Venezuela y Argentina: La unión con Evita y Perón

Los lazos de amistad entre ambos pueblos son indestructibles desde que, como política de Estado, las dos naciones actuaron siempre solidariamente ante hechos que afectaron sus soberanías. Esta comunión de intereses viene de nuestra emancipación: desde la atención que Francisco de Miranda puso al condenar la invasión inglesa a Buenos Aires en 1806; la simultaneidad del surgimiento de Juntas como antecedente de gobiernos patrios en ambas naciones (19 de abril de 1810 y 25 de mayo del mismo año; la primera en la Capitanía General de Venezuela, la segunda en el Virreinato del Río de la Plata); y la relación entre Simón Bolívar y José de San Martín planteando la liberación continental, aun antes de Guayaquil (1822), donde el primero tuvo en cuenta a los argentinos y les transmitió su afán independentista y de Patria Grande en 1919.

Vale la anécdota rescatada por Manuel Urriza en San Martín y Bolívar vistos por Perón (2007) de cómo, según el relato de un comerciante francés, los llaneros venezolanos que integraron las tropas del general Páez gustaban del mate litoraleño e hicieron suyo el Himno Argentino. También la referencia del escuadrón venezolano Granaderos de la Guardia al mando del capitán Domingo López Matute (o de Matute) quienes se sublevaron a sus mandos, lo que originó la persecución ordenada por el Mariscal Antonio José de Sucre. Ellos terminaron recalando en Salta, plegándose a las tropas de Gregorio de Lamadrid, para luego pasar a las federales de Facundo Quiroga. La mayoría de los llaneros quedaron en la provincia norteña argentina, previo indulto de Sucre, donde se afincaron. Matute siguió participando de la vida política local, al punto de conspirar contra el gobernador salteño Juan Ignacio Gorriti, hecho que signó al aventurero venezolano a la pena de muerte.

También Venezuela se solidarizó con la Argentina al respaldar el reclamo sobre Malvinas al momento de la invasión británica en 1833; hecho correspondido por la Argentina al plantear – por el bloqueo y bombardeo de Inglaterra y Alemania a Venezuela en 1902 – a través del Canciller Luis María Drago la doctrina (Doctrina Drago) de no intervención militar por deudas entre Estados, que sentó jurisprudencia internacional.

Eso tuvo no sólo el reconocimiento venezolano sino que tuvo en el hermano pueblo el primer apoyo en la reivindicación de las Islas Malvinas durante el conflicto de 1982.

Aún hoy el presidente Nicolás Maduro, siguiendo las líneas políticas heredadas del Comandante Hugo Chávez Frías, sostiene como política de Estado el reconocimiento de la soberanía argentina sobre nuestras islas australes.

En cuanto a Juan Perón éste se acercó a Venezuela a través del estudio de la historia, en particular del análisis de la campaña libertadora de Simón Bolívar y su vinculación con la campaña de José de San Martín.

Sus trabajos Apuntes de Historia Militar (1932), Antecedentes de la Campaña Libertadora del General San Martín desde 1814 a 1817 (1941), como en sus discursos y textos en el marco del Año Sanmartiniano en 1950, dieron cuenta de la importancia que le otorgó a la figura de Bolívar imbricada con la de San Martín.

El 9 de abril de 1945, luego del triunfo electoral de Perón, Venezuela reanudó las relaciones diplomáticas con la Argentina. Desde un principio se tendió a un fuerte intercambio en lo cultural, lo que se evidenció en las publicaciones de la época, tal el caso – a modo de ejemplo – de los especiales sobre Venezuela efectuados por la revista argentina Continente.

En el plano militar hubo afinidad en la unidad de criterios entre ambos ejércitos entre 1948 y 1955, sobre todo luego del TIAR y la presión de los Estados Unidos sobre la región.

Si bien Perón mantuvo relaciones cordiales durante el gobierno de Rómulo Betancourt, fue en 1952, al asumir Marcos Pérez Jiménez, donde se evidenció una coincidencia de criterios sobre el desarrollo económico y el nacionalismo latinoamericano, lo que impulsó intercambios castrenses y esfuerzos modernizadores para sus correspondientes ejércitos.

