Sobre la pedagogía del (des)endeudamiento

Por Francisco Balázs*

El reciente acuerdo alcanzado por el gobierno de Alberto Fernández con los acreedores privados representa la tercera reestructuración de deuda externa en los últimos 15 años que heredan, enfrentan y resuelven gobiernos peronistas. En este último caso, deuda tomada durante el mandato de Mauricio Macri.

Las anteriores reestructuraciones, post caída de la convertibilidad en 2001, fueron en dos tiempos: en 2005 con Néstor Kirchner y en 2010 bajo el primer mandato de Cristina Fernández.  En el caso de los gobiernos de Néstor y Cristina fue a través de una quita de capital, en tanto en el reciente acuerdo se dio por medio de una reducción de intereses.

También es el gobierno de Alberto Fernández el que deberá afrontar una próxima negociación de deuda con el Fondo Monetario Internacional. A diferencia de Néstor Kirchner que en 2005 saldó en un pago la totalidad de lo adeudado, el monto que debe enfrentar Alberto Fernández es casi cinco veces mayor; deuda que tomó y fugó Macri en solo dos años.

Tras la celebrada noticia del acuerdo que llevó adelante el ministro de Economía Martín Guzmán, queda flotando una pregunta expresada en clave de deseo: ¿será esta la última vez que la Argentina deba enfrentar una crisis de endeudamiento de semejante envergadura, provocada por gobiernos pseudo liberales? La respuesta navega entre dos aguas, la del pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.

Confiar en que el ciclo de endeudamiento llevado adelante durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri será el último, es ignorar que para una gran parte del electorado que adhiere al ideario liberal-colonial, el endeudamiento es una abstracción; no es ponderado como tampoco castigado electoralmente. Tampoco la crisis y el ajuste posterior, consecuencia de ese endeudamiento, es comprendido como el origen de su causa.

Más aún, la naturalización de la toma de deuda está estructurada en base a un imaginario estrecho que, entre sus máximas, esgrime que acceder al mercado de capitales externos es sinónimo de confianza en los centros de poder internacional.

Lejana entelequia liberal-colonial que sobrevuela nuestra historia operando como puerta de ingreso al mundo.

En cada ciclo de endeudamiento sus posteriores consecuencias quedan resumidas a terceras causas más fácilmente palpables, las que golpean directo al corazón del bolsillo: devaluación, pérdida de salarios, inflación, aumento de tarifas, cierre de pymes y comercios. Sin embargo la deuda, madre de todas esas calamidades, queda desconectada como causal primera en cada crisis.

No hay proyecto liberal-colonial sin endeudamiento externo como elemento de condicionamiento interno para llevar adelante sus programas de ajuste y de transferencia de ingresos, transformar a dólares activos formados en pesos y posteriormente fugarlos. Ese mecanismo perverso genera el violento proceso de financiarización, concentración y extranjerización de la economía. Eso hizo el gobierno de Cambiemos.

De los largos y recurrente procesos de endeudamiento, el que marca a sangre y fuego de manera literal, es el ciclo inaugurado por la dictadura militar en 1976, y defaulteado en 1982. El gobierno de Raúl Alfonsín fue condicionado y disciplinado por la fenomenal  deuda heredada de la dictadura, multiplicada por seis veces con relación a la existente al 24 de marzo de 1976. Sin embargo, en la revisión del gobierno de Alfonsín y su colapso hiperinflacionario, rara vez se menciona el peso que tuvo la deuda como factor condicionante y determinante de su gestión.

Otro elemento inescindible que trajo aparejado el endeudamiento iniciado por la dictadura fue la consolidación, entre 1976 y 1983, de un bloque económico empresarial dominante que se beneficiaría desde entonces y de manera creciente hasta nuestros días vía nacionalización de sus deudas en dólares. Ese poderío se extendió aun más durante los gobiernos de Carlos Menem y de la Alianza.

Volver a soñar

A partir del año 2001 con el estallido de la convertibilidad, pasando por el 2003 con la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, y luego en los dos mandatos de Cristina, se llevó adelante un fuerte debate en la agenda pública, abierto y de cara a toda la sociedad, en el que el tema deuda-dependencia pasó a ser uno de los ejes centrales de los doce años kirchneristas. Reestructuraciones de 2005 y 2010 alcanzando el 93.7% de la totalidad de la deuda en manos de acreedores extranjeros, el pago al FMI poniendo fin a las recetas de ajuste que marcaron la política argentina de los 30 años anteriores, se inscriben en una larga trama de avances en el campo de la denominada batalla cultural. Cómo olvidar que se llegó a celebrar que habría una nueva generación de argentinos que no sabrían qué era el Fondo Monetario Internacional.

Bajo el primer gobierno de Cristina, se comenzó a cancelar cada uno de los vencimientos de la deuda reestructurada primero en 2005 y luego en 2010. Durante los 8 años de su gobierno cumplió con el pago de cada uno de los vencimientos, es decir, desendeudó al país de manera inédita en nuestra historia. Durante esos doce años se interpeló al ideario liberal-colonial y al andamiaje de intereses entrelazados entre empresarios y el elenco de economistas y medios de comunicación. Se recuperaron figuras centrales del pensamiento nacional. Se retomó la tradición revisionista de nuestra historia. Llegando al final de su segundo mandato, cuando se disputaba el juicio contra los fondos buitre en el tribunal de Nueva York a cargo del Juez Griesa, tuvieron lugar fuertes disputas en torno a consignas más duras como “Patria sí, Colonia no”.

Volver a empezar

En tanto, desde el campo nacional y popular surge el pedido de un Nunca Más al endeudamiento externo, a ensayar una nueva legislación y hasta reformas de orden constitucional que impidan futuras tomas de deuda. También el reiterado pedido de investigación que identifique a los responsables del proceso de endeudamiento y fuga de la deuda contraída.

¿Alcanzaría a tal efecto implementar un tramado jurídico – institucional? Además de pensar en esa posibilidad limitante desde lo institucional, la tarea de desenmascarar el relato colonial continúa ya que de eso se trata la verdadera disputa en este campo de batalla cultural que es también la de la pedagogía política. Batalla que en algún momento se consideró que estaba ahí cerquita, a punto de ser ganada.

¿El desendeudamiento de los doce años kirchneristas fue pedagógicamente suficiente?

Por cierto que no, aunque sí permitieron grandes avances ¿Alcanzó para limitar el endeudamiento feroz que llevó adelante el gobierno de Macri? ¿Se puede confiar en que sea la última vez que se endeude al país como en los últimos cuatro años? No, tampoco.

La respuesta es, una vez más, que la tarea no concluye nunca, que el adversario lleva las de ganar en el terreno material y en la construcción de sentido, y que al campo nacional y popular le queda toda la responsabilidad de seguir bregando en esa tarea pedagógica indispensable para la independencia económica sin la cual no habrá soberanía política que conduzca a una Patria justa, libre y soberana.

Nunca fue fácil. A arremangarse.

*Periodista. Ex editor de Miradas al Sur y columnista de Tiempo Argentino