y se tomaba vino. En esa mesa estaba la dueña de casa Cecilia Palacios, su hija. Allí conoce a Leopoldo Deza. La guitarra comienza a pasar de mano en mano. Lucia pide una canción de Rolando Valladares. Leopoldo sorprendido se levanta y trae un libro y le muestra a Lucía su trabajo de recopilación de toda la obra de Rolando Valladares a quien conocía mucho. Leopoldo y Lucía se hacen muy amigos: él estaba organizando un homenaje a Rolando Valladares en el  CCK. A partir de ese momento, Lucía comienza a ir todos los domingos al Patio de Margarita y a veces también canta. En una de esas conversaciones habla de su mamá. Leopoldo se interesa en su obra, y sobre todo en el hecho de que hubiera grabado solamente un disco acompañada por músicos geniales. Ella le cuenta a Leopoldo su interés de salvar la obra de su madre. Él es amigo personal de Lito Nebbia y además integra su banda. Le cuenta la historia de Lucía y su intención de reeditar el único disco de Lois Blue. Lito se interesa inmediatamente y pone a disposición de Lucía el estudio de grabación de Melopea en forma gratuita. Solo había que pagar la parte física del disco. La familia junta el dinero para reeditarlo. Lucía no tenía los originales “master”, pero con la pericia extraordinaria de Sobrino resucitan el vinilo. En cuanto al cassette grabado en Tonos y Toneles por Palacios, gran sonidista cordobés, por sugerencia de Lito Nebbia se agregan esos temas que Lois canta sola acompañándose en teclado. El arte de tapa lo realiza su nieta Victoria Montero.

5. Tanta hormona irrepetible

Lois Blue era muy amiga de Celeste Carballo. Cuando muere, Celeste escribe en su blog:

“La voz de una mujer llena de erotismo, libertad y rebeldía, ha triunfado en la escena del jazz argentino de los años cuarenta y cincuenta. Huyó a New York siendo una joven de setenta y cinco, nunca más volvió.

El último invierno del siglo XX ha debido ser muy fuerte en New York, tanto como para llegar a debilitar el sistema inmunológico de la gran Lois Blue y así lograr llevarla a otro cielo con millares de escenarios y de pianos.

Una fiesta de fin de año en el Harlem con minifalda a los 86 años no es para cualquiera.

La mejor cantante de jazz que tuvo por siempre la Argentina dejó este mundo corporal en enero de 1999, rodeada de sus nuevos amigos, músicos y cantantes afroamericanos.

Ella había decidido salir de Argentina en 1980 para cantar en Estados Unidos y encontrarse cercana a los músicos que siempre amó y admiró. Tocaba el piano y cantaba con la comodidad de los grandes, llenaba el aire con su voz de mezzo soprano potente, reventada, dulce, investigadora de escalas pentatónicas, improvisando en cada compás, entrando en el alma de quien tuviera la suerte de estar ahí para escucharla…

Cantó con las mejores orquestas de los cuarenta y los cincuenta.

Entrando en la década de los sesenta los Stones avasallaban el mundo, y el jazz dejaba por un rato los grandes escenarios, Lois Blue siguió cantando con un piano, tanta hormona hacía que Summertime fuera cosa de niños en su voz.

Cómo arrastraba la letra de cada palabra, lo escuché de su vozarrón endemoniado en vivo y en directo a principio de los setenta. Junto con el disco de “La Pesada del Rock”, y “El duende” de Chik Corea, había comprado uno de Lois Blue y también “Tributo a Thelonious Monk” del Mono Villegas. Jorge Anders saxo tenor, Santiago Giaccobe en piano, Jorge González en contrabajo y Néstor Astarita en la batería, fueron su banda en diciembre de 1972 cuando grabó su disco en el sello Redondel. Body and soul, As time goes by, muchos clásicos de jazz, y Lois Blue rehaciendo todo. Ella cantaba en el Bar Sur de San Telmo los sábados, y también esporádicamente aparecía en Jazz & Pop, era imposible quedarse afuera de su energía cuando cantaba, tocaba el piano, hacía bromas en su manera de hablar porteña. También cantaba algún tango arrabalero casi de pasada.

Los bares de San Telmo la extrañaron por siempre cuando decidió irse a Estados Unidos, pero allá encontró a sus almas gemelas. Se integró a la Asociación de Mujeres Cantantes de Jazz, haciendo conciertos itinerantes en muchas ciudades de Estados Unidos, y luego de algunos años de viajar por todo el país, se estableció en New York.Las Mujeres Cantantes de Jazz, en su mayoría afro americanas, la habían adoptado como hermana de sangre.

Lois Blue, la única blanca aceptada en los teatros del Harlem, en los bares y en el alma.

La hermana de Duke Ellington y Lois fueron grandes amigas, los críticos de jazz en la prensa norteamericana, han escrito los mejores comentarios de su voz y su estilo. Ella cantaba con grandes músicos, participando de jamms cada semana. Lois Blue cantó hasta la última semana de su vida, una neumonía logró detener su paso por esta tierra, pero sin embargo jamás logró hacer que dejara de brillar.

Tuvo todos los novios que quiso en esta tierra, en ese cuerpo, con esa voz llena de blues. ¡Lois Blue; tanta hormona irrepetible…!”

Lucía recuerda el obituario de Celeste Carballo y siente que nada describe mejor a su madre como: “Tanta hormona irrepetible” y sugiere ese título para su nuevo disco.

6. “The first lady of jazz”

De aristócrata a cantante de jazz. Tal vez tomo el guante que tiró su madre Doelia  y decidió ser una cantante visible. O simplemente se conectó con su deseo y se permitió ser ella misma. En cualquier caso es una obligación ética recordarla para recuperar su gesta y a la mejor cantante argentina música de jazz argentina.

Gracias Lucía Montero, Fernando Noy y Tito Acevedo por sus recuerdos.

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Posdoctorada en Géneros.