Visión estratégica y dirigencias miopes

China en los últimos días ha dado a conocer dos noticias que se han tomado como una curiosidad cuando en realidad tienen profundas implicancias geopolíticas que deberían ser atendidas.

Un documento elaborado por el Banco Popular de China basado en un informe de las estadísticas y pronósticos de las Naciones Unidas, indica que su población decrecerá en 32 millones de personas para el 2050 mientras su rival EE.UU. sumaría 50 millones por su política de inmigración masiva y altamente calificada, lo que constituirá un enorme problema para la economía china en su competencia con el país americano.

La segunda noticia aparentemente inconexa pero que guarda relación con la mencionada es que en mayo pasado un alto asesor del gobierno chino, Si Zefu, advirtió que muchos de los hombres jóvenes de China se habían vuelto «débiles, tímidos y autodestructivos» y que eso conduciría a un desastre. A continuación, el Ministerio de Educación de China sacó un comunicado titulado «Propuesta de Prevención de la Feminización de Hombres y Adolescentes» instando a las escuelas a reformar por completo su oferta de educación física y fortalecer la contratación de maestros, reclutando atletas retirados y personas con antecedentes deportivos, y «desarrollar vigorosamente» deportes como el fútbol con el objetivo «cultivar la masculinidad de los estudiantes».

Las celebridades chinas han sido puestas en la mira por promover los valores “feminizantes” y como era esperable, se desató una campaña en Occidente acusando al Gobierno del PCCh de “sexista”, pero es poco probable que el gobierno de Xi sea sensible a esas críticas.

China no está sola en sus preocupaciones, es muy conocida la inclinación de Putin por la familia y sus políticas enfocadas en promover la natalidad. Putin ha sido, como era esperable, criticado duramente por homofóbico y sexista en Occidente, pero eso no hizo más que reforzar sus propuestas.

Cuando llega al poder al comienzo del nuevo milenio, Rusia estaba alarmada porque perdía un millón de habitantes al año, un balance que seriamente ponía en riesgo su integridad como nación y que forzó a implementar como prioridad aumentar la natalidad para lo cual realizó sucesivos planes que en 20 años consiguieron revertir la tendencia decreciente hasta alcanzar un equilibrio. 50 mil millones de dólares se invirtieron en ese período para estimular a los rusos a tener más hijos.

Putin igualmente considera que la enorme extensión del territorio ruso demanda más habitantes que los actuales por lo que hoy su país entrega el equivalente a 5.000 dólares a las parejas que tiene su primer hijo y 9.000 por el segundo.

Sus preocupaciones lo llevaron a considerar las causas de la caída demográfica que tienen que ver con el desastre económico de los ‘90, las leyes liberales en lo cultural de esa época promovidas por la UE a favor de los derechos LGBT.

Rusia, de la mano Putin, prohíbe la propaganda a favor de esos valores LGBT en menores de 18 años y desalienta la misma entre los mayores. La homosexualidad no está prohibida y es tolerada pero no es promovida como una alternativa a los valores tradicionales. Putin por este y otros motivos tiene una política de acercamiento notable con la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Moscú.

Considerando que estas políticas son difundidas desde Occidente, Putin ha tomado medidas para dificultar la llegada de estas ideas a Rusia con disposiciones como expulsar a la Universidad Centroeuropea financiada por George Soros, que se había establecido en San Petersburgo, para constituirse como un semillero para formar profesionales que expandan esas ideas. La universidad mencionada contaba con un plantel de profesores tan numeroso como el escasos alumnado y generosas becas que multiplicaban varias veces las que Rusia ofrecía en otras instituciones.

Las políticas de Putin tuvieron otro eje haciendo posible una serie de restricciones sobre las ONGs que promueven esos valores occidentales que son resistidos por la sociedad rusa.

En el año 2020 durante el Mes del Orgullo LGBT+, la Embajada de EE.UU. izó la bandera del arco iris causando las burlas de Putin, sin embargo el asunto no quedó allí y Rusia presentó una protesta formal exigiendo que se retire esa bandera que viola las convenciones diplomáticas que solo permiten que flameen las banderas de los Estados. Mientras sucedía esto, Putin y su país avanzaban con la Reforma Constitucional estableciendo que el matrimonio es únicamente entre un hombre y una mujer.

¿Cuál es la relación entre LGBT y nacimientos, muchos se preguntarán? Nadie obliga a nada, suelen argumentar y no tener hijos es una elección individual, sin embargo, desconocen que los Estados tienen políticas que se utilizan para orientar a la sociedad según sus necesidades estratégicas. 

El mundo real utiliza la propaganda para esos fines, siempre ha sido así. Todos sabemos que Disney fue una plataforma cultural contra el nazismo durante la guerra, aún a pesar de las dudosas simpatías del fundador de la compañía.

