Renta Universal, Reset y la necesidad de controlar los derechos de la tecnología

La renta universal, ingreso básico o cualquier otro nombre que se le otorgue, consiste en un sistema que reparte dinero entre los habitantes de una nación con el fin de garantizar el 

acceso a los requisitos mínimos para una vida digna, o al menos es así en teoría. Esta idea ha desatado muchas controversias y curiosamente ha sido promovida no solo por aquellos grupos considerados progresistas o de izquierda, sino que también ha contado con el apoyo de grandes figuras internacionales de la política o magnates de las finanzas. 

Los detractores argumentan que este tipo de iniciativas perpetuarán las desigualdades sociales, estimularán la vagancia, generarán una sensación de insatisfacción de mucha gente y sobre todo crearán estímulos desalentando el esfuerzo individual y el sacrificio. Hay algunos planteos de orden económico que dicen que provocarán inflación porque se emitirá dinero sin crear una contraprestación, sin embargo, parecen olvidar que los Estados emiten billones de dólares para sostener las ganancias del sistema financiero y nadie se preocupa seriamente por los efectos inflacionarios. 

Más aún, la producción seguiría en marcha autónomamente por lo que el problema no sería el desbalance por el dinero inyectado sino cómo se distribuiría esa producción. 

Las críticas a estas políticas suelen ser de orden moral o por la incapacidad de ver cómo el mundo que se está gestando quiebra la forma de organización que hemos conocido hasta hoy.

La situación entonces es bastante compleja y no genera consenso. Algunos de los argumentos son atendibles y otros no tanto, sin embargo, esto difícilmente afecte a la capacidad de reformularse que tiene el sistema en función de sus necesidades y características. 

Podemos descontar como un hecho evidente que estamos viviendo una explosión de desarrollo tecnológico inimaginable, en lo que conocemos como Cuarta Revolución Industrial que aumentan exponencialmente las capacidades de producción, pero que vienen de la mano de tecnologías que básicamente no necesitan de la intervención humana. 

Por primera vez en la historia podemos decir que la fuerza laboral del hombre pierde protagonismo hasta no ser necesaria. Podemos debatir sobre los tiempos en que este proceso se acentuará para llegar al punto de no necesitar trabajadores, lo que no podemos es cerrar los ojos a la realidad y menos aún, confiar en fórmulas mágicas que generan empleos que hoy ni siquiera imaginábamos como ha sucedido en el pasado. 

El salto tecnológico es tal que prácticamente no necesitará de la intervención humana, siendo que la misma trae más problemas que soluciones para el empleador. 

¿Podemos acaso imaginar que las innovaciones tecnológicas se detendrán para no aumentar la tasa de desocupación? La respuesta es un no rotundo, precisamente la experiencia dicta que las corporaciones cada día prescinden más de sus trabajadores y los reemplazan por sistemas automatizados. 

Entender el por qué es bastante simple, un trabajador tiene un costo por las prestaciones sociales, requiere tiempo de descanso, licencias por enfermedad, maternidad, genera conflictos laborales, puede haber problemas de indisciplina, de manipulación incorrecta de los recursos y un larguísimo etcétera que pueden ser evitados a partir de utilizar un proceso que no requiera la participación humana o la reduzca al mínimo de su necesidad.

La historia nos demuestra que las innovaciones tecnológicas llegan para quedarse y modifican todo a su alrededor. Así como la invención del motor de vapor produjo un cambio tecnológico que impactó en la sociedad de la época y nos ha llevado hasta donde estamos parados hoy, entramos en una etapa previa a un cambio que aparenta ser aún más profundo.

Una vez que llegamos a este punto, resulta ocioso determinar las consecuencias sociales que resultarán en virtud del cambio que se está alumbrando, el impacto ya está produciendo y es el verdadero problema a analizar.

Siendo la destrucción del empleo masivo la resultante, algo que ya estamos viendo, debemos enfrentar las consecuencias de inmediato porque con el proceso en marcha, veremos cientos, sino miles de millones de trabajadores, que perderán sus empleos y pasarán a engrosar las filas de los desocupados.

Esta realidad es la que conocen de antemano los poderosos del mundo cuando promueven la asignación universal, la rapidez y la violencia con que se está dando el cambio, impulsan la necesidad de crear una amortiguación que permita el proceso de modificación del sistema, pero que se haga de la forma más ordenada posible evitando que la tensión social haga saltar todo por el aire.

No es por bondad o empatía con el prójimo que las élites apoyan estas medidas, lo hacen por conveniencia o necesidad, pero aun así lo hacen y esto es lo importante. Con eso consiguen potenciar y reforzar el control total de las élites sobre la población general.

