Maradona. Modelo para armar

A raíz de las pasiones desatadas, quizás sea necesario aclarar algunos puntos. Nunca afirmamos que la familia o el entorno mataran a Diego Armando Maradona. Como hemos recibido interrogantes en esa dirección, vale la precisión. Es relativamente fácil reducir una polémica dura en una acusación directa; pero sería inexacto. Básicamente, ¿por qué lo harían?

Sin embargo, esto no nos impide marcar errores significativos, por desconocimiento o desaprensión, que derivaron en una serie de sucesos desafortunados. De ahí que a partir de ahora, dado que poco queda por hacer, invitemos al lector a informarse y reflexionar. Es un recorrido extenso;  intentamos extremar el poder de síntesis, aunque las vicisitudes ofrecen demasiados perfiles. Eso sí, como todo en la vida de Diego, es atrapante.

¿Para qué sirve esta nota? Quizás, si hemos de buscarle alguna utilidad, contribuya a entender mejor; pero Diego Armando Maradona ya está muerto. Hace algunas semanas redactamos un texto que podría haber tenido un sentido práctico. Ahora, sólo podemos rendirnos ante la fascinación, con la mejor información disponible. También, plantear interrogantes ácidos con el objetivo de disparar ideas, enlazar conceptos, refrescar recuerdos.

LA CREACIÓN. ¿Por qué fascinación? Porque la palabra interés queda chica. El poder de atracción generado por el 10 a lo largo de su vida, en todos sus tramos, es único; carece de comparación. En nuestro país y en el mundo. Aquí, en especial, Maradona ha sido y es un rey, deidad que supera la centralidad de la realeza en Gran Bretaña, trasciende las bandas de rock más reconocidas, desplaza a las grandes figuras de las pantallas, a los líderes religiosos y políticos, a las modelos deslumbrantes.

Como ni siquiera un Deus Irae carece de materialidad, todo se originó en realizaciones concretas. El desempeño de Diego en las canchas lo convirtió en el mejor jugador de la historia del deporte más popular del planeta. Al quebrar las leyes físicas y gestar imposibles en el rectángulo verde, originó una rara belleza, suerte de cumbre creativa equiparable a lo mejor de las artes clásicas. El vínculo de una fineza sin parangón, propia del artesano delicado que brinda al trazo el volumen y la vibración exacta, y la emoción masiva de pueblos que percibían esa grandeza, resultó explosivo. En concordancia con esa combinación, forjó dinero. Mucho dinero.

Como primera pista, entonces, puntualicemos: la admiración y la fortuna atraídas por Maradona radican en su obra y se despliegan en su personalidad. No fue un mediático, conocido por irrupciones colaterales en situaciones de alta difusión, ni un famoso que transita la escena mundial por una apariencia destacada o una imposición comercial. Es más. Dados sus rasgos contestatarios, es posible indicar que su exposición pública resultó inevitable para las empresas comunicacionales, mucho más allá de la voluntad editorial de sus propietarios.

En el mismo trazo, es necesario destacar que semejante volumen público se asentó en el origen humilde. Es decir, la gran herencia de la que pudo jactarse es la tremenda capacidad del pueblo argentino para generar jugadores de elevadísimo rango, al punto de construir densidad en la que –debido a eso- merece considerarse nuestra principal industria cultural. Pero su familia no era famosa, ni adinerada, ni conectada; no palanqueó para llevarlo a destino. Si aquella fórmula “igualá y largamos” tiene algún sentido, resulta preciso indicar que la fama maradoniana también guardó vínculo con el salir de las gateras en última instancia.

Lo cual, de todos modos, no alcanza para explicar la dimensión. Sin olvidar que el talento jamás se apagó, cabe añadir que esa identidad, tampoco. Entre los logros futbolísticos extraordinarios y las declaraciones netas, francas, imprevistas y orientadas, Diego se hizo un lugar de privilegio en el corazón de quienes veían triunfar a uno de los suyos. Uno que no quería dejar de ser de los suyos y lo refrendaba en la FIFA, en el jet set, ante los jeques; contrastando políticos obtusos, lanzando dardos sobre dirigentes opacos, narrando con sencillez situaciones conflictivas. Posicionándose.

