Sin más tibieza, Sullivan exige sumisión de la región

Nada escapa al paso del tiempo que suele exponer las realidades crudamente. Poco más de seis meses llevó para que el nuevo presidente de EE.UU., Joseph Biden desnude las contradicciones de la región siguiendo con la larga tradición de un enviado especial para poner las cosas blanco sobre negro.

Si hubiéramos elegido un personaje ideal de la política de EE.UU. para representarla en la actualidad, no hubiéramos imaginado a alguien más perfecto que Jake Sullivan, el Consejero de Seguridad Nacional que ha venido a poner orden en la región.

Sullivan es el ejemplo de los nuevos tiempos, un halcón de la era Obama, quien no ha vacilado desde su reaparición en la actividad pública en mostrar su genética belicista.

Claro está que no es un extraterrestre que aterrizó en la Casa Blanca sino alguien relacionado con la élite del Partido Demócrata apadrinado por la omnipresente Hillary Clinton, mandamás del partido y eterna aspirante a presidir el país, pero sin conseguir un mínimo de consenso popular para hacerlo.

Una vez llegado al poder Donald Trump, Sullivan buscó cobijo, como no podía ser de otra manera, en el poder que lo sostiene, un globalismo que se ha hecho casi hegemónico en el mundo a partir de los 90. El actual asesor presidencial recaló en el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, una de las grandes Fundaciones que se han creado con fines “filantrópicos”.

Sullivan se montó en la moda de las ONGs que son quienes hoy deciden qué está bien o mal condicionando los gobiernos y hasta dotándolos de personal en muchos casos. De cualquier forma, son cada vez más determinantes en el rumbo de las políticas de los Estados occidentales. Hemos visto, y seguimos viendo, el papel de las ONGs en cada una de las “revoluciones de color” a lo largo y ancho del mundo, y casualmente siempre contra aquellos gobiernos que no se terminan de alinear con los mandatos del globalismo que controla las grandes naciones occidentales.

Sullivan fundó entonces la ONG National Security Action, y en la también actual simbiosis entre la academia y el poder, dictó clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale mientras esperaba el retorno de su gente tras la irrupción trumpista.

La nueva estrella ascendente de la política norteamericana según Hillary Clinton, llegó al poder con lo esperado, una ofensiva contra aquellos países como Rusia o China que se habían distanciado del control global.

Sullivan empuja el enfrentamiento a fondo contra China y Rusia en todos los campos incluyendo el militar y dentro de nuestra región aislar y derrocar los gobiernos actuales de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Este es el personaje que ha recalado en la Argentina y ha sido recibido con la habitual pleitesía de nuestras dirigencias coyunturales, con la siempre diligencia de actores que se proclaman antiimperialistas cuando creen que el Gran Hermano no los ve, para luego cuadrarse en cenas y reuniones públicas y privadas.

Un primer detalle es que en un país soberano un presidente no debería reunirse con un Consejero, los mandatos diplomáticos elementales establecen que las reuniones deben ser entre pares, y un presidente no puede recibir a alguien de un rango menor, mucho menor en este caso.

También representa cierta incongruencia que el presidente de la Cámara de Diputados se entreviste con un funcionario ejecutivo, pero ya sabemos que para la política local es un honor tener la oportunidad de arrodillarse con el enviado del Norte.

Detalles menores pero significativos porque revelan una mentalidad dependiente que hace imposible pensar en políticas autónomas como nación. No queremos desconocer la importancia de EE.UU. ni hacer una declamación estéril e inconducente, pero es importante tener un poco de dignidad si queremos ser respetados.

Lo importante, ¿cuál fue el mensaje que Sullivan portaba? El imaginado, la pertenencia al modelo globalista que se basa en un alineamiento económico a las ideas de libre comercio mundial, en beneficio de los grandes fondos de inversión que son, en definitiva, los dueños del dinero y de las corporaciones que se benefician con este modelo que ahoga las economías de los países menores y rediseña el mundo en su beneficio, aun cuando esto perjudique las sociedades más desarrolladas como vemos en las últimas décadas.

En un tweet de despedida dejó en claro su exigencia: “En Argentina, promovimos la cooperación en materia de cambio climático, salud pública mundial, prosperidad económica, y protección de los derechos humanos”, traducido, el eje medioambiental de cambio de matriz energética que condiciona no solo Vaca Muerta, si alguna vez fue una opción real, sino la sociedad toda al pretender establecer un costo de energía alto que impedirá el desarrollo industrial y que encarecerá alimentos aumentando la pobreza local.