Este proceso no es otra cosa que el gran reset que ha causado tanto revuelo impulsado desde el Foro de Davos.

Ante estos hechos y la realidad inexorable de una tecnología que se impone aceleradamente, hay que encontrar una fórmula de supervivencia.

Las élites financieras han decidido impulsar la asignación universal, esa idea será tomada también por los gerentes políticos que la implementarán de acuerdo a las necesidades del propio sistema.

La dependencia entonces de un ingreso dado por los Estados para sobrevivir a la crisis puede hacer que las masas sean más manipulables, lo que ya conocemos cuando se abastecen de una multiplicidad de ayudas estatales para no desaprovechar políticamente la oportunidad.

La existencia de lo que conocemos en Argentina como movimientos sociales no es más que esto definitivamente, bolsones de desocupados que con los dineros públicos son utilizados para la disputa política.

En esta articulación convergen con las necesidades del Poder Financiero de ganar tiempo, mientras reformula sus políticas que se direccionan hacia un mundo con muchos menos trabajadores y sectores políticos que ven que deben hacerse cargo a medida que crece su poder interno de la mano de los desocupados.

La situación así planteada puede parecer inexorable y tal vez se mantenga y profundice hasta que pase la nueva etapa del plan.

Precisamente uno de los debates más álgidos se da en torno a la perpetuidad de ayuda estatal, anulando muchas de las capacidades del ser humano e impidiendo que se motiven para construir por sí mismos y generando así dependencia.

Sin embargo, aquellos que se preocupan sobre este punto deberían comprender que esto es apenas temporario, lejos, muy lejos de la voluntad de los poderosos está mantener una sociedad que no trabaja y consume.

Veamos cómo piensa esta gente tomando como ejemplo el caso de Jeff Bezos y su corporación Amazon.  Esta mega empresa siempre se ha destacado por el trato opresor sobre sus trabajadores.  Hace algunos años veíamos noticias sobre cómo Amazon incorporaba cámara de vigilancia para su plantel de empleados que tenían la capacidad mediante un software de observar cada trabajador, calcular cuánto tiempo pasaba en el baño y hasta cómo se desplazaba dentro del espacio laboral para efectuar sus tareas, determinando de esta manera si lo hacían forma óptima o si su desempeño no era el mejor, en este último caso implacablemente eran despidos.

Asimismo, las corporaciones indagan en la vida privada de sus empleados, llegando a sancionarlos sí, por ejemplo, sus posteos en las redes sociales no coinciden con la línea determinada como correcta por la empresa. Control de movimientos y del pensamiento.

Amazon acaba de dar un paso más en su insensibilidad cuándo hay una denuncia del deceso de dos de sus trabajadores a los que se les impidió que se retiren por no estar en condiciones físicas de poder continuar, amenazándolos con ser despedidos.

Esto sucedió recientemente en Bessemer, Alabama, EEUU. Uno de los fallecidos fue Isaiah Thomas, un trabajador de Amazon, que sufrió un derrame cerebral y «murió en el trabajo» después de preguntarle a Recursos Humanos si podía irse a casa. Según afirmaciones realizadas en una entrevista publicada por More Perfect Union, el sindicato local, el trabajador recibió como respuesta que podía “irse a casa y perder su trabajo” o “quedarse aquí y seguir trabajando”.

Según un compañero de trabajo de Amazon, Perry Connelly, el hombre sufrió un derrame cerebral y murió dentro de un remolque. Les tomó alrededor de 20 minutos encontrar su cuerpo.

El día anterior había fallecido otro trabajador en circunstancias parecidas y van ya 6 desde el comienzo del año que mueren por el exceso de trabajo en las instalaciones de la compañía de Jeff Bezos.

Citamos este ejemplo para que se comprenda cuál es la visión que tienen sobre el ser humano este tipo de personajes, para ellos solo somos un engranaje que les permite que funcione su mecanismo de hacer dinero y nada más. Mientras ellos se dan el lujo de dar un paseo en órbita a un costo de 15.000.000 de dólares, sus trabajadores carecen de las condiciones mínimas requeridas.

Sí es ese tipo de gente que va liderar el cambio global ¿podemos creer acaso que tomarán medidas en beneficio de la sociedad o lo harán en beneficio exclusivamente suyo?

Lamentablemente la respuesta es obvia, solo nos resta saber cuándo y de qué manera esta gente se va a deshacer de su excedente laboral constituido por trabajadores que serán innecesarios.

