Perspectivas y dificultades

El nuevo paquete de medidas previsto por el Ministerio de Economía contiene tres cambios: se permitirá a los no residentes operar en el contado con liquidación; se reducirá el plazo de permanencia en inversiones de valores negociables a tres días y se realizará una subasta de dólares por el equivalente a u$s750 millones. El objetivo, ofrecer salida a quienes busquen dolarizar sus tenencias en pesos. Los elementos puntuales se conocerán a comienzos de noviembre. La llamada subasta, se concretará el 9 y 10 de noviembre y dispondrá que quienes posean títulos en pesos pujen para recibir títulos en dólares con las mismas características que los reestructurados.

Para los que no viven en dólares pero padecen la repercusión de su valor, la canasta básica que determina la línea de pobreza, creció por encima de la inflación general por primera vez desde enero. Según lo comunicado esta semana por el INDEC, una familia de cuatro integrantes (formada por una pareja adulta y pibes de entre 6 y 8 años) necesitó $47.216 para no ser considerada pobre, lo cual significó un incremento del 3,8% respecto de los $45.478 que necesitaba en agosto. Añadimos que la creciente de las últimas semanas no tiene nada que envidiar a la descripta. La misma, cuyo desarrollo persiste, fue reimpulsada días atrás por el aumento a los combustibles.

El lunes se reunió el Consejo Económico y Social. Eso es satisfactorio, aunque los diez puntos de acuerdo son muy generales y no alcanzan para determinar rumbos concretos. Los mismos serán trazados en los encuentros por sector que arrancarán la semana venidera. Vale consignar esos factores coincidentes difundidos por el ministro de Producción Matías Kulfas: necesitamos exportar más. Ningún sector productivo sobra: todos son importantes. Mercado interno versus mercado externo es una falsa antinomia. No hay futuro sin políticas productivas. Ninguna política productiva será sustentable si no piensa en la dimensión ambiental. Una macroeconomía estable ayuda al desarrollo productivo. Si no mejoramos la productividad, no bajaremos ni la pobreza ni la desigualdad. Una buena política productiva debe reducir las brechas de género. La apertura comercial no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que debe ser utilizada de manera inteligente y toda política de desarrollo productivo debe ser una política de desarrollo regional.

En base a esos datos conversamos con el economista Ricardo Aronskind. Nos dijo sin preámbulos que, a pesar de las dificultades, en la Argentina es inadmisible la persistencia de la pobreza. Una cosa es que cueste poner en marcha la producción en medio de la pandemia y otra que con la riqueza realmente existente hoy no se efectúe una distribución justa. En la misma dirección, aunque consideró razonables los puntos planteados en el Consejo, apuntó que resulta preciso revisar el concepto de productividad, que puede ofrecer flancos a quienes desean despedir y alargar los horarios laborales, y empezar a hablar claramente de producción nacional.

También conversamos con el empresario y militante peronista Alberto Samid. Al tiempo que defendió la gestión oficial, advirtió: «Hay cinco familias que son dueñas de la Argentina. Ahí están las dificultades del gobierno para concretar una política popular de crecimiento. Esos empresarios no dejan avanzar a la nación. Es muy difícil enfrentarlos, controlarlos, por el poder que llegaron a tener». Se refería a «Héctor Magnetto dueño de un conglomerado infernal de medios que dice a la noche lo que tenemos que hablar al día siguiente, Paolo Rocca, Bulgheroni y los bancos. El banco Galicia de la familia Escasany, y el banco Macro de Jorge Brito. Los presidentes pasan y ellos siempre están».

Bien, si enlazamos el Presupuesto Nacional 2021 con estas premisas podemos observar una tendencia firme aunque no radicalizada hacia el crecimiento y la producción. Claro que los detalles resultarán importantes para instrumentar el desarrollo. Sin embargo, los problemas presentes no son menores; pueden barrenar toda una región social debido a la caída del poder adquisitivo y esa es la zona que sostiene con más determinación al gobierno. Hay un destiempo que se palpa cotidianamente, pues las compañías formadoras de precios operan como si el resto de los debates y los esfuerzos colectivos –en medio de un altísimo registro de contagios- no tuvieran relación con sus aspiraciones económicas. Claro que la cúspide es siempre responsable de los sucesos: otro  economista cercano, de vuelo comprensivo, nos recordó que los empresarios son parecidos en todo el orbe, es decir, no sólo son avaros en la Argentina. El Estado debe poner los límites adecuados para beneficiar el bien común.

La masiva movilización del pasado 17 de octubre y los sondeos de opinión recientes evidencian que la convicción social está presente y dispuesta a respaldar acciones gubernamentales más audaces. Ese capital, no debería ser desperdiciado.

*Gabriel Fernández. Director La Señal Medios