Pompeyo Audivert: «El teatro debe apedrear el espejo»

Entrevistado por Dante Palma en el programa radial No estoy solo, el actor y dramaturgo se refirió a la obra Habitación Macbeth que se estrenó en el Centro Cultural de la Cooperación y a la que se puede asistir los sábados a las 20 y los domingos a las 19 hs.

Naturalmente el título de la obra nos remite a Shakespeare pero en alguno de los reportajes que diste contabas que en realidad era una obra beckettiana y mencionabas justamente “Final de partida”, una de las obras de Beckett en la que los personajes son Hamm que es como el amo ciego, Clov que es el sirviente que no puede sentarse y los padres de Hamm que no tienen piernas. ¿Por qué considerás que Habitación Macbeth refiere más al personaje de Clov antes que a Shakespeare y la obra original?

Porque cuando hago esta obra hay un doble propósito. Recordá que es una obra en la que yo hago todos los personajes, es una obra de Shakespeare que está concentrada en el cuerpo de un actor, y esto remite también a una idea que sería este otro propósito que te quería comentar que me viene acompañando desde hace mucho tiempo y que en cada obra que voy haciendo se me va esclareciendo más y que tiene que ver con la idea del teatro como un arte metafísico, como un arte ritual que sondea en la identidad y en la pertenencia, en quiénes somos, en el fenómeno de la reencarnación, en los misterios dorsales de identidad, en esa suposición de haber sido otros y entonces esos interrogantes que de algún modo también son los que cruzan la obra no solamente de Shakespeare que lo hace de una manera magistral, toda esa operación poética de hablar de estos temas, sino también la de Beckett. Lo que pasa es que en el caso de Beckett lo hace desde un lugar muy oscuro, muy devastado, la suposición de un mundo que se ha derrumbado y hay unos personajes que sobreviven haciéndose esas preguntas, quiénes somos, dónde estamos, de dónde venimos, qué estamos haciendo, preguntas que en Beckett nunca tienen respuesta, siempre es un mundo en extinción. Entonces a partir de la pandemia que fue la que me llevó a una clausura o a una introspección en donde creció en mí la idea de hacer este trabajo unipersonal, sentía que de algún modo la base de este trabajo debía ser beckettiana, debía ser esta sospecha que uno tiene respecto de un mundo que está derrotado y derrumbado. El personaje ese que haría todos los personajes shakespeareanos, el que sostiene la obra de Shakespeare –Macbeth- en ese páramo de huesos es un mecanismo, es un personaje beckettiano y es Clov, el personaje de “Fin de partida” que yo interpreté cuando la hicimos con Lorenzo Quinteros y que conozco muy bien no solamente el personaje sino también todo el universo de Beckett. Me parecía que el último remitente de esta operación teatral era Beckett, era lo que le puede conferir a esta puesta un carácter ritual, un carácter de extinción, un carácter histórico y antihistórico y también un grado de contemporaneidad, es Shakespeare por supuesto y es toda esa locura que Shakespeare desata, esos espíritus que atraviesan el camino de Macbeth y lo interpelan y abducen a otro destino, le envenenan la cabeza, es toda esa vicisitud pero el operador teatral de esa situación es un personaje beckettiano, está ahí al fondo, es un tipito, un mecanismo que está haciendo esa obra para los espectadores que han venido esa noche. Es la idea de apostar también a la cuestión teatral no solamente a la cuestión shakespeareana y a esa obra sino también al hecho del teatro como un fenómeno paranormal, a la actuación como un fenómeno paranormal donde un actor puede estar habitado no solamente por un personaje sino por muchos, una suerte de mecanismo esquizofrénico, no ezquizofrénico ya que hay una unidad de sentido que los personajes que lo habitan pertenecen a una misma obra pero sí una especie de operador o funcionario metafísico del fin del mundo que tiene dentro suyo la responsabilidad de representar esa obra cada noche, así que por eso está ahí Beckett cruzándose con Shakespeare. Además de que en la obra de Beckett hay mucha intertextualidad shakespeareana, por ejemplo, en “Fin de partida” hay mucho de “El Rey Lear”, Beckett reconocía tener mucha influencia shakespeareana y eso también siempre me llamó la atención.

¿Por qué reflotar el clásico? ¿Por qué vale ahora?