En definitiva, de esto es de lo que se trata, de un sistema que se reacomoda, se redimensiona, e insufla ideas que apuntan a disminuir la carga demográfica, porque si en otros tiempos esos trabajadores constituían un ejército laboral de reserva que presionaba a la baja los salarios, hoy han dejado de cumplir esa función y simplemente son un excelente que no va a volver a emplearse. También debemos considerar que la mano de obra necesaria ya tiene un impacto pequeño en el costo final de los bienes o servicios que brindan las empresas, es irrelevante el papel que representan los desocupados como contención de alza de salarios.

Comprender esta situación requiere dejar de pensar en un mundo de mediados del siglo 19 para enfocarse hacia un mundo del Siglo 21, con las reglas del juego muy diferentes pero que mantiene la desigualdad entre los más ricos y el resto.

Podemos asimismo especular sobre cuál será el destino final de esta última mutación del capitalismo, una mutación final que está dando paso a un sistema diferente.  El capitalismo que ha transitado por distintas etapas pasando de la producción masiva a la especulación financiera, hoy se agota en sí mismo y produce una nueva metamorfosis hacia un modelo distinto que probablemente ya no podrá ser considerado capitalista.

El capitalismo entonces va a desaparecer, pero no por el triunfo del socialismo como se creía de los siglos anteriores sino simplemente como producto de su propia evolución.

Las nuevas ideologías en boga, ideologías que eran marginales hasta los años 90 cuándo la conjunción el mundo del entretenimiento, la política oficial, las corporaciones y los sistemas educativos apoyados en los organismos internacionales se alinearon claramente en un mismo objetivo que es el de restringir la cantidad de trabajadores evitando su nacimiento.

Sabiendo de antemano que  el avance tecnológico se iba traducir en excedente de trabajadores,  se pusieron en marcha esta serie de ideologías mencionadas como es el feminismo,  género,  aborto, eutanasia, ambientalismo,  veganismo y muchos otros qué permitían readecuar culturalmente a la sociedad hacia modelos que no traigan más seres humanos al mundo, ya sea estimulando la idea de una decisión individual,  las parejas naturalmente estériles, o hasta reducir el impacto de la huella de carbono,  todo sirve para el poder sí apunta a estos fines.

El Papa Francisco acaba de advertir sobre la caída de los nacimientos en Italia, Putin preocupado sobre el nuevo descenso en Rusia, el fenómeno de la caída de la fertilidad abarca a casi todas las naciones, aún aquellas impensadas como Brasil.

¿Casualidad? Seguramente no, resultado de un modelo que lleva décadas marchando en un mismo sentido.

Retomando, el sistema productivo no necesita más trabajadores, por lo tanto, la cantidad de consumidores también caerá porque simplemente estos no tendrán dinero para poder acceder a bienes y servicios que necesitan para vivir.

Por eso el capitalismo se redefine, ya no podrá seguir expandiéndose sobre nuevos mercados, y tampoco tiene interés de hacerlo cuando cuatro mega fondos internacionales son los dueños de prácticamente todo el Occidente.

¿Necesitan acaso más dinero, necesitan acumular más capital?  No, la respuesta es contundente, lo que necesitan es mantener su predominio y llevarlo hasta el último rincón del planeta.

Ya no luchan por el dinero o por acumular capital, luchan simplemente por el poder y eso comprende tener la capacidad de redefinir el mundo a su antojo.

Controlar un mundo de 7500 millones de personas con enormes porciones de desocupados es una tarea virtualmente imposible, por lo tanto, se necesita esa readecuación hacia un neo feudalismo con una minoría inmensamente rica y poderosa que controla absolutamente todo y una periferia que le sirva para las necesidades que pueden llegar a tener.

Mark Zuckerberg ha avisado que su idea del metaverso es lo posible para unos mil millones de personas, porque ese es el número que calcula que podrían acceder el equipamiento necesario por cuestiones económicas.  Las señales están claras entonces, el mundo que están diseñando tiene un modelo ideal de unos mil millones de habitantes, el resto simplemente sobra.

No hay razón alguna para permitir qué países como Nigeria, Indonesia, Brasil o México finalmente hagan pesar su demografía creciente y se convierten en actores internacionales de peso, es necesario y ya lo advertía Henry Kissinger en los 70, estos países se constituirán en un desafío para el mundo futuro en la competencia con Estados Unidos por el acceso a los recursos.

Thomas Barnett explicaba que el mundo se dividía en una zona núcleo viable e integrada y una periferia qué denominaba The Gap, que debía ser desenganchada, transformándola en un mundo sin Estados viables y que se constituyan en un reservorio de recursos naturales a disposición de los países poderosos… o tal vez en realidad de las grandes corporaciones que  son quienes toman el control del mundo actual.

En esta situación sucintamente explicada vemos que el mundo va a ser rediseñado, de hecho, ya está siendo rediseñado ante nuestros ojos sin que lo percibamos con meridiana claridad.

