La inflación, el control de precios, el sector externo y la iniciativa política

El reciente congelamiento de precios por parte del Secretario de Comercio Roberto Feletti tiene mucho de auspicioso, fundamentalmente porque es de las pocas veces desde 2019 en donde el Estado aparece disputando rentabilidades en pos de un proyecto popular. La medida es importante, además, porque le permite al Gobierno mostrar iniciativa política y salir (aunque sea un poco) de la posición defensiva en la que estaba ante una oposición que venía controlando la agenda.

Ahora bien, por otro lado, el congelamiento de precios plantea interrogantes y obliga a nuevas reflexiones. Por ejemplo, ¿es posible atacar con éxito el problema inflacionario sin una estrategia más general que incluya, por ejemplo, repensar la intervención del Estado en el mercado cambiario? Si la respuesta a esta pregunta es negativa entonces debemos concluir que existe el riesgo de estar realizando un esfuerzo político que, pese a ser necesario, puede tornarse contraproducente en el corto plazo.

Veamos. Hay un elemento clave en los precios domésticos que tiene que ver con el tipo de cambio. El “salto” que pegó la inflación durante el macrismo (que duplicó la inflación registrada por la oposición durante los últimos años del gobierno de Cristina Fernández) se explica en gran medida por la brutal devaluación que sobrevino luego de la implosión del festival de endeudamiento. Ahora bien, si el año que viene, como figura en el cronograma de pagos con el FMI, Argentina es obligada a pagar 20 mil millones de dólares de deuda poniendo en situación crítica a las reservas internacionales del Banco Central, no habrá control de precios que aguante. La escasez de reservas no se soluciona con exportar más, como dicen algunos economistas heterodoxos. Para estabilizar y mejorar la acumulación de reservas hay que controlar no sólo que las exportaciones se declaren sino que, fundamentalmente, se liquiden en el país.

En línea con lo anterior, hace tiempo que la Argentina no acumula superávits de comercio exterior como en los últimos tres años. El último informe del INDEC[1] señala que en 2019 dicho superávit fue de 9 mil millones de dólares, en 2020 fue de 11 mil millones y en los primeros nueve meses de este año ya acumula un récord de 12 mil millones. La pregunta, entonces, es ¿por qué esto no ha tenido un correlato similar en términos de acumulación de reservas internacionales? La respuesta no es muy compleja. En los dos últimos años de la debacle macrista se liquidaron en el país 18 mil millones de dólares menos de lo que se exportó. En 2020, en plena pandemia,  se liquidaron aproximadamente 4 mil millones menos de lo exportado.

Hay un agravante adicional a esta situación, vinculado al stock de deuda externa del sector privado, que según el Banco Central de la República Argentina llegaba en marzo de 2021 a los 80 mil millones de dólares. En 2020 los egresos de divisas por préstamos, títulos de deuda y créditos fueron de 11 mil millones de dólares. Lo interesante es que el 41% del total de la deuda externa del sector privado son deudas con “empresas del mismo grupo en el exterior”. Es decir, 32 mil millones de dólares de autopréstamos que mes a mes “vuelven” a las casas matrices en el exterior a un dólar preferencial, sin ningún control sobre cómo fueron utilizados.

Volviendo al tema inflacionario, hay una estrecha relación entre comercio exterior e inflación, que impacta por dos vías. Por un lado, las exportaciones argentinas son también bienes de consumo masivo y entonces cuando sube el precio internacional de las exportaciones o cuando sube el precio del dólar, aumenta en pesos el precio de lo que consumimos. Por otro lado, cuando escasean las divisas y aumenta su valor (o sea, se devalúa), sube en pesos el precio de los alimentos, de los insumos y de casi todos los productos vinculados. Desde el año pasado en el mundo están subiendo los precios de los alimentos, y esto está generando fuertes presiones inflacionarias en Argentina.

Las retenciones han sido históricamente una forma de disociar los precios locales de los internacionales: reduciendo el precio que reciben los exportadores por vender al mercado externo, se vuelve más atractivo el mercado interno a un menor precio. Pero las retenciones sólo son efectivas si se pueden aplicar. El gobierno de Macri introdujo una serie de medidas tendientes a facilitar el contrabando, muchas de las cuales no han sido revertidas. Como por ejemplo, la posibilidad, mediante la Resolución de AFIP RG-4138-E/2017, de realizar estimaciones indirectas de las cargas de los buques a partir del calado y no de su pesaje. Esto, por ejemplo, les habría permitido a las exportadoras de grano el evadir U$S 2.700.000.000 en 2020[2].

Hay un tema adicional, menos discutido pero clave para entender la inflación, y es su componente inercial. En cualquier actividad hay un componente en la fijación de precios que se relaciona con alguna hipótesis de inflación futura. Esto ocurre, básicamente, porque con las ventas presentes será necesario reponer, en el futuro, insumos o mercaderías. Algo similar sucede con los contratos de alquileres o con los mismos salarios (los sindicatos discuten paritarias con una expectativa inflacionaria). Y entonces, cuando estas hipótesis sobre la inflación futura son elevadas y contribuyen a la formación de precios básicos, estamos en presencia de un fenómeno de inercia. Lo complejo es que esta inercia no es neutra en términos distributivos; básicamente porque, como ocurre, hay actores con capacidades muy diferenciadas de hacer realidad esas expectativas.

Es imposible que el Gobierno Nacional tenga éxito en su estrategia antiinflacionaria (y en cualquier tarea a la que se aboque en un sentido popular) si no es fortaleciendo el Estado. Y no hablamos solo de una cuestión de aumento del gasto público, del cobro de multas o las amenazas a las empresas. Es necesario recuperar instituciones de control, crear empresas estatales en sectores clave como en la producción, comercialización y exportación de alimentos, restatizar puertos y recuperar el control de los servicios públicos. El Estado debe además recuperar las herramientas para garantizar precios (como por ejemplo, de los servicios públicos o, mínimamente del tipo de cambio) para fijar pautas de aumento de precios que de a poco vayan disminuyendo una inflación que hace años tiene un componente inercial descontrolado. (Sobre el tema de los servicios públicos, por ejemplo, en otras notas hemos mostrado que hoy el Estado gasta más en subsidios a los servicios públicos que lo que gastaba cuando las empresas eran enteramente estatales[3]).

Es fundamental dejar de temer plantear cosas que, por otro lado, han sido bastante frecuentes en la historia del capitalismo. Corea del Sur y Japón, por ejemplo, han hecho reformas agrarias que redistribuyeron hasta dos terceras partes de la propiedad de la tierra, y han nacionalizado el comercio exterior cuando las divisas escasearon para financiar el desarrollo. Países que nadie dudaría en llamar modelos de éxito capitalista están, quizás, señalando un camino posible a seguir.

*Germán Pinazo y Alan Cibils. Mesa Económica-Provincia de Buenos Aires. Compromiso Federal. Investigadores  y Docentes de la Universidad Nacional de General Sarmiento



[1] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_10_2198AEA3B828.pdf

[2] https://www.iade.org.ar/noticias/balanza-o-draft-survey

[3] https://elpaisdigital.com.ar/contenido/qu-est-aportando-en-la-actualidad-el-sector-privado-a-la-administracin-del-servicio-pblico-elctrico/31470