Obligado: Defensa de nuestra soberanía

El conflicto en la Banda Oriental (actual Uruguay) entre blancos y colorados era un correlato de la lucha entre federales y unitarios en la Confederación Argentina dominada por Juan Manuel de Rosas. Las victorias del “blanco” Manuel Oribe, con el apoyo del Restaurador, sobre el “colorado” Fructuoso Rivera impulsaron al avance sobre Montevideo, donde se habían parapetado éstos con los unitarios argentinos exiliados, gracias al sustento francés que, bloqueo sobre Buenos Aires mediante entre 1838 a 1840, tenía una seria decisión de intervenir en el teatro de operaciones del Río de la Plata.

Pero Francia no estaba sola ya que Inglaterra también ambicionaba inmiscuirse en los asuntos de la región. Es así como los representantes de ambas potencias conminaron a Rosas el cese de hostilidades en la Banda Oriental, ante el rechazo del gobernante argentino.

Eso fue la excusa para la intervención armada, tal como hicieron las citadas potencias en otros puntos del globo.

Rosas utilizó todos los medios diplomáticos y de presión política a su alcance para que la causa argentina tuviese una posición más favorable ante el avance anglofrancés. José María Rosa en Rosas nuestro contemporáneo (1970) aseveró: “Rosas trabajó las contradicciones del adversario. Empezó por formar el mejor cuerpo diplomático jamás tenido por la Argentina: Sarratea en París, Manuel Moreno en Londres, Guido en Río de Janeiro, Alvear en Nueva York. Más que enviados ante los gobiernos cumplieron la misión de atraerse las grandes fuerzas económicas y obrar sobre la opinión pública por medio de la prensa. Una bien montada oficina de propaganda, cuyo eje era el Archivo Americano redactado por Pedro de Angelis con correcciones del mismo Rosas, distribuía por el mundo entero lo que interesaba se publicase, y un bien provisto fondo de reptiles subvencionaba los periódicos extranjeros”. A eso se le suma la estrategia de afectar a los tenedores de bonos del país para que protesten ante el gobierno inglés por el cese del pago del empréstito de la Baring.

Pero también se aprestó a presentar batalla en el Paraná. Y la Vuelta de Obligado fue el sitio elegido por Mansilla para resistir.

Obligado es sinónimo de coraje criollo, por su importancia histórica y el valor político de gesta, de Obligado, donde varones y mujeres argentinas defendieron nuestra soberanía a costa de sus vidas. Francia y el Reino Unido en su expansión imperialista que abarcó de África, Medio Oriente, India y China, tuvo en la mira a nuestro continente. Y tuvo un obstáculo: la Confederación Argentina y la resistencia encarnada por su pueblo, bajo la conducción del Brigadier General Juan Manuel de Rosas.

Ernesto Palacio, en su Historia de la Argentina (1953), apuntó: “¿Qué significa la intención de someter al país por la fuerza sino la conquista armada? De nada valen las tergiversaciones ni los distingos. La nación que se somete a una fuerza superior pierde su autodeterminación, que es la cualidad de su soberanía, y pertenece desde ese momento al vencedor, cualquiera sea la forma en que pretenda disimularse la conquista. De que esto lo vieron en esa circunstancia claramente los argentinos da fe la entusiasta unanimidad con que todo el país – salvo un puñado de emigrados – acompañó al general Rosas en su actitud enérgica y digna.

Todas las provincias, con sus gobernadores y legislaturas, se pronunciaron contra la agresión y ofrecieron sus contingentes para resistir. El glorioso general San Martín escribía desde su retiro poniendo su espada y su persona al servicio de la nación y felicitaba al gobernador de Buenos Aires como defensor de la independencia americana… la prensa liberal del mundo empezaba a interesarse por la lucha iniciada en el Río de la Plata y acompañaba con su auspicio el derecho hollado del débil, en quien veía al defensor de los principios republicanos y de la causa general de América contra los poderes retrógrados de Europa”.

 A su vez Pacho O’ Donnell en La gran epopeya: El combate de la Vuelta de Obligado (2010) afirmó que: “La historia nacional debería reconocer a Rosas la instauración y defensa del concepto de soberanía territorial, en oposición al internacionalismo europeizante de sus adversarios, que no vacilaban en ‘obsequiar’ provincias para recuperar sus privilegios desplazados por el federalismo popular. No mucho antes, Sarmiento había alentado a Chile para que se apoderara de la Patagonia; no mucho antes, Carlos de Alvear había negociado con el mariscal Santa Cruz la cesión de las provincias norteñas. Todo resultaba aceptable con tal de derribar a Rosas y que el “partido europeo”, es decir, la oligarquía portuaria, recuperara el poder. Aun al precio de las más fragantes traiciones a la Patria”.

Esas cadenas que pretendieron impedir el avance anglofrancés, trayendo el libre comercio y los cañones del imperialismo. Dividir nuestro territorio en la “república de la Mesopotamia” y someternos como colonia. Mercenarios argentinos, italianos – como Garibaldi – y alemanes. Demasiados cañonazos necesitaron para exterminar a Mansilla, Thorne y demás patriotas en las cuatro baterías. Luego de la derrota militar el triunfo político: guerra de guerrillas en las costas argentinas, fracaso en el intercambio comercial y desmoralización del invasor.

La afrenta de Malvinas no fue olvidada si uno ve la continuidad de la lucha del gaucho Rivero en ambas tierras. Y no lo fue para las mujeres de San Pedro y San Nicolás que dieron batalla -cual herederas de Juan Azurduy- como María y Josefa Ruiz Moreno, Francisca Navarro, Carolina Núñez, Petronina Simonino y otras. Batalla librada galardamente por el Regimiento de Patricios, “militares y pueblo unidos en un solo fusil”, según lo que afirmó años atrás la ex presidenta Cristina Fernández en San Pedro al inaugurar el monumento nacional.

José Luis Muñoz Azpiri (h) refirió años atrás: “Triunfante en París, la revolución de febrero de 1848, que da por tierra la monarquía orleanista y el ministerio de Guizot, Manuel de Sarratea, enviado argentino en Francia y amigo personal del nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Alphonse de Lamartine, comunica a Buenos Aires que luego de una entrevista con el flamante Canciller, ha arribado al convencimiento de que toca a su fin la aventura en el Plata. El gobierno provisional lo ha recibido oficialmente, dice, y, al despedirse la guardia del Ayuntamiento lo ha aclamado con un estentóreo “¡Vive la RepubliqueArgentine!”.

De los cañonazos de guerra a los cañonazos para desagraviar a nuestra enseña de la Confederación. De la sangre derramada a la victoria por la soberanía.

Hubo victorias y derrotas, los años pasaron, pero las luchas son las mismas. Hoy cada día, en cada cañonazo de los organismos internacionales financieros, de las multinacionales y de los medios monopólicos de prensa, la respuesta es una: defender nuestra soberanía de la injerencia imperialista como lo hizo Rosas, como Perón, como nuestros combatientes en Malvinas, como Néstor, Cristina y Alberto, y como lo hace desde siempre nuestro pueblo.

* Pablo Adrián Vázquez. Politólogo; docente de la UCES; docente del INCAP; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.