Por un lado está este doble propósito que me viene acompañando desde siempre -y cada vez lo tengo más claro- de que el teatro tiene sus temas propios vinculados a toda esta sospecha de otredad de la que te hablaba hace un rato y que eso tiene siempre que estar puesto en la escena, sea en la obra que sea. En el caso de Macbeth y de Shakespeare tiene que ver con que la pandemia ha producido una suerte de condición muy universal, muy estallada de lo humano, yo hasta hace poco venía trabajando con autores rioplatenses, Roberto Arlt, Florencio Sánchez, Discépolo y siento que este es un momento, justamente por lo que nos acaba de pasar y lo que nos está pasando, en donde todas las cuestiones locales se han suspendido circunstancialmente y se ha desatado una suerte de conciencia de lo Universal, de nuestra pertenencia a un sistema universal de humanidad, y entonces me parece que ligar estos propósitos de las temáticas teatrales que vienen acompañándome con este momento histórico y con Shakespeare es algo muy natural ya que Shakespeare por otro lado, además de ser un autor del cual se tramitan cuestiones sobrenaturales todo el tiempo, un autor que tiene unas profundidades que exceden los psicológico, es un autor que habla muy bien y reverbera muy bien todo lo que sería el grito histórico, las cuestiones vinculadas al poder. En el caso de Macbeth es una obra claramente que señala al poder como una construcción ficcional y también señala a la identidad como una construcción ficcional en la medida en que éste personaje, que decía ser uno, que era un fiel servidor del rey, de buenas a primeras se transforma en un asesino compulsivo y en un trepador del poder, cosa que sucede muy a menudo también dentro de nuestra sociedad, lo hemos visto con periodistas, se ve también con algunos artistas y se ve con personas más simples; esos cambios de polaridad en una personalidad y alguien a quien uno le apostaba todas las fichas, con quién uno tenía mucha empatía se transforma en el enemigo y también hay casos donde hay gente en que uno no daba dos mangos y se transforman en héroes sociales. Me parece que Shakespeare en este caso tiene que ver con que es una obra que habla muy bien de las cuestiones vinculadas al poder y al grito histórico y a la vez que habla muy bien de las cuestiones metafísico existenciales a las que el teatro se debe en este momento histórico universal, así que me parece que es el autor y, en este caso, la obra ideal para este momento y para el caso mío para llevar adelante también este propósito que me venía acompañando como una fantasmagoría hace mucho tiempo, la idea de que un solo cuerpo lleve adelante toda una obra de teatro, un cuerpo-teatro.

Por lo menos en las últimas obras en las que te he visto siempre me queda dando vueltas la presencia de un espejo y vos de hecho hablás también en la presentación de esta idea de dar un piedrazo al espejo. ¿Cuál es la función que desempeña el espejo en tu obra en general o por lo menos en tus últimas obras? ¿Por qué lo utilizás tanto?

Bueno en esta obra Habitación Macbeth también hay un espejo y juega un papel muy importante. Para mí el teatro debe erigir un espejo para concitar una unidad referencial con los espectadores. La obra debe aparentar la escena, pertenecer de algún modo al frente histórico pero de inmediato el teatro debe, a través de sus propios procedimientos formales, apedrear el espejo y señalar que esa identidad ficcional, que esa vicisitud que uno vea allí en realidad es una apariencia, es justamente un campo ficcional y que por detrás de ese campo ficcional, al romperse, al quedar astillado el espejo uno advierte la pertenencia de ese campo ficcional a un trasfondo de otredad, a una zona metafísica, poética, a esa zona misteriosa a la que pertenecemos los seres individuales y colectivamente, entonces para mí la presencia del espejo en mis obras siempre refiere a eso, a que el espejo es el gran problema del teatro porque me parece que el teatro últimamente se ha dedicado simplemente a generar un espejismo histórico y no a romper el espejo y a señalar que el frente histórico es un nivel ficcional que está destinado a lapidar justamente nuestra identidad poética y metafísica de seres. El teatro es el arte por excelencia destinado a esa operación de romper el espejo, no de validarlo y de establecerlo como un lugar de esto solazamiento de una sociedad capitalista o burguesa consigo misma. En general el teatro está funcionando últimamente como un espejo hedonista donde una sociedad se ve hasta incluso críticamente pero no deja de verse tal cual es y me parece que el teatro está para otra cosa y sobre todo hoy, en este momento del mundo, donde uno ya percibe más una extinción que una perspectiva.