La grandeza deportiva resultó, también, singular. Maradona nunca corrió con hándicap. Sus triunfos fueron comandando equipos técnicamente por debajo de su brillo y ante rivales voluminosos. Si alguna excepción puede marcarse es la articulación con Miguel Angel Brindisi en Boca Juniors, su pasión, durante un breve período. Lejos de desdeñar planteles, es preciso indicar que no integró Dream Teams sino buenos equipos en los cuales operó como armador y definidor, lo que brindó un clima épico a esas campeonadas. También a las albicelestes. En sintonía, fue el jugador más golpeado debido a su habilidad en la gambeta corta y su rapidez para el despegue posterior. Y siguió adelante, con los hematomas violáceos en las piernas.

Sin embargo, jamás realzó ese dato. Si repasamos las declaraciones del genio, hallaremos felicitaciones a sus compañeros, valoración de los técnicos, exaltación de sus arqueros –Fillol, en especial- y de sus definidores –Valdano, Caniggia-, así como de casi todos aquellos que participaron en formaciones que, aún relevantes, jamás habrían alcanzado las glorias conocidas sin su presencia en el terreno. El factor se completa con un fuerte espíritu gremial en defensa de los jugadores, con demandas y exigencias que hoy día cada profesional disfruta como legado de quien comprendió que el dinero no lo generaban empresarios o dirigentes y que debía recalar sobre los hacedores del show.

DEIDAD. Como todas estas consideraciones aportan pero no alcanzan, el pueblo estimó que se hallaba ante un D10S. Esta calificación desató polémicas bien interesantes: después de muchas décadas en las cuales se estimó razonable y hasta elegante indicar que un eximio creador poseía un vínculo celestial que aportaba el soplo único a su obra, cuando la idea se desplazó sobre este morocho petiso ruliento que largó desde atrás en barrios sin recursos y puso a disposición de las multitudes la filigrana inspirada, el escándalo se expandió. Y la mediocridad mostró su furia ante la sublimación del talento de los humildes: ¡cómo pueden idolatrar a quien, sin estudios, apenas sabe patear una pelota! Ese concepto se esparció en las zonas tristes del país y se sintetizó en insultos, presuntos ingenios, diatribas y sarcasmos.

Los ataques afirmaron la percepción popular. Le pegan porque es nuestro. Le pegan porque vale. Así, la realeza nacional se fue elaborando paso a paso hasta instalarse entre los argentinos como un elemento cotidiano. Lo cual habla de un pueblo con tendencia a la auto afirmación. No me importa lo que digan / lo que digan los demás / yo te sigo a todas partes / cada vez, te quiero más.

Quién sabe si la Patria es el Otro. Quién sabe si el Infierno son los Otros. Lo que sí es seguro es que para el pueblo argentino, esos “Demás”, son el Infierno.

El asunto no termina aquí.

FAMA Y DINERO. Maradona fue conocido, en el mundo del fútbol, desde los 11 años aproximadamente. Los Cebollitas de Argentinos Juniors recorrían las canchas junto al equipo de primera y brindaban espectáculo en los entretiempos. Técnicos, jugadores de inferiores, hinchas consuetudinarios, ya tenían ubicado al pibito de rulos, lo señalaban y decían mirá cómo juega ese. Enseguida, a los 16 años, debutó en primera. Al toque, pocos meses después, ingresó en un partido de la Selección Nacional.

Para brindar una noción de su naciente popularidad: quien esto escribe, que lo había disfrutado en inferiores y luego en la primera del Bicho, recuerda aquí que viajó desde La Plata hasta La Bombonera con un amigo tripero, Manolo, sólo porque se corría la bola sobre su posible entrada en un amistoso frente a Hungría. Allí estuvimos, y no fue en vano: a los 20 minutos del segundo tiempo César Luis Menotti dispuso el cambio de Leopoldo Jacinto Luque por Diego Armando Maradona.

Con emoción singular pudimos ver cómo el chico de nuestra edad, el que habíamos visto jugar años antes en los intervalos, vestía la casaca nacional. Ya nos representaba. Ya era nuestro. Y las cosas todavía no habían comenzado.

