Natalia Aruguete: “Las redes sociales son profundamente jerárquicas”

La periodista, docente e investigadora del Conicet, en diálogo con el programa radial No estoy solo, reflexionó sobre el rol de las redes sociales, su relación con los medios tradicionales y el modo en que la verdad puede frenar el entusiasmo propagador de las fake news

Hace algunos años, cuando buena parte de la ciudadanía comprendió que los medios tradicionales podían mentir, las redes sociales aparecieron como un espacio de horizontalidad, incluso casi como un espacio donde estaba la verdad frente a la mentira supuesta de los medios tradicionales ¿Creés que hoy en día esa ilusión de las redes sociales en la verdad comienza a resquebrajarse y si es así por qué?

En realidad lo que creo que se resquebraja a pasos agigantados es la idea de una democratización de los flujos de información y comunicación en las redes sociales. En primer lugar porque, más allá de las mentiras, las redes sociales son profundamente jerárquicas, cada vez lo son más, y eso sumado a su característica en relación con la posibilidad de personalizar y bifurcar de manera segregada los recorridos de esa información también es aprovechada para generar distintos tipos de estrategias políticas y operaciones de fake news y mentiras de todo tipo. Eso es un poco lo que ha desnudado, cada vez más, la forma y la dinámica que tienen las redes sociales. De todas formas, me parece importante tener en consideración que en este momento lo notamos y nos preocupa porque se ha puesto en agenda tal preocupación, porque en realidad ese tipo de cuestiones vienen desde hace tiempo, lo que ocurre es que la pandemia dio visibilidad a preocupaciones que estaban latentes y no tan visibles.

Vos que justamente has trabajado mucho la relación entre redes y medios tradicionales, o la sensación que tengo es que

Años atrás las redes parecían ser demasiado dependientes de la agenda de los medios tradicionales, pero en los últimos años parece que eso ha ido cambiando y hay como una relación quizás más bilateral ¿Tiene relación con el esquema de las redacciones periodísticas, con la pauperización del trabajo por la cual quizás hoy se contrata a chicos más jóvenes y toda una generación de periodistas más grandes se fueron y entonces los jóvenes están más pendientes de lo que sucede en las redes que de lo que ocurre fuera de ellas? ¿Cuál es tu opinión?

Una primera cuestión que me parece fundamental para pensar esta pregunta es que no existe tal dicotomía entre redes sociales y medios tradicionales. Cuando planteamos este diálogo uno podría pensarlo como tipo de organizaciones o instituciones distintas pero luego en el juego comunicacional no hay tal distinción. En primer lugar porque los medios tradicionales juegan y disputan su agenda en esos escenarios virtuales, es más, allí los medios tradicionales son autoridades en la red de la misma forma que lo pueden ser dirigentes políticos, instituciones corporativas, etc. Entonces no es que los medios tradicionales disputan una agenda por un lado y las redes sociales disputan otra agenda por otro, que puede haber más o menos simbiosis en esa relación o no. Están en el mismo espacio o en todo caso las redes sociales son un escenario en el cual esta disputa entre agenda política, mediática y pública se pone en juego con otras dinámicas. En segundo lugar, esto que vos decís de las contrataciones y la precarización en los medios tradicionales, no tiene solamente que ver con el hecho de que los jóvenes o las jóvenes estén pendientes de lo que ocurre en las redes sociales respecto de cómo hacer para difundir sus noticias. En realidad lo que ocurre en el consumo de esas noticias, dado que puede ser capitalizado, medido y estimado a partir de distintos tipos de métricas en los medios tradicionales, esas estimaciones y esos cálculos de consumo de noticias interfieren en los propios criterios de noticiabilidad que están teniendo periodistas y editores desde los medios tradicionales. Con lo cual, la digitalización de esa interacción y la estimación en tiempo real de ese consumo está interviniendo en los propios criterios de noticiabilidad, hay que pensarlos de manera distinta hoy.

