Macri vuelve (y el gobierno se lo agradece)

Es tentador analizar psiquiátricamente la primera entrevista que brindara el expresidente Mauricio Macri en TN algunos días atrás. Pero vamos a intentar evitarlo. Centrémonos entonces en que esta “nueva” versión es una continuidad del Macri que el lunes posterior a las PASO hizo lo que un político no debe hacer: enojarse con la gente. Con esto no quiero decir que la gente siempre tenga razón pero el que se enoja pierde. Lo cierto es que a partir de ese día entró en una suerte de loop de radicalización y búsqueda de revancha cuando, como castigo, no hizo nada para evitar la devaluación y se lo enrostró a la ciudadanía: ¡ustedes son los culpables de no votarme! ¡Ahora jódanse! Le fue mejor en la primera vuelta pero no le alcanzó. Si Vigilar y castigar no fuera el título de un libro famoso bien podríamos usarlo para caracterizar los gobiernos de Macri que siempre se encargaron de “vigilar” pero, en su última etapa, también de “castigar”. Su perspectiva es inversa a la de una mayoría de argentinos que cree que lo único bueno que tuvo su gobierno fue que no pudo, por incapacidad y por resistencias opositoras, realizar todo lo que se propuso. Él, por su parte, afirma que si falló en algo fue en delegar en su ala política filoperonista el manejo de “la política”. La culpa fue siempre del otro y la que venía a ser una derecha moderna en un gobierno de coalición devino verticalismo, ceguera y cínica declamación. Aunque para ser más precisos habría que decir que para Macri la culpa siempre es del otro si ese otro es peronista. Es que “peronismo” es un significante vacío no solo para los peronistas, que bajo esa denominación pueden incluir variantes de derecha, de izquierda, desarrollistas, populares, liberales, socialdemócratas, sino también para la derecha que incluye ahí todos los males sobre la tierra. El peronismo es para Macri el equivalente a la caja de Pandora que se abre y desparrama todas las desgracias que asolan a la Argentina. Muy lejos quedaron sus intentos, allá por el comienzo de su carrera política, de ser candidato tardío de un peronismo neonoventista. Ahora el peronismo ha sido “secuestrado” por la otra caja de Pandora abierta, el otro significante vacío: “Cristina”. Si hablar de “secuestro” fue la forma que encontró para no romper todo lazo con los votantes peronistas o para justificar tenerlo a Pichetto y al puñado de dirigentes peronistas que permanecerían en Juntos por el cambio, no sé si es el mejor camino. Pero el combo “la culpa fue de mi ala filoperonista” más “el peronismo fue secuestrado” por su variable de, llamemos, izquierda, muestra un Macri que, en un antiperonismo furioso, expone su radicalización. Como dijimos aquí algún tiempo atrás, el macrismo de 2020 intentará reproducir el desarrollo del cristinismo desde 2016, esto es, radicalizarse para ganar un núcleo duro y luego ser indispensable para ganar. Porque será difícil ganar diciendo que el peronismo hoy está cooptado por la irracionalidad pero un buen porcentaje de ultras lo va a seguir. Claro que no ayuda si cuando le piden autocrítica Macri dice que el gran error fue no advertirle a la gente lo mal que estaba todo cuando el 11/12/15 recibió la administración; o cuando miente y dice que “el 11/8/19, cuando terminó su gobierno económico” [SIC], la pobreza estaba en el mismo número en el que la recibió a pesar de que los datos muestran que su gobierno la aumentó 8 puntos. No ayuda porque es una tomada de pelo y porque un nivel de negación tal nos llevaría a un terreno de análisis en el que prometimos no ingresar. Asimismo, no creo que haya un acuerdo con Rodríguez Larreta en este sentido pero es muy probable que en la misma lógica espejo que les indicaba antes, en breve se busque instalar que la superación del kirchnerismo moderado deba ser un macrismo moderado y se vuelva a la cantinela de los pactos de La Moncloa y al “todos sentados en una mesa…”. Se dirá que para superar la grieta la Argentina tiene que dejar atrás a CFK y a Macri, que después de Alberto es el turno de los Rodríguez Larreta, los Vidal, etc. Si eso finalmente es así y si en ese armado va a ocupar un lugar preponderante Macri, como lo ocupa CFK, solo el tiempo lo dirá aunque me parece que la diferencia es evidente: los votos de CFK son de CFK; los votos de Macri son del antiperonismo y, por lo tanto, van a ir a cualquiera que ocupe ese lugar.         

Ahora bien, si volvemos a la cuestión de la crítica a su ala filoperonista, creo que sería un error considerar que se trata simplemente de una obsesión antiperonista. Es que en ese comentario lo “filoperonista” equivale a “la política”. Por lo tanto es más un comentario antipolítica que gorila. Como si Macri sintiese que no ha sido fiel a su historia política, aquella que emergió de la gran crisis de representación pos 2001. Es que en algún punto Macri y Kirchner son emergentes de ese momento antisistema y su éxito estuvo en sus actitudes “antisistema”. Kirchner porque vino a darlo vuelta todo, el partido, el país, a trastrocarlo todo desde adentro, repolitizando ese vacío lo cual era, en ese momento, claramente un gesto antisistema porque el sistema poscrisis repudiaba a la política. Y Macri, por supuesto, enarbolando directamente las banderas de la antipolítica, de la novedad, buscando diferenciarse de lo que había, de lo que se estaba generando, e intentando dar una respuesta no política a la política. Claro que tanto Kirchner como Macri no acabaron con todo lo que había pues, a su manera, se apropiaron, por ejemplo, de los dos grandes partidos: el primero desde adentro del PJ, más allá de sus idas y vueltas, y el segundo desde afuera, alquilando la estructura de la UCR para lograr presencia nacional.

La reaparición de Macri tiene que ver con intentar capitalizar esa estudiantina baby boomer que sale a protestar y tiene su cámara de eco en los mundos paralelos de Majul, Leuco, etc. Para ese sector, la calle es un territorio novedoso que se ocupa mientras la barbarie está contenida. Es un sector que ocupa la calle más como un happy hour que como un derecho. Se trata de aprovechar una promoción mientras el lobo peronista no está. Allí se pregunta, -“¿Lobo está?”. Y el lobo peronista responde: “Estoy haciendo la cuarentena”. Mientras tanto, en el terreno de las paradojas, la militancia y los votantes del oficialismo quedan presos de una disyuntiva: si no salen a la calle se la entregan a la oposición; y si salen desacreditan la voz del presidente que pide que todos se queden en casa. La solución intermedia es un 17 de octubre virtual para la hinchada que seguramente será un gran espectáculo y que permitirá a alguna militancia joven, a la que en algunos casos le importa menos militar que mostrar que está militando, inundar las redes sociales con patas en la fuente en 3D, perones “wharholeados” y evitas aggiornadas.

Mientras el gobierno exhibe enormes dificultades de gestión en materia sanitaria y económica, Macri reaparece y el gobierno agradece ya que le recuerda al 48% de argentinos que votaron a Alberto por qué lo hicieron. Al menos por ahora, un Macri declarando lo que declara, es quien más ayuda a extenderle el crédito al gobierno de Alberto.      

*Dante Augusto Palma. Profesor de Filosofía y Doctor en Ciencia Política