Hollywood instaló que los EE.UU. eran quienes habían ganado la II Guerra Mundial, alarmó ante el peligro del avance comunista con películas como Rambo y luego instaló que los musulmanes son todos terroristas.

Este es un solo ejemplo, pero fundaciones, universidades, centros de estudios, todo lo que constituye el andamiaje ideológico de un sistema se alineó con las decisiones políticas imponiendo su visión en buena parte del mundo

¿Podemos acaso desconocer que en las tres últimas décadas ese mismo aparato cultural ha sido puesto a funcionar para imponer nuevos patrones culturales donde ahora el enemigo es un difuso Patriarcado, donde el hombre es una plaga que contamina el planeta y debe ser reducido al mínimo? 

Estas cosas no pasan ni por casualidad ni “por las luchas” de los colectivos minoritarios, pasan por las decisiones políticas.

Larry Fink, mandamás del megafondo especulador Blackrock, ha hecho pública la carta a las empresas que controla, que con un capital de 7.8 billones en dólares podemos decir que son muchas y las más importantes, que deben adscribir a las nuevas directrices de corrección política que definen que las teorías Queer y Críticas de la Raza, junto al ecologismo radical, deben ser impulsadas por las compañías, amenazando con cesar a todo directivo que no acompañe esas políticas.

No es extraño entonces ver que empresas apuntadas al consumo masivo y familiar como Coca Cola, Avon, Netflix, Colgate, Unilever, Procter&Gamble, entre otras, hacen propagandas dirigidas al público alineadas con las nuevas ideas, aún a riesgo de perder clientes. 

El proceso de “deconstrucción” social de Occidente es parte de un proyecto del sector dominante del poder que busca reconfigurar las estructuras sociopolíticas y adecuarlas a sus necesidades y eso se transforma en un choque cultural en medio de la batalla por el predominio de las ideas para derrotar a un enemigo antes de que presente batalla.

La promoción en Occidente de valores feminizantes, utilizando la terminología china, entre los hombres motiva la destrucción de la idea de una familia hombre – mujer que tiene como destino la procreación, y más allá de las razones sociológicas, antropológicas o psicológicas que se puedan esgrimir para oponerse basadas en la voluntad del individuo, desde la lógica geopolítica la respuesta es clara, estas políticas debilitan el concepto de Estado Nación y buscan subordinarlo por un sinnúmero de reivindicaciones parciales y con una visión extraordinariamente individualista de corte liberal.

El General Perón, sin dudas el mayor geoestratega de la Argentina al menos en el siglo XX, presentó el 1º de mayo de 1974 a través de su ministro Gelbard en la Asamblea Legislativa el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional, donde entre otras cosas, se establecía la meta de 50 millones de argentinos para el año 2.000, demostrando la importancia que tenía la política demográfica dedicada al estímulo de la fecundidad en su visión de Nación.

Henry Kissinger por esos años también constituía el Memorándum 200, desclasificado en 1989 y cuyo nombre formal es NSSM 200 (National Security Study Memorandum 200), donde establecía que la principal amenaza a EE.UU. no era el comunismo soviético sino la expansión demográfica de los países que les disputarían el acceso a los recursos naturales y se constituirían en una amenaza por su demografía.

Países como India, Brasil, Nigeria o Indonesia eran un peligro a futuro y se debían tomar las medidas adecuadas para frenar ese crecimiento demográfico que afectaba a su país.

Hemos visto entonces, a partir de los 70, una creciente campaña para instalar estas ideologías cada vez con más fuerza, instando a tomar medidas que desestimulan los nacimientos, especialmente en los Estados subordinados. Las ideas tradicionales estimuladas por las grandes religiones resultan entonces contraproducentes y eso explica las campañas para instalar que cada católico es un pedófilo o que cada musulmán es un terrorista.

Las consecuencias de estas políticas están hoy a la vista, la pirámide poblacional es decreciente.

The Lancet, un prestigioso medio imposible de acusar de conspiranoico, publicó un ‘Estudio de la carga global de enfermedades’, que indica una disminución acelerada de las tasas de fertilidad en todo el mundo desarrollado prediciendo que la población mundial alcanzará su punto máximo en 2064 con 9,7 mil millones de personas para disminuir a 8,8 mil millones a fin de siglo. 

La población, según el informe, será mayoritariamente anciana y los mayores de 80 años duplicarán a los menores de 5 años. Países como Japón, Tailandia, Italia, Corea del Sur o España perderán la mitad de su población y 183 de 195 países tendrán tasas menores a la indicada para mantener constante la población, que es de 2,1 nacimientos. 

