Un gobierno bajo amenaza

Hay ciertas reglas en el periodismo escrito que indican, por ejemplo, no comenzar una nota formulando una pregunta; otra es evitar el supuesto recurso narcisista de escribir en primera persona. En este caso, hoy, por ser el primer día del año, y para no dejar que la bronca haga tanto daño, me permitiré infringir estas dos máximas.

¿Es posible poner de pie a la Argentina en la actual fase del neoliberalismo y del modelo de acumulación y concentración económico? ¿Es posible poner de pie a la Argentina bajo el actual sistema de funcionamiento del Poder Judicial? ¿Es conciliable una democracia plena con el neoliberalismo?

Hace apenas unas horas el juez Daniel Obligado revocó el pedido de Amado Boudou para continuar con la prisión domiciliaria.

Hace apenas dos días atrás, el editor de Clarín publicaba esta nota:

Daniel Obligado, el juez que duda y Boudou agradece.

Los fiscales rechazaron por segunda vez los planteos de la defensa del ex vicepresidente. La Corte Suprema ratificó la condena hace un mes. Sin embargo, el juez no define y Boudou sigue en su casa con pileta de Avellaneda.

Escriben amenazas mafiosas a un juez y a diario abierto. El juez no dudó más.

El rechazo al pedido de Boudou es un claro mensaje para el gobierno. Y no para el Presidente sino para su vice presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Alberto Fernández lo sabe.

Alberto Fernández nunca creyó en la inocencia de Amado Boudou. Se encargó de explicarlo en todos los espacios televisivos y radiales del Grupo Clarín y a escribirlo en notas de opinión: “Game over” fue el título que eligió cuando tuvo que prejuzgar a Boudou en el año 2014.

Otra pregunta permitida: ¿Por qué Alberto Fernández, luego de un año y veinte días de gobierno no atacó de raíz el entramado del lawfare, como tampoco siquiera desarmó la llamada “doctrina Irurzun” sobre la que todavía se sostienen las prisiones preventivas como la de Boudou y tantos otras y otros presos políticos?

Los miembros del gabinete de Alberto Fernández no opinan ni mencionan la palabra lawfare. Básicamente porque no creen que exista. No creen que en Argentina haya presos políticos.

“La verdadera reforma judicial no es la que vamos a debatir este jueves” afirmó Cristina Fernández de Kirchner el pasado 24 de agosto. El que no entiende es porque no quiere.

El neoliberalismo no perdona. No negocia, no acuerda, no cede, extorsiona. El neoliberalismo, en su etapa actual, no es un modelo económico, es un orden social y económico que genera violencia. El neoliberalismo no se conforma con tener un ministro de economía de los suyos como fue a partir de los años noventa para administrar los intereses de la clase dominante a cambio de un aparente grado de gobernabilidad formal. En su fase actual, para que el sistema no tenga ningún “retroceso” ni “accidente”, es decir gobiernos populares que intenten enfrentarlo, requieren de un actor clave como es el Poder Judicial; una guardia pretoriana de señorías dispuestos a convalidar en nombre de la Justicia al poder económico y sus dueños. La otra pata es disponer del 95% de los medios de comunicación, que son los que juzgan en primera instancia y preparan el terreno para que el Poder Judicial emita posteriormente el fallo disciplinatorio.

Poner a la Argentina de pie requerirá de contundentes decisiones, de audacia, coraje y valentía. Si así fuera, hoy no estaríamos terminando el año con una amenaza mafiosa enviada a través de un juez de la nación a un gobierno democrático.