Shila Vilker: “En el gobierno hay errores de comunicación muy básicos”

En el último anuncio de la extensión del aislamiento a causa de la pandemia, el Presidente volvió a ponerse al frente de la comunicación de las medidas ¿Qué evaluación hacés del proceso de comunicación del gobierno nacional desde el primer día de la pandemia hasta la actualidad?

Es difícil resumir rápidamente una caracterización de la comunicación del gobierno porque ha pasado por distintas etapas desde la asunción y creo que eso también tiene que ver con el estado emocional de la sociedad ante un fenómeno tan incierto y novedoso como el coronavirus, entonces sería difícil encontrar una única palabra para caracterizar un proceso bastante fluctuante. De todos modos, me parece que en una situación de tanta gravedad, la decisión de volver a estar al frente de la escena de la comunicación es absolutamente necesario, creo que es lo que corresponde y de alguna manera es lo que la responsabilidad indicaría. Es cierto que la expectativa y la dinámica de la sociedad hoy está más como si hubiese un estado psíquico de superación, de dejar atrás o de negación de la escena amenazante de la pandemia y me parce que cuanto más ninguneo haya de la situación más necesidad hay de volver a marcar una y otra vez su estado de amenaza.

En una nota que escribiste en la revista Panamá hablás de un “gobierno de la pausa” y sostenés que en un principio su plan tenía que ver primero con resolver el conflicto con los acreedores y después entra en pausa porque comienza una pandemia que, como señalás, desrealiza el futuro. ¿Qué está haciendo el gobierno o cómo intenta salir de esta segunda pausa?

En ese sentido es interesante porque el Presidente habló en dos ocasiones distintas, más temprano vinculado a la obra pública, más tarde vinculado a la escena del Covid, me parece que ese doblete de alguna manera es una metáfora de dónde estamos parados hoy. Un poco en la dinámica de volver a reactivar y un poco volver a dimensionar la dramaticidad del Covid. Tengo la impresión de que hay un esfuerzo de volver a salir fuertemente con la obra pública, con reactivación. Tengo la impresión de que el estado de pausa es un estado de carácter ontológico, de alguna manera la enfermedad en la vida social genera un estado de parálisis y creo que ese estado de suspensión de los proyectos, de la idea del futuro que se manifiesta en frases simples como “este año tenía pensado hacer estas cosas y dejé todo en suspenso” o “con la pandemia no sé si seguir”, esas formulaciones que se dan en lo individual pero también se dan en lo social, se dieron en Argentina pero también en otras partes del mundo. Entonces me da la impresión que esa dinámica de pausa es en parte algo que no únicamente impone el gobierno sino que viene de alguna manera con el fenómeno. Las dificultades para vencerlo tienen que ver con que ese estado que tiende a comérselo todo, tiende a avanzar sobre cualquier lógica de un poco más de actividad. De todos modos, la verdad es que el gobierno hoy está teniendo dificultades para salir de esta escena. Tengo la impresión de que las iniciativas han quedado desdibujadas y las escenas de amenaza de riesgo y los problemas por supuesto afloran de un modo más acelerado que aquel en el que se buscan respuestas o se trata de resolver los conflictos.

Ante la pregunta acerca de la identidad de Alberto que es otra cuestión bastante controversial, respondés que es como el personaje de Batman, Harvey Dos Caras, ¿por qué lo ves cómo a ese personaje?

