Pasadas las elecciones, ¿y ahora qué hacemos con la crisis que se viene?

Con el fin de las elecciones intermedias en la Argentina, el país debe enfrentar los problemas que están ocurriendo en el mundo.

A nivel global estamos viendo cómo se está gestando la Tormenta Perfecta: una situación financiera siempre a punto de estallar que ha sumado con la llegada del año 2020, una crisis sanitaria fruto de la pandemia producida por el virus Sars Cov-2 que produjo un paráte brutal en la economía mundial, pero que no es el único problema que observamos.

En las últimas semanas hemos visto cómo se ha producido un ascenso vertiginoso del costo de las energías en función de la disparada de precios del petróleo, del gas natural y del carbón, potenciado por las políticas de “energías limpias”. Las malas noticias se complementan con el alza de los precios de los fertilizantes, países como China o Rusia han suspendido la venta de los mismos al exterior mientras otros como el Reino Unido han visto el cierre de plantas que lo fabrican.

Los fertilizantes hechos a base de amoníaco, un subproducto que se obtiene del gas metano y que constituye casi el 70% de todos los fertilizantes utilizados para sustentar los principales cultivos agrícolas como el trigo, el maíz y el arroz que alimentan a buena parte del planeta, sufrieron el impacto de una suba del 500 por ciento del precio de este gas, un gas que llamativamente fue puesto como uno de los enemigos de la humanidad en la última reunión celebrada en Glasgow para empeorar las cosas.

F. William Endghal ha descrito la situación sobre este tema de esta manera:

“Cuando el huracán Ida azotó Louisiana el 25 de agosto, el complejo de fábrica de amoníaco más grande del mundo, propiedad de CF Industries, se cerró por razones de seguridad y solo volvió a abrir diez días después. Curiosamente, en ese momento, dos fábricas más de la misma CF Industries, las del Reino Unido, anunciaron que cerrarían dos plantas de fertilizantes más el 22 de septiembre, alegando que los altos precios del gas natural eran la causa, a pesar de que su planta de Louisiana acababa de salir diez días. Las dos plantas abastecen alrededor de dos tercios de la demanda nacional de fertilizantes del Reino Unido. El gobierno se vio obligado a acordar subsidios de emergencia a CF Industries para reabrir temporalmente una de las dos plantas para aliviar las presiones. El efecto combinado de los tres grandes cierres por parte del mismo grupo se sumó a la crisis del suministro mundial de fertilizantes. Puede ser solo una coincidencia que los dos mayores propietarios de acciones de CF Industries sean Vanguard y BlackRock.

Esta crisis está creciendo como una bola de nieve. A principios de octubre, la gigante empresa química alemana BASF había anunciado cierres de la producción de fertilizantes con amoníaco en Bélgica y Alemania de forma indefinida. También afecta la producción de aditivo para combustible diésel a base de amoníaco, AdBlue.

Hay más cierres en curso en Achema en Lituania, OCI en Holanda. Yara International está reduciendo el 40% de su producción de fertilizantes de amoníaco en la UE. Fertiberia en España está cerrando una planta junto con OPZ en Ucrania, un importante productor de fertilizantes. En Austria, Borealis AG ha cerrado la producción y el mayor productor de amoníaco de Alemania, SKW Piesteritz, ha reducido la producción en un 20%.

Empeorando la crisis global de fertilizantes, la Administración Biden en agosto impuso sanciones al gobierno de Bielorrusia, nombrando explícitamente a Belaruskali OAO, el cuarto mayor productor de fertilizantes del mundo, por «sostener el régimen bielorruso a expensas del pueblo bielorruso». Belaruskali controla alrededor de una quinta parte del mercado mundial de fertilizantes a base de potasio.

Según cita el mismo autor, la revista Nature estimó en el 2008 que el 48% de la población mundial dependía de los fertilizantes nitrogenados para su alimentación. Esto significa que, si no se soluciona este problema rápidamente, 3500 millones de personas estarían en riesgo de no contar con una ración de alimento diaria.

La crisis terminó entonces por presentar un panorama altamente preocupante, la confluencia en un mismo período de tiempo de una crisis sanitaria, energética y alimentaria podía producir un efecto devastador sobre nuestro planeta. En estas circunstancias es de esperarse que recrudezca un proceso de desestabilización social altamente peligroso. 