Desde entonces y hasta el último día, Diego tuvo miles de admiradores, detractores, cámaras, micrófonos cada vez que se movió de cualquier lugar hacia otro. Ahí está el sentido de la anécdota y es para tomarlo muy en cuenta.

VÍNCULOS. En 1989, cuando ya tenían dos hijas, Claudia Villafañe y Diego Armando Maradona contrajeron matrimonio. El enorme festejo en el Luna Park costó dos millones de dólares. La estrella ya había alcanzado el título Mundial en México 1986 y en ese momento era Gardel, Le Pera y los guitarristas en el Nápoli. La aceleración del ritmo de vida maradoniano fue in crescendo y es posible afirmar que mientras el afecto mutuo se afirmaba, la tendencia del Diez a participar de eventos festivos y concretar relaciones fugaces, también. Si esto puede parecer contradictorio, es pertinente aclarar que no tiene por qué evaluarse, necesariamente, antagónico.

Sin embargo, para su esposa lo fue. Claro. Dejó pasar el vínculo con Cristina Sinagra, del cual manó Diego, así como otras aventuras pasajeras. El cuadro de situación se complicó cuando el héroe del sur italiano comenzó a consumir cocaína. Entre la intensa actividad futbolística, los romances y la adicción, la lejanía familiar se disparó y el bloque emocional entre la madre y las hijas –Dalma y Giannina- se consolidó. Por entonces el amigo más cercano y quien “ordenaba” su desordenada vida social era Guillermo Cóppola; con el tiempo, este personaje realizaría una parábola en verdad curiosa.

La salida apresurada de Nápoles rumbo a Sevilla, fruto de una fortísima envidia del norte italiano canalizado a través de presentaciones judiciales contra el ídolo, sólo mejoró parcialmente la relación familiar. En realidad Maradona parecía no poder querer dejar nada. Quería a su mujer y deseaba estar con sus hijas, disputar las ligas más competitivas, participar de fiestas y reuniones sociales, aceptar partidos de solidaridad, grabar canciones con artistas destacados, flirtear con las mujeres que se le acercaban, formar el sindicato de jugadores, cruzarse con la FIFA, polemizar con quienes le acusaban de algo, y más. No es nuestra pretensión historiar sino marcar elementos a considerar.

En el 93 volvió al país para jugar en Newell’s. Delgado, ejemplo de paciente para su médico chino, convirtió con pierna derecha, desde fuera del área, en el amistoso de bienvenida. Sólo jugó cinco partidos para los rosarinos, pero dejó una huella simbólica tremenda en esa ciudad futbolera. Por entonces, Roberto Fontanarrosa evocó aquello que calificó como uno de los peores días de su vida: “Yo no soy de madrugar, mi mujer me llamó dos veces temprano en mi vida: cuando tomamos las Malvinas y cuando Ñuls trajo a Maradona”.

Empezó a entrenar con energía para el Campeonato Mundial de 1994, que se disputaría en los Estados Unidos. Allí fue, en medio de un plantel técnicamente superior a los que había integrado, bajo la dirección técnica del Coco Basile. Su descalificación por doping –sumamente polémica- desató una hecatombe nacional. Aunque el equipo estaba en condiciones de avanzar quedó moralmente descalabrado y terminó fuera; para colmo salió campeón Brasil, un escalón por debajo de la Argentina en cuanto a funcionamiento. Los medios fatigaron con la polémica, las discusiones callejeras se multiplicaron. Alejandro Dolina apareció llorando en cámaras y llegó a decir que no le importaba el destino de la Selección Argentina, que su única aspiración era ganar el Mundial Con Maradona.

Tras 14 años de ausencia, Diego retornó a Boca Juniors en 1995, con un marco sensacional que conmovió al país. En esa ocasión fue recibido en la cancha por Dalma y Giannina, que surgieron sorpresivamente de dos grandes balones instalados en el campo de juego. Se retiró en 1997. El alocado ritmo de vida no disminuyó en ese período. Con el tiempo, Diegote y Guillote serían intensos protagonistas de la noche porteña. En tanto, fue dando sus primeros trancos como director técnico.

