Los últimos días de Perón

Militar y político, así como docente y conductor, Perón fue, ante todo, el intérprete de un sentido histórico nacional. En una época de corrupción política y sometimiento al Imperio Británico, canalizó las esperanzas de aquellos que buscaron el despegue industrial, la integración social y la dignificación de los trabajadores. Y ellos encontraron en Perón su referencia política y pertenencia cultural.

Derrocado en 1955, y tras varios años de exilio en Latinoamérica y España, su retorno por el poder popular significó un hito de liberación que aún motiva.

Tras el breve gobierno de Cámpora y el interinato de Lastiri, era evidente que se imponía, a costa de su disgusto, que el propio General debía ocupar la primera magistratura. A pesar de tender puentes con el radicalismo y tratar de consensuar una fórmula con Ricardo Balbín, los enfrentamientos dentro del peronismo determinaron que sea su última esposa quien lo secundaría en la fórmula presidencial.

Septiembre de 1973 asoma su rostro trágico en el tramo final de la campaña: el día 6 el grupo guerrillero ERP tomaría el Comando de Sanidad Militar y el 11 un golpe militar en Chile terminaría sangrientamente con la experiencia del gobierno de Salvador Allende. Para el 23 el triunfo de la fórmula Perón-Perón arrojó la inimitable suma del 62% de votos afirmativos. Pero la victoria trocó en tragedia al producirse el asesinato de José Ignacio Rucci, secretario General de la CGT, puntal en el proyecto político del General. Ante ese clima Perón asumió el 12 de octubre tratando de implementar su proyecto de reconstrucción nacional, boicoteado por derecha e izquierda.

El 1° de mayo de 1974 marcó dos hitos: el esbozo del Modelo Argentino ante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y el enfrentamiento entre el líder justicialista y las huestes enroladas en Montoneros. Al tiempo fue el asesinato del padre Carlos Mugica el día 11 de dicho mes y se sucedieron altercados entre la “tendencia” y la “ortodoxia” peronista. Las últimas semanas de existencia terrenal de Perón fueron para que el viejo líder pueda asentar su mensaje a las jóvenes generaciones para reconducir al país.

Benito Llambí, militar, diplomático y colaborador de Perón desde los tiempos del GOU, en su rol de ministro del Interior expresó en sus memorias (1997): “El último mes de vida del general Perón fue pródigo en hechos significativos. Como si nada sucediera, a pesar de que era manifiesto el resentimiento de su salud, continuaba con su acción a todo ritmo. El 31 de mayo presentó en reunión de gabinete el Modelo Argentino para el proyecto nacional, su obra póstuma… El 7 de junio marchó en visita al Paraguay, que había quedado postergada desde el año anterior… la intensidad del programa y el mal tiempo afectaron de modo terminante su quebrantada salud… Regresó del Paraguay con una recaída. Y no logró recuperarse. El 12 de junio, desde los balcones de la casa de gobierno, habló por última vez… el 29 de junio, luego de mucha insistencia, delegó el mando y el 1° de julio, aquél que pocos meses antes había anunciado que volvía casi descarnado, concluía su paso por la tierra. Había usado el tiempo justo para dejar su último testimonio al pueblo argentino.

Ya Perón intuyó su final ese 12 de junio. En diálogo con Ricardo Balbín – tomado por Enrique Pavón Pereyra en Diario íntimo de Perón (1985) – le dijo al referente máximo de la UCR: “Mire, doctor, yo estoy luchando contra el tiempo, porque yo sé lo que me espera. Y si no nos apuramos a hacer la Unidad Nacional, nos van a joder de nuevo los militares”.

Antonio Cafiero en su libro póstumo reflexionó: “Perón tuvo que enfrentar la falta de comprensión de su propuesta de unidad nacional y de revolución pacífica. Desde distintos sectores, aparentemente opuestos, las acciones terroristas pretendían socavar al gobierno constitucional y popular… el 1º de julio de 1974, Perón nos dejaría para siempre”.

Perón tuvo, con la colaboración del coronel Damasco y su equipo, en el Modelo Argentino su testamento político.La base fue recuperar al hombre y sus valores, donde la Argentina es el hogar. A las tres banderas justicialistas: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, le anexó la de Cultura Nacional. La síntesis de las mismas, expresada en la Tercera Posición – potenciada esos años con el Tercer Mundo – se complementaría con la evolución hacia el Continentalismo y Universalismo.

Incorporó la cuestión ecológica y racionalización de recursos naturales como política de Estado. Contempló el rol de los medios de comunicación y potenció el aspecto científico – tecnológico, interactuando con lo económico, lo político y lo social, remarcando el rol de la mujer y la juventud en este Modelo Argentino.

Planteó formas más amplias de institucionalización, a través de la Democracia Social y la participación de las instituciones intermedias en el marco de la Comunidad Organizada. En la misma será la interacción entre gobierno, partidos políticos, intelectuales, empresarios, Iglesia, fuerzas armadas y trabajadores.

El contenido del mismo mostró su dimensión de estadista y adelantado a su tiempo, a vez que, dolorosamente, enseñó que el haber dejado de lado su legado intelectual y militante, sometidos al contrabando intelectual del liberalismo y la socialdemocracia, ocasionó consecuencias históricas irreparables.

A pesar de tensiones políticas actuales, las ideas de Perón – sepultadas durante el Proceso y los ’90, y resucitadas a inicios del siglo XXI por Néstor y Cristina – deben ser la base para marcar el camino de la actual administración de Alberto, que, más allá de ampliar derechos y abarcar nuevos colectivos a apuntalar su gestión, debe recostarse en el movimiento obrero organizado y otros sectores sociales que expresan de forma genuina la esencia del peronismo.

Hay además una oportunidad histórica, más allá de la pandemia, de que el partido Justicialista ofrezca, junto a las organizaciones sindicales, empresariales y grupos sociales, una propuesta concreta para superar la crisis actual, ya que los energúmenos de la oposición sólo buscan sembrar el desánimo y descontento en el pueblo. Teniendo en claro que se han hecho avances, pero que no se los comunica como es debido, y que muchos funcionarios están “haciendo la plancha” sin comprometerse con la obra de gobierno, debemos logra una mayor responsabilidad, superar acuerdos cupulares, para que el actual estado de cosas sea algo más que una sumatoria de proyectos personales que luego operan en pequeños círculos partidocráticos. Y eso se materializará sólo cuando recuperemos a la persona humana y sus valores, con nuestra base ideológica como propuesta política concreta.

Retomo un texto olvidado de Oscar Sbarra Mitre quien en un artículo de Aportes, del 17 de octubre de 1985, sentenció: “La propuesta del Peronismo está en su Doctrina. Sólo en ella. La liberación también anida en el basamento filosófico-ideológico del Peronismo. La Doctrina indica lo que el Peronismo es: una filosofía de vida, una ética, un adecuado instrumento cultural, un profundo modelo socio-económico, una política – única y exclusiva – de Liberación para el Pueblo argentino. También especifica lo que no es ni debe ser nunca: Un partido demoliberal, un proyecto tímidamente reformista, un amontonamiento electoral, una parte – en definitiva – del plan imperial para acentuar la dependencia”.

*Pablo A. Vázquez. Lic. en Ciencia Política; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.