Pandemia y crisis sanitaria, ¿el camino para un mundo totalitario?

La noticia de la aflicción que sufre el jugador de fútbol “Kun” Agüero ha puesto en los titulares de los diarios un problema que crece dentro de las sociedades, pero que los medios han intentado esconder.

La noticia de que un jugador de fútbol de apenas 33 años que compite en las Ligas más importantes del mundo y que por su valor hace creer que ha sido completamente controlado, ha visto repentinamente cómo su estado de salud se deteriora hasta el punto de tener que dejar la actividad, lo cual causa asombro y preocupación.

El caso de Agüero se suma a decenas de deportistas que en las últimas semanas han debido abandonar la práctica del deporte y en algunos casos inclusive han fallecido debido a fallas en el músculo cardíaco.

Algunas de las situaciones pueden ser fruto de patologías previas que pasaron desapercibidas a los detallados exámenes médicos a los que son sometidos rutinariamente, algo bastante improbable, pero que cuando se concentran en un corto período de tiempo, no deja de ser al menos llamativos.

El tenista serbio Novak Djokovic hizo pública su decisión de no participar en un torneo de Grand Slam porque la férrea política australiana en materia sanitaria determinó que se les exige la vacunación a los tenistas que vayan a competir, algo que el polémico ganador de 20 títulos de Grand Slam rechazó y aún permanece incierta su participación, pero la misma situación ya generó una alerta.

Djokovic siempre ha sido polémico en sus acciones, pero las autoridades sanitarias globales han considerado continuar pese a la situación de incertidumbre con algunas vacunas como las de  Jansen, Pfizer,  Moderna y Astrazeneca, que producen cuadros clínicos con características similares a las mencionadas antes como son las pericarditis y miocarditis que se multiplican.

La situación fue de tal gravedad que varios países como Alemania, Francia, Italia, España,  Dinamarca, Noruega, Islandia, Bulgaria, Irlanda, Países Bajos, entre otros, suspendieron estas vacunas en algún momento,  especialmente enfocados en la población joven y en niños.

Hay un caso más que es digno de mención como es el de Kayle Warner, un ciclista estadounidense tres veces campeón nacional del Tour de Enduro de ese país. Warner anunció su retiro de las competencias debido a una pericarditis ocasionada por la aplicación de la vacuna de Pfizer, según denunció en una conferencia de prensa, donde cargó específicamente contra el sistema de salud norteamericano el Doctor Anthony Fauci y otras autoridades del mismo que le aseguraron que las vacunas son absolutamente confiables y seguras.

Kyle Warner acusa de haberle literalmente partido el corazón a los responsables sanitarios.

Todo esto nos lleva a intentar tratar de saber un poco más sobre qué es lo que está sucediendo en realidad, porque definitivamente lo que estamos viendo no tiene nada que ver con una situación normal, todo lo que gira alrededor del virus Sars Cov-2 resulta particularmente extraño.

El virus mencionado ocasiona una enfermedad que ha causado aproximadamente 5 millones de muertes a lo largo y ancho del mundo, esto considerando una población de 7.500 millones de personas significa aproximadamente 0,06% del total. La tasa de letalidad del virus se estima en alrededor de un 2% y sus principales víctimas resultan ser aquellos pacientes debilitados, con patologías previas o de avanzada edad, es decir, para aquellos pacientes jóvenes y saludables el riesgo es extremadamente bajo y no justifica ninguna acción experimental sobre ellos. Los niños en especial según informa el Dr. Vladimir Zelenko quien asegura que de acuerdo a los datos del VARS la tasa de recuperación es de un 99,98% de aquellos chicos sanos, sin patologías previas, por supuesto inmediatamente los fake checks salieron a desacreditar esa información, pero sin aportar datos contundentes que la contradigan.

La pregunta que debemos hacernos entonces en esta circunstancia es por qué una patología de estas características ha sido tan sobredimensionada. El origen nunca ha sido definitivamente esclarecido y casi ha pasado ya al olvido tal vez convenientemente, como podemos recordar cuando los Estados Unidos y China se acusaban mutuamente de ser los gestores de este proceso.

Los condimentos políticos también son evidentes cuando la OMS no termina de aprobar la vacuna Sputnik y los varios países alineados con EE.UU. tampoco reconocen esa vacuna, mientras tanto Rusia y China no han utilizado otras vacunas que no sean las propias e Irán ha rechazado las occidentales. Es imposible encontrar en esto razones sanitarias y demuestra que hay mucho en juego en un proceso donde la salud parece ser lo menos importante en realidad.