China podría perder un cuarto de su población, lo que explica que ya estén tomando previsiones, mientras que en algunos casos como El Salvador la caída de su población llegará al 75%.

Podríamos extendernos casi hasta el infinito con los problemas derivados del envejecimiento de la población que van desde el colapso de los sistemas de seguridad social hasta la pérdida de competitividad económica por falta de juventud e incapacidad para garantizar la defensa militar, pero lo más importante es comprender  que la demografía es un factor gravitante en las naciones, al menos hasta que la tecnología nos posibilite el reemplazo por artefactos dotados de IA que puedan reemplazar la actividad humana, y aun así la contención psicológica dada por el contacto humano presenta grandes dudas sobre estas posibilidades.

La activación de políticas contra la natalidad ha sido promovida desde EE.UU. por motivos estratégicos, a los cuáles podemos ahora agregar que la tecnología automatiza cada vez más procesos y reduce al mínimo la cantidad de mano de obra necesaria.

Varios proyectos políticos se contraponen disputando el poder, lo que explica las contradicciones aparentes, pero el que expresa Biden en su llegada a la Casa Blanca definitivamente promueve la caída demográfica posibilitando una reconfiguración del sistema socioproductivo. Viendo sus primeras disposiciones y declaraciones no quedan dudas de sus políticas.

Esto es un enorme desafío para países como Argentina que han perdido su rumbo geoestratégico y se hacen eco de las políticas promovidas desde el Primer Mundo.

Argentina, así como Rusia, tiene una baja población y debería implementar políticas de crecimiento demográfico para poder hacer valer su peso como mercado de consumo que permita la expansión productiva local, aumentando su importancia internacional de esa manera, sin embargo, incomprensiblemente promueve todo tipo de políticas contrarias, desde el aborto y las políticas Queer hasta adherir a la Agenda 2030 que encarecerá su producción en base a la utilización de energía cara que harán que su economía no sea competitiva.

Necesitamos una clase política que comprenda que existe la planificación estratégica y que al igual que el mercado, si no las hace el mercado, alguien más la hará.

Perón en el ‘74 mostraba el camino, sin embargo, vemos un alineamiento casi absoluto detrás de las políticas ideadas por los enemigos que dicen combatir. No hay, ni nunca hubo, una lucha contra el Patriarcado y establecer la perspectiva de género como una política de Estado es solo un absurdo peligroso por las derivaciones que conlleva.

El correlato de esta decisión es que en lugar de volcar recursos a tecnologías STEM (acrónimo en inglés de Ciencia – Tecnología – Ingeniería – Matemática) que marcan cuál será el futuro de una nación, se vuelca un insólito 3,4% del PIB a la perspectiva de género.

No producirá la Argentina ingenieros en tecnologías de punta sino doctorados en género y sexualidades. Un ejemplo de subordinación a los intereses extranjeros nítido pero que parece nos ser apreciado por el conjunto de la clase política, tal vez por falta de información o tal vez por los generosos fondos que se mueven alrededor de las ideas de moda y el castigo a quienes las desafían, quienes son sometidos al anonimato o al escarnio público.

Rusia hace dos décadas que de la mano de Putin apuesta a las tecnologías STEM, pasando a ser el primer exportador del mundo de trigo dejando muy atrás las 

épocas en que lo importaba de Argentina, pero también ha conseguido ser un país que maneja tecnologías de vanguardia como misiles hipersónicos, guerra electrónica, tecnologías aeroespaciales y un largo etc. Argentina se ha volcado a ser un “ejemplo” en los nuevos derechos y nuestra clase dirigente se jacta de tener legislaciones vanguardistas en temas de género mientras se desploma la actividad industrial y la innovación tecnológicas en medio de una imparable caída del nivel de vida.

En un mundo donde la tecnificación es la clave de la supervivencia, las políticas impulsadas por el poder global son suicidas, lo sabemos cuándo hablamos del FMI y sus programas de ajuste, pero a nivel estratégico hay cosas tan graves como esas que pasan desapercibidas. ¿O acaso reducir y envejecer la población en un país despoblado o invertir en combatir el patriarcado mientras la tecnología pierde espacios, no es un proceso suicida para una Nación?

Rusia y China lo saben y adoptan medidas para frenar la ofensiva cultural, Argentina hace exactamente lo contrario adopta como propios los puntos de vista de su enemigo y lo hace para colmo con el fanatismo de los conversos, intentando que se entienda como algo que tiene que ver con nuestra idiosincrasia y no lo es.

Deberíamos prestar un poco más de atención sobre cómo se mueven las potencias contra hegemónicas exigiendo a nuestras clases dirigentes que tengan una mayor visión estratégica del mundo o den un paso al costado.

*Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.