María Seoane: “Fue un error otorgar la autonomía a la Capital”

Entrevistada por Dante Palma en el programa radial “No estoy solo”, la periodista y escritora María Seoane analizó el regreso de la disputa del siglo XIX acerca de la centralidad de la capital y el error de haberle dado la autonomía; también se refirió a la actualidad de la gestión de los medios públicos.

Suele decirse que en la polémica que se da entre gobierno nacional y el gobierno de la Ciudad hay resabios de la vieja lucha entre unitarios y federales, ¿creés que es así o caer en esas dicotomías en estos tiempos ya no tiene demasiado sentido?

Creo que es así, creo que efectivamente se reaviva cada tanto la vieja pelea del siglo XIX sobre la centralidad de Buenos Aires y el resto de nuestra Argentina. Creo que además justamente por eso fue un error la autonomía de la Ciudad capital, hubo 40 años de guerra civil en el siglo XIX por la federalización de Buenos Aires que finalmente fue el inicio de la pacificación de la Argentina, de la posibilidad de construir en paz la Argentina con la delimitación de que la ciudad era una ciudad capital, una ciudad puerto, y dependía del resto de la Argentina y sobre todo dependía del gobierno central. Me parece que la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires fue un error estratégico que se verifica ahora, claramente, cuando cambia la entidad política, la dirección política, y creo que eso habrá que revisarlo en el futuro. Por algo la Pax, como se llamaría, más definitiva a partir del siglo XIX se logró con el establecimiento de la capital como Capital Federal que dependía absolutamente del poder central.

Entiendo que la Historia y la Filosofía siempre llegan tarde pero, como juego si querés, si pudieras correrte de la actualidad política, ¿cómo caracterizarías la época actual? ¿Es una continuidad de algo, es una ruptura, una transición? ¿Vivimos tiempos interesantes o en el barullo de la historia no vamos a dejar nada demasiado destacable?

