Sin producción de teoría política al interior del Frente de Todos, el excedente no tendrá otro futuro que la implosión

En el gobierno del Frente de Todos existen dos “ministerios invisibles” el de “La Prevención” y “La Advertencia”. El primero no se encarga de nada ligado al bienestar sino a la acción de prevenirse de ejercer el poder. El segundo, de íntima relación con el primero, es el encargado de advertirle a los dueños del dinero en la Argentina para que cuando no le den bola, volverles a advertir. Existe también una Cancillería paralela a la oficial, es “La Cancillería de las Buenas Noticias”, dirigida por Sergio Tomás Masa, que monopoliza la comunicación de todas las buenas acciones, que las hay, del gobierno. Mientras tanto entre los ministerios reales se ven asomar unas inquietantes internas que ennegrecen el horizonte si no se puede dar un debate al interior del peronismo. Decimos el peronismo, porque si bien vivimos en una época de disolución de los partidos políticos tradicionales que da paso a las políticas de frentes, en la Argentina la discusión sigue pasando por el peronismo, aunque este movimiento sea de imposible definición. Además de una pobreza intelectual manifiesta, la analogía que se pretende de un frente popular y de izquierda en la Argentina con la experiencia del Frente Amplio uruguayo, es torpe. No existe ninguna condición material ni histórica que justifique, ni siquiera, esa comparación.

Ya hemos escrito que el peronismo es futuro. La juventud en la Argentina fue, es y será peronista, mientras que ese movimiento sea la posibilidad de un sueño, de una proyección y si hay algo que está infectando a los jóvenes hoy más que el Covid-19 y sumiéndolos en la más negra de las melancolías, es la pretensión del “capitalismo real” (Fischer) de abolir todo sueño, convirtiéndolo en mercancía.

El dirigente Damián Selci ha escrito un libro altamente recomendable La organización permanente, que podríamos encuadrar en esta idea de que el “peronismo es futuro”. Selci subraya que el fracaso de la experiencia soviética, de un capitalismo de Estado, esta última afirmación es nuestra, ha dejado a los movimientos populares a la defensiva, particularmente desde la década de los años 70 del siglo pasado, en una lucha contra el “neoliberalismo”. Dice Selci acerca de este empuje de antaño: “Dejó de ser un programa positivo, con una serie de cosas que queríamos para la humanidad, y pasó a ser un programa negativo, de resistencia.” En un reportaje el autor afirma que “no basta con quedarnos en la política de cuidar lo que tenemos, de no seguir perdiendo. Hay que pasar a la ofensiva política, pero para eso primero hay que pasar a la ofensiva en el plano intelectual. Hoy parece que la derecha tuviese la ofensiva cultural y eso es porque nosotros no estamos pensando en lo que tenemos que hacer. Lo que llamo teoría de la militancia es una intención que trata de recuperar la iniciativa también el plano intelectual y cultural, espiritual, para que después tenga contenido una posible avanzada política”.

Hablar de una “teoría de la militancia”, aunque podría pecar de cierto hegelianismo, es una indicación y una advertencia de la necesidad de darle contenido a la militancia, para no repetir resientes y dolorosos fracasos. Una “escuela de formación de cuadros” no resulta para nosotros, un grupito de “viejos carcamanes sabelotodo” que adoctrinan, con dedo levantado, a los niños y niñas que naufragan en la desorientación. Sino más bien una dialéctica, una práctica donde se discuta por ideas, a condición de perder la estúpida creencia de que “mi idea es la mejor”.

Si peronista es todo aquel que se dice peronista, entonces definamos una política, una estrategia y una táctica, que permitan discutir qué sería un futuro peronista. Entonces poco importará quien es o no es peronista sino quien está o no está en “un proyecto de ideas nuevas y lo suficientemente subversivas para con lo que fue”. Hay quienes dicen que el gobierno de Alberto Fernández fracasa en la comunicación. ¿Es necesario machacar con qué la comunicación no puede ser de hechos aislados más o menos amables al “sentido común” sino la transmisión de pasos de un programa, ambicioso y creativo que al menos entusiasme a algunos y escandalice a otros?

Ya sabemos de sobra que el ser humano puede creer en su Bien, desconociendo que ese, su mismo Bien, lo lleva a su propia autodestrucción. Ya sabemos de sobra que lo útil es muy difícil de definir para un organismo como el humano y para la sociedad en la que habita, que no es lo útil lo que lo dirige sino el excedente. Toda sociedad produce un excedente que, si no encuentra su “gasto”, su distribución, termina enloqueciéndolo todo. Freud lo llamó “pulsión de muerte”, el siglo XIX en Europa acumuló tal excedente de la Revolución Industrial que concluyó en las dos grandes guerras, en las que la humanidad despilfarró 300 años de cultura.  Ya sabemos de sobra que donde no van los debates va la guerra y que, de esa guerra, la historia de nuestro movimiento tiene un brutal excedente. Entonces, debatamos cómo pasar a la ofensiva en el plano de los debates modernos, definir con precisión, qué y no quién nos dirige, para no repetir el hecho maldito de un “Todos contra Todos”. La consecuencia, también la sabemos de sobra, la implosión y la dispersión.

Carlos Quiroga

Monte Grande, febrero del 2021.