Es decir, como ahora puedo desde un diario hacer lo que nunca pude con el diario en papel, es decir, saber cuánta gente lee determinada noticia, ¿eso finalmente interfiere en mi criterio respecto de qué poner arriba y qué poner abajo?

Exacto y no solamente eso sino que una de las cosas que hemos notado es que en escenarios virtuales fuertemente polarizados , en el marco de eventos polarizados, o sea no todo evento polariza en redes sociales pero cuando determinados eventos polarizan mucho el diálogo en redes sociales , los medios atentos a este consumo de noticias y a esta forma de compartir noticias también extreman sus posiciones editoriales con la intención de lograr mayores niveles de engagement, mayores niveles de lectura, etc. Entonces por eso es que ya no se puede pensar en cosas que van en forma paralela. En tercer lugar, un elemento que no podemos desconocer es que nosotros tenemos erróneamente, me parece a mí, una mirada discreta de cómo se hacen las campañas de fake news o cualquier tipo de campaña negativa en redes sociales, y digo discreta porque en realidad cuando hay una campaña negativa en redes sociales eso no está disociado de un contexto comunicacional en el que también los medios tradicionales tienen un papel fundamental. La operación de fake news alrededor de Villa Azul no habría sido posible si a eso no se le hubiera dado relevancia desde los medios tradicionales, desde la dirigencia política, desde mucho aparato político interviniendo, lo mismo con los ataques que hubo a ciertos colectivos feministas cuando fue la supuesta salida indiscriminada de presos donde lo que se hizo ahí fue una disección para atacar a las feministas diciendo “dónde están las feministas” porque supuestamente iban a salir 500 violadores. Todo eso tuvo que ver con que hubo una homogeneidad profundísima de los medios tradicionales que replicaron noticias alrededor de ese asunto, no solamente tergiversadas en sus números sino sobre todo personalizadas, controversiales, dramatizadas, etc. Entonces, ya no hay tal dicotomía.

Pensaba también que en los últimos diez años, especialmente a partir del supuesto fenómeno de la grieta, apareció con mucha fuerza esta cuestión de la importancia de la comunicación. ¿Existe una sobrevaloración de la comunicación política o es efectivamente tan relevante?

La respuesta que podría darte es que no hay política sin comunicación y la comunicación es constitutiva de la política. La comunicación política no tiene que ver solamente con qué diseño y cuán aceitado tenés tu manejo de redes sociales durante un gobierno, una gestión u otra, sino si vos entendés efectivamente la comunicación como constitutiva de la política y si tenés una idea comprensiva de la comunicación. No es que si vos hacés un evento político entonces sale en la prensa, sale en los medios de mayor alcance en el país o con alcance más allá de las fronteras nacionales y entonces ganaste la agenda. Un temor que yo tengo en este punto, conforme avanzó mayor nivel de polarización en esta pandemia, es en qué medida la oposición fue ganando la agenda pensando en todos los espacios donde se hace comunicación, donde se genera discurso, porque si los pronunciamientos alrededor de distintos eventos son defensivos entonces quien está marcando el encuadre de tu propio posicionamiento comunicacional es el otro. En ese punto mi temor es que en este momento una oposición profundamente disruptiva, profundamente provocadora y que ha basado su comunicación política, durante la gestión y ahora que es oposición, en esta provocación permanente y en lograr instalar y consolidar esa grieta, porque el macrismo funciona gracias a la grieta, se disuelve la grieta y el macrismo pierde sustento comunicacional y político. En ese punto uno podría marcar distintos eventos de muchísima resonancia y de muchísima intensidad, no solamente en términos discursivos sino de generación de daño, eso realmente fue marcando un caminito de eventos críticos que son los que mayor resonancia han tenido y son de la agenda macrista.

¿Hay algo inherente a las redes sociales que fomenta la polarización de las sociedades o en todo caso estas reflejan la polarización ya existente?