Es muy difícil determinar que un período no es la continuidad de rasgos que se han dado en otros períodos, por eso creo que en Argentina tuvimos, para hablar del siglo XX, tres grandes olas neoliberales, digamos que hubo una protohistoria que yo la ubicaría en el ’55 con el golpe contra el Estado de Bienestar dirigido por Perón, construido por ese gran movimiento popular que fue el peronismo y que aportó al movimiento popular originado en el yrigoyenismo que había dotado al país de los instrumentos para construirse en una República democrática; el peronismo completó ese ciclo de una manera extraordinaria al incorporar los derechos económicos y sociales de los argentinos por lo cual tuvimos finalmente una República integrada democrática en lo político y económica y socialmente más justa. Ahora bien la preeminencia en la fractura entre la República democrática en lo político, la justicia económica y social y la soberanía política se dio siempre a lo largo de la historia argentina y particularmente en el siglo XX se expresó con la antinomia entre radicales y peronistas y con otros grupos menores pero importantes desde el punto de vista cultural como fue la aparición de la izquierda, marxista o socialista. Me parece que en Argentina a partir del derrocamiento brutal del peronismo en el ’55 se reaviva la necesidad de fracturar siempre esa República democrática y social a lo largo de la historia. Si en el siglo XIX eso estaba representado de alguna manera por los caudillos, por la presencia de sectores populares que aún no se habían constituido con consciencia, en el siglo XX está claro que tiene que ver con la existencia contundente de la clase obrera organizada. A mí me parece que a partir del ‘55 se da una tensión en la pelea para que Argentina sea un país soberano e independiente de los centros imperiales, tanto en el siglo XIX como el siglo XX, que se expresa a través justamente de la necesidad de construir al país como independiente de las potencias. Al ser Argentina un país productor de alimentos centralmente, la batalla por la industrialización que se da a partir del gobierno peronista de manera profunda, me parece que empieza a entrar en tensión entre esa Argentina agroexportadora productora de alimentos específicos sin valor agregado y el proceso de industrialización que nos pone siempre de pica con las potencias extranjeras cuyo objetivo es que Argentina sea un país productor de alimentos y su función en la división internacional del trabajo sea esa. A mí me parece que a partir del ‘55 se da un preanuncio de lo que posteriormente sería el modelo neoliberal pleno que se establece con la dictadura del ’76 y que es la introducción de la Argentina como objetivo central al Fondo Monetario Internacional después los Acuerdos de Bretton Woods. Fue una de las primeras cosas que hace la dictadura que derroca al peronismo y que intenta mantener a la Argentina en la división internacional del trabajo como país productor de alimentos. Nosotros no nos tenemos que olvidar que esa ola que se inicia en el ’55 con el golpe contra el peronismo después se expande y una de las cosas por ejemplo muy interesante que tiene que ver con el momento, es cómo se produce el derrocamiento de Illia a través de la Ley Oñativia cuando la Argentina intenta no pagar lo que las corporaciones farmacéuticas intentaban con los remedios. Durante muchos años entonces del ‘55 al ‘76 la pelea de la Argentina por tener un desarrollo propio industrial y estar al margen de los monopolios establecía pautas leoninas para poder entregar patentes de desarrollo industrial porque el capitalismo primero tiene una etapa de exportación de maquinarias pero en el año ‘76 cuando se produce el golpe militar creo que empieza la etapa plena de imposición del neoliberalismo a sangre y fuego que ya consiste en la incorporación de Argentina a través del pacto Videla- Martínez de Hoz en la financiarización internacional del capital. Entonces me parece que ahí es donde empieza verdaderamente a regir un modelo neoliberal y la Argentina traslada esa pelea por la exportación de materias primas a la concentración de la riqueza en los sectores propietarios de la renta agraria imbrincados con el capital financiero entonces la parte de exportación de bienes de capital termina y empieza en la etapa de exportación de capital, no de maquinaria sino solamente de dinero; la etapa de industrialización se interrumpe y se produce entonces la incorporación de Argentina como presa del capital financiero internacional. La financiarización de la economía tiene su aspecto máximo en la época de la dictadura y luego viene esa segunda y plena ola neoliberal con el menemato, con el menemismo que también alienta la desarticulación – por eso lo grave de la etapa menemista- del Estado como productor, como agente económico central no como administrador sino como agente económico central de la Argentina. Se vendieron todas las empresas del Estado, se desarticuló el Estado nacional, o sea, la segunda etapa neoliberal preanuncia que el verdadero enemigo de los países en vías de desarrollo como el nuestro, de los países que buscan su independencia económica, su soberanía política y su justicia social, es el Estado del capital financiero internacional y me parece que eso se ve claramente como la tercera ola neoliberal con el ingreso brutal del macrismo en el poder. Finalmente los 45 mil millones de dólares que el FMI le da a Macri no son solo para que Macri gane esas elecciones,  vienen a establecer la base fundamental por la cual, si Macri ganaba las elecciones, como esa deuda iba a ser impagable lo que iba a ocurrir es que se iba a pagar no ya con los bienes del Estado como pagó Menem sino que se iba a pagar con los recursos naturales. Ese proceso se interrumpe al ganar el Frente de Todos, se pone en discusión, se pone en tensión pero en eso estamos, eso está pendiente y a mí me parece que es el gran peligro estratégico que tenemos los argentinos, el gran peligro de que finalmente el capital financiero internacional acreedor se cobre los recursos naturales como pago de la deuda que ellos sabían que era imposible de pagar; el objetivo era que si Macri ganaba finalmente tenía que pagar con el litio, con los glaciares, con el agua, con eso se hace imposible el sueño de la Argentina.

Voy a tu historia más reciente como exfuncionaria al frente de Radio Nacional. ¿Qué pasó en los medios públicos entre el momento en que dejaste el cargo en 2015 y la actualidad? ¿Creés que la actual gestión recuperó algo de lo avanzado durante la larga década kirchnerista de la cual fuiste parte como funcionaria?