Por la forma en que se produce ese rediseño, se necesita tiempo y liberarse de Estados que no comparten este modelo como es el caso de Rusia, China o Irán. EEUU con Trump intentaba salir, pero ya ha vuelto al redil globalista.

La idea entonces de una asignación universal cuando parte de estos sectores, es simplemente la de poder mantener la situación bajo control hasta poder motorizar esos cambios mencionados.

Pero hay otra visión que podíamos utilizar para entender la asignación universal de otra forma.  Para que sea más fácil de comprender utilicemos un ejemplo simple de seguir, imaginemos que la Argentina es una gran corporación especializada en la producción de recursos naturales y alimentos.

Como cualquier otra corporación la actividad económica, sí está bien administrada, debería proyectar ganancias, las cuales se dividirán entre los accionistas de la misma.

No es difícil entonces imaginar que los accionistas en Argentina podrían ser sus ciudadanos, los cuales como cualquier accionista de cualquier Corporación tienen derecho a recibir su cuota parte de dividendos en función de los resultados de la compañía.

Nadie cree que los accionistas son vagos, indolentes, que no se esmeran ni que quieren mejorar en su vida.  Simplemente son accionistas qué retiran sus ganancias y luego cada uno hace lo que quiere, mientras algunos les podrán gustar las artes, otros se dedicarán a los deportes, algunos al teatro, literatura, o a cualquier otra actividad qué les plazca.

Bueno, sí concebimos entonces las cosas de esta manera, si los ciudadanos argentinos son parte de la corporación argentina y por ello tienen derecho a recibir una parte de los beneficios que produce la Corporación, la asignación universal dejaría de ser una dádiva al servicio de la política de los intereses corporativos financieros y pasaría a ser un derecho de cada argentino.

Seguramente si podemos tener la capacidad de abstracción de imaginar una situación con estas características vemos que ante el avance de la tecnología que no requiere empleo humano, las riquezas que se produzcan podrían ser repartidas en forma equitativa.

Seguramente en un primer periodo de transición, este sistema convivirá con aquellos que quieren seguir trabajando y tienen cómo hacerlo, obteniendo en función de su trabajo una mejora en su capacidad económica con respecto al resto.

Sin embargo, tarde o temprano, los cambios tecnológicos nos alcanzarán, en 5 años o en 50, da lo mismo, el modelo finalmente se impondrá.

Por ello la lucha real es por el control de la propiedad de la tecnología, no es casual que vemos que precisamente las últimas décadas ha habido una explosión en el patentamiento de los sistemas productivos y de cuanta idea tecnológica puede haber.

Nos parece natural que esto sea así, qué una compañía cobre por ser la dueña de una patente, sin embargo, esto es algo propio de los últimos siglos, a lo largo de la historia de la humanidad e inclusive en otras culturas, los avances tecnológicos no eran de nadie y todos los podían aplicar porque eran en beneficio de la comunidad.

La idea entonces de patentar absolutamente todo es porque las corporaciones y sus dueños saben de quién es el futuro, y de acuerdo a este modelo que están implementando, quien sea el dueño de ese concepto será el dueño de todo.

En una era de conocimiento el poder patentar ese conocimiento significa ser quien controla el mundo.

Lo que debemos hacer entonces es eliminar ese concepto de la propiedad intelectual, para que no haya quien tenga derecho a apropiarse de los beneficios.  En un mundo donde la producción carece de trabajadores y la misma se realiza por parte de sistemas automatizados, es simple darse cuenta que ni siquiera hay una explotación del hombre por el hombre, y la plusvalía sólo será tecnológica.

Quién sea el dueño de la tecnología será quien tome las decisiones, y teniendo en cuenta los antecedentes que vivimos un personaje como Bezos, no podemos esperar nada positivo para el resto de la humanidad.

Así que lejos de ser un tema menor hoy es central discutir este concepto de quién es el dueño de la tecnología cuando la propia tecnología va a ser la fuente de riquezas. Hay que entender que debemos posicionarnos mirando hacia el mundo que viene y no hacía el mundo que pasó, los conceptos de trabajo remunerado que caerán rápidamente en desuso y si no comprendemos la seriedad del proceso, veremos cómo miles de millones de personas serán barridas de la faz de la Tierra.

Comprendido así la asignación universal no debería ser como ya dijimos, una dádiva sino el resultado natural del control de los medios de producción qué trabajarán prácticamente sin intervención humana.

Nada menos que el futuro de la humanidad depende que comprendamos esta situación y actuemos en consecuencia mientras haya tiempo.

No se trata de un proceso que vendrá dentro de muchos siglos sino de apenas algunas décadas,  y ya hay que estar preparándose para ello.