También en el plano político hubo puntos de contacto, buscó Pérez Jiménez potenciar su gestión pública con algunos rasgos del obra del peronismo.

Evita no estuvo ausente con relación a Venezuela. A través de la Fundación Eva Perón la Argentina asistió, el 25 de agosto de 1948, con ropa y víveres a los más necesitados de Caracas. El 9 de septiembre de 1950 Eva Perón envió ayuda humanitaria a Colombia, Ecuador y Venezuela por distintas catástrofes producidas. Llevó alimentos, medicina y primeros auxilios con el personal médico y cuerpo de enfermeras de la Fundación Eva Perón.

En 1951, a raíz de los Juegos Panamericanos en Buenos Aires, la Fundación recibió a las delegaciones de deportistas femeninas en todas sus dependencias. También en ese año, durante la Conferencia Interamericana de Seguridad Social en Buenos Aires, presidida por Evita y con el apoyo de la Fundación, tuvo destacada participación la delegación venezolana presidida por el Dr. Rubén Corredor.

A eso se sumó el acompañamiento de los trabajadores venezolanos a la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados (ATLAS), impulsada por Perón ese mismo año como contrapartida de las centrales obreras hegemonizadas por la URSS y Estados Unidos.

Como nota de color, el único hecho discordante fue, a la muerte de Evita, un artículo injuriante a la difunta en el diario La Esfera de Caracas, que fue respondido por el gobierno venezolano. El resto de los periódicos caraqueños – El Universal, Religión y Últimas Noticias – resaltaron su obra y temple.

Tras el derrocamiento de Perón el gobierno venezolano brindó asilo político (de 1956 a 1958) al líder justicialista soportando la protesta del gobierno dictatorial argentino. Al punto de proteger al notable exiliado en el intento de asesinato por parte de los servicios de inteligencia argentinos el 25 de mayo de 1957. Venezuela rompió relaciones diplomáticas con el gobierno del dictador Pedro Eugenio Aramburu y expulsó al cuerpo diplomático confabulado con el intento de magnicidio.

Durante su estadía en Caracas, Perón coordinó la resistencia a la dictadura y desarrolló numerosa correspondencia política y escritos doctrinarios. En la revista caraqueña Elite, el 31 de marzo de 1956, empezó a publicar diversas notas que constituyeron con el tiempo su libro Del poder al exilio. Cómo y quienes me derrocaron. También se reeditó en la capital venezolana La fuerza es el derecho de las bestias y, a fines de 1957, salió a la luz Los Vendepatria.

Su dirección sería legendaria: Avenida Andrés Bello y 4ª. Transversal de Guaicaipuro, edificio Josmary, departamento 19, y con una dirección postal en Francisco Deleonardis, casilla de correo 3067, Caracas, Venezuela. También recaló en la quinta o chalet Mema, situada en la urbanización El Rosal, calle El retiro, o en el Haras Dos Estrellas, de Jorge Antonio.

De más sería reseñar que en aquellos años las figuras del citado empresario argentino junto a John William Cooke, Guillermo Patricio Kelly, Ramón Landajo, Américo Barrios, Zoe Ducós, Isaac Gilaberte, Roberto Galán e Isabel Martínez fueron moneda corriente acompañando al ilustre exiliado.

Su encuentro con Isabel, el recibimiento del general Raúl Tanco – héroe del levantamiento militar de 1956 -, otro fallido atentado que iba a perpetrar un sicario de Tánger, el falso secretario de Perón “Martincho”, las negociaciones con los desarrollistas Emilio Perina y Rogelio Frigerio para concretar el Pacto Perón-Frondizi, hasta el golpe contra Pérez Jiménez que obligó a Perón a refugiarse en la Embajada dominicana en Caracas y partir a República Dominicana son postales de una estadía intensa del líder justicialista.

