Paro nacional en Colombia: reflexiones con perspectiva de género

Desde el 28 de abril el pueblo colombiano, repitiendo lo que comenzaron en 2019,  se encuentra en paro nacional rechazando la tercera reforma tributaria del presidente Iván Duque que pretende que los ciudadanos se hagan cargo del 75 % de los tributos nacionales, mientras las empresas solo del 25% en medio de una pandemia que suma ya más de 76 mil muertes por Covid, con el impacto económico y social que esto tiene, una ciudadanía carente de ingresos, empleos y vacunas. Sociedad civil, profesorxs y estudiantes universitarios, indígenas, campesinos, camioneros, maestros, sindicatos muestran su descontento ante las medidas y la falta de alimentos, combustible, conectividad, electricidad, salud. La respuesta estatal es la represión lo que incluye, muertes, desapariciones y violencia sexual.

Conversamos con Sandra Rocío Guerrero Torres, Susana Arellanos desde Pasto, capital de Nariño y Henrey Bolañoz Pasos psicólogxs y docentes de las Universidades Uniminuto, Uniceg y de la Universidad del Valle respectivamente y con estudiantes de dichas instituciones quienes nos contaron el lugar que tiene la universidad en este momento y sus miradas del paro con perspectiva de género, en el marco de un conversatorio organizado por Cultura en Acción -Córdoba- y la Fundación una Puerta que fue retransmitido por las redes a 17 países.

En este sentido la psicóloga Sandra Rocío Guerrero Torres expresó que la academia no puede ser apolítica, que deben generarse construcciones colectivas para mejorar no solo la academia, sino su impacto en la sociedad. En este orden de ideas la perspectiva de género es imprescindible. Colombia vive la falta de garantías para el ejercicio de sus derechos. Lxs jóvenes han tomado la calle para cuidar la vida como principio y derecho inviolable. Si bien la actitud de la comunidad universitaria y de la sociedad civil ha sido pacífica, la violencia  ha escalado la violencia y con ella la violación de los derechos humanos por parte del Estado, quien no solo deteriora la economía y la calidad de vida sino que reprime a la ciudadanía con armas.

Al menos hasta el 28 de mayo de este año, 28 casos de violencia sexual han sido denunciados; 27 casos perpetrados presuntamente por la fuerza pública; un caso denunciado por una patrullera de la policía nacional en el marco de las protestas. De estos reportes 20 denuncias de mujeres y 7 de hombres. 43 personas han perdido la vida, 132 personas han desaparecido y hay 979 heridos en el contexto de las protestas, entre ellos, 33 con traumas oculares se concentran mayoritariamente en Bogotá, Neiva, Cali, Yumbo, Medellín, Popayan y Pasto. (Fuentes ONG Temblores)

Una joven menor de edad participa del paro, es abusada y luego se suicida. La preocupación que generó este hecho no fue ni las razones del paro ni su derecho a protestar ni mucho menos su abuso. ¿Las preguntas que se esparcieron socialmente fueron “qué hacia una menor a esa hora”, “dónde estaban sus padres? Y como señala la psicóloga Guerrero Torres, esas no son las preguntas correctas. Una  menor puede protestar, una mujer debería poder transitar en su ciudad a cualquier hora y la violación no es la respuesta a su protesta, sino más bien la muestra evidente de una sociedad profundamente patriarcal que alecciona a la sociedad violando mujeres. El suicidio es la muestra de la impotencia femenina ante la violencia machista.

En Antioquia, Magdalena, Nariño, Bolívar y Choco se concentra el 48% del total de los eventos acontecidos por delitos contra la libertad y la integridad sexual. Llaman a la prudencia para pensar y actuar. “No necesitamos más odio ni en las calles ni en las redes”, dice Guerrero Torres.

“La paz camina (circula) si la violencia termina”, afirma Guerrero Torres. Las graves violaciones de los derechos humanos deben cesar. La crisis que enfrenta Colombia y las severas violaciones de derechos humanos generaron el paro nacional como parte de un proceso social que busca justicia y equidad de género.

Por su parte la psicóloga Susana Arellan nos cuenta, bajo el sonido de bombas y petardos, los estereotipos de género que genera el paro nacional y su vínculo con respecto a las respuestas actitudinales como correlato.

En el marco del paro han tomado mucha fuerza los estereotipos de los “jóvenes” como protagonistas; la “fuerza pública” ya no protege sino que ataca a un supuesto enemigo interno que es la ciudanía pauperizada. Los “medios de comunicación” hegemónicos fortalecen esta construcción; quienes marchan, “los marchantes”, se califican de vándalos; hay un peso muy grande sobre quienes participan de las manifestaciones.

La policía intenta disuadir a las mujeres “mandándolas a lavar los platos” lo que implica tanto una descalificación para ejercer sus derechos civiles, políticos y sociales cuanto una agresión, por el lugar peyorativo que ocupa en el imaginario social, el hecho de ser mujer y lavar platos. Masculino: a chicos, jóvenes, hombres se los asocia con primera línea y se les atribuyen características como fuerza, valentía, lucha desde esfera física.

Herney Bolañoz da cuenta desde Cali que ese es el lugar donde se genera el proceso de resistencia y donde hay mayor cantidad  de intervenciones drásticas de la fuerza pública por la cantidad de desapariciones y muertes. Desde el Colegio Colombiano de Psicólogos Capitulo Valle Suroccidente cuentan que con motivo de la pandemia por Covid se formó a  1517 psicólogos para la atención en crisis sanitaria, que generó problemas colectivos de ansiedad, suicidios, violencia de género, abuso. Al momento del paro nacional había psicólogos preparados para emergencias que fueron convocados como voluntarios. Extenuados y enfrentando el riesgo de  la fatiga por compasión (culpa por no poder ayudar o salvar a los pacientes, ansiedad, estrés, desesperanza, desinterés, síntomas fisiológicos y somáticos como agotamiento, falta de energía, insomnio) siguen atendiendo como voluntarios la crisis y su necesidad de contención.

Entre los estudiantes habla Dayana y cuenta que en la capital de Nariño -Pasto- vio violencia en general, observando que quienes la ejercen no tienen noción de todos los actos realizan y que los medios de comunicación censuran la información sin mostrar los daños, y la masacre que ocurre. Una minoría de los medios se enfoca en mostrar la realidad y se han convertido también en víctimas de gases lacrimógenos.

Jaqueline cuenta su participación en el paro atento a la falta de futuro profesional, necesidades básicas insatisfechas –alimentos, vivienda, trabajo, estudios-.

Esteban participó en muestras culturales en apoyos a la movilización del paro y ve cómo la perspectiva de género discrimina a la mujer.

Juan Diego Rosero remite a las dificultades de los medios económicos, enfrentando al gobierno.

Epílogo:

Las Universidades con las que interactuamos asumen su responsabilidad como agentes de cambio social protagonistas del momento histórico que les toca vivir. Y lo hacen con perspectiva de género poniendo en evidencia una vez más que el patriarcado donde hay relaciones de poder asimétricas entre sometedores y sometidos, es mucho más que una proclama feminista: es un hecho concreto, histórico, sostenido por intereses económicos, políticos y sociales.

Colombia somxs todxs.

¿En qué podemos ayudar?

Sigamos pensando.

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Posdoctorada en Géneros.