La protección de los derechos humanos sabemos qué significa hoy, promoción de políticas dirigidas hacia sectores minoritarios, agenda de género, algo que este gobierno continuando lo que hacía el anterior macrista, promueve con asombroso ahínco haciendo pensar que es el mayor de los problemas argentinos.

El llamado a la salud pública mundial tiene un mensaje inequívoco, vacunación obligatoria y con vacunas de sus propias empresas.

Nada es novedoso para el gobierno argentino, simplemente llegó la hora de públicamente dar una muestra de amor. Pero como decíamos, la agenda de género ya ha sido adoptada furiosamente llevándola muchas veces hasta el absurdo aún a riesgo de parecer antipáticos a las mayorías y perder caudal electoral.

El tema de las vacunas merece que nos detengamos un instante. Rusia desde el primer momento había dejado en claro que las vacunas Sputnik se fabricarían externamente para la exportación, diciendo aún que se ayudaría en lo posible a gobiernos amigos, pero la prioridad sería primero Rusia, en segundo lugar, los países de la OTSC y por últimos el resto de los solicitantes.

Las cifras dadas por el gobierno argentino eran incumplibles desde el primer momento, el contrato nunca ha sido mostrado públicamente y tenemos antecedentes cuando en estas tierras se insistía que las vacunas serían para mayores, mientras en Rusia se aseguraba que aún no habían testeado en adultos de la tercera edad y debieron precipitar una aprobación provisoria en medio de un escándalo internacional producido por el gobierno argentino en su insistencia. ¿Es creíble entonces un endurecimiento de la parte argentina por un supuesto incumplimiento de contrato? ¿O existen otras razones?

Veamos, luego de ese cortocircuito inicial, el segundo round tuvo que ver con un correo electrónico “filtrado” de la Asesora presidencial Cecilia Nicolini, quien estaba a cargo de las negociaciones de las vacunas sin tener antecedentes relevantes que justificaran su papel, excepto que hablaba inglés fluido y trabajaba en EE.UU.

El mensaje era un “apriete” hacia Moscú, algo curioso si se tiene en cuenta que cuando nadie proveía de una sola vacuna a la Argentina, Rusia había entregado una cuota de ayuda mientras Pfizer pedía territorios como garantía.

La respuesta de Moscú a través del vocero de Cancillería Prescov fue la misma de siempre, Rusia en agosto regularizará las entregas y las prioridades siguen siendo las ya especificadas. Extraoficialmente dejaron trascender la molestia por los caminos escogidos de que una asesora actúa así públicamente.

Tal vez sea una serie de malentendidos, pero algo aún pone más dudas, y es el desembarco de Pfizer y Moderna. La primera había ocasionado un escándalo debido a sus demandas denunciadas por propios funcionarios del gobierno y poco después, en un estratégico momento es que se hace público en texto de Nicolini, justo unos días antes de la llegada del enviado de Biden y la firma de acuerdos por las vacunas mencionadas. Las casualidades en política no existen.

Sullivan también se apersonó en Brasil y allí llevó una zanahoria que es la entrada de este país a la OTAN. Algo que no es más que una ilusión porque con Bolsonaro presidente resulta imposible debido a que su ingreso requiere unanimidad y todos saben que los reiterados cortocircuitos con distintos mandatarios europeos del presidente brasileño, lo hacen inviable dado que el ingreso a la alianza no admite ni una sola oposición.

Pero no es esto en realidad un guiño a Bolsonaro sino todo lo contrario, es un incentivo a quienes aún lo apoyan para que lo dejen de hacer. El conglomerado que constituye la base de Bolsonaro tiene un alto componente pro estadounidense y avanzar en esa dirección es una tentación para ellos.

La pregunta es por qué Biden querría desprenderse de un político que tiene una visión antichina, pro EE.UU. y neoliberal. La respuesta es que ese político no entiende que hoy no alcanza con eso para ser admitido al Valhala de Biden.

Es necesario una vez más aclarar que EE.UU. no es más que la punta de lanza de un modelo supranacional corporativo en manos de poder financiero y ese poder, en su necesidad de rediseñar el mundo a su medida, a la medida de sus necesidades, ha decidido imponer la agenda de género y ambientalismo que choca frontalmente con la de Bolsonaro.

Bolsonaro está en problemas para acomodar su discurso, viable con Trump en la Casa Blanca pero incómodo si está Biden, quien ha centrado su política en esa misma agenda como ha dejado claro cuando asumió con una batería de decretos en ese sentido. 

¿Un tema menor? Tal vez no cuando vemos que en medio de una crisis profunda en la UE, agravada con la partida británica, los Países Bajos y otra al menos docena de países, quieren expulsar a Hungría por una ley de género que no es de su agrado.

