Welcome 2021!

¿Optimismo?

Si bien estoy dispuesta a darle la bienvenida al 2021 no tengo claro que haremos este año, nosotrxs lxs mortales, con lo que hicimos de nosotrxs mismos. Si algo caracteriza nuestra condición humana no es solo nuestra inteligencia y capacidad reproductiva sino también nuestra necedad y capacidad autodestructiva.

El año 2020 fue el año de la incertidumbre, la perplejidad, la destrucción sin antecedentes. Lo seres humanos del planeta fuimos vulnerables y frágiles ante un virus desconocido que nos invadió y puso en riesgo nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Constatamos en primera persona que efectivamente es insoportable la levedad del ser.

Lo cotidiano cambió abruptamente y nos desafió a mirar la presencia o ausencia de nuestros recursos individuales y colectivos para enfrentar una crisis mundial sin precedentes.

El año 2021 nos encuentra más entrenadxs y menos sorprendidxs para enfrentar el reto de la pandemia y poner en su justo lugar la promesa de una vacuna. Pero también más dañadxs.

Por un lado, la experiencia de la pandemia durante el 2020 introdujo confusión, dudas, deficiente y diferente capacidad resolutiva individual y social.

El 2021 exige decisiones que impactarán el presente y el futuro de las relaciones interpersonales y las globales. ¿Se inicia este año una etapa de construcción o habrá más destrucción? ¿Las vacunas y los avances tecnológicos serán para todxs o solo para algunxs? ¿Qué sucederá con aquellxs que antes de la pandemia no podían satisfacer sus necesidades básicas, con crisis diferentes a la sanitaria (por ejemplo, acceso a la salud, la educación, alimentación, justicia, vivienda, alegría, etc-) y que hoy ven agudizada su situación como consecuencia de la pandemia? ¿Si el mundo ya era terriblemente desigual e injusto antes de la pandemia, seremos capaces de rectificar el rumbo o lo profundizaremos?

¿De verdad queremos volver a la normalidad?

Responder esta pregunta implica pensar los términos de la recuperación económica, nuestro vínculo con el medio ambiente, la organización y alcance de los sistemas de salud en general, el grave deterioro de la salud mental individual y colectiva, las formas de trabajo, el consumo, la educación, la alimentación, las formas de hacer política, la distribución de recursos y un largo etc., al que están abocadxs investigadorxs del sector público y privado, con perspectivas e intereses no siempre coincidentes.

La emergencia sanitaria activó tanto la negación de la pandemia como distintas formas de solidaridades.

La buena noticia del 2021 es que ya tenemos vacunas para combatir el Covid.

La mala noticia, según informa el New York Times, es que ya hay acuerdos secretos a favor de los fabricantes de los medicamentos que no se divulgarán; contratos multimillonarios que les brindan a los fabricantes cláusulas de protección de responsabilidad, la propiedad de las patentes y un margen importante de maniobra en las fechas de entrega y los precios. Si bien los gobiernos hicieron cuantiosas inversiones para ayudar a las farmacéuticas y gastan millones para comprar dosis, han accedido a las exigencias de estas que piden mantener los pormenores de los acuerdos en secreto y esto impide transparencia en el proceso de vacunación. Por ejemplo, Pfizer y AstraZeneca anunciaron hace poco que no iban a poder cumplir con sus plazos de entrega en Europa, lo que ha causado una preocupación generalizada debido a la propagación de variantes peligrosas del virus. Según este periódico, los documentos disponibles sugieren que las farmacéuticas exigieron y obtuvieron plazos de entrega flexibles, protección de patentes, inmunidad de ser responsabilizados si algo sale mal. En algunos casos, los países tienen prohibido donar o revender las dosis, lo que podría obstaculizar iniciativas para llevar las vacunas a países más pobres. El diario informa que se están firmando al menos tres tipos de acuerdos de vacunas: algunos gobiernos las compran directamente a las empresas farmacéuticas. Otros compran a través de organismos regionales como la Unión Europea o la Unión Africana. Muchos recurrirán al Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX, por su sigla en inglés), una alianza de más de 190 países que está comprándoles a las farmacéuticas con el objetivo de que las vacunas estén disponibles en todo el mundo —en especial en los países pobres— de manera gratuita o a un costo reducido. Algunos gobiernos han firmado acuerdos tanto con fabricantes como con COVAX. A pesar de las enormes inversiones de los contribuyentes, las empresas farmacéuticas son propietarias absolutas de las patentes. Eso significa que las compañías pueden decidir cómo y dónde se fabrican las vacunas, cuánto cuestan y en algunos casos “tendrá derecho a explotar de manera exclusiva” esos derechos de propiedad.