Sí bien no hay un consenso generalizado, existen muchos expertos virólogos que aseguran que partes del virus son sintéticas y obedecen a la manipulación del hombre.

Tal vez no debería ser demasiado extraño sí analizamos que a lo largo de la historia el ser humano ha recurrido a la guerra biológica en repetidas oportunidades y nada indica que hoy no podría ser lo mismo.

La gran pregunta es sí este virus es parte de una guerra biológica, ¿por qué razón no ha sido de altísima letalidad como son aquellas armas que conocemos de estas características y se basan en patógenos altamente letales y modificados para aumentar su peligrosidad como es el de la viruela, el hantavirus, malburgo, ébola, ántrax y un largo etcétera?

Las armas biológicas pueden buscar un efecto devastador rápido o pueden ser de tipo retardatario en la cual el patógeno es específicamente diseñado para maximizar el daño a lo largo del tiempo o con un objetivo específico. Por supuesto que hoy son meras especulaciones y nada podemos afirmar.

Los resultados que estamos viendo siguen alimentando las dudas, la covid-19 no parece justificar las draconianas medidas que se están tomando en muchos países.

La situación en algunos lados ha tomado tintes verdaderamente distópicos. El Estado de Victoria en Australia, tal vez es el más rígido que conocemos, ha instalado la política más represiva del planeta, y allí hemos visto violentas escenas de la policía para hacer cumplir las nuevas normativas.

Es Interesante saber que, en Australia, un país que se proclama muy democrático y que se ha dedicado en los últimos tiempos a hostigar a China por la situación de los Derechos Humanos, no cuenta con una Bill of Rights al estilo estadounidense, simplemente los derechos de los ciudadanos australianos no existen legalmente.

Esta situación ha llevado a que se produzca un avasallamiento de la población donde se ha llegado a tenerla literalmente confinada en un radio de 5 kilómetros durante casi 270 días. Pudimos ver así escenas donde la policía derrumbaba la calle a una anciana de 70 años a la que luego rociaba con gas pimienta por otros policías que venían detrás innecesariamente o a una mujer dentro de su auto con barbijo que fue conminada a salir, pero ante su negativa la ventana del vehículo fue rota y la mujer sacada por la fuerza por la policía.

Casos de este tipo se repiten y se complementan con presiones laborales donde quienes no se apliquen las vacunas pierden sus empleos, no pudiendo concurrir a lugares públicos, usar el transporte público y un larguísimo etcétera, que los transforman en parias sociales. Tal vez esto parecería suficiente para producir que la población se decidiera por vacunarse, pero para aquellos que permanecen indecisos aún hay más métodos de convicción como cientos de pequeños campos de concentración que se establecieron a lo largo y ancho de Australia, donde se colocaba a los presuntos pacientes aislados y sin ningún tipo de consideración en establecimientos de pésimas condiciones sanitarias y edilicias.

Hoy mismo hay situaciones como en Brisbane donde se ha erigido un virtual campo de concentración con doble alambrado eléctrico cuyo destino no queda claro, pero aparentemente y según los rumores en la propia sociedad australiana, ese lugar será utilizado para alojar a quienes no son vacunados.

Pero detengámonos un momento a pensar que el propio Doctor Fauci ha avisado que las vacunas no impiden el contagio ni la transmisión de la enfermedad porque la carga viral que se encuentra en los vacunados es similar a las de los no vacunados. ¿Cuál es entonces la razón por la cual se insiste en aplicar vacunas que presentan tantas dudas y que se han salteado las etapas naturales en la producción de una vacuna clásica? Aún más, el empleo de tecnologías novedosas como la de ARNm no sería lo más aconsejable en un caso de urgencia como el que estamos viendo.

Si la vacuna cumple con su función quienes están vacunados deberían estar protegidos y en caso de haber un riesgo, el mismo sería de aquellos que no están vacunados. Países como Irlanda que sufren un rebrote de la epidemia con una tasa de vacunación completa que se ubica entre 90 y el 95% del total de la población tornan inexplicable las políticas seguidas.