El 7 de marzo de 1998, Claudia inició los trámites de divorcio por abandono del hogar, luego de permanecer 13 años casados. Además pidió la tenencia de sus hijas, Dalma y Gianina, que para ese entonces tenían 15 y 12 años. Se divorciaron en 2003 y Claudia obtuvo el capital de gestión del patrimonio de su ya ex esposo con el fin de “preservar el patrimonio de las dos hijas de la pareja”. En julio de 2015, Diego realizó una auditoría de sus bienes y como resultado se detalló que faltaban 80 millones de pesos (por entonces unos 6 millones de dólares) y concretó una imputación a Villafañe a quien reclamó por presunto robo. La causa, que involucra desde camisetas históricas hasta propiedades en los Estados Unidos, seguía en desarrollo a la hora de la muerte.

DERECHOS. Derechos humanos de los adultos mayores (fragmentos)

Quien desee pensar, que lo haga.

Una persona mayor es la que tiene 60 años o más, salvo que la ley de cada país determine una edad diferente. Posee, entre otros, estos derechos:

Derecho a la independencia y a la autonomía. Se reconoce el derecho de la persona mayor a tomar decisiones, a desarrollar una vida autónoma e independiente, a elegir su lugar de residencia y dónde y con quién vivir.

Derecho a dar consentimiento libre e informado en el ámbito de la salud. Las instituciones y los profesionales de la salud no pueden realizar ningún tratamiento, intervención o investigación de carácter médico o quirúrgico sin el consentimiento de la persona mayor.

Derecho a la cultura. La persona mayor tiene derecho a su identidad cultural, a participar en la vida cultural y artística de la comunidad y a compartir sus conocimientos y experiencias.

ENTORNOS. El tema del “entorno” de Maradona ha dado mucho que hablar. A nuestro entender sólo ha servido para que quienes carecen de la información necesaria engloben en un puñado de personas la responsabilidad de ciertas desventuras. Diego rompió con Cóppola tras acusarlo de quedarse con un millón de dólares de su propiedad, originados en el partido de despedida, disputado en el año 2001. En aquella ocasión, después del juego, Maradona señaló entre otras cosas:

”El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. Eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno, no, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero… pero la pelota no, la pelota no se mancha”.

“Buenas tardes y que… y que este amor no se termine nunca. Se los pido por favor, en nombre de mis hijas y de mi familia. Buenas tardes y gracias. Les debo… les debo muchísimo. Los quiero mucho. Chau”.

Desde entonces pasaron muchos. El último tramo, rumbo al Bosque, permitió visualizar la siguiente formación: Christian Bragarnik, Matías Morla, Leopoldo Luque y más parcialmente Gabriel Pellegrino. Hay otros, de ingreso y salida recurrente. En la caracterización realizada por los medios y desde las redes, surge un elemento básico: se habla de ese núcleo como si su gestación no hubiera estado en manos del propio Maradona. Estamos entrando en una clave.

De habitual, se resuelven las diferencias con grandes figuras de la política, la economía, el arte, el deporte, argumentando que sus alrededores, su entorno, no les permiten actuar bien. Es decir, no actúan como quienes formulan esas críticas evalúan adecuado. Resulta de fórmula ignorar que en realidad se trata de amistades construidas por el protagonista según su buen parecer y entender. La existencia de vínculos comerciales no es más que la exposición de la confianza alcanzada. Diego, con plena conciencia, estimó que el primero de los mencionados le resolvía asuntos económicos, el segundo temas contractuales y el tercero su control de salud. El cuarto citado es el presidente de la institución que le facilitó el retorno al país.

¿No tenía derecho el gigante del fútbol a escoger sus relaciones? ¿Por qué se las objeta si todos estaban cerca debido a que él mismo lo deseaba? ¿Cómo forjan sus vínculos las personas que critican ese grupo? ¿En base a la opinión de los demás? Todo parte de la costumbre de meter las narices en la vida privada de las personas, y también de considerar que “otros” –quienes lo quieren realmente (¿¿??!!)- tendrían el derecho a configurar su vida de relación. Pero en especial, de la extendida idea de que un hombre inteligentísimo y emocional como Diego Armando Maradona no estaba en condiciones de lucidez como para, siquiera, definir con quién estar.