Creo que en todos los casos hay un intento de recuperar los medios públicos. La recuperación de Canal Encuentro, cierta recuperación de Canal 7, hay un intento de recuperación. A mí me parece que hay un tema central que es la Ley de Medios de la democracia que fue desarticulada, anulada por decreto por el macrismo, y ahí hay una gran tarea pendiente que es justamente cómo se transforma la potencia comunicativa de nuestro país en cada región y favorece la integración nacional. Hay un intento, por ejemplo de la dirección de Radio Nacional, al hacer el diario nacional, al hacer el diario de la radio que es ligar a todas las emisoras del conjunto del país y circular noticias a partir de esa construcción transformando de alguna manera la comunicación, volviéndola más federal. De cualquier manera el gran tema que planteaba la Ley de Medios de la democracia ha quedado trunco y me parece que no se está retomando su discusión. Creo que la comunicación del gobierno nacional, la comunicación e información pública está dada fundamentalmente a través de la tarea del Presidente, que puede contestar reportajes, que puede facilitar la tarea del periodismo pero me parece que no hay un proyecto de comunicación pública todavía en marcha. Creo que el gobierno empezó… y empezó la pandemia y hay un montón de cosas que se quedaron en el tintero y que deben ser desarrolladas, por ejemplo, cambiar el criterio de pauta publicitaria, me parece que habría que hacer una ley de pautas más adecuada al tiempo histórico en que vivimos y que además hay otra cosa que es fundamental que la comunicación pública debe ser pensada en función de lo que pasa con la comunicación privada también, quiero decir que esa pelea entre el capital financiero internacional que se da sobre los Estados nacionales para finalmente apropiarse de sus recursos y de sus riquezas también se da en el terreno de la comunicación porque las empresas periodísticas son grandes playones de despegue de los intereses del capital financiero internacional y además juegan estrictamente un rol político brutal.

Sabemos que estás en Caras y Caretas pero, ¿dónde te podemos leer o en qué proyectos estás?

Sí, fundamentalmente en la revista Caras y Caretas, algunas veces escribo en Página 12, estoy en el Grupo Octubre, sigo siendo Directora de Contenidos Periodísticos en la revista Caras y Caretas con mi querido Felipe Pigna. También estoy escribiendo y acaba de salir un libro hermoso que hicimos con Víctor Hugo Morales sobre Piazzolla que se llama Momentos, acaba de salir y se puede conseguir en la librería de Caras y Caretas que está en Junín y Corrientes. Además, el año pasado hice un libro que se llama Che, Masetti, Walsh/Prensa latina que iba a presentar en la feria del libro pero finalmente el año pasado no se hizo por la pandemia, fue muy placentero hacer ese libro y también se puede conseguir en las librerías. Estoy escribiendo otras cosas pero no voy a hablar de eso, estoy pensando que lo más importante es seguir peleando, seguir cuidándose, por suerte me vacunaron y ya tengo las dos dosis, como dicen “la vacuna de los chinos”, pero viste que de Pfizer no dicen “la vacuna de los norteamericanos”

No, ni “la de los yaquis”…

Bueno es uno de los grandes problemas de la dominación en la comunicación de las corporaciones mediáticas que hacen todo el tiempo periodismo de guerra porque son entidades políticas que organizan el discurso del bloque dominante en este momento que es el capital financiero y agroexportador con el cual tenemos problemas desde hace muchos años. Bueno, un poco mi trabajo sigue siendo ese y por supuesto muy atenta a que los argentinos podamos vencer a la parca, vacunarnos y sostener todos los impulsos del gobierno nacional empeñado en defender la vida de los argentinos. Y lo que pasa con la Ciudad de Buenos Aires es verdaderamente una tragedia porque se maneja la Ciudad de Buenos Aires como un feudo de un sector de la oposición política de la derecha macrista que por más caras simpáticas, o no, que se pongan lo que está haciendo es mucho daño en cuanto a la lucha contra la pandemia y me parece que se produce un fenómeno de desintegración política en donde se ve claramente que fue un error la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, ni que hablar de la posición de la Corte Suprema de Justicia que intenta equiparar a la Ciudad con una provincia que no lo es, es una ciudad autónoma que tiene sus estatutos pero la Ciudad de Buenos Aires no es anterior a la organización nacional por lo cual debe someterse al poder central como República. Me parece que incentivar esa pelea se necesitan las grandes corporaciones y un territorio liberado y ese territorio liberado es la ciudad de Buenos Aires y la pobre vida de sus estos habitantes porque la ciudad está cada vez más deteriorada, es realmente una pena, es una ciudad cada vez más sombra de lo que fue.