Mientras tanto los grandes medios de comunicación casi no mencionan el tema y solo se centran en la cuestión sanitaria, presentando como la solución universal las vacunas sosteniendo que la pandemia puede ser conjurada cuando se alcance la inmunidad colectiva. Tampoco queda claro cuándo será esto, porque la misma ha ido creciendo con el transcurso del tiempo desde 50 – 60% inicial a un 85 – 90%, que se presenta actualmente como punto ideal. 

A pesar de ver, luego de casi 2 años de existencia de la covid-19, que ha producido alrededor de 5 millones de víctimas fatales, total que está en discusión debido a las deficiencias estadísticas en la forma en que se calificaron las muertes y aun tomando esa cifra como verdadera, resulta demasiado pequeño el número considerando la magnitud del daño que han ocasionado las medidas tomadas y que han descendido a la pobreza a cientos de millones de personas.

Siguiendo la versión oficial, las altas tasas de vacunación en los países desarrollados deberían ser suficientes para evitar una reinfección considerable y solo deberíamos ver pequeñas oleadas con escasa cantidad de víctimas, comparando con la primera etapa.

Esta situación no es caprichosa, sino que es fruto de la observación del comportamiento de los virus y de las propias informaciones oficiales que se han venido brindando.

Sin embargo, podemos ver cómo los medios masivos de comunicación han desatado una histeria colectiva en muchos países augurando una pandemia fuera de control, y proponiendo como solución máxima vacunas y la vuelta a las restricciones.

Sin ser epidemiólogo, sin adentrarnos en los terrenos de la ciencia, podemos hacer una evaluación política de la situación. La crisis que estamos viendo gestarse es de una magnitud tal que puede provocar una reacción social.

No en vano hemos visto a lo largo de estos meses de pandemia cómo la riqueza se ha ido concentrando en cada vez menos manos, mientras los pobres siguen siendo pobres, con muchos de ellos al límite de la subsistencia. Las clases medias mientras tanto se desploman aceleradamente, muchas veces sin tomar conciencia de su propia situación.

¿Cómo explicar en este cuadro de situaciones que solo los ricos se hacen cada vez más ricos y que las medidas que se estimulan desde las organizaciones internacionales tienen que ver con cuestiones ajenas a los intereses de las mayorías y muchas veces directamente confrontando con sus intereses?  

La cuestión climática que señala la acción humana como causa de una mudanza que muchos consideran de origen natural, ha impuesto una política energética que ha mostrado que esta idea de fuentes llamadas “limpias”, son insuficientes y poco confiables para mantener la actividad productiva.

Si bien es cierto que parte del consumo es suntuario especialmente en las sociedades desarrolladas, se está llegando al punto de señalar la ganadería y hasta la propia agricultura, como responsables de esta situación. ONGs ambientalistas presionan a los Estados para cambiar las técnicas empleadas para generar alimentos para toda la población mundial. El costo de estas medidas sería miles de millones de hambrientos.

Pensar que personajes como el especulador Al Gore, quien se ha enriquecido desde los años 90 siendo la cara visible de las políticas de bonos verdes, las propias corporaciones cuyo eje de negocios es la obsolescencia programada de sus productos o que una adolescente con problemas para controlar su ira, sean quiénes dictaminen las políticas universales a seguirse en una materia tan sensible como los alimentos o la energía, es una señal de que algo no está bien.

Una situación que como vemos es muy compleja y que pronuncia explosiones sociales que serán más apreciables a medida que sigan subiendo los precios de alimentos en función de la crisis de los fertilizantes que generarán magras cosechas para el año 2022. Todo esto mientras que las grandes fortunas crecen y se dan el lujo de viajar a una Cumbre Climática en un avión privado, congestionando los aeropuertos en 50 km a la redonda.

Cuando vemos las medidas draconianas que están tomando países como Australia, Austria, Italia o los Países Bajos, deberíamos comenzar a prestar atención.  Si estos países ricos y con altas tasas de vacunación dicen enfrentar una pandemia que vuelve con fuerza y necesitan establecer campos de concentración como en Brisbane, Australia, podemos arriesgarnos a pensar que se esperan tiempos turbulentos.

