Lula candidato: la mejor noticia para Bolsonaro

Brasil nuevamente retoma protagonismo en los medios mundiales por dos noticias, la liberación de Luiz Inácio “Lula” Da Silva y la explosión de contagios y muertes por la Covid-19, dos hechos aparentemente inconexos pero que tal vez puedan estar más relacionados entre sí de lo que se ve a primera vista.

Comencemos nuestro análisis por las consecuencias de la pandemia de Covid-19. Bolsonaro ha venido teniendo una suerte dispar desde que ha llegado la pandemia a Brasil, luego de un primer año favorable en la consideración de la sociedad.  

Minimizando su peligrosidad con la conocida frase “si sobreviví a una cuchillada no me va a derribar una gripecita”, le restó importancia a la peligrosidad de la enfermedad y aconsejó controvertidas terapias medicamentosas para poder seguir manteniendo la esperanza de moderar la caída libre de la economía que había experimentado el país durante el primero y especialmente segundo trimestre del 2020.

Brasil no venía bien en términos económicos en los últimos años. Luego de un brillante gobierno de Lula, Dilma (2011-2016) había comenzado en forma errática para derrumbarse estrepitosamente sobre el final su mandato por la aplicación de política de ajuste de corte ortodoxo que dilapidó el capital político que había acumulado su predecesor y facilitó un golpe palaciego que terminó con la llegada de Temer en agosto del 2016.

Bolsonaro aprovechó el esmerilado contra Lula y el PT que habían realizado sostenidamente los medios por diferentes aspectos donde sobresalieron las denuncias de corrupción y declive en el nivel de vida. Apoyándose en un clima especialmente anti petista, mucho más marcado que contra Lula, se asoció a evangélicos con un discurso pro familia y de valores tradicionales junto con la promesa de honestidad y despegue económico. El discurso de vuelta a los valores históricos fue una pieza clave ante un electorado que veía con asombro e indignación el giro de género que el PT sufrió con Dilma.

La campaña electoral del PT sin Lula fue desastrosa, errada en sus bases, Haddad intentó luego de la primera vuelta moderar el programa que encabezaba su vice Manuela D’ávila, recortó la ventaja, pero no le alcanzó.

El candidato del establishment, Geraldo Alckimin, nunca consiguió posicionarse; Bolsonaro bajo el ataque de los medios decidió ser un “antisistema” completo y así logró, configurar un escenario con tres actores: el poder empresarial asociado al global occidental con Alckmin, el PT y el progresismo que adopta la agenda cultural de ese mismo poder global financiero con Haddad  y algo nuevo, una mezcla ecléctica entre evangélicos, militares (que en Brasil tienen imagen positiva en la sociedad), nacionalistas, y ciudadanos comunes hartos de la corrupción, la avanzada sobre las escuelas de la ideología de género y la crisis económica, detrás de Bolsonaro.

“O Capitão”, como se refieren a él sus seguidores, tuvo un primer año exitoso en la opinión pública, se reafirmó como un político más hábil de lo esperado y consiguió sumar el apoyo del “centro” político brasileño a cambio de puestos en su gobierno.

Bolsonaro se constituyó en un caudillo político propio, personalista y que flota por sobre las distintas formaciones políticas, que, dicho sea de paso, nunca han hecho de la ideología un eje de su acción y constituyen una especie de ecosistema político que buscan ventajas individuales. Las elecciones de medio término exhibieron una nueva caída del PT y de los candidatos de Bolsonaro, sin embargo, eso no lo afectó personalmente.

Su control político se consolidó aún bajo el sistemático ataque mediático, sus partidarios son refractarios a los grandes medios brasileños y cada crítica es una medalla para su líder. Este panorama alentador para Jair Messias Bolsonaro se oscureció con la llegada de la pandemia, el derrumbe económico generó un malestar inicial y “o Capitão”, que sabe que esa es la clave para su éxito, apuesta en desconocer las medidas sanitarias más elementales, lo que luego de la primera ola, y comparando con su vecino predilecto, la Argentina de Alberto Fernández, lo muestra ganador, sus números son vistos como un éxito por el rápido repunte económico a partir de mediados de año.