Una coalición de países, liderados por India y Sudáfrica, ha solicitado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que ceda los derechos de propiedad intelectual para que los fabricantes de medicamentos genéricos puedan comenzar a producir las vacunas. La OMS ha respaldado esta idea, pero ha sido condenada por la oposición de Estados Unidos y Europa, cuyas farmacéuticas afirman que las patentes —y las ganancias derivadas de ellas— son el sustento de la innovación. “Los gobiernos están creando una escasez artificial”, dijo Zain Rizvi del grupo de monitoreo Public Citizen. “Cuando los ciudadanos financian el conocimiento requerido para poner fin a una pandemia, eso no debería permanecer en secreto”. The New York Times informa también sobre los problemas de los costos de las vacunas: la Comisión Europea pagó 2,19 dólares por cada dosis de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, mientras que Sudáfrica pagó más del doble, 5,25 dólares. Los contribuyentes estadounidenses estaban pagando 19,50 dólares por dosis de la vacuna Pfizer, mientras que los europeos pagaban 14,70 dólares

Ahora podemos seguir preguntándonos: ¿La vacuna llegará a todos los sectores? ¿Los gobiernos y organizaciones sin fines de lucro enfrentaran parcial o totalmente los obstáculos que ciertos sectores imponen para lograr un acceso igualitario a la vacuna?

¿El vínculo entre medioambiente y pandemia será una cuestión de estado y en su caso qué se priorizará: el cuidado del medio ambiente o la economía?

Aún con la esperanza de la vacuna, es altamente probable que el retorno a la actividad económica anterior a la pandemia sea lento, desigual y una vez más nos muestre vulnerables: un fracaso en los procesos vacunatorios porque no se respetó la cadena de frío o por la aparición de nuevas variantes del virus, nos enfrentará nuevamente a nuestra debilidad.

Será central pensar en la distribución de la riqueza y los ingresos que han variado no solo de un país a otro, sino de una provincia a otra en el mismo país ampliando todas las desigualdades preexistentes. Según Eduard Soler i Lecha, investigador sénior de CIDOB y del equipo de investigación en colaboración con EsadeGeo, en El mundo en 2021: diez temas que marcarán la agenda internacional, publicado el 12/2020, ya aumentó la brecha de género ya que un 54% de los empleos destruidos en 2020 corresponde a las mujeres, que representan solo el 39% de la masa laboral. También aumentó la brecha educativa entre los que pudieron acceder a la educación a la distancia y los que no porque carecían de medios, propiciando deserción escolar. El Banco Mundial señala que este año 150 millones de personas podrían verse empujadas a la pobreza extrema.

El impacto de la pandemia ha sido desigual y también será desigual la recuperación, de forma tal que algunos sectores se recuperarán rápidamente y terminarán el 2021 con mayor riqueza y bienestar y otros no. ¿Los más beneficiados serán solidarios con los menos beneficiados?

¿Los inmigrantes, posibles portadores del virus, serán una cuestión de salud pública o salud nacional? ¿Se fortalecerán o no los argumentos xenófobos? ¿La mirada a las migraciones internacionales será deshumanizante y de corto plazo o habrá un debate humano, racional y moral?

¿Se podrá restaurar la salud mental individual y colectiva? Es probable que el 2021 sea también emocionalmente intenso porque no solo habrá que vencer al virus: habrá que recuperar alguna forma de normalidad y enfrentar la crisis. También habrá que hacerse cargo de la frustración y la rabia de los sectores para los cuales no haya cicatrización de la herida sanitaria que dejó el Covid-19 en el 2020.

¿Ante la desesperanza y frustración habrá una respuesta estatal activa o mayor represión por parte de las fuerzas de seguridad?

“The economist” afirma que el trabajo a distancia llegó para quedarse, con cierre de oficinas y mayor asistencia digital. Las casas se volverán más tecnológicas y tendrán una nueva geolocalización, porque la tecnología permitirá trabajar desde cualquier ubicación geográfica.

El control del personal no dependerá de los jefes sino de plataformas virtuales. Las empresas deberán invertir al menos el 10% en nuevas tecnologías para no desaparecer. Reaparece el turismo por entretenimiento acompañado por tecnología como la base del entretenimiento del futuro. Será vital ser parte de experimentar algo auténtico. Habrá una dramática reducción de la fuerza laboral que acarreará despidos globales masivos.

En materia educativa se hará lo posible por la vuelta a lo presencial pero los métodos virtuales vinieron para quedarse.