LA FAMILIA. Ahora bien, “quienes lo quieren realmente” (la ex mujer en juicio, con el apoyo de sus hijas, y el añadido de un renovado Cóppola que se sumó a este núcleo) constituían precisamente el espacio con el cual Maradona no quería compartir decisiones que por supuesto, contenían viejas reyertas económicas, aun cuando mantenía inalterable el amor por sus hijas. Pero cuando fue trasladado desde la clínica platense Ipensa a la clínica Olivos para la operación, este último grupo hizo su irrupción y pasó a comandar las acciones que derivaron en el deceso.

Con la orientación de una Claudia separada hace siglos del astro, condujeron a Diego recién operado al Nordelta, echaron flit a su “entorno” y ni siquiera pensaron en la importancia que hubiera tenido un vínculo regular -¿una hora por día?- con su equipo técnico para dialogar sobre lo que realmente le apasionaba. El fútbol. En toda recuperación el aspecto psicológico es esencial y en su interior, la actividad propia del afectado –a menos que sea repudiada por él- es clave para sentirse útil y al mismo tiempo despejar la mente de maquinaciones que pueden derivar en la depresión.

Maradona se había establecido en las cercanías de Gimnasia para participar de los entrenamientos. Nadie pretendía que corriera los cien metros llanos. En su situación, le bastaba con el acercamiento regular de Méndez y González, algún jugador referente y algún dirigente de la entidad. Ahí hubiera podido aconsejar, discutir, explicar. Es que no sólo los garrotazos que brindó a Mauricio Macri semanas antes lo mostraron lúcido: también el funcionamiento alcanzado por el equipo, que se evidenció en los resultados previos a la pandemia. Aunque aquellos que desdeñan el fútbol como elaboración –vuelve ese debate a esta nota- no lo crean, para organizar un equipo es preciso contar con plenas facultades e inteligencia clara.

Pero además, y esto lo padecen muchos hombres y mujeres adultos mayores, la idea circulante entre varios jóvenes acerca de “el abuelo/a no sabe lo que quiere y nosotros tenemos que decidir qué es lo mejor” (cambiarle las amistades, bloquear sus espacios afectivos, cercenar las actividades placenteras) es una de las grandes violaciones de derechos presente, sin que existan campañas adecuadas en ese sentido, justo en la era de los derechos cívicos. Lo cual se extiende a los derechos del paciente. Que lo digan sino los trabajadores de la salud: tras escuchar el diagnóstico del médico, el paciente tiene derecho a resolver qué hacer con su vida.

El colmo de la situación vivida en los últimos días del gran jugador es que además de quedar fuera de juego, paradoja, no recibió la famosa atención médica anunciada, ni tuvo el cuidado de su familia en derredor. En el hipotético y jamás comprobado caso de un Diego que carecía de facultades para adoptar decisiones, hubiera sido necesario un claro dictamen psiquiátrico con autorización judicial para traspasar el control de la situación. Aun así, ese control no podría haber recaído sobre una ex esposa en grave conflicto legal con el afectado.

CONCEPCIONES. El sentido común de algunos ha llevado a colegir que “y, con lo que le hizo a la mujer, que se embrome”. Es decir, debido a infidelidades con un responsable y otros problemas más compartidos, sería preciso admitir el maltrato y la violación de derechos. Esto revela el impulso básico, irracional y antijurídico de quienes se posicionaron a favor del control de Claudia Villafañe de la situación. Es una correlación de “el marido la golpeó porque le era infiel”. Si se acepta ingresar en ese camino, todos estamos perdidos.

La situación afecta la argamasa argumental del feminismo, pues si en vez de situarse sobre derechos y legalidad, se presenta punitiva por celos, antigua acusación antipatriarcal, perderá prestigio y solidez. Si esta idea llegara a extenderse en el seno de ese movimiento, colisionará muy fuerte con la sensibilidad y la inteligencia popular. Es pertinente al respecto evaluar la cantidad de mujeres de nuestros barrios que confluyeron a la despedida de Diego; sin reproches al “machista”, con gratitud para con el hombre que les ofreció belleza y pasión. De allí que, colateralmente, el tramo final de la vida de Maradona haya contribuido a insertar un debate esencial.