Sin comprender la totalidad de los hechos es posible extraviar el rumbo del análisis. Los analistas están acostumbrados a diseccionar la realidad y enfocarse en áreas cada vez más específicas y reducidas dejando de lado una valoración completa, una cosmovisión que una los indicios que dan sentido al conjunto.

Nunca podremos elaborar una interpretación de la realidad exclusivamente a través de los dichos y documentos oficiales, es necesario concretar los hechos aparentemente irrelevantes y aislados para conseguir comprender el cuadro general de hacia dónde vamos y no hacia donde nos dicen que vamos.

Bolsonaro hoy no tiene lugar y va a ser reemplazado por un político más aceptable que tenga la capacidad de contener a la sociedad brasileña para avanzar en medidas que la gente común no acepta. A fin de cuentas, poca gente comprende los vericuetos económicos o de la política internacional, pero si muchos no aceptan que decir que su hijo nació nena o varón es violentar sus derechos de género.

Y no es fácil cambiar esa percepción, Bolsonaro llegó al poder con un discurso pro familia y de desprecio de las políticas medioambientales en coincidencia con Trump, pero el cambio en Washington lo deja expuesto para ser reemplazado por alguien más potable a los nuevos tiempos. ¿Cómo seguir? ¿quo vadis, Bolsonaro?

La acción de la gran prensa brasileña y global, los pasos de la Justicia, el posible impeachment, las señales se acumulan y son claras en su contra, su única opción sería cambiar el marco de alianzas acercándose firmemente a Rusia y China, pero luego de años de predicar contra China y el comunismo, no es tarea simple.

Putin advierte la soledad de Bolsonaro y le ofrece las vacunas Sputnik mientras elogia su bravura, pero las dudas de Bolsonaro persisten y no se despejan. Pocas salidas disponibles para el Capitán, si sigue su suerte está echada y si intenta cambiar no sabe cómo responderá su base interna. 

Una situación diferente a la Argentina de Fernández, quien declara que será verde o no será y no teme presentar un documento de identidad “no binario”, demasiado aún para Biden que tiene un país más que dividido al respecto, pero sí con ello consigue demostrar el fanatismo de los conversos. La aclaración de EE.UU. sobre que no aceptará la X es solo una muestra más del desprecio que siente por quienes le sirven, no considera siquiera guardar silencio para no dañar la credibilidad de quien hace el anuncio, no hay ninguna consideración. 

Es importante este punto porque significa que no es un tema de contraprestaciones sino de sumisión, el amo no negocia con el esclavo, simplemente ordena y actúa.

Quinto Servillo Cepión inmortalizó una frase, “Roma traditoribus non praemiat”, que significa “Roma no paga traidores”, algo que sería bueno que quienes hoy son serviles a Washington tengan presente.

Pero hay más malas noticias, Biden pone una condición más, muy compleja en su campaña mundial y es la ruptura con China, el mayor comprador e inversor de ambos países. 

El brasileño, aún con el apoyo de Trump, no pudo distanciarse de Beijing y debió ceder ante el gran comprador brasileño. 

El caso local no es muy diferente. Argentina del Occidente globalista solo recibe promesas de financiación y ayuda para renegociar la deuda, apenas, y en el mejor de los casos, negocios financieros a la medida del modelo globalista, pero ni un dólar en inversiones genuinas que sí aporta China.

¿Cómo despegarse de China en estas condiciones? Con Rusia es más simple como lo demuestran las repetidas muestras de ignorancia ante los ofrecimientos de equipos militares indispensables si la Argentina pretendiera volver a tener una política de Defensa real, pero China es hoy quien provee los dólares de las exportaciones y si Beijing decide cesar las compras, la crisis que se precipitaría haría que lo que estamos viviendo sea apenas un chiste en comparación

El futuro nos alcanzó, Biden ha puesto en marcha su política de confrontación con China y Rusia y ahora ha mandado a su representante a dejar en claro el mensaje, esta región corresponde a EE.UU. y por lo tanto los distintos países deberán alinearse con las necesidades de Washington. Sin discusión ni gestos ambiguos.

El gobierno argentino ya comienza a desprenderse de los últimos vestigios de rebeldía y no solo debe alinearse como ya ha hecho en materia de economía y finanzas, género y medioambiente, sino cuadrarse con las políticas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, tomando como propias las decisiones de Washington. Brasil duda porque debería estar más cercano a EE.UU., pero Bolsonaro no satisface los requerimientos estadounidenses y debe dejar el Poder, cosa que ningún presidente quiere hacer y hace prever una resistencia, aunque es una incógnita tanto la determinación como la fuerza.

Las cosas no son como parecen a primera vista, la realidad la vemos a través de humos y espejos.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.