Maradona. ¿Todo el día encerrado, sin fútbol?

¿Maradona a Nordelta, encerrado y con médicos? ¡Sin fútbol! Lo mejor que podían hacer para hundirlo.

Por vez primera me adentro en un asunto que amerita cuidado: las hijas no se dan cuenta de dónde salió el dinero a través del cual fueron criadas como niñas ricas.

El gran logro de Diego Armando Maradona fue volver al fútbol argentino y dirigir. Por eso la felicidad que se le percibía hasta la recaída de la semana pasada. A partir de ahora, si se concreta este disparate, tendrá todo el día, todos los días, para entregar el pasto que necesitan las fieras de su cerebro.

A partir de ahora Maradona, recluido y sin trabajar tendrá todo el tiempo del mundo para deprimirse y combatir la depresión con pastillas. Muy recetadas, eso sí.

A partir de ahora, Maradona, que no dedicará su extensísimo y forzado tiempo libre a estudiar ingeniería o a ponerse al día con los clásicos del cine universal, podrá darse máquina de manera continua sin frenarla a través de la actividad que ama, desea y conoce.

Además de atención especializada –ahí no me meto y respeto el trabajo científico- nuestro pequeño gran gigante necesitaba lo que todo hombre y mujer en dificultades: poner la cabeza en la tarea que ama en vez de alejarse de la misma.

Si observamos con detenimiento, veremos que Dalma y Gianina jamás se refirieron a su padre como futbolista, sino como padre famoso. No comprendieron ni comprenden por qué Maradona es quien es, cuál es el significado de su obra y de dónde sale la popularidad. Entonces, no visualizan la importancia psicológica que tiene para alguien absolutamente identificado con una actividad, el poder realizarla. Con todos los cuidados del caso, pero sintiendo utilidad, pasión, alegrías y broncas propias de lo que ha elegido y ha concretado mejor que todos.

(Pienso. Líbrenme por favor, si algún día tengo una dificultad de cualquier tipo, de aquellos que dicen “tenés que dejar ese laburo, tenés que ocuparte de vos, tenés que hacer caso a los médicos y escribir menos, hacer menos radio, relajarte y serenarte”).

Quitar el oficio a una persona es hundirla. La vida es amar y trabajar. No mucho más. Maradona necesita pisar el césped, gritar a los jugadores, pelear con los árbitros, discutir con los colaboradores. Cuando se le dice que “ya no estás para esas cosas” se le dice “fuiste”.

Quieren curar a Maradona, sin fútbol. Imaginen eso.

Aquellos médicos que firmen esta iniciativa, deberán hacerse cargo de por vida de la burrada psicológica que están decretando.

Por eso nunca me alarmó tanto el famoso y vituperado “entorno”. Abogados, representantes, técnicos, necesitan a Maradona en actividad porque de ahí sale la plata. ¿Saben qué? Al contar con la aquiescencia del protagonista, eso es legítimo.

Como contracara, la familia, bañada en guita, ya olvidó que ese omnipresente dinero surgió del rodar de una pelota.

Si se concreta la maniobra, tendremos un Maradona reconcentrado en sus problemas, sin herramientas para hallar una solución. Lo señaló Leopoldo Luque, el médico que operó hace pocos días al genio: “No se lo imaginan… Aparecen cirujanos, médicos, recuperadores. Todo el mundo opinando sobre una persona que si los escucha, los echa”.

Y para completar, desgranó: “Diego es una persona que me mira y con mucha lógica me dice: ‘Luque, ¿qué hago acá?’. No es el violento que se quiere ir. Se está barajando el alta. Me mira sonriéndome y me dice qué hago acá, me siento bien, me quiero ir. Tiene mucha lógica pero hay que pensar muchas cosas. Es una persona de 60 años que tiene autonomía y lucidez”. Diego donde menos sufre presiones es en una cancha”.

  • Gabriel Fernández. Director La Señal Medios.