El personaje Harvey Dos Caras es un personaje espectacular, fantástico, del que no sabemos si es un héroe o un villano, con esas cosas que tienen los cómics y que muchas veces se parecen a las realidades políticas de los países. Es un personaje muy interesante, una figura que se desempeñaba en la justicia y sus decisiones empiezan a pivotear entre lo bueno y lo malo de un modo azaroso, es decir, de alguna manera las decisiones las toma una moneda que gira en el aire. Lo interesante acá es cómo puede estar con unos y otros, puede responder a unos intereses y puede responder a otros y me parece que eso que en muchos casos puede ser un problema, creo que en el caso de Argentina había sido presentado o imaginado como la posibilidad de una síntesis, la posibilidad de articular armónicamente posiciones que a priori parecerían irreconciliables. Me da la impresión de que es justamente el principal atributo que tenía Alberto, y por eso la hipótesis es “los Albertos” y no Alberto, y me parece que esa capacidad de síntesis que había sido muy prometedora en la situación de campaña y en la situación electoral empieza a tener problemas en la gestión, me da la impresión de que ese pivoteo en la gestión representa un límite, un problema porque traba en parte los procesos de decisión, eso que era sintético en realidad no lo es tanto, de hecho termina no estando nadie contento, para el mundo más peronista o kirchnerista el Presidente no termina de serlo plenamente, para el mundo de la oposición el Presidente termina siendo un títere. Entonces hay como una escena en que las demandas de un lado y de otro, en lugar de potenciar la síntesis, lo que buscan es la exclusión de la diferencia, no es lo que representaba Alberto en términos electorales. Ese atributo que era la confluencia de esas diferencias es difícil volverlo material, volverlo no una promesa sino un punto de concreciones en ese pivoteo.

Me parece que tanto la voz, el tono y el modo de Alberto es parte de su mayor virtud, de hecho es casi el único que comunica en el Gobierno. ¿Te parece que está bien o que eso lo va a desgastar?

Para mí eso es un error. Coincido con lo que estás diciendo pero me parece que esa virtud en realidad no termina de ser usada porque termina siendo la única o la principal voz del gobierno y si tenés al Presidente hablando vuelve irrelevante a todas las otras voces. Para mí claramente es un problema. Es cierto que comunica bien, también es cierto que cargar sobre sus espaldas la comunicación total me da la impresión de que es un error absolutamente garrafal, lo vimos con un montón de escenas, si el Presidente sale a hablar antes de que salga a hablar un ministro, la voz de este se vuelve innecesaria. Me da la impresión de que hay errores que son como muy básicos, muy elementales.

¿Cuál sería el costo político del fracaso de este gobierno, en términos generales, en un país donde todo el tiempo parece que está a punto de estallar, donde toda la gente tiene alguna reivindicación sobre la cual reclamar? ¿Qué podría pasarle al país si le va mal a este gobierno?

Nunca las cosas están del todo dichas. El gobierno ha tenido una situación realmente muy anómala, muy difícil y ha tenido sus aciertos que no ha podido capitalizar del todo. Ha hecho un buen acuerdo con el tema de la deuda, ha tenido otras iniciativas muy importantes que han pasado sin pena ni gloria, no han sido visibilizadas. Creo que acá hay una incógnita muy fuerte en relación con lo económico y me parece que eso terminaría un poco ordenando lo que sigue. La verdad que la perspectiva en materia económica no son las mejores del mundo ni mucho menos dentro de muchas dificultades por delante pero también tengo la impresión de que hay como lecturas diversas sobre lo que puede pasar. Siempre es una incógnita, uno puede tener pronósticos pero el futuro siempre es incierto. Entonces, la dificultad económica está, no se puede negar, es el talón de Aquiles no solo del gobierno sino también de la Argentina y la verdad es que a diez meses de gestión, en tu pregunta aparecía la palabra “fracaso”, creo que es muy pronto, es muy difícil plantear esa idea de fracaso porque quedan más de tres años por delante. Me parece que esas etiquetas incluso potencian el desánimo en torno a la confianza sobre la sociedad. No veo una cosa tan a rajatablas, no me parece adecuado empezar a hablar de la idea de fracaso con un gobierno que lleva diez meses en el poder, sí dar cuenta de que es una escena difícil, sí que el gobierno tiene que oxigenar de alguna manera porque tal como está hay algo del orden del desgaste pero no creo que sea el tiempo político para caracterizar esto como un fracaso de ninguna manera, y mucho menos en un contexto de tanta dificultad donde estás afrontando un fenómeno que todavía está en desarrollo, estamos atravesando la película por la mitad y no sabemos tampoco cómo termina ni acá ni en el resto del mundo. Creo que hay que ser en ese sentido un poco más generoso.