Promesas sobre el bidet

Claro está que la pandemia es un hecho social inédito que impregnó y puso en discusión todo: el rol del Estado, las relaciones sociales, las narrativas y los abordajes sanitarios, la política. Nadie podía imaginar un escenario como el actual, más que en las narraciones distópicas y, sin embargo, nos tiene en vilo. Hay una sensación de pérdida del tiempo y el espacio: un año que no fue y otro que, contra los últimos residuos de esperanza, pareciera perseguir el mismo destino. El tiempo se paró, pero sigue. La pandemia avanza, y la economía se retrae. La desocupación crece y la pobreza se dispara.

En la experiencia argentina nos toca transitar la delgada línea del posibilismo, a expensas de una dirección política donde, por momentos, prima más el cálculo que la empatía. Las medias tintas, esas a las que nos tienen acostumbrados (y aleccionados) las democracias liberales, nos arrinconan en el conformismo y las lógicas timoratas. Y no, no alcanza. El miedo a las transformaciones descansa en la pesadilla de ser señalado de autoritario, dislocando no solo las categorías sino disputando sentidos.

Falsas dicotomías nos enfrentan y confrontan, mientras los márgenes de maniobra se vuelven más estrechos. No se trata de priorizar la salud en desmedro de la economía. No hay contradicción. Seguramente, atendiendo a las condiciones materiales de existencia de los sectores más desprotegidos de la población, sean ambas las variables que atender para combatir cualquier aflicción. Pero las políticas de Estado muchas veces no alcanzan o son más de las veces insuficientes en un mundo donde rige y reina la especulación y el capital financiero y el trabajo es una quimera.

Aun habita en nuestra memoria el discurso de Alberto Fernández, tanto de la campaña como de la victoria electoral, un discurso prepandémico: “Entre los bancos y las pymes, nosotros nos quedamos con las pymes. Entre los bancos y los jubilados, nos quedamos con los jubilados. Entre los bancos y la educación pública, nos quedamos con la educación pública. Entre los bancos y la gente, nos quedamos con la gente”.

Un relato que buscaba conquistar a la militancia como así también conciliar las pugnas internas que representaban las fuerzas dentro del Frente de Todxs. Pero que, a su vez, con solo mirar el elenco gubernamental y los principales funcionarios de la cartera, no caía del todo simpático para aquellos que aún no se resignaban a perder la mirada estratégica más allá de la táctica electoral.

Un año y medio de gobierno y las promesas quedaron a mitad de camino.

Aún el Poder Judicial está en los sótanos de la democracia judicializando la política del Ejecutivo e incluso del Poder Legislativo, evidenciando el emparentamiento de clase y demostrando una vez más, a favor de quién se administra justicia. Así, los supremos deciden por zoom la presencialidad de miles de personas que integran la comunidad educativa, cuando no embisten contra la declaración de derechos esenciales. Como rémora oligárquica, los apellidos se presentan como tragedia en la acordada del 30 y luego como farsa en la intendencia porteña. Sin mencionar la continuidad de las causas del lawfare, que fueron la pieza fundamental del macrismo, y que aún persisten. Los gobiernos pasan, los jueces quedan, dicen. Pero el saludo a la bandera, no se reduce a los actores políticos, sino a los agentes económicos que operan en la trastienda.

Transitamos el espectáculo del pago de la deuda al FMI. Una deuda odiosa cuyo pecado original fue haberla reconocido aún en su carácter fraudulento, ilegítimo e ilegal. Miles de millones de dólares que se fugaron y que tiene que pagar el Estado a costa de su pueblo. Claro está, que no hay que pagarla más allá de las buenas negociaciones que cree ilusamente un ministro poder ejecutar, ni de los resultados de una gira que busca el aval de los representantes del poder mundial para negociar “mejores” condiciones de negociación.

Por su parte, las políticas sociales naufragan ante lo que resulta cada vez más inalcanzable. Incluso lo más básico. Las soluciones no solo son cortoplacistas, sino que desnudan el sino trágico de la INjusticia social. Los datos macroeconómicos lejos están de ser óptimos, pero son datos. La realidad de importantes sectores de nuestra población se encuentra en niveles de postergación que no se resuelven con políticas de administración de la miseria.

Hay que invertir el rol del Estado. El asistencialismo no es más que un paliativo y una herencia del orden social neoliberal. Hay que mirar menos al capital y más a la producción, hay que apostar al trabajo; hay que mirar más al peronismo y menos al radicalismo; hay que pensar la economía y la política en clave soberana. Y no se pueden pensar las políticas públicas en clave de pobreza.

Mientras tanto, en el mundo la derecha avanza. En Europa esboza la contradicción maniquea “comunismo o libertad” que parte de la derecha local retoma como mal pandémico. Sin embargo, son otros los sectores que hay que mirar, menos agresivos, pero no por eso menos peligrosos. Alejándose de esa radicalidad como de la polarización, transita la moderación entre el “autoritarismo” populista y la reacción. Son capaces de reivindicar a Evita en el aniversario de su natalicio aun provocando la ira de sus seguidores más fieles y ortodoxos. Este pragmatismo le permite jugar de forma permanente con el gobierno nacional e incluso condicionar la agenda política, hasta incluso ganarse el mote de “amigo” por parte del presidente.

Segundo año pandémico, con elecciones de medio término. Sin reforma del Poder Judicial, sin políticas estatales claras y elocuentes orientadas a la producción y al trabajo, y reconociendo la deuda odiosa. No basta ya con hablar de la doble pandemia. Al COVID y sus nuevas cepas se lo enfrenta con la Sputnik V y al macrismo y sus nuevas cepas, con peronismo.

*Florencia Prego. Licenciada en Sociología y maestranda en Estudios Sociales Latinoamericanos (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Becaria UBA categoría doctoral con sede en el IEALC. Secretaria de redacción de e-l@tina. Revista Electrónica sobre estudios Latinoamericanos.