Una vez más no debemos preguntarnos qué tipo de análisis contemplan las políticas sanitarias que están siguiendo los Estados en una confusa sucesión de marchas y contramarchas, sino simplemente hacer una evaluación política sobre el riesgo para todos nosotros que significan las medidas excepcionales que parecen más bien destinadas para el control de la población.

Dentro de la misma ecuación podemos sumar las cuestiones económicas mencionadas y las perspectivas a futuro como una carestía de los alimentos. El endurecimiento que observamos de los gobiernos puede tener más que ver con el control social que con las necesidades sanitarias.

¿Podemos aceptar acaso que con 10% al 20% de la población no vacunada, sean necesarias medidas de restricciones de la libertad ambulatoria de la sociedad? ¿No deberíamos estar en alerta cuando los medios comienzan a señalar cada vez con mayor insistencia a los que no se han vacunado cómo los responsables de un rebrote de la crisis? Desde nuestros escasos conocimientos sanitarios podemos observar muchas contradicciones como que la Organización Mundial de la Salud ha determinado que las vacunas no impiden el contagio ni la transmisión de la enfermedad y ha tenido reservas para recomendar una tercera dosis, pero aun así los Estados han avanzado estimulando estas políticas, al menos polémicas, con el apoyo de los medios de comunicación.

Así las cosas, en medio una serie de políticas ideológicas que inundan diariamente los medios de comunicación, sobredimensionando la importancia de cuestiones privadas y transformándolas en situaciones políticas de orden público, vemos la insistencia de esos mismos comunicadores en tomar una serie de medidas que en definitiva son exactamente las necesarias para poder sostener mediante la represión las injusticias sociales, pero que no son soluciones sanitarias

La idea de enfrentar a la población entre sí es vieja como el mundo, podemos ver cómo se estimulan nuevas ideologías con ese fin, sin embargo, la caracterización de discursos de odio para quienes se oponen no es suficiente para que se acepten socialmente medidas drásticas de control social.

El intento de establecer, a través de visiones apocalípticas, la necesidad de tomar medidas de protección ambiental que significa el empobrecimiento generalizado de las sociedades e inclusive llegando a producir hambrunas colosales, no ha conseguido el apoyo suficiente en los pueblos.

Los temas medioambientales no alcanzan para que las sociedades mayoritariamente apoyen medidas extremas y son solo sostenidos por pequeños grupos minoritarios radicalizados.

Es necesario entonces algo de una dimensión mucho mayor, como es una crisis sanitaria mundial que permita, por la salud de todos, confinar a díscolos, limitar los espacios de reunión, la cantidad de asistentes, etcétera.

Nadie puede creer seriamente que la introducción forzosa de este tipo de medidas tiene otro objetivo que no sea disciplinamiento social para poder controlar las reacciones ante los eventos futuros.

China y  Rusia  han decidido no enfrentar frontalmente estas políticas teniendo en cuenta que el control de la opinión pública está en manos de los sectores globalistas occidentales.

Su estrategia ha sido, como hemos visto, restar importancia a este tipo de Cumbres y en lo formal solo aceptar compromisos que no los obliguen a tomar medidas que atenten contra el crecimiento de su economía.

Estos países creen que Occidente está en un punto irreversible que presagia una caída definitiva, y que debe ser acompañado en ese declive evitando las acciones hostiles que puedan suscitar una reacción.

Occidente es un león herido que puede hacer mucho daño en su caída por lo que no hay que desafiarlo, sino dejar naturalmente que siga su destino.

Esto explica las aparentes inconsistencias de algunas políticas que llevan a cabo China y Rusia, solo queda ver cómo mueve sus fichas el globalismo occidental qué está intentando redefinir el mundo en función de sus propias necesidades económicas financieras y productivas.

Son dos modelos que se enfrentan y que nos obligan a preguntarnos cuál va a ser nuestro futuro luego de las elecciones que han paralizado el país y nos ha abstraído del mundo que nos rodea, un mundo que ha seguido su rumbo, agudizado sus contradicciones.

Por eso va a ser muy interesante observar cómo la clase política argentina se posiciona ante una crisis mundial producto de un cambio de sistemas que se da muy pocas veces en la historia, de no entenderse este proceso las perspectivas serán sombrías para nuestro país.