Quiero ir específicamente a la obra, a vos te atraviesa el propio Macbeth, Lady Macbeth, Banquo, Las Brujas Fatídicas incluso resaltabas algunas frases, por ejemplo “las máscaras vendrán a ti”, “el alma nunca está desnuda”, ya me contaste por qué utilizás el recurso pero, ¿por qué específicamente te atraviesan estos personajes en esta obra?

Son los personajes para mí esenciales de Macbeth. Las tres brujas, Macbeth, Lady Macbeth y Banquo y por detrás el personaje este de Clov que viene a funcionar como un servidor de escena, como el que acomoda todas las cosas, los elementos escenográficos. Bueno en este caso mi identidad teatral, este propósito de fondo que me acompaña en todas las obras y cada vez ve más la luz está representado en el personaje de Clov, este personaje sordo y mudo que acomoda, este servidor de escena es el último remitente de todo esa operación y en el grado del campo ficcional Macbeth y Lady Macbeth son personajes fundamentales, lo mismo que las tres brujas que me permite también producir ahí una escena más divertida, más extraña, porque los personajes cambian con mucha rapidez uno con otro, forman como una especie de personaje tripartito. Y Banquo que sería como un personaje de algún modo secundario pero central en el sentido de que es el que vuelve a visitarlo así como en el caso de Hamlet la sombra del padre vuelve y se le hace presente y le reclama venganza, acá en el caso de Banquo es el personaje que viene del otro mundo, de ese entremundo al que fue enviado después de ser asesinado a decirle a Macbeth que no va a poder dormir más, que él asesinó el sueño, asesinó la paz, la conciencia y que de algún modo es un traidor. Así que me parece que con esos personajes se puede sintetizar el propósito de Macbeth como obra teatral, por eso los elegí y por eso no incluí a otros más que andan dando vueltas por ahí pero que no me parecían centrales, que están referidos en esta obra pero no aparecen físicamente encarnados.

Mencionaste la cuestión de la pandemia que te atravesó a vos como nos atravesó a todos y recordaba otra de las frases que vos resaltás en la presentación que a su vez es una cita de Di Benedetto, cuando decís “me reduje a casa”, y obviamente todos pensamos en Di Benedetto y pensamos en Zama, ese gran libro sobre la espera, el tipo que está esperando la carta desde España que nunca llega y que lo va a liberar. Entonces ahora sí más allá de lo que me comentaste, más desde el punto de vista estrictamente personal no tanto vinculado a lo teatral, ¿cómo fue reducirte a casa y esperar como Zama, en el medio de una pandemia, que llegue algo que nos libere?

Tal cual, cuando se desató la pandemia yo estaba haciendo una obra llamada “Trastorno” con mucho éxito, tuvimos que suspender de buenas a primeras y me fui a Mar del Sur, que es un pueblito de mar, pasando Miramar, la última playa, un lugar muy solitario, campo y mar y ahí reducido a esa casa con parte de mi familia sentí que se abría un compás de espera que iba a ser muy largo y que yo quedaba reducido también a mi propio cuerpo como habitáculo teatral, que toda la teatralidad que hasta ese momento podía funcionar normalmente como cualquier actor en los escenarios quedaba ahora latiendo en mí y en mi propio cuerpo entonces me puse a pensar qué podía hacer con ese cuerpo-teatro que estaba clausurado y a la espera de una de una nueva oportunidad y fue ahí que me puse a adaptar la obra y a memorizarla, incluso ensayarla, pasar la letra en largas caminatas por ese paisaje salvaje, o sea que me reduje a casa en el sentido físico de esa casa a la que yo quedé reducido y también en el sentido físico de mi propio cuerpo al que quedé reducido en términos teatrales. Después existen otros grados de asociaciones posibles con esta habitación que uno es cuando es un actor, con esa idea de ser un habitante también de una obra de teatro, Shakespeare como habitáculo, como habitación, todas esas multiplicaciones que el concepto de habitación y de estar reducido a una casa también tienen, me parece que se trata de eso, por eso Di Benedetto es una metáfora extraordinaria para ese momento, nos pasó a todos, todos quedamos reducidos a casa y dentro de esa reducción y esa clausura se desataron asociaciones, fantasmagorías, pensamientos e identidades que estaban de algún modo clausuradas y no tan a la vista y que se pusieron de manifiesto, cosas voluminosas y oscuras, creo que en ese sentido la pandemia va a tener consecuencias a futuro que no están a la vista pero que se deben haber producido cambios es seguro.