YPF y el Gasoducto Presidente Perón

Con altas temperaturas desde hace días que asolan al país hablar de la provisión de gas para el invierno argentino parece demencial, pero, es cierto, que desde años tenemos déficit en la materia.

Si bien se impulsa desde el gobierno el Plan Gas.Ar y puede haber buenos resultados de Vaca Muerta, se acumulan los problemas por la importación de gas de Bolivia, las sequías que persisten – y que afectan a las cuencas gasíferas -, y que éstas últimas, a su vez, no serían suficientes para proveer de gas suficiente a las industrias y a los hogares.

La previsión en el área es fundamental, así como la exploración de otras áreas, ya que la cuenca neuquina estaría al tope, amén de buscar otras fuentes de energía.

Desafíos de igual envergadura tuvo que afrontar el país en el siglo pasado, en particular durante la administración de Perón.

El desarrollo industrial durante el primer peronismo tuvo a la empresa estatal YPF, a su grupo de ingenieros, a militares industrialistas, y a un sector del empresariado como un puntal en su proyecto de independencia económica.

Ya en la Revolución del 4 de junio de 1943 se profundizó el perfil industrialista y de intervención estatal en los servicios públicos, con la creación de dependencias oficiales, proyectos de estatización de empresas y planificación de Estado. Por otro lado, el coronel Juan Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión produjo cambios fundamentales en materia social. Dichas reformas trajeron un acercamiento entre el Estado y el movimiento obrero. Esto fue el inicio de la formación de un bloque social y político constituido por trabajadores, empresarios, industrialistas, la Iglesia y un sector nacionalista del ejército.

Además, el joven coronel fue ganando poder dentro del gobierno, ejerciendo simultáneamente la secretaría de Trabajo y Previsión, el ministerio de Guerra y la vicepresidencia.

Justamente desde el último cargo impulsó, en agosto de 1944, la dirección de los estudios sobre ordenamiento social y económico del país, creando el Consejo Nacional de Posguerra, donde la cuestión de los combustibles ocupó un lugar clave.

Como refirió Antonio Cafiero en “5 años después…. De la economía nacional – justicialista al régimen liberal – capitalista” (1961): “El consumo de energía empieza a aumentar… en 1945 para ser más precisos, el consumo se había duplicado alcanzando a 10.000.386 toneladas… Pero bastaron menos de diez años de gobierno peronista para elevar el consumo del petróleo en más de 6.000.000 de toneladas… en 1954 las cifras de consumo alcanzaron 14.371.000 toneladas”.

Amén del petróleo y sus derivados, la cuestión gasífera fue ganando relevancia dentro de YPF, llegando a persuadir al presidente Edelmiro J. Farrell de crear un organismo estatal que se encargara de la distribución del gas por redes. El 5 de marzo de 1945 se decretó la nacionalización del gas, asistiendo el vicepresidente Perón a la toma de posesión de las instalaciones de la Compañía Primitiva de Gas de Buenos Aires. Por iniciativa del ingeniero Julio V. Canessa, designado por YPF director de los servicios de gas para la Ciudad de Buenos Aires, la empresa comenzó a instalar redes de captación de gas en sus yacimientos de Comodoro Rivadavia.

El 1 de enero de 1946 se creó la Dirección Nacional de Gas del Estado en forma independiente a la petrolera estatal, siendo su primer director el propio Canessa. De allí surgieron cuatro entidades: Gas del EstadoCombustibles Sólidos y MineralesCentrales Eléctricas del Estado y Combustibles Vegetales y Derivados. Cada una ostentaba una dirección general, similar a la de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (de donde se habían desprendido las dos primeras), y todas, incluyendo a esta última, pasaron a depender del ente central creado afines de octubre de 1943, a los cinco meses del estallido militar.

La Dirección Nacional de Energía había sido confiada al coronel Bartolomé Descalzo, quien retuvo el cargo al asumir Perón y confirmó en sus puestos a los ingenieros Julio V. Canessa (en Gas del Estado) y Juan Eugenio Maggi (en Centrales Eléctricas).

Tras la asunción como presidente de Perón dio a conocer el Primer Plan Quinquenal (1947 – 1951), un conjunto de casi 30 leyes, – en sintonía con el Plan Monnett: Primer Plan Francés de Modernización y Equipo – donde se destacaron la Ley de Reorganización de la Dirección Nacional de la Energía, y la Ley Nacional de Energía.

Sostuvo Cafiero que “privaba entre los técnicos argentinos la idea que distábamos se ser un país verdaderamente rico en materia petrolera… No es de extrañar entonces que el Primer Plan Quinquenal orientara las inversiones en materia energética, hacia la construcción de grandes obras hidroeléctricas, y en lo que a petróleo se refiere, atendiera principalmente las inversiones vinculadas a la destilación, transporte y comercialización de ese mineral”.

Hubo avances ciertos al aumentar en un 50% la producción petrolera, llegando a un 84% de la extracción del crudo. Consignó Cafiero que “la capacidad de las destilerías de YPF, que en 1946 era de 8.050 metros cúbicos de tratamiento diario, pasaron en 1955 a 25.025 m3. La flota petrolera que tenía 12.7000 toneladas de peso muerto en 1946, llegó en 1955 a 346.000 toneladas.”

