O sea: Todos Unidos…pero Fragmentados

“…el desorden y desunión de aquel ejército,

en todo el cual no había alguno que mandase,

ni atendiese el bien común”

Curcio

La elección legislativa de 2001 tuvo lugar en un marco de profunda recesión económica y de creciente fragmentación política del partido gobernante” reza la introducción de un paper sobre las elecciones de octubre de 2001 que firman Marcelo Escolar, Ernesto Calvo, Natalia Calcagno y Sandra Minvielle, publicado en la revista Desarrollo Económico bajo el título “Últimas Imágenes del naufragio”, el mismo de una película de los ´80s, filmada por Eliseo Subiela, en la que, tras una historia de amor, se enmascara la cruda metáfora del hundimiento de la sociedad argentina en la híper-inflación de finales de esa década.

Los autores intentan “describir en votos” el acelerado proceso de “descomposición de la Alianza y de reestructuración del sistema de partidos” que traduce el alto nivel de descontento y frustración social expresado en la estruendosa derrota de De la Rúa en las elecciones de medio término.

Ese proceso tiene flagrantes paralelismos con el del actual gobierno del Frente de Todos. Paralelismos que, en grado de interpretación, seguramente desatarían las furias del Komisariat de Twitter y el Sicherheitsdienst de Facebook que tardarían escasos segundos en hacer cargo a este escriba de todos los fracasos políticos de Alberto y sus Satélites que pudiesen sucederse de ahora en más.

Hay, no obstante, una cuestión innegable que hermana los momentos políticos y es la construcción identitaria de aquella Alianza y este Frente: su pertenencia a la política porteña, su condición de hijos dilectos del más rancio unitarismo local, su mirada centralista y metropolitana.

Mi Buenos Aires queriiiiidooooo

Fernando De la Rúa, cordobés con acento incluido, era más porteño que el Armenomville. Antes de ser presidente, ganó las primeras elecciones a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma y, antes, había resultado electo tres veces como senador y una como diputado por la Ciudad. O sea: de cordobés, sólo el acento disimulado. A pesar de esto, para que lo acompañara en la fórmula, eligió otro porteñazo de café Varela-Varelita y subterráneo como medio de transporte: Carlos “El Chacho” Alvarez. Y, como si esto fuera poco, sumó a su gabinete a hombres y mujeres de la más rancia pertenencia capitalina: Rodolfo Terragno, Graciela Fernández Meijide (también conocida como Rosa Castagnola en la Legislatura de la Ciudad), Adalberto Rodríguez Giavarini, Patricia Bullrich, Ricardo López Murphy y Ricardo Gil Lavedra… sólo para nombrar algunos de los que todavía andan dando vueltas.

Su segunda línea fue también un racimo de jóvenes capitalinos y soberbios que se dieron a llamar “Grupo Sushi”. Entre ellos destacaban Hernán Lombardi, Darío Lopérfido y una hoy olvidada Cecilia Felgueras. Y lo más importante: de ese gobierno también fue parte Horacio Rodríguez Larreta, como antes lo había sido del de Carlos Menem… eso se llama permanencia.

El intento del poder fáctico (que como Dios, está en todos lados pero atiende en Buenos Aires) no funcionó. Un presidente débil, una situación económica caótica, una sociedad defraudada y el único peronista del armado renunciando a la vice-presidencia fue un coctail que ni Manolete hubiese podido combinar en su barra de “Bigote”. Apareció el aluvión duhaldista desde el Conurbano Mediato, se mezcló con la protesta medioclasista por el corralito y… “piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Mentira. Pero sirvió como música de fondo para ver despegar el helicóptero desde los techos de la Rosada.

Yo vivo en una Ciudaddddd…

Cambiemos fue otro intento del Establishment de reinstalar Unitarios para conducir la Nación solo que, el mejor gobierno de los últimos 50 años fue tan, pero tan, pero tan desastroso que sus propios mentores tuvieron que pergeñar una salida y, entonces, “unidad hasta que duela”. Y así fue, dolió… a los que más nos dolió fue a los peronistas.

Mientras bajo la consigna “Hay 2019” una mayoría peronista nos reuníamos en La Pedrera, San Luis, por estos puertos, en la casa de altos estudios UMET, se realizaba un acto en el que se propiciaba la unidad.

Unos meses antes de aquel evento (agosto 2018), en un artículo publicado por la Revista Hamartia bajo el título “Guarda con la Unidad que busca desunirnos”, escribí: “La otra jugada pasa por dejar que gane el peronismo (porque no pueden evitarlo) pero inundándolo de quintacolumnistas que aseguren una transición sin problemas para los que han depredado al país en los 4 años de gobierno de Macri. Léase: <<peronistas>> bien vistos por el Grupo Clarín, la Embajada, los Servicios locales e internacionales, el Reino Unido, la Derecha Global, el Mercado, el Fondo Monetario y toda la lista que ya sabemos. <<Compañeras y compañeros>> tan deseosos de ser aceptados por los poderes fácticos que no denunciarían el pago de la deuda mal habida; no buscarían a los que llevan fugados más de 35 mil millones de dólares; no revisarían la actuación de los Bancos, ni de los Jueces, ni de los Medios, ni de las Fuerzas… O sea, peronistas portadores de las leyes de Perdón y Obediencia Debida”.