Los sistemas médicos se adaptan a lo digital y será usual la cita médica por teleconferencia. La vacuna se acelera mucho, pero encontrará grandes retos en el camino. Los grandes hospitales replantean sus estrategias empresariales por las crisis económicas que han sufrido por el Covid-19. En muchos casos mejorara la salud de la gente porque se instaló un mayor cuidado en la limpieza y la alimentación de la ciudadanía.

La economía personal se contrae, la gente ahorra más y probablemente prefiera el confort al lujo en la moda.

El comercio crece en línea y supera al presencial. Los grandes centros comerciales quedarán atrapados en el tiempo. Muy pocos sobrevivirán a largo plazo.

La salud mental será un tema recurrente y grandes plataformas virtuales tratarán de ayudar a la gente a sobrellevar las situaciones de agresividad, soledad y angustia que han vivido al estar aisladas. Habrá preocupación de los gobiernos para evitar suicidios.

Las grandes problemáticas como la educación, la salud, la energía, la seguridad, la política, la destrucción de la clase media, se convierten en el eje de la escena social y se desarrollarán soluciones por parte de las empresas tecnológicas. Se invierten grandes capitales para lograr cierto bienestar social.

En materia alimentaria todo se dirigirá a lo natural y saludable. Comida, experiencias, formas de interactuar, producción de los propios alimentos, meditación y ejercicio físico, pasan a ser parte de día a día. La permacultura y los sistemas de producción personales eficientes crecerán exponencialmente. Las personas querrán poder satisfacer sus necesidades comestibles sanas personales. La vida saludable es el “nuevo lujo”. Los productos suntuosos pierden valor y justificación. El reciclado regresa con mucha más fuerza después de años de desperdicios incontrolables.

Cierto sector del mundo ve este año como un nuevo inicio con replanteo de metas personales, trabajo, salud, dinero. Acumular, consumir y vivir para lo material será algo mal visto. Otro sector del mundo no podrá satisfacer necesidades básicas.

Creo que el 2021 impone un poco de optimismo y estar muy atentxs.

¿Atrapados sin salida?

José Saramago en “La caverna”, muestra cómo las lógicas del mercado, el consumo y el pragmatismo generan una concepción del mundo, las personas, las relaciones, el amor y el desamor, que naturalizan al ser humano como esclavo de la vida. Tal vez como en el mito de Platón seamos capaces de salir de la caverna y darnos cuenta que otros modos de vida son posibles.

Todo hace pensar que un futuro más o menos impensado llegó de la mano del Covid-19 y ya convive con nosotrxs. Ese futuro es tan incierto como inexorable. Por un lado, está clausurado en manos de “otrxs” que decidirán por nosotrxs si somos o no merecedores de la vacuna, si tenemos prioridad para recibirla, si tenemos o no obligación de asistir a eventos presenciales, si somos o no personas de riesgo, si tendremos o no trabajo, como se repartirá la riqueza, cuál será el acceso a la tecnología y a la educación. Por otro lado, no sabemos qué nos corresponde, cuándo lo obtendremos y cuál es el verdadero criterio de selección: ¿Intereses de las farmacéuticas, políticos, económicos, otros? Eso nos hace sentir vulnerables.

El feminismo se ha preocupado por la noción de vulnerabilidad. De hecho, en el La vulnerabilidad como posibilidad, Butler entiende que la vulnerabilidad es un elemento de resistencia y como sugiere Berkusen la misma obra: “…la vulnerabilidad no significa debilidad sino un punto de inicio”.

Nos vimos obligadxs a reinventarnos para sostener nuestro deseo de otra manera, no para clausurarlo. Helga Fernández cuenta: «Hoy, mientras miraba y escuchaba el arroyo correr, más caudaloso que de costumbre, vi una piedra dispuesta de costado desviando parte del lecho. Este pequeño obstáculo hace que el agua, al retornar, amojone un cambio en la forma de la cascada que, ahí, no cae sólo por la fuerza de la gravedad y el ímpetu de la creciente, se desplaza y desliza con una suavidad que imprime otro tiempo. La piedra que descamina por unos instantes el caudal hasta que éste vuelve a arremolinarse no merma la cantidad: la cualifica, la modera”. 

Tal vez debamos ser la piedra que cualifique y modere el impacto de los cambios que debemos enfrentar, no desde la vulnerabilidad, sino desde la fuerza necesaria que requiere cualquier inicio con opciones abiertas, porque no estamos necesariamente atrapadxs sin salida y en momentos como este es imprescindible hacer uso de la racionalidad, humanidad  y ética que este tiempo exige.

¡Sigamos pensando!

*Laura Cantore. Feminista. Dra. en Derecho y Cs. Sociales. Postdoctorada en Géneros.