Mas acción y menos indignación.

El sector agropecuario volvió a abroquelar a todo el espectro opositor, político, empresarial y mediático contra el gobierno nacional. Tras el paro de tres días llevado adelante por la Mesa de Enlace en rechazo a la decisión del gobierno de restringir las exportaciones de maíz hasta el mes de marzo, el gobierno decidió que no habrá límites a los volúmenes declarados a cambio de que las entidades aseguren el abastecimiento interno para la industria alimenticia, así como la evolución e impacto de precios en el mercado. A todas luces es una apuesta a la buena predisposición los grandes productores (básicamente en cabeza de la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales, y Federación Agraria).
Así como en el fallido caso de Vicentin, a las grandes entidades agropecuarias le cuesta poco y nada mostrar los dientes cuando enfrente se encuentra un gobierno contrario a su ideario pseudo liberal y anclado en el siglo XIX, aunque la van de modernos. Tampoco al Frente de Todos le cuesta mucho dar señales erráticas en ese ir y venir en sus decisiones, en especial cuando se trata de medidas en las que el costo de retroceder no es visto como una señal de racionalidad, o propias del tire y afloje de una negociación, sino de debilidad. La derecha sabe construir sentido; las derrotas electorales pasan por cuasi triunfos, y sus calamidades económicas en batallas épicas contra el populismo.
Transcurridos 13 años del conflicto por la resolución 125, la actual Mesa de Enlace, a diferencia de aquellos tiempos, hoy cuenta formalmente con la mediación de un partido político que los representa de manera orgánica, territorial y parlamentaria (PRO -UCR). Así como se suele afirmar que la 125 parió al kirchnerismo, en ese mismo acto también se parió el armado de una derecha que llevó a Macri a la presidencia en 2015 y que hoy se constituyen con una fortaleza como no disponían en ese año 2008. El parteaguas de la 125 abrió un espacio de representaciones políticas que dejaron ver las claras posiciones que hasta entonces se confundían entre sombras progresistas y liberales. Pretender ignorar esta realidad sería un error.
Concentración y extranjerización al palo
El Affaire Maíz deja en evidencia, una vez más, que no hay manera de emparchar las
escandalosas maniobras de un sector gravitante de la economía, además de fundamental para que el país cuente con las divisas necesarias para su recuperación. El 80% del comercio de granos está concentrado en seis grandes empresas extranjeras exportadoras. Pero aquí no se trata solamente de una cuestión de liquidación de exportaciones, especulación y aprietes sobre el tipo de cambio, sino del acceso a los alimentos para más del 50% de los argentinos. Revertir esta ignominia pergeñada durante los cuatro años del gobierno de radicales, conservadores y neoliberales es una tarea insoslayable para un gobierno nacional y popular. Confiar que será por medio de negociaciones amables con un sector que estructura sus negocios y rentabilidad en base a la exclusión de la mitad de la población resulta inadmisible o, al menos, de escasa creatividad política.
La gravedad de la crisis económica y social luego de las pandemias del macrismo y del Covid requieren medidas extraordinarias y que van a contramano del ideario neoliberal. En este terreno de disputa se cifran las chances de una recuperación de la crisis administrada por el poder económico o por el poder popular y democrático. El resultado en uno u otro caso es previsible. El costo social y político para el campo nacional, también.
La agenda del gobierno debe ser clara en cuanto a qué prioridades establecerá en el proceso de recuperación y en el cómo. Eso requiere de una hoja de ruta clara, por no mencionar un Plan que pareciera ser esquivo al concepto de planificación económico del actual gobierno.
Si la salida es a partir de sostener los niveles de actividad y rentabilidad de la actual matriz de la economía concentrada y desregulada para tener asegurada la liquidación de dólares de las exportaciones, las consecuencias son por todos conocidas. No hay lugar para distraídos bajo el Modelo exportador
Si la salida es a través de un fuerte impulso en la recuperación del poder adquisitivo por arriba de la inflación, acompañado de reglas de juego claras en favor del desarrollo del mercado interno, y de priorizar el interés de las grandes mayorías, habrá que enfrentar intereses por todos conocidos. El resultado redundará también en un fortalecimiento político del gobierno del Alberto Fernández, y seguramente en un nuevo triunfo electoral.
En el Frente de Todos convergen hombres y mujeres con una clara vocación política de
participar en debates que, por ahora, resultan limitados a la hora de observar la magnitud de los desafíos pendientes. Los tiempos que vienen, incluso los que pondrán lectoralmente en juego al FdeT, requieren de una mayor apertura y debate interno. Eso no significa debilitar la conducción del gobierno sino, por el contrario, fortalecerla.
La resolución de las evidentes causas que llevaron a la Argentina a la situación actual tiene un claro y largo diagnóstico, así como de una comprensible indignación que recorre diariamente a una gran mayoría de argentinos y argentinas que no se contenta sólo con haber triunfado electoralmente y dejar a la derecha afuera de la presidencia, sino que está dispuesta a acompañar y ser parte de un gobierno de reparación nacional.