En España, Perón tuvo contacto tanto con la comunidad argentina exiliada en Venezuela como con políticos del hermano país, a la vez que rememoró su estadía en dichas tierras tanto en sus diálogos con Enrique Pavón Pereyra, que luego volcó en varias publicaciones, como en Yo, Juan Domingo Perón: Relato autobiográfico (1976), de Torcuato Luca de Tena, Luis Calvo y Esteban Peicovich. A su vez, la figura de Bolívar fue retomada por Perón en su exilio madrileño en la obra La Hora de Los Pueblos (1968) y en Así Hablaba Juan Perón, de Eugenio Rom, sobre una charla que tuvo Perón con el escritor argentino a fines de los ‘70.

El triunfo de Héctor J. Cámpora y el retorno de Perón al poder en Argentina posibilitaron el restablecimiento de relaciones con Venezuela en base a entendimiento mutuo en el marco del proyecto de continentalismo y tercera posición del peronismo.

En su Modelo argentino para el proyecto nacional (1974) Perón tuvo muy en cuenta el ideario de los Libertadores enmarcados en la causa de independencia y unidad continental.

Venezuela fue generosa no sólo con admitir a Perón como exiliado, sino a muchos argentinos que buscaron refugio de las dictaduras argentinas, en los años de plomo de la dictadura.

El surgimiento de la figura de Chávez concitó el interés desde el campo nacional, a partir de su visita a Buenos Aires en una mítica reunión con representantes de la izquierda nacional y del peronismo, que vislumbraron el potencial de su propuesta política. El golpe contra el Comandante Chávez y la erección de Carmona como presidente de facto fue condenado por el gobierno interino de Eduardo Alberto Duhalde. Posteriormente la comunión de ideales entre la revolución bolivariana y el proyecto nacional encabezado por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, afincó lazos duraderos, a pesar de matices de diferenciación no menores entre ambas experiencias.

También se potenció el reencuentro cultural entre ambas naciones, como se evidenció años atrás en textos escolares, publicaciones oficiales, el Canal Encuentro, actividades como la exposición sobre Eva Perón -que se llevó adelante en el marco de la Feria del Libro de Venezuela- impulsada por el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón / Museo Evita, y trabajos de divulgación impulsados por el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, presidido por Pacho O’ Donnell.

Macrismo mediante, con apoyo del aparato mediático, estigmatizaron la revolución bolivariana, generando en muchos sectores de nuestra población la asimilación de “Venezuela” con el mal encarnado y todo lo que se acercase a ellos es igualmente estigmatizado, léase el peronismo y kirchnerismo.

En este tiempo el gobierno de Alberto Fernández, que tuvo un firme compromiso con Evo Morales y no reconoció el actual gobierno de facto boliviano, a la vez de tener una postura contraria a la permanente condena del Grupo de Lima al gobierno de Nicolás Maduro, a la vez de adherir a la CELAC (hoy presidida por México), amén de desconocer a Guaidó y a la embajadora venezolana trucha impulsada por el macrismo, votó en el Consejo ONU en favor de una revisión de la actitud gubernamental venezolana con relación a los Derechos Humanos. Este hecho, aunque puede molestar a parte de su base electoral, debe inscribirse en una cuestión táctica del momento, que no altera la unión de pueblos y que tampoco aleja a la Argentina, junto a otros países, de bregar por una solución pacífica en las tensiones existentes entre gobierno y oposición venezolana, y que Venezuela no sufra ningún bloqueo militar por parte de los Estados Unidos.

Queda el recuerdo permanente hacía el Comandante Hugo Chávez Frías, el cual -como estudioso de la historia latinoamericana- mencionaba no pocas veces a Evita y Perón como referentes ideológicos de su proceso revolucionario. Esto fue testimoniado en cuanto discurso desarrolló Chávez y quedó patentizado en la edición oficial del mensaje al Primer Congreso de Unidad Latinoamericana de Juan Perón, efectuado por el ministerio de Comunicación e Información del gobierno venezolano en el 2006 por el bicentenario del juramento de Miranda.

* Pablo A. Vázquez. Politólogo; Docente en la UCES; Miembro de los Institutos Nacionales Eva Perón y Juan Manuel de Rosas.