Vayamos a la mesa

La carta de Cristina es una convocatoria a la mesa de un acuerdo entre las fuerzas productivas. El problema está que entre los intelectuales de la economía política argentina, así como del psicoanálisis, no se cae una sola idea. Lo que quiero mostrar con mi Saquemos del Medio es, por ejemplo, entre científicos como Claudio Gaspar de INVAP, habría una mesa con entrada y postre si se tratara de reunirse a la mesa. Pero entre intelectuales que deberían trazar un plan de acuerdo no hay ni un mendrugo de pan. Alguna vez he escrito que, como enseña la Ley primera de la hospitalidad, la presencia de la comida en la mesa atestigua que el invitado no es la comida. Así que, mientras no haya un menú, el otro será mi enemigo y mi próximo bocado. El plan Gelbard no fracasó por problemas internos a su lógica sino porque murió Perón quien era, en lo simbólico, quien lo garantizaba. Es lo que no entendieron las organizaciones armadas dándole a la oligarquía y al imperialismo la oportunidad de poner a un representante de la CIA como ministro de economía. El «rodrigazo» fue un golpe mortal a la credibilidad en el peso argentino. Los balazos contra Rucci fueron su feroz antesala. La historia se repite como farsa, Grabois no es Firmenich, pero se repite.

No tengo tanta formación como para explicar todo aquello. Tampoco quiero salvar al padre de sus pecados. Puedo decir lo que pienso a duras penas y ganándome la enemistad de muchos y muchas. Estuve cerca de la escisión en el XIII Congreso del partido que dio origen, por su división, al PRT combatiente y PRT la verdad. Tuve la suerte de quedar del lado de este último que conducía Nahuel Moreno. Su enseñanza nos alejaba de la lucha armada porque tenía una excelente caracterización de las contradicciones primarias y secundarias y, sobre todo, de las relaciones de fuerza. Fue por eso que buscó tácticamente una alianza con una fracción del PSA secreto Coral y se fundó el PST con la formula Coral- Ciapone. En ese tiempo desde mis 15 a mis 18 años obtuve una formación trosko-marxista. Con la prima era camporista la juventud y para mi interés sobre todo las chicas se hacían peronistas y viste que la carne es débil. Igualmente pude llegar a cantar la marcha e incluso ir a buscar a Perón a Ezeiza la primera vez que retornó. Fui a Gaspar Campos y me convencí que el futuro para mí como joven era peronista. Yo simpatizaba con Ortega Peña hasta el día que renunció a la banca junto con muchos diputados de la JP. En su entierro casi caigo preso en manos de la policía de Villar y Margaride.

A partir de ahí cuando vi como habíamos caído en esa trampa tan idiota sin conducción ni un carajo me di cuenta que estábamos en manos de unos psicópatas megalomaníacos. Poco más adelante en una toma de la facultad cuando Otalagano tomó el rectorado decidí irme y pasar a una especie de exilio interno.

Como dice Rulli, un jefe de la guerrilla de la época, ellos no fueron víctimas. No es que no las haya habido por miles, pero ellos tenían un proyecto político-militar que tomó a Perón como coartada. Desde ya amiga que esto no justifica en nada las atrocidades de los militares utilizados como forros de la derecha mundial, pero quienes tomaron la decisión de la guerra popular prolongada fueron miembros de una generación que se perdieron en una Argentina prometida por Frondizi y que nunca llegó. Así entonces, es que no adhiero a la teoría de la seducción de Perón para luego acusarlos. Es más, creo que los dirigentes montoneros de FARP y FAP creyeron poder «captar» a Perón. Eso explica Ezeiza. Perón había delegado en la derecha peronista la organización del acto y fueron los montos quienes quisieron tomar el palco y forzar a Perón a ser Fidel Castro. Esa situación como muchas previas estuvieron precedidas por el frenazo que Perón les puso en Gaspar Campos y el asesinato de Rucci. Perón nunca fue marxista leninista, quizás bastante del primero pero casi nada del segundo ya que su concepción del Estado era muy diferente a la de Lenin.              Perón fue alguien que supo interpretar las necesidades de su pueblo y producir una transformación monumental en materia de progresos y derechos de la clase trabajadora. Hay que escuchar las declaraciones de Perón cuando el golpe a Allende y darse cuenta que él ya sabía que ese golpe era orquestado por la CIA para instalar un nuevo orden mundial que habría de comenzar por la periferia. Perón entendía que la política doméstica estaba subordinada a la internacional. Hay testimonios de que el general tenía una clara visión de que el derrumbe de la URSS iba a terminar con las políticas de bienestar en el mundo, es decir, que su famoso “fifty-fifty” corría riesgo de extinción. Es por eso que entendía la necesidad de una alianza con la burguesía convenciéndola que era por su propia empresa que vendrían. Eso es lo que pactó con Balbín y de allí se pusieron a convocar a todos los intelectuales de la época, que por entonces había. Así nació un plan que alzaba la esperanza de una “Argentina Potencia”.

El plan Gelbard fue muy eficaz (basta leer un poquito de estadísticas). El libro de María Seoane lo describe muy bien. Es más, es lo que hay hacer. Para ello es necesaria la unidad y la democracia dentro del partido justicialista para legitimarlo y así encontrar un “Balbín” en la oposición que ayude a convencer a los dueños del dinero a que alivianen su odio de clase y entonces todos los sectores productivos se dirijan a la transformación de la matriz productiva de la Argentina. Néstor y Cristina hicieron muchas cosas pero, pudiéndolo hacer, no produjeron ese pacto y por eso no cambiaron esa matriz.  

*Carlos Quiroga. Psicólogo.