Sin planificación no hay desarrollo

El debate sobre si el gobierno del Frente de Todos dispone de un plan económico o, sí como suele responder el ministro de economía Martín Guzmán, lo que hay son objetivos, lleva a una recurrente discusión de larga data en algunos sectores de la política argentina, más precisamente dentro del campo nacional y popular: la idea de la planificación económica en pos del desarrollo como herramienta central en la acción de gobierno.

Hay que rastrear (una vez más) en el ininterrumpido derrotero de más de cuatro décadas del orden neoliberal imperante, el exitoso predominio alcanzado en el terreno cultural y simbólico, en la reconfiguración del lenguaje, y en la imposición de nuevas categorías políticas y prácticas de análisis; todo esto sin subestimar el acople del progresismo tardío como apéndice coadyuvante en la consolidación del proyecto neoliberal.

Una de los triunfos de los dispositivos del neoliberalismo fue combatir arteramente la definición de planificación como una antigüedad propia de economías de post guerra, asociado al dirigismo y el intervencionismo estatal, o directamente al ¡comunismo!

Sin embargo, ¿es el neoliberalismo lo mismo en los países centrales que en la periferia, o en los países subdesarrollados? Ciertamente, no. ¿Cuál es una de sus principales diferencias? La planificación de su desarrollo; desde Estados Unidos a Japón, pasando por Francia y Rusia, y en otra punta la República Popular China, el común denominador de todo estos tan variados países y culturas es que sus proyectos de desarrollo son planificados y proyectados en concordancia con sus propias especificidades, demandas y marco social histórico. El desarrollo es básicamente concebido no sólo como un proceso de acumulación sino como un proceso virtuoso de organización social. La planificación política y económica en defensa de sus intereses, tanto en lo que atañe al sector público, al papel del Estado, como al sector privado en términos de dinamizador de la actividad y la inversión. Ciertamente, esto comprende un tramado jurídico, marco regulatorio, y estructura tributaria establecidos con claridad y rigurosidad en lo que atañe a su estricto cumplimiento.

En cambio la periferia transplanta rudimentariamente modelos foráneos sólo en lo referido a la capacidad de concentración y acumulación; en cuanto al complemento de medidas que promuevan cierto grado de desarrollo, fuera de las establecidas para el sector primarizado y el de servicios en manos de capital extranjero, los marcos regulatorios, antimonopólicos y jurídicos, están hechos a medida y en defensa de esos sectores minoritarios. Una forma de planificación no virutosa, pero planificación al fin que ejercen los sectores dominantes. De una u otra manera, si no se planifica para el desarrollo y el interés nacional, habrá quien lo haga en beneficio de esos sectores minoritarios y del capital extranjero. De eso se trata, también, el subdesarrollo.

El problema que se plantea hacia adentro del campo nacional y popular es si estas redefiniciones, impugnaciones y nuevas categorías son aceptadas e incorporadas como inevitables bajo el pragmatismo de adaptación a los tiempos y contextos mundiales, de doctrinas fiscalistas y de ahorro del gasto, en una suerte de shock de actualización doctrinaria modo milenial, o si se vuelve a la planificación como la herramienta ordenadora y transformadora del orden económico y social. Planificación significa establecer objetivos y prioridades así como el diseño de las medidas de acción para su cumplimiento y concreción. Sin planificación no hay desarrollo, y sin desarrollo no hay soberanía ni independencia económica. La planificación convoca a los actores principales de la actividad económica, empresarios, trabajadores formales representados por sindicatos, movimientos sociales, y representaciones sociales de trabajadores desempleados.

El peronismo fue acción a través de la planificación. Claro ejemplo fueron los dos planes quinquenales en los gobiernos de 1945-1955, el segundo interrumpido por el Golpe Militar de 1955. La última experiencia histórica se llevó a cabo en el tercer gobierno de Juan D. Perón entre 1973 y 1976 (Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional), construcción que se realizó de abajo hacia arriba, con los trabajadores y sus sindicatos, con la representación de las pequeñas y  medianas empresas y las organizaciones libres del Pueblo, y con un acuerdo político de amplio consenso bajo la excepcional conducción de Jun Perón.

En el escenario pre-pandemia, el gobierno del Frente de Todos contaba con una hoja de ruta, de acciones apuntadas a la reparación de lo urgente, de los caídos del sistema y del estrago del endeudamiento externo en los cuatro años de macrismo. La reparación preveía que mientras se atendían las urgencias, se abría el camino de construir los cimientos de una nueva economía, de un nuevo proyecto de desarrollo. Eso requiere de una etapa anterior que es la de la misma planificación. La pregunta es si efectivamente existía o existe un plan de desarrollo, aunque suspendido por la pandemia, que en un futuro post pandemia permita avanzar en las reformas estructurales que se debe la Argentina para recuperar el sendero de crecimiento económico de matriz distributiva y generadora de trabajo.

Los doce años de gobiernos de gobiernos de Néstor y Cristina expresaron un camino posible de recuperación económica y el comienzo de un proyecto nacional, aun con dificultades enormes que no supieron ser superadas como fueron la restricción externa y el control de precios. No hay duda de que en el FdT existe una idea general, esbozada de manera a veces difusa, que enuncia la necesidad de transitar un camino hacia el desarrollo, de recrear un empresariado nacional que genere un vigoroso mercado interno, que replantee la estructura de concesiones de servicios públicos anclados desde hace treinta años bajo una matriz inviable con el desarrollo, que plantee una estructura financiera al servicio de la producción y no de la especulación, que defina una estrategia de incremento en las exportaciones de su producción primaria con valor agregado. Que disponga de un proyecto científico y tecnológico acoplado al del la producción  actuando en sinergia con el sector público y privado. Si es así, es hora de explicitar el proyecto de desarrollo y el cómo, en acciones y plazos concretos. Recuperar la planificación de la economía puesta al servicio del desarrollo será el único límite a la abstracción y emponzoñamiento del aniquilador sueño neoliberal.