Omití, en aquella descripción, la necesaria condición de porteños que debía detentar la mayoría del armado político que viniera a suplantar a Macri y sus Goodfellas. Porque, como ya lo expresara el Ciego Mayor, también los federales somos incorregibles

Alberto Fernández, que desde su discurso de asunción hizo gala de una admiración casi reverencial por el Dr. Raúl Alfonsín diseñó, empero, un gabinete estilo de De la Rúa: con eje en conspicuos representantes de la política de la Ciudad Autónoma como Nicolás Trotta, Marcela Losardo, Claudio Moroni, Vilma Ibarra y Matías Lammens. Incluso su jefe de gabinete de Asesores, Juan Manuel Olmos es, a pesar de su bajo perfil, uno de los hombres que mejor conoce las relaciones de poder porteñas, extendidas hacia todos los poderes de la república. Y por si esto no alcanzara, el Presidente hace gala de su alianza estratégica con Víctor Santamaría, el hombre con más proyección política y económica de CABA -después de Horacio Rodríguez Larreta, claro- y, seguramente, uno de los peronistas que más han brillado en la construcción de poder en una ciudad claramente anti-peronista.

¿Por qué la referencia a esta pertenencia territorial del gobierno? Sencillo. La naturaleza porteña es centralista; endogámica hasta el absurdo y profundamente refractaria a todo lo que no ha nacido entre la circunvalación de la General Paz y la costa del Río de la Plata.
Se ha dicho ya que el habitante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires vive de espaldas al país y con la mirada puesta bien en Europa (si es más culto), bien en Miami (si es más pedestre y consumista). Debería agregarse que la mayoría procede de las distintas provincias argentinas y ha cumplido su sueño de porteñizarse y, como todos sabemos, no hay nada más fanático que un converso.

Será por eso que los peronistas de CABA son peronistas raros… Gentes que, de las tres banderas, sólo eligen practicar una: la Justicia Social y encima lo hacen de manera equivocada porque ejercen todo en ese tono asistencialista que tanto odiaba Evita y que poco y nada tiene que ver con la doctrina. El resto, la Independencia Económica, por ejemplo, no los afecta ya que tienen el PBI per cápita más alto del país y en su ejido urbano se emplazan las casas matrices de las más importantes empresas del mundo. En cuanto a la Soberanía Política, creo que si tuviesen la oportunidad optarían por otra nacionalidad… de hecho muchos lo han hecho recurriendo a un antepasado europeo o a una pareja norteamericana.

Me verás caer, en la Ciudad de la Furia

¿A qué viene tanta alharaca? Se preguntarán algunos de los miles de trolls que han echado a rodar por las redes en el absoluto convencimiento de que “Cambiemos sí que sabe de comunicación”. Estimados admiradores de Peña (y no hablo de Florencia, a quien admiro, claro): se trata de denunciar lo que durante los últimos 169 años (podría explicar esto mismo desde la batalla de Caseros al presente) ha provocado la destrucción sistemática del país que ha sido el Partido Porteño, sin importar de qué estuviese disfrazado en cada ocasión.

Y es llamativo que, los que defienden al Gobierno amparándose en que, de otra manera, “vuelve la Derecha”, no perciban con claridad la ideología predominante en varias de las acciones de un año a esta parte y la injerencia que ha tenido el Gobierno de la Ciudad para que algunas de las buenas políticas concluyan fracasando… la Cuarentena, sin ir más lejos.

El Progre-Peronismo en el Poder, con sus modales de dama antigua y su necesidad de ser querido por todos, empuja día a día la fragmentación de ese voto que necesita unificado para conseguir el número de legisladores necesarios para tener la mayoría en ambas Cámaras y así cumplir su promesa de ir a fondo cuando el equilibrio de fuerzas sea más parejo.

La piara de trolls que asolan las redes sosteniendo un discurso calcado, haría bien en avisarle del disincanto (el mismo del que ya nos habló Giovanni Sartori) que habita las redes, y así ayudar al gobierno a evitar un 2021 parecido a 2001, cuando “por primera vez en la historia electoral argentina el voto de los dos partidos mayoritarios llegó a representar sólo un 30% del padrón electoral nacional, la tasa de participación electoral fue menor al 75% del padrón y un 15% del padrón optó por el voto blanco o voto nulo. Asimismo, el voto positivo se aproximó a los porcentajes observados en países con sufragio optativo -como EEUU- y una docena de terceras fuerzas (léase: ARI, Polo Social, Unidad  Federal, Izquierda Unida, Autodeterminación y Libertad, Frente Nuevo País, Demócrata Progresista, FISCAL, Partido Demócrata, Fuerza Republicana, Movimiento Popular Neuquino y Renovador Salteño) obtuvieron representación en la Cámara de Diputados”, como establece el paper mencionado al principio de la nota.

El sistema político ha percibido con toda claridad esta debilidad en ciernes del Gobierno y en todas partes se instalan partidos, ententes y alianzas que se preparan para comer de los costados flacos del Frente de Todos mientras, hacia el interior de la fuerza gobernante, prefieren ningunear estas alternativas afirmando que sus listas, las que arman sin consultar a nadie, “contienen a Todes” (a Todes les de Elles, clare).

La espada de Damocles (nunca tan bien referida) de la fragmentación del voto, pende sobre la cabeza partidaria del peronismo rúcula. En este caso, en lugar de mirar hacia arriba, deberían ver lo que hay abajo, que es su base de sustentación… Por ahí comprenden que deben correrse del sillón del festín y empezar a caminar el barro.