Pues las mujeres que luchan por sus derechos no pueden estar agrupadas sólo por sexo sino por origen social, o serán conducidas por franjas anti-populares que odian el fútbol, ese reducto machirulo, y llevan adelante acciones reivindicativas por motivos particulares, alejados del bien común y de la igualdad que públicamente manifiestan defender. En el mismo sendero, es válido preguntarse por qué las dos parejas más recientes de Maradona, Verónica Ojeda y Rocío Oliva, fueron despedidas por el grupo “familiar” con cajas destempladas y en base a qué lugar de autoridad Claudia exigió a la primera que su abogado Pierri no se presentara en cámaras y dispuso la expulsión de la segunda en el velatorio fallido.

TIEMPO DE DESCUENTO. Los investigadores de la Fiscalía General de San Isidro reconstruyeron las últimas horas con vida de Maradona y los movimientos que se generaron en la casa que el entrenador habitó después de su operación en el barrio privado San Andrés, en el partido bonaerense de Tigre.

Martes 24 -23.30: su sobrino Johnny Espósito declaró que estuvo con Maradona y lo vio con vida. La cocinera “Monona” dijo que le había dejado para cenar sándwiches de miga que quedaron intactos en la habitación.

Miércoles 25 -6.30: el enfermero del turno noche, Ricardo, declaró que antes de retirarse y ser relevado por la enfermera de la mañana, entró a la habitación y vio que Maradona descansaba y “respiraba”.

-7.30: la enfermera de la mañana, Gisela Madrid, dijo haber escuchado que Maradona se movió dentro de la habitación. Aclaró que no tuvo contacto directo en toda la mañana porque no se dejaba hacer controles, y que lo dejó dormir.

-11.30: la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz llegaron a la casa para tener su visita periódica con Maradona. Cuando ingresaron a la habitación notaron que no reaccionaba. Realizaron las maniobras de reanimación por parte de la enfermera, de la psiquiatra y de un médico cirujano que vive en el country.

-12.00: el médico forense que hizo la autopsia fijó en ese horario la data de muerte de Maradona a partir de los signos cadavéricos, pero se trata una estimación con un margen de error, por lo que el deceso pudo haber ocurrido antes o después.

-12.16: el médico personal de Maradona, Leopoldo Luque, llamó al servicio de emergencias 911 para pedir una ambulancia. Habló de “una persona fallecida” y de “aproximadamente 60 años”, sin decir que era Maradona, ni que él era su médico personal. Aportó la dirección y el número de lote de la casa del country.

-12.17: Maximiliano Pomargo, asistente personal de Maradona, hizo el primer llamado a la línea de emergencias de la empresa de medicina prepaga Swiss Medical.

-12.23: Pomargo volvió a llamar a Swiss Medical y el operador le informó que la ambulancia estaba por llegar.

-12.28: la primera ambulancia, de la empresa “+Vida”, llegó al country San Andrés. Su ingreso quedó registrado por las cámaras de seguridad.

-13.00: llega la policía al country San Andrés.

-13.10: el médico de la ambulancia, tras hacer maniobras de RCP y no poder reanimarlo, constató la muerte de Maradona.

La conclusión la aportó su ex compañero, el arquero Sergio Goycochea, llorando ante las cámaras de la Televisión Pública: “Diego murió sólo”.

Toda la argumentación para el traslado, lejos de su casa berissense, se asentó en el “cuidado” de Maradona.

VELATORIO FALLIDO. Como en secuencia indetenible, siguió la serie de sucesos desafortunados. La falta de calle en tantos militantes, periodistas y opinadores, su lejanía con el mundo del fútbol, llevó a la reproducción de falsedades amparadas en imágenes que colisionan con el deber ser de las almas bellas. El problema es que las falsedades surgieron de zonas que necesitan comunicar verdad para ligarse al pueblo. En la despedida a Diego no operaron barras bravas ni provocadores como señaló el gobierno. La masa los deglutió.

