Restricción externa y gobernabilidad

Las recientes medidas anunciadas por el Banco Central destinadas a reducir el drenaje de reservas del mismo por la venta de 200 dólares mensuales, dan cuenta de la extrema gravedad que enfrenta la economía argentina y el gobierno de Alberto Fernández luego de los cuatro años de descalabro de la presidencia de Mauricio Macri, sumado al inmediato impacto de la pandemia en el nivel de actividad económica.

El cálculo es elocuente: con un ritmo compras de, promedio, 1.000 millones de dólares mensuales (942 millones en agosto) y con un nivel de reservas de liquidez de 7.000 millones, era fácil prever que en cuestión de semanas el gobierno se encaminaba a una crisis cambiaria traducida en devaluación forzada. Escenario inviable para la economía y para la solidez política del gobierno.

La medida se venía cocinando dentro del gobierno desde al menos tres semanas antes del anuncio. Posibles divergencias internas, saldadas finalmente por el Presidente, terminaron pariendo una medida que franqueó la necesidad de actuar sobre el problema y dejó abiertos interrogantes sobre su implementación y resolución en el mediano y largo plazo.

Interrogantes como, por ejemplo, si la salida de dólares desde el 11 de diciembre en concepto de importaciones no esenciales no tuvo el control estricto que ameritaba la crítica situación heredada, y empeorada partir de marzo por la pandemia y su previsible impacto en la economía real. Lo mismo en lo relativo a endurecer controles en la adquisición de divisas vía operaciones como el contado con liquidación, o el dólar bolsa (MEP) así como la cancelación de deudas en dólares del sector privado. Es decir, el dólar ahorro precipitó un sistema de administración de divisas que goteaba por distintos frentes.

En definitiva, una vez más el dólar en el centro de la escena, ubicuo, dominándolo todo. Ariete de presiones sobre precios, disparadas inflacionarias, corridas cambiarias y tiburones que huelen a devaluación, aprietes destituyentes, y especulaciones sinfín. Y otra vez, todas las miradas atentas en las reservas del Banco Central, en las que son de libre disponibilidad y en las que no, en los Swaps de China que están pero que no son contables, o de uso corriente, ¿o sí? Cepo, cepito cepón, tecnicismos financieros discutidos en el panelismo 24/24 de la tele y las redes sociales, traducido en termómetro de humor social que sigue en el minuto a minuto si aumenta la brecha del blue o del CCL. Razones para esta obsesión con el dólar no faltan: el dólar es, junto con salarios y tarifas, el principal precio relativo de la economía local.

Ante la pregunta que de si faltan dólares en la Argentina o en el Banco Central, la respuesta es que en la Argentina hay dólares por donde se los quiera encontrar, en cajas de seguridad, en cuentas bancarias en el exterior, en activos externos. Al día de la fecha, cerca de 4.000 millones de dólares del sector agroexportador sigue reteniendo su liquidación. En materia de comercio exterior la matriz especulativa y concentrada en pocas manos privadas sigue sin alteración alguna. Antes el país dependía de una buena cosecha, ahora depende de la voluntad y oportunidad del sector en la liquidación de divisas.

Una película de 45 años

Desde el Rodrigazo en 1975, pasando por la hiperinflación de 1989, el estallido del 2001, y por último Mauricio Macri junto a su equipo de la Champions League y el Messi de las finanzas, todos los gobiernos sucumben, tarde o temprano, a la falta de dólares. En resumidas cuentas: no hubo gobierno en estos 45 años transcurridos en los que su estabilidad política y su gobernabilidad no estuvieran atadas a la administración y control del tipo de cambio.

La resolución de esta tensión histórica con el dólar no puede esperar resultados distintos con los mismos procedimientos y las mismas herramientas. Tampoco insistir en arribar a acuerdos con los sectores políticos y empresariales que promovieron y ejecutaron políticas económicas que llevaron al actual estado de situación, consolidadas en cada oportunidad que gobernaron en procesos de financiarización, de endeudamiento, fuga, y acumulación de activos en el exterior, concentración y extranjerización de la economía nacional.

No será con estos sectores con quien se podrá recuperar autonomía monetaria y administración de recursos en defensa del interés nacional.

*Periodista. Ex editor de Miradas al Sur y columnista de Tiempo Argentino