Si recordamos la situación del Estado de Israel en el comienzo de la pandemia podemos observar que este país ha sido puesto como ejemplo por su altísima eficiencia en sus programas de vacunación, donde la mayor parte de la población ya está recibiendo una tercera dosis y aun planteando ya una cuarta dosis. Sin embargo, vemos ahora que prácticamente ha desaparecido de los medios de comunicación cuando casualmente Israel ha tenido un importante rebrote, inexplicable según los consejos de las autoridades sanitarias. Por eso la pregunta se vuelve recurrente, ¿qué es lo que está pasando?  Porque es evidente que algo sucede y no somos informados.

Australia, una vez más, vuelve a llamar la atención. Las reacciones adversas a las vacunas son de tal magnitud que hoy se calcula que hay 10.000 personas dispuestas a demandar al Estado por la aplicación de las mismas y los daños resultantes.  Esa circunstancia nos recuerda la polémica que se produjo en la Argentina donde los laboratorios pidieron inmunidad ante posibles juicios por lesiones, algo que el Congreso de la Nación terminó concediendo.

En ese momento existían las advertencias razonables que decían que si los laboratorios condicionaban sus ventas a esta modificación legal, es porque existía un riesgo real de que las cosas no salieran bien, sin embargo esas ideas fueron desoídas y ahora queda claro por qué.

Este fin de semana las protestas se han multiplicado en el mundo, decenas y hasta cientos de miles de personas han salido en los Países Bajos chocando con la policía violentamente; en Austria hubo masivas movilizaciones de protesta contra las medidas restrictivas, Zagreb fue otra de las ciudades convulsionadas al igual que Roma, Milán y París, en Melbourne se calcula que 150.000 personas asistieron a las protestas.

Resulta evidente que las mismas lejos de reducirse crecen en cantidad y en violencia. La vuelta a los confinamientos y la insistencia con más dosis junto a las marchas y contramarchas dadas por los sistemas de salud, han producido el cansancio de las sociedades, que cada vez más están decididas a decir basta.

En este cuadro resulta muy extraño que en nuestra región, en particular en la Argentina, no existan grandes movilizaciones advirtiendo y protestando contra la aplicación de las vacunas, cada día más forzadas porque si bien no son obligatorias, sin prisa, pero sin pausa se avanza en ese sentido en países como Perú que ha dispuesto ya medidas de ese tipo.

En Argentina no encontramos manifestaciones callejeras, excepto por pequeños grupos, pero sí hay algo que hace notar que las cosas no están tranquilas como parecen cuando el 40% de los argentinos no están asistiendo al segundo turno de vacunación.

La propaganda a favor de la vacunación es incesante y combina la seducción con frases como “Vacuna es Amor” mientras apela a chicos que llaman a completar el plan de vacunación. Otras medidas de presión que observamos es en el ámbito laboral donde los trabajadores son coaccionados para vacunarse, aún sin que hubiera obligación legal.

Un punto más a tener en cuenta en esta situación es que habitualmente hay una sola voz en los medios de comunicación y en las redes sociales se baja cualquier contenido que plantee dudas sobre la eficiencia y seguridad de la vacunación. Si creemos que estamos en una sociedad con criterios científicos para tomar decisiones parecería lo más adecuado que existan debates entre aquellos profesionales que advierten sobre el grave error de la vacunación masiva especialmente en embarazadas, niños y jóvenes sanos. Mientras tanto, otros profesionales mediáticos, en cambio, acusan a cualquiera que tenga una duda razonable como contrario a la ciencia y con posiciones oscurantistas, politizando lo que debería ser un criterio sanitario.

No es la primera vez que esto sucede y últimamente está haciéndose moneda corriente descalificar a quien opina diferente acusándolo de no respetar criterios científicos, muchas veces cuando quien no respeta esos criterios es el propio acusador.  Podemos ver ejemplos de personalidades no conformes con el desarrollo actual de los acontecimientos como el creador de la tecnología utilizada para la fabricación de las vacunas de ADNm Robert Malone y el Premio Nobel de Medicina Jean Luc Montagnier por el descubrimiento del virus HIV, ambos son férreos opositores al uso de estas tecnologías y advierten de un desastre importante.

Montagnier cree que el virus Sars Cov 2 contiene fragmentos del virus HIV introducido por científicos, como vemos, existen personajes mucho más relevantes que los mediáticos especialistas locales que deambulan por los canales dando versiones infantilizadas. Por eso no podemos descalificar de ninguna forma a quienes reclaman un debate y que se abstengan de seguir avanzando con estas políticas que, ante un virus que como veíamos era de escasa letalidad, imponen más medidas tomadas que producen más daño qué soluciones.