Es preciso haber estado ahí o, en su defecto, observar las grabaciones sin edición, todo el tiempo que resulte necesario, para absorberlo. La gente de Boca no concurrió articulada por punteros macristas ni la de Gimnasia lo hizo con orientación del intendente Garro. Quien anda por este planeta singular que lideraba Maradona sabe que esas apreciaciones para sacarse los errores de encima no son ciertas; es más, son imposibles.

La llegada del 10 a La Plata, resultó, desde el primer momento, un dolor de cabeza para el macrismo. Esto se comprobó en las últimas declaraciones políticas de Maradona, muy poco antes de su muerte. Y enlazó con el parecer de las multitudes que lo acunaron. En el primer partido oficial fue recibido, desde la tribuna Néstor Basile, con una imagen del Frente de Todos formada por los hinchas con carteles combinados. Eso hubiera sido irrealizable con “la barra” en contra.

El gobierno nacional es responsable de lo ocurrido. Como fue por impericia, no por intención, sólo cabe pedir disculpas y seguir adelante. Es que admitir que este velatorio tan importante se llevara a cabo en la Casa Rosada implicaba poner condiciones claras para su concreción. Las autoridades sabían de antemano que cerca de un millón de personas se iban a acercar a la despedida. Era una cuestión organizativa que demandaba el tiempo necesario para contener el sentimiento derramado en las calles. La orden que debían plantear era nítida: se hace como corresponde o no se hace.

Ahora, con los medios restregándose las manos por la ocasión, se vuelca la responsabilidad sobre nuestro pueblo, y se difunden un puñado de escenas donde los saltos, las banderas, el humo, evidencian aquello que hacemos habitualmente en los estadios. Y a todos les parece un escándalo. Si no hubieran cercado los accesos, si no hubieran limitado absurdamente el tiempo del adiós, si no hubieran reprimido sin que alguien lanzara siquiera una botella de plástico vacía –con responsabilidad explícita del gobierno de Ciudad-, los hechos se hubieran desarrollado en paz.

Esto es así. El clima general que se pudo observar fue de dolor sorpresivo hilvanando el llanto con los cantos. Este dato caracterizó todo el sendero desde Plaza Constitución hasta la Plaza de Mayo. Ni se le ocurría a nuestra gente agredir a nadie; estaba procesando el adiós.

Mientras, alguien se asoma a las fotos y dice “qué barbaridad ¡llevaron niños!”. ¡Por supuesto que llevaron niños! La familia humilde argentina estuvo allí. Y millones que ni tuvieron tiempo de zarpar desde sus lejanos destinos lo vivieron azorados por las pantallas y las radios.

Por supuesto.

PATRIA. Todo lo aseverado hasta aquí, es corroborable. Vale, tras el cierre de este texto, dejar la mente volar y evocar imágenes y ese revuelto gramajo de palabras que acompañó cada una.

Ese pibito mostrando su dominio y sus anhelos en el potrero, el gol a los ingleses –la cumbre de una vida-, el talento bravo para afrontar el torneo italiano, las fiestas familiares y las fiestas descontroladas, el abrazo a tantos hijos, el encuentro con líderes emblemáticos, la sonrisa sencilla y la charla futbolera durante horas. El retorno a La Bombonera y la despedida, las risas con Julio Grondona, las peleas con él. El jueguito con cara interna, sin fin. El aprendizaje en Mandiyú, las andanzas por Dubai, los coches de alta gama, las mujeres y los amigos. La felicidad con emoción a flor de piel en el retorno al país. El nuevo terremoto del Bosque y los momentos de homenajes que terminaron siendo despedidas.

Y mucho más. Todo aquello que al lector, para bien o para mal, se le ocurra.

Este país no podrá sacudirse de Maradona aunque quiera. Nació de sus entrañas y desplegó lo mejor del arte originado en el Sur de este continente.

¿Merecía un final mejor? Sí, debido a su obra; pero también es cierto que a la hora de mirar en derredor, cosecharás tu siembra. El vibrante ritmo de vida maradoniano, sus grandezas, sus ideas, sus excesos, sus pulsiones, su ansiedad, lo acompañó hasta el cierre.

Se fue uno de los nuestros. Este sí que era de los nuestros.

*Gabriel Fernández. Área Periodística, Radio Gráfica. Director La Señal Medios / Sindical Federal.