Es importante tener en consideración que Brasil tiene una estructura federal en la que las decisiones de cierre sanitario y otras medidas son decididas por gobernadores y prefeitos (intendentes), las responsabilidades del gobierno nacional se agotan cuando llegan a las resoluciones locales.

Esta es la razón por la cual se ve una respuesta caótica a la pandemia, desde quienes cierran todo hasta que abren con la misma fruición responde a decisiones locales que se toman en función de un crisol de intereses contradictorios, desde los políticos hasta los económicos y sanitarios.

El panorama relativamente esperanzador para Bolsonaro se complica inesperadamente porque el diablo suele meter la cola y la pandemia que había retrocedido y se daba por finalizada, vuelve con mucha más fuerza que antes.

Bolsonaro ahora toma nota que negar su peligrosidad es demasiado incluso para un provocador como él y allí comienza un giro aún poco percibido en nuestro país.

Sin ponerse colorado ahora hace campaña por la vacunación con “Zé Gotinha” alarmado porque Sao Paulo está a semanas de desbordarse con una ocupación actual de entre 87 y el 89%  en las terapias intensivas (UTI).

Zé Gotinha

Si algo caracteriza a Bolsonaro es su pragmatismo. Antes opositor, ahora es un gran defensor de la vacunación, olvidándose de sus descortesías con China instruye a su embajador para que tramite la entrega de 30 millones de dosis compradas, el Gobierno Federal negocia la compra de 168 millones de dosis de Pfizer, Janssen y Moderna junto a 30 millones de dosis de Coronavac, producida por el Instituto Butantan en sociedad con Sinovac más 110 millones de Oxford/AstraZeneca producida con la Fundação Oswaldo Cruz. 

Un total de 284.900.000 dosis estarán disponibles distribuidas de la siguiente manera: 112,4 millones Oxford/AstraZeneca, 100 millones Coronavac, 10 millones Sputnik V de Gamaleya en sociedad Unión Química, 20 millones de Covaxin y 42,5 millones del consorcio Covax Facility

Bolsonaro tiene como principal objetivo su reelección y allí entra Lula. Para evitar ideas románticas de levantamientos populares rescatando a su líder, es bueno recordar que aún en su punto máximo de popularidad con el 87% de imagen positiva y con el control del Ejecutivo, la Justicia jugó descaradamente con los medios en un tándem que terminó con el PT desdibujado y Lula encarcelado.

Entender lo que determinó el Juez Fachin en realidad no es imperativo y se ha pasado por alto. La liberación corresponde a la anulación del proceso por invalidar la jurisdicción del Tribunal de Curitiba, en el Estado de Paraná, porque no tenía competencia y establecer un nuevo juicio por la Justicia Federal en Brasilia, donde las pruebas recolectadas por el juez Moro tendrán validez, según la interpretación que hacen en Brasil.

Lejos está de reconocer la inocencia de Lula.

¿No resulta extraño, entonces, que una Justicia que persiguió a Lula cuando su popularidad estaba en lo alto ahora sorpresivamente decide dar este paso y permitirle recobrar sus derechos electorales? Hay razones que por distintos motivos se han ignorado.

Bolsonaro con esta resolución mata dos pájaros de un tiro, por un lado pone en agenda un tema que no sea la pandemia y por otro fijar como contrincante un Lula desgastado para la opinión pública pero que como un fantasma lleva a espantar al voto anti PT y aglutinarlo en torno a su figura, presentándose como la garantía de que él, Bolsonaro, es el dique de contención para que no vuelva Lula con el PT y de esa manera mermar las posibilidades de otros que aspiraban a  ser su reemplazo.

Aunque parezca extraño el mayor beneficiado por la decisión de la Justicia es el propio Bolsonaro que con un apoyo que oscila alrededor del 40% duplica al menos la intención de votos de Lula. Si algo sale mal y Lula consigue recuperar su ascendencia sobre el electorado brasileño poniendo en peligro la reelección del presidente actual, siempre la Justicia podrá volver sobre sus pasos y nuevamente dejarlo fuera de competencia a Lula como hizo en el pasado.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.