La consecuencia directa de esas medidas de bloqueo, confinamiento y trabas al desplazamiento de personas y mercaderías ha generado una crisis económica de enorme magnitud qué amenaza con transformarse en una mega crisis, debido precisamente a la situación energética, que además de apagones y todos los daños que ya sabemos que puede ocasionar,  está produciendo  una escasez de fertilizantes que veremos el año próximo como la razón del descenso de las cosechas y del aumento del precio de los alimentos, algo que obviamente impactará con hambrunas y mala nutrición en una población ya debilitada por cuestiones psicológicas.

Es momento de preguntarse si es lógico ante esta situación que se siga insistiendo con fórmulas que ya han dejado manifiesto que no funcionan y hasta sus propios promotores avisan que deberemos convivir con este virus.

Por supuesto que la respuesta no es fácil y requiere una buena dosis de coraje para ir en contra de la tendencia general, pero debemos darnos cuenta que está en juego nuestro propio futuro.

No solo se está produciendo un daño en la economía, que no es solo sinónimo de ambición sino también de supervivencia para muchos millones. Vemos cada vez más señales de consecuencias serias en la salud en función de deficientes políticas sanitarias a lo que se sumarán los problemas de nutrición, pero también podemos observar cómo lo sanitario se transforma cada día más en una excusa para generar estados policiales qué toman medidas extraordinarias y suspendan las garantías constitucionales con el fin de poder tomar medidas excepcionales por razones de fuerza mayor.

La situación es tal que países que en algún momento se los veía como ejemplos, como es el caso mencionado de Australia, hoy toman decisiones tales como que sus gobiernos tengan plenos poderes por tiempo indeterminado. En ese país el encarcelamiento por no vacunarse comienza a ser una realidad y aparecen denuncias de muchos de sus habitantes que intentan irse al exterior temerosos por la evolución de la situación recordando una frase que se ha vuelto común en el país, Australia no solo es un país que desciende de prisioneros sino también de carceleros, algo que cada vez hay que tener más presente.

Hay casos de ciudadanos en que su primera dosis les ha producido una arritmia sostenida que intentan los médicos controlar, algo de por sí bastante complejo, para que puedan estar en condiciones de aplicarse una segunda dosis de la misma vacuna que le produjo la patología. Ante la pregunta de la razón, la respuesta es que es política de Estado.

El grado de opresión resulta tan demencial que hasta los extranjeros residentes que se quieren volver a sus países de origen ante esta situación por miedo a que se agrave su condición de salud con el refuerzo, son impedidos de hacerlo precisamente por no contar con las dos dosis exigidas.

Sabemos que la burocracia nunca se ha destacado por el raciocinio o la empatía, sin embargo, esta situación parece ir un poco más allá. Cuando ya existen en China estudios que comienzan a advertir sobre los problemas de fecundidad especialmente la población masculina, nada parece tener sentido en este mundo, ¿o quizás sí?

Ante la gravedad de la situación mundial deberíamos exigir a nuestras autoridades responsabilidad y que cumplan mínimamente con su deber que es poner a disposición de quienes van a ser vacunados toda la información disponible para que cuando la persona de su consentimiento sepa exactamente cuáles son los riesgos a que se somete, algo que hoy por hoy no está sucediendo.

Esta no es una situación más donde se puede tolerar el habitual grado de irresponsabilidad.

También consideramos que podríamos hablar de incompetencia si no fuera porque existe una decisión de ocultar lo que sucede, una decisión que como muchas otras políticas que hemos visto en los últimos años, muestra una vez más un contubernio entre aquellos que toman las decisiones políticas, los que hacen los negocios y los que la difunden las informaciones.

Enfrentamos varios problemas en forma simultánea, uno tiene que ver con la cuestión propia de la salud relacionado no solo con la efectividad de las vacunas, sino con la seguridad de las mismas. Por otro lado, y en forma paralela encontramos otras situaciones de orden político como son las medidas que se toman incesantemente y que afectan la normal marcha de la economía, una situación particularmente grave en la Argentina.

Si a esta coyuntura le sumamos otras medidas que violan la libertad de las personas para transitar, concurrir a lugares públicos, disponer de su propia salud y aún de la propia libertad de expresión, la situación será insostenible.