Trasvasamiento

Hay una nueva generación que ingresó a la militancia política sin conocer otro modelo que el que se impuso a sangre con el golpe de 1976. Un modelo demoburgués que reemplazó a la política por marketing y que prefiere gestiones a gobiernos.

Invitados a cuestionar la “vieja política” sin formarlos ni informarlos muchos terminan cuestionando la “vieja” militancia pero reproduciendo el paradigma dominante del que sólo cambian el signo.

Sin moral revolucionaria ni confianza en el Pueblo, apenas cuestionan las trampas de los grupos dominantes, cometiendo las mismas trampas bajo el paraguas protector de Maquiavelo de que “el fin justifica los medios”. Son incapaces de advertir que Maquiavelo aconsejaba a un príncipe y no a un movimiento popular  y que castigar al caníbal comiéndoselo es convertirse en caníbal.

El peronismo no vino para ser una alternativa de gestión para el modelo hegemónico sino para someterlo a los intereses populares y nacionales.

El trasvasamiento generacional al que se refería Perón fue malentendido pese a sus aclaraciones en ese presente. Algunos iluminados creyeron que les llegaría como regalo o como renuncia de la conducción en su favor que merecerían por el simple hecho de ser jóvenes; sin embargo se trataba de una invitación en el marco de una estrategia de suma, como quedó demostrado en el último gobierno de Perón, cuya composición juvenil era la más numerosa e inclusiva del mundo capaz de tener trabajadores en lo más alto de la función pública y la diplomacia y dejar en el gobierno a la primera mujer en el mundo Presidente de una República cuando tenía 43 años de edad.  

Es que cuando los peronistas decimos en la voz de Evita que “donde hay una necesidad hay un derecho” o en la elocuente y doctrinaria marcha que “todos unidos triunfaremos” no necesitamos de ningún otro énfasis.

Parte del extravío de la militancia snob de nuestros días estriba en contradecir tales certezas en el acatamiento irrestricto de la agenda de fragmentación del liberal progresismo que pone a todos a combatirse entre sí por la prioridad del reconocimiento de sus particularidades, autopercibiéndose víctimas por condiciones absolutamente individuales. De ese modo la mujer que discrimina, explota o maltrata comparte el universo femenino como si fuese socia y par de las que son sometidas. Situación que se repite con cualquier otro ejemplo de sectores, franjas o minorías y que representa lo contrario, explícito de una jerarquía donde todos los derechos deben ser reconocidos  de acuerdo con prioridades que parten desde los que menos pueden.

“Unidos somos invencibles, separados indefendibles”, nos alertó Perón. Por algo el imperialismo ha instalado la ideología de la fragmentación en todo el planeta.

En los contextos de incertidumbre lo único eficaz es aferrarse a las certezas y la doctrina justicialista sigue siendo la mayor de nuestras certezas, comprobada y jamás refutada.

Los trasvasamientos en todas las organizaciones sociales de la historia de la humanidad se producen en la dinámica de la incorporación de las nuevas generaciones que se interesan, se forman y adquieren experiencia fáctica. Así lo explicita nuestro escudo justicialista con una mano tendida a otra para el ascenso. La simple condición de pertenecer a una categoría determinada no califica autoridad para conducir o representar al colectivo.

El propio Perón advirtió temprano que “el peronismo tiene enemigos de afuera y enemigos de adentro” cuando definió que compañero es “quien lucha contra el enemigo y por la causa del Pueblo”. También señaló las banderas y verdades excluyentes y blindadas que permiten distinguir a los compañeros frente a quienes no lo son. Ganar elecciones no alcanza para garantizar  nuestra revolución sino que representa apenas el acceso a los niveles de administración o de representación en el Estado. Nuestro propósito estratégico   trata de movilizar y organizar al Pueblo.

Nos señaló Evita que llegaremos a la victoria “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”: una invitación a la lucha y la militancia que deja claro que el verticalismo no es de arriba hacia abajo sino recíproco, con énfasis en las bases que es de donde emergen las conducciones.

Somos sobrevivientes del genocidio y la traición. Estamos recuperándonos de la siega, de la represión y de la mentira rumiando una nueva frustración de un gobierno de falsa bandera pero no estamos derrotados. Somos Pueblo. Y nos dijo Leopoldo Marechal que “el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio”.

Vamos, compañeros. Tenemos cosas que hacer.