No alcanza sólo con crecer

En un par de semanas el Indec dará a conocer la inflación del mes de abril. El primer trimestre finalizó el mes de marzo con un 4.8%, llevando a bajar otro escalón en los ingresos generales de la población y golpeando más duro en el 42% de argentinos que se encuentran bajo la línea de pobreza. Así, el primer trimestre lleva acumulado un 13%, poco menos de la mitad proyectada para todo el año en el presupuesto nacional (29%). Ante esta dura evidencia, no hay nuevas medidas ni instrumentos  que se estén utilizando para que la inflación de abril sea inferior a la del mes de marzo (independiente de los factores de estacionalidad propio del mes de marzo). Por lo tanto, por qué habría que esperar  resultados diferentes. Frente a esta realidad, acecha una segunda ola de pobreza.

Vale recordar que el nivel de inflación mensual IPC (índice de precios al consumidor) que publica el Indec está compuesto por una amplia y variada serie de bienes y servicios, y que entre los que impactan con mayor fuerza en los sectores más vulnerables se encuentranlos rubros de alimentos y bebidas que registran subas del 44,8% interanual, y del 13,8% en el primer trimestre. 

Independientemente de las variadas interpretaciones sobre las causas inflacionarias, y  puja distributiva (¿acaso ahora hay puja distributiva?) la realidad es que el gobierno nacional ha esquivado intervenir con una de las herramientas que dispone para aminorar el impacto de los precios internacionales (en alza) de nuestras materias primas en el mercado local; ni siquiera llevando a retrotraer los niveles de derechos de exportación a diciembre de 2015, sino inclusive a reducirlos como incentivo a la liquidación de divisas del sector exportador (último trimestre 2020). 

Esto lleva a formular el problema adicional que representa el actual nivel de inflación y la dificultad de que los ingresos superen a la inflación anual proyectada, objetivo principal del gobierno para este año. En el mejor de los casos, sólo algunos  sectores de la economía formal podrán disputar algún puntito por arriba de la inflación. En cuanto al sector informal, cada vez más elevado, sólo le espera que el previsible crecimiento de la economía ayude en algo a detener la caída de sus ingresos o, al menos, a detener la pérdida de puestos de trabajo. 

La expectativa de crecimiento de la economía prevista para este año, en el orden del 7 a 9 puntos, no impactará en todos los sectores de la población. Dicho de manera sencilla, el crecimiento económico no llegará a todos los bolsillos, ni conllevará una carga distributiva que implique mejoras en los ingresos de los sectores más pobres. 

La dimensión estructural de la pobreza de la Argentina requiere mucho más que un repunte de crecimiento económico sostenido, sino de definir cómo estructurar las bases económicas para que ese crecimiento  amplíe su sustentación y redunde en mejoras materiales y concretas en los sectores más postergados. 

Sostener la actual estructura económica, concentrada, primarizada y dependiente, continuará aumentando la desigualdad en el reparto de la riqueza. Sin modificar el corazón del sistema productivo, sin una hoja de ruta clara que promueva el desarrollo nacional, que identifique cuáles serán los sectores de la producción que motorizarán la expansión económica y del mercado interno, y de explicitar los objetivos que convocarán al sector público y privado en términos de inversiones, no hay motivo para esperar grandes cambios. Sin modificar el sistema de concesiones de servicios públicos y de energía, la Argentina no será capaz de recuperar la soberanía indispensable puesta al servicio del desarrollo. 

Hasta ahora la pandemia dejó todo en suspenso. Y ha sido, como aun lo es, comprensible por la magnitud del daño provocado, por la fragilidad del sistema sanitario que dejó el experimento neoliberal del macrismo, por la irresponsabilidad de una oposición desquiciada que agrava todo, y por la necesidad de recuperar un mínimo de previsibilidad en materia del endeudamiento heredado tanto con acreedores privados como con el FMI. 

Sin embargo, la pandemia, vacunas mediante, y la estratégica decisión de comenzar a fabricarlas en el país, permiten prever un futuro que en pocos meses permitirá ir reduciendo la circulación del virus. Es imperioso que para entonces el Frente de Todos amplíe su convocatoria a todas las corrientes sindicales a sumarse y ser parte activa de un Frente y un programa que pueda enfrentar los grandes y pendientes desafíos que existen por delante.

El peronismo se encuentra, nuevamente, ante el desafío histórico de levantar sus banderas de lucha, por los más humildes y por las consignas que dieron lugar a su nacimiento y a su vigencia, las que se encuentran en su doctrina y a las que sólo hay que ir a recuperar y transformarlas en acciones concretas.