Uno podría pensar una especie de retroalimentación en ese punto pero en realidad la polarización es la percepción de la distancia que me aleja del otro. Sí es cierto que hay determinados eventos que profundizan. Si yo siento que el macrismo está lejos de mí pero hay un evento como el de Villa Azul o como el de la Bonaerense, probablemente frente a ese evento yo sienta que el macrismo está aún más lejos. En un debate presidencial, donde se tocan determinados temas, las percepciones de alejamiento del otro y de un diálogo irreconciliable con el otro son mucho más profundos porque lo que se hace es seleccionar algunos temas que profundizan esa polarización. Entonces, la polarización crece o decrece frente a determinados eventos. La distribución segregada de información en las redes sociales también aumentan esa sensación de polarización por cuanto yo me alimento y amplifico mi mirada a partir de mensajes que coinciden y confirman cada vez más esas creencias que ya tengo. Eso tiene que ver con los algoritmos en las redes sociales; los algoritmos no son creadores de la polarización porque de hecho nosotros cerramos el libro (Fake news, trolls y otros encantos) analizando dos casos con agenda de género que precisamente despolarizaron profundamente el diálogo político en redes sociales que son el debate alrededor de la legalización del aborto y “mirá como nos ponemos”, pero también uno podría decir “ni una menos”. En esos ámbitos quienes llevaron la voz cantante en términos de encuadres fueron los colectivos feministas y lograron generar una despolarización de un diálogo político tanto virtual como en medios tradicionales que se plegaron a dar legitimidad a esas voces también.

Se ha instalado la viralización como un valor de verdad, lo que se viraliza es verdadero, parecido a lo que sucede también con los linchamientos mediáticos, si mucha gente está enojada con alguien o dice algo de alguien parece que eso se transforma en verdadero ¿Creés que se puede hacer algo frente a este tipo de fenómeno?

Es un fenómeno con el que es difícil luchar. Una de las hipótesis que tenemos en el libro, que lo mantenemos a lo largo de casos estudiados que van más allá del libro es “importa menos el mejor argumento sino más bien la mayor propagación”. Pensemos en el caso de una fake news, es muy probable que tenga mayores posibilidades de propagarse en la medida en que tiene resonancia en determinados usuarios porque confirma sus creencias, sus prejuicios y porque además los interpela afectiva y emocionalmente y, en cambio, si uno luego corrige esa falsedad, esa tergiversación o esa descontextualización probablemente al no tener el mismo efecto emocional no tenga la misma propagación porque es fundamental que entendamos la reacción de retwittear, difundir y compartir mensajes como una reacción que responde a la dimensión afectiva de lo que nos generan los mensajes. También las noticias en medios tradicionales nos hacen reaccionar afectivamente lo que pasa es que no podemos medir esas reacciones o en todo caso las medimos a partir de las métricas que ahora aparecen en las redacciones y en las pantallas de los editores. Pero las propagaciones tienen mayor capacidad de difusión de una idea que luego es difícil muchas veces corregir por un elemento fundamental en términos de entusiasmo, que es cuando vos confirmás un prejuicio del otro. Para poner un ejemplo concreto de una fake news que había circulado en la campaña: “Magario justifica no habilitar dos jardines de infantes  porque nosotros queremos un pueblo peronista y si tenemos jardines de infantes no vamos a lograr un pueblo peronista”. ¿Qué haces ahí? Vos reactivás la resonancia idiosincrática de un sector muy gorila de la Argentina que cree que el peronismo es equivalente a “alpargatas sí, libros no”. Si vos después corregís esa información y a ese usuario votante le decís “mirá te equivocaste, en realidad lo tuyo es un prejuicio y esta noticia era falsa”, lo que hacés es desactivar y quitar el entusiasmo que habías generado en ese usuario de querer compartir una información que confirmaba su prejuicio. Entonces por qué va a tener entusiasmo y por qué va a tener intenciones de corregir su propio prejuicio alguien, si vos desactivas emocionalmente ese entusiasmo entonces no es equivalente la propagación de un mensaje que confirma tu creencia que aquel que te dice “no, te equivocaste”.