Néstor Kirchner: factor sorpresa en la política nacional con contenido peronista

Patagónico con coraje. Político de raza. Aquel que no dejó sus ideales al asumir el compromiso de su presidencia. Gobernante de la crisis. En la caída de ilusiones y anhelos del 2001. Reconstruyó un Estado en llamas. Cobijó al desamparado y dotó de valor a nuestra moneda.

Puso en claro una política internacional de tinte latinoamericano y resistió los embates del ALCA. Con Chávez, Correa, Lula y Evo, ¡fueron una sola voz!

Quizás uno de sus logros más significativos fue la elevación de la defensa de los Derechos Humanos – en el marco de Memoria, Verdad y Justicia – como política de Estado, reformulando lo hecho inicialmente por Alfonsín y corrigiendo el retroceso de Menem, junto a la recuperación del sentido de entrega y transformación desde la militancia.

Ocupar simbólicamente el edifico y predio de la ex ESMA por parte de los jóvenes (y no tanto) militantes populares, lograr “bajar” los cuadros de los dictadores Videla y Bignone, crear el Museo de la Memoria, dar disculpas desde el Estado por la responsabilidad del no juzgamiento a los genocidas y lograr un férreo compromiso militantes fueran las notas distintivas del acto del 24 de marzo del 2004.

Ese día el presidente Néstor Kirchner fue más que elocuente:

“Las cosas hay que llamarlas por su nombre y acá, si ustedes me permiten, ya no como compañero y hermano de tantos compañeros y hermanos que compartimos aquel tiempo, sino como Presidente de la Nación Argentina vengo a pedir perdón de parte del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades. Hablemos claro: no es rencor ni odio lo que nos guía, me guía la justicia y lucha contra la impunidad. Los que hicieron este hecho tenebroso y macabro de tantos campos de concentración, como fue la ESMA, tienen un solo nombre: son asesinos repudiados por el pueblo argentino”.

Sus palabras retumbaron entre los presentes, en los que estaban movilizados en la Plaza de Mayo –donde me encontraba– y en los corazones de miles de militantes de todo el país.

Esto tuvo su correlato en la conmemoración del triunfo del FREJULI en las elecciones del 11 de marzo de 1973, con el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima, marcando el fin de la proscripción del peronismo.

Néstor, rememorando esa fecha cuando -como joven militante- acompañó dicha elección,  nos dijo – ya que estuve presente– que:

“Era el 11 de marzo del 73, una generación de argentinos nos incorporábamos a la vida democrática con la fuerza y el deseo de construir un nuevo país. Después nos tocó vivir tantas cosas, nos tocó pasar tantos dolores, nos tocó ver diezmada esa generación de argentinos que trabajaba por una Patria igualitaria, de inclusión, distinta, una Patria donde no sea un pecado pensar, una Patria con pluralidad y consenso como el que tenemos hoy aquí, que el hecho de pensar diferente no nos enfrentara sino por el contrario, nos ayudara a construir una Argentina distinta”.

Sus palabras reencontraron el sentido de la militancia como factor de cambio social. Cambio de paradigmas para cambiar las estructuras injustas, en una Argentina que dejaba su postración y “salía del infierno”. Fue el factor sorpresa de la política nacional de inicios del siglo XXI, con contenido peronista pero con un sentido más inclusivo a otras experiencias políticas que se sumaron a la experiencia de militar junto a Cristina y a él.

Igual sentido marcó en el discurso del 25 de mayo de 2006, en la Plaza de Mayo, donde – frente a una multitud, donde también me encontré – aseveró:

“Mi sueño es ayudar a construir una Argentina cada vez más plural, una Argentina que consolide la reconstrucción, una Argentina donde los trabajadores, los empresarios, los intelectuales, todas las fuerzas libres de la sociedad puedan construir el espacio que necesitamos. Tenemos que recuperar esa vocación de cambio, esa vocación transgresora que tuvo durante muchísimo tiempo la sociedad argentina”.

Su última aparición militante fue el 14 de septiembre del 2010 donde, en un acto convocado por la juventud, Néstor les hablaría de los desafío por venir. En realidad habló Cristina y él, por su enfermedad, fue un espectador del acto, pero no de la vida.

Semanas después partió…

Vale la frase de invitación a ese último acto para describir su impronta militante. “Fuerza compañero Néstor, sabemos que ‘vivir sólo cuesta vida’”.

El miércoles 27 de octubre de 2010 rostros llorosos y acongojados se mezclaban con consignas y preguntas. Al principio las dudas podían más que las lágrimas. La sorpresa se imponía al duelo. El velatorio en la Casa Rosada del expresidente, en el salón de los Patriotas Latinoamericanos, congregó a una multitud heterogénea, donde rostros y voces compartimos un dolor que de a poco se atenuaba con el sentimiento compartido.

Si al inicio me sentía solo, con el correr de las horas la hermandad que se formó en la Plaza de Mayo, la misma plaza de Perón y Evita, me devolvió una fe colectiva, una esperanza grupal, la de ser orgullosamente peronista, siendo parte de un proyecto para mis hijos y para mi Patria. Son las y los mismos que resistieron el ajuste salvaje del macrismo, dando una batalla cotidiana contra medios que desinforman y personeros del neoliberalismo que, aún derrotados en las urnas, tienen el descaro de la imposición de agenda de los poderosos contra la voluntad popular.

Hoy, a diez años de su partida, siento que es esa misma militancia anónima, que estuvo “aguantando los trapos” por Néstor, y que venció al macrismo neoliberal, hoy -pandemia mediante- apoyan la actual gestión nacional, y pide a los funcionarios de turno que pongan más voluntad para no traicionar el legado de Néstor. Solo así la administración de Alberto Fernández y la conducción de Cristina pueden seguir en la lucha para que el pueblo sea un poco más feliz y digno.

Néstor, descansa en paz.

* Pablo Adrián Vázquez. Licenciado en Ciencia Política y Doctorando en Comunicación (UNLP)