Mundo. Los diagnósticos fallidos en el año extraordinario

El año que termina ha sido extraordinario. Es decir, de imposible comparación con cualquier otro período registrado. Resultó ser, de hecho, un intento audaz del capital financiero internacional por reposicionarse en el control del panorama internacional y un interesante y variado esfuerzo de los pueblos por ganar tiempo para que el proceso post 2008 siga su curso y se plasme en un nuevo equilibrio planetario. La Multipolaridad llegó para quedarse y los indicadores de la periferia se aproximan, ralentizados por la emergencia, a una equiparación significativa e histórica con los del centro en baja.

Si la confirmación de Eurasia y aliados como nuevas potencias indetenibles, si el liderazgo del Papa Francisco en aras de la producción, el empleo y el cuidado del hogar común se ha consolidado, como nada es fácil en esta vida una suerte de golpe de Estado interior en los Estados Unidos pretende operar como freno a ese despliegue. El problema es que la coalición grandes bancos, empresas de armamentos, narcotráfico, medios concentrados sólo puede ofrecer exacción de recursos y conflictos bélicos. Ya no tiene espacio una Alianza para el Progreso que provea inversiones para quedarse con los beneficios: esa hegemonía deteriora los mismos espacios que gobierna.

En el lustro que arranca los Estados Unidos, tras el frustrado intento de insertarse en modo cracker – red neck en la Multipolaridad, y Europa, limada conceptual y espiritualmente por una batalla contra el populismo que convoca risas, seguirán observando el deterioro de sus PBI mientras la coalición de los alrededores continuará apostando por el rol rector de los Estados, la generación de bienes de producción y consumo y las creaciones científico técnicas. No hay lucha de sistemas (capitalismo – socialismo) sino de orientación. Tras tantas décadas de menoscabo y vituperio, la Tercera Posición asentada en la Comunidad Organizada se yergue potente como guía en busca de una construcción diferente a la conocida.

En ese marco, África y América Latina son territorios en disputa, atravesados por el contraste agudo de los rivales. El primer continente parece inclinarse, sin resolver sus dramas históricos impuestos por el control imperial, hacia una articulación con la variante asiática de la coalición creciente. El subcontinente que nos incluye está quebrado entre varios gobiernos que apuestan a perdedor y muchos pueblos que necesitan salir del pantano. En esa línea de análisis, el ASEAN rompe viejas ataduras deficitarias y el BRICS, sin la B, afirma un sentido que construyó hace rato. Como la mayor parte de los analistas se mueven con los datos vertidos por los medios monopólicos, no incluyen estas consideraciones en sus planteos.

La República Argentina ha resuelto, sanamente, debatir su rumbo en base a dos grandes opciones productivas, dejando de lado el hundimiento liberal y anti-inversor. Parece imponerse una visión exportadora, con un mercado interno de subsistencia, que no afecta los privilegios de la cúspide social. Late, sin embargo, la perspectiva nacional popular industrial -eje de aquella Comunidad Organizada- entre los votantes de la coalición gobernante y en el seno de sus organizaciones más destacadas, como el movimiento obrero, el social y miles de agrupamientos que configuran la trama que delinea un futuro mejor. Como ha ocurrido a lo largo de los años en esta región del mundo, los asuntos se definen en el interior del peronismo.

Las interpretaciones de izquierda y de derecha se equivocan porque su diagnóstico planetario parte de la admisión de una derrota inexistente, justo ahora que –como vimos- más de la mitad del orbe rumbea en otra dirección. Ni siquiera comprenden la densidad de la pugna inter sistémica y enseguida empiezan a declamar contra el capitalismo. Es decir, no visualizan el rol del Papa Francisco en esta contienda. Algunos pretenden avanzar hacia un socialismo que jamás existió y otros revisan libros con el afán de retornar a un Medioevo que tampoco tuvo carnadura equivalente a su narración. Todos ellos parten de una descripción más o menos comprobable sobre el poder de financistas, políticos y medios; todos ellos ignoran el verdadero potencial de los pueblos que se han puesto de pie con tácticas tan delicadas como firmes.

*Gabriel Fernández. Director La Señal Medios.