Pero no se llegó al autoabastecimiento, por lo que se tuvo que recurrir a la importación, y a la firma de contratos entre YPF con empresas extranjeras para la exploración, como la Drilexco (Drilling and Explorations Company) y la Stándar Oil, reconvertida en la California Argentina de Petróleo para el segundo gobierno de Perón, con las consabidas imputaciones de propios y extraños por dicha medida.

Para cubrir el consumo energético local también se potenció la cuestión hidroeléctrica, de carbón mineral y gasística. Desde la Empresa Nacional de Energía (ENRE) se invirtió fuertemente para construir 37 centrales hidroeléctricas e iniciar otras 9, inauguradas durante la presidencia de Frondizi. En cuanto al carbón mineral se fomentó la explotación en Rio Turbio, Santa Cruz, antes descartado por intereses europeos en privilegiar su propio mineral.

Finalmente, la cuestión del gas se vinculó directamente con el impulso inicial de YPF, la decisión política de Perón y el estudio del ingeniero Canessa quien, junto a otros técnicos de YPF, pergeñó no sólo la creación de Gas del Estado, sino que planificaron la realización de un gasoducto desde Comodoro Rivadavia a Buenos Aires.

Perón, en diálogo con el ministro de Industria y Comercio, Rolando Lagomarsino y el presidente de Gas del Estado, Julio Canessa, fue concreto:

Perón:-“¿Y qué hay que hacer? 

Canessa: -Un gasoducto. 

Perón: -Está bien; no hace falta que entremos en más detalles. Vaya y hágalo. Ahora se lo ordeno. Y usted, Laguito, se ocupará que a Gas del Estado no le falte nada. Quiero ver ese gasoducto terminado cuanto antes”.

Canessa, fue director general de Gas del Estado, miembro del directorio de la Dirección Nacional de Energía, director de las obras del Gasoducto Presidente Perón, director y luego presidente del directorio de YPF, vicepresidente de las Empresas Nacionales de Energía (ENDE), presidente del Banco Industrial de la República Argentina, miembro del directorio del Banco Central de la República Argentina y decano de la Facultad de Ingeniería de la UBA.

El 21 de febrero de 1947 Canessa y el propio Perón soldaron el primer caño en Llavallol, partido de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, terminándose las obras el 17 de septiembre de 1949 y poniéndose en funcionamiento al servicio público el 29 de diciembre de ese año. En la oportunidad Perón destacó: “La construcción del gasoducto Comodoro Rivadavia – Buenos Aires es otra de las obras que no necesita propaganda. Su construcción está contemplada en el plan de gobierno, para cumplirse en el más breve plaza, haciendo posible que el gas natural de la tierra argentina sea distribuido entre los habitantes, sin diferencias de categorías”.

Se optó por comenzar la construcción del gasoducto en el Gran Buenos Aires y no en el lugar de obtención del lugar del gas porque, según Canessa, “sabíamos que los intereses extranjeros podrían interferir y hacer parar la obra en cualquier punto; pero si el tramo construido estaba aislado no servía para nada y había que terminarlo. Por eso empezamos al revés y quemamos las naves. Nos jugamos a todo o nada; o terminábamos o nos echaban a todos”.

El extenso gasoducto, construido por Gas del Estado, YPF y el aporte de la empresa privada Techint, tuvo una extensión de 1704 km. de tuberías de acero, sin costura, de 25 y 30 cm. de diámetro y 6 mm. de espesor, con un peso total de 63.5000 toneladas, fue uno de los más largos del mundo en su momento, más tarde la cañería seria extendida hasta Cañadón Seco, 100 km más.

A partir de ese momento se aplicó una política tendiente a la baja sostenida de tarifas y la expansión del sistema de gas por redes. Cuando fue el desfile de los materiales utilizados en la construcción del gasoducto Comodoro Rivadavia – Buenos Aire, del 25 de noviembre de 1951, Perón expresó: “Deseo, en primer término, felicitar al ingeniero Canessa y a todo el personal directivo y trabajadores del gasoducto… La Argentina grande con que todos soñamos se hace con esto: con trabajo organizado, con trabajo inteligente y con trabajo dedicado a construir para el país… Que sepan, cuando dicen que no saben en qué invertimos el dinero, que la empresa de tender un gasoducto de 1.600 kilómetros no es empresa de pigmeos ni de cobardes”.

Luego vino el golpe de 1955, también con olor a petróleo – como afirmó Jauretche que fue el golpe de 1930 -, la batalla del petróleo de Frondizi, la anulación de contratos de Illia, la nacionalización de las bocas de expendio de Isabel Perón, el vaciamiento durante la Dictadura y la privatización en los ’90, recuperándose YPF en estos años como empresa de bandera.

Es hora que se tome las riendas del problema y se torne en políticas de Estado activas, si se quiere avanzar en un proyecto de recuperación nacional, sin vacilaciones y perezas.

Queda, en esta reseña industrialista del primer peronismo, las imágenes de YPF fundadora de poblados y desarrollando las regiones inhóspitas de la Patria, con sus estaciones que acompañaron a cada ciudadano por las rutas argentinas brindando servicio permanentemente.

*Pablo A